dijous, 6 de febrer del 2014

UNA ANTIGUA CONFERENCIA



Hace muchos años -en segundo de carrera- nos llevaron a la conferencia de un factotum  de la Facultad de Filosofía, por entonces recién jubilado y maestro de mis profesores de entonces. Lo relevante no es que nadie entendiera nada, sino los comentarios posteriores de nuestro profesor, uno de los mejores que he tenido, sobre su ex maestro.

Habiéndose percatado de que nuestra comprensión de la magna conferencia se habia quedado, en el mejor de los casos, en aspectos extrínsecos a ella, como por ejemplo la acentuada vesania del ponente, nos hizo la siguiente reflexión.

"Tened en cuenta que «K» es un católico de los de antes de la guerra... no, mejor, de los de durante la guerra, que vive convencido de que un día de estos los rojos vendrán a su casa para «pasearlo»"...

Y prosiguió "cierto que se trata de un pobre jubilado y eso lo hace inocuo, pero imaginad por un instante que, por cualquier azar, se viera convertido en ministro del interior ¿Sería igualmente inofensivo?"
Cuando oigo ciertos discursos de víctimas del terrorismo transmutados en proyecto político, no puedo dejar de pensar en la reflexión de este antiguo profesor sobre su propio maestro.

dimecres, 5 de febrer del 2014

¿ACASO, MARÍA, HABLAN LAS LECHUZAS?





Un señor acude a una pajarería para comprar un loro que hable. El dependiente, que no dispone de loros en aquel momento, le enchufa una lechuza asegurándole que si la instruye debidamente, aprenderá a hablar. Al cabo de unas semanas, el comprador viene a por comida para el pájaro y el dependiente le pregunta, algo socarrón: "¿Qué? ¿Ya aprendió a hablar el pájaro?" "Todavía no" le responde el comprador "pero no tardará, porque siempre que me pongo a enseñarle, se fija tanto, se le ve tanto interés... vamos, ¡que con los ojazos de atención que pone es imposible que no aprenda!"

Lo de la Sra. Acaso y su rEDUvolution me temo que va por ahí. Como la lechuza -la del chiste, que no la de Minerva, que no la de Minerva...-, María Acaso ha fijado su atención en algo, pero como el dueño de la lechuza, no ha entendido nada. Fíjense si no en su proyecto tal como lo describe wikipedia, tal vez por inspirada por ella misma:

"Su proyecto intelectual consiste en hibridar la pedagogía y la educación artística con otras áreas de conocimiento mezclando la semiótica, la filosofía, el arte emergente y el nuevo feminismo para llegar a metodologías que, una vez desarrolladas en la realidad, conecten la práctica educativa con la sociedad posmoderna que nos rodea."

Pues eso. No sé por qué esta jerga me evoca la obra "Imposturas Intelectuales" , ¿Por qué será? ¿O tal vez el palabro se le subió a la cabeza un buen día, en alguna de esas reuniones con los amigos a que ella misma alude -rEDUvolution, obsérvese el toque de modernidad y buen gusto, de ser algo sería un término en lengua inglesa- y pensó que tenía que dotarlo de contenidos? Es decir, autor en busca de significado para su palabro. Y con lo eufónico, guay y trenddy que suena rEDUvolution, sería una lástima no hacer un libro sobre ello...  Si fue una reunión de amigos ¿Qué tomarían?¿No habría niños?

Como en "Sopa de Ganso", cuando al quejarse el "premier" Rufus T. Firefly de lo abstruso de un informe y asegurarle el ministro que aquello "lo entiende un niño de teta", el inefable Groucho replica ¡"pues que me traigan un niño de teta"!.

Que no, que no, que por más interés que le ponga, una lechuza no aprenderá a hablar. Pero eso sí, se fija mucho.

dimarts, 4 de febrer del 2014

LA PEDAGOGÍA DE LOS SIETE SAMURÁIS

 
 

"Vamos a acabar produciendo auténticas generaciones de idiotas". Lo advertía von Bertanlanffy en un hoy olvidado, y probablemente inhallable, Hombres, robots y mentes (1967). El creador de la Teoría General de Sistemas lo afirmaba en el contexto de una feroz crítica al psicologismo hegemónico que campaba a sus anchas entre la pedagogía de los sesenta.
Igualmente categórico, y ante un padre que le acusaba de suspender a un alumno sólo con verlo, nuestro Juan de Mairena replicó: "no, es cuando veo al padre". Machado nos sitúa la escena en los años veinte, von Bertanlanffy, por su parte, en los sesenta. Pienso que tanto lo de uno como lo de otro se ha cumplido con creces.
Hoy, la culpa de las ineptitudes e incapacidades de los jóvenes se atribuye a los profesores y al sistema educativo, porque la axiomática exculpación del niño y del adolescente que el sistema ha impuesto como paradigma ha descargado a los padres de su responsabilidad en estos menesteres educativos. Ya no están para educar a sus hijos, sino para supervisar si sus profesores y maestros lo hacen bien. Para los progenitores, basta con tener la nevera llena y proveerles de la PlayStation o lo que corresponda según la edad. Nada de que se lo tengan que ganar con su esfuerzo sacando, por ejemplo, buenas notas. No, eso es un problema de motivación y cae de la cuenta del profesor. Y si el pobre docente no consigue motivar con los polinomios y Ruffini, con las leyes de Gay-lussac, con los complementos directos o con los silogismos aristotélicos, a un alumnado por lo general abúlico y alienado, la culpa es, obviamente, suya. ¿De quién iba a ser si no?
Es verdad que hay padres y madres que siguen ejerciendo de tales, y no de meros supervisores en una burda y culpable confusión de sus roles y responsabilidades por delegación. Como ha repetido hasta la saciedad la estudiosa sueca Inger Enkvist, los alumnos que se esfuerzan tienden a triunfar en sus estudios; los que no se esfuerzan, tienden a fracasar. Y entre los de éxito, sus padres acostumbran a ejercer de tales en lugar de enmendarle la plana al maestro o profesor.
El tema da para mucho, por supuesto. Modestamente me ceñiré a lo que a mí me parece la consideración de la infancia y, sobre todo, la adolescencia, como una etapa con sentido por sí misma y, desde este punto de vista, con su propia lógica e independiente de las fases anteriores o posteriores. Un problema de raíz probablemente antihistoricista, no sé, pero tengo para mí que sí.
Los orígenes rousseaunianos y/o neomilenaristas de todos los movimientos pedagógicos "progresistas" tienden a considerar que la sociedad pervierte al individuo, y de ahí, se tiende a ver el proceso de conversión de niño o adolescente a adulto como una pérdida, como una degeneración moral en el sentido que la civilización pervierte al hombre y la educación es un fingimiento que lo reprime y humilla.
En mi opinión tal vez no la infancia, pero desde luego que la adolescencia no es sino una etapa resultado de un estado de bienestar y, por ello, más bien una convención cultural que no una realidad biológica, dicho sea con todas las salvedades de rigor. Lo cierto es que, desde estas corrientes psicológicas y pedagógicas, se tiende a ver ambas etapas desde una aproximación sincrónica, al menos en el sentido de que tienen consistencia por sí mismas, y no como la etapa, con su correspondiente recorrido, de un proceso en el cual adquiere sentido. Algo así como, en mis tiempos, aquellos niños que a los 9 o 10 años todavía no sabían que los Reyes Magos era los padres. Hoy es en muchos casos hasta los 30 y tantos... Como si un bonsái fuera el estado natural de un árbol.
Si a lo anterior le añadimos que un hijo no es hoy una inversión económica, como podía serlo "antes", sino una inversión sentimental y un proyecto que cuesta dinero, puede que estemos cerrando el círculo. Pienso que la alineación de ambos factores ha sido auténticamente perversa para las sociedades avanzadas, porque ha liquidado sus sistemas educativos al proscribir la idea de esfuerzo, de mérito, y considerar al adolescente como algo a mantener y, consecuente pero paradójicamente, un robot que requiere de ser motivado para que se ponga a estudiar derivadas.
Y eso, da igual que nos lo queramos mirar desde el punto de vista del ideal educativo ilustrado que desde otras aproximaciones más utilitaristas o instrumentales. Porque decir que a los jóvenes hay que enseñarles lo que les interesa «verdaderamente», como afirma un ilustre botarate inglés con título de "Sir", es un dislate de tales dimensiones que no merece ser tenido ni en consideración. El empeño en seguir tratando a los jóvenes de acuerdo con una lógica que han de dejar atrás y que, en cambio, se alarga cada vez más.
A veces tiene uno la impresión que a pedagogos, psicopedagogos y todas estas especies redentoristas, le sería de aplicación aquel chiste que hace años circulaba sobre la OJE y sus centurias juveniles. "¿Qué es una centuria de la OJE?", se preguntaba; "noventa y nueve niños vestidos de mayores y un mayor vestido de jilipollas" era la repuesta. Si en lugar de vestimentas hablamos de mentalidades, creo que está claro.
Todo lo contrario que aquel memorable diálogo entre Takashi Simura y  Daisure Katō en "Los Siete Samuráis" (A. Kurosava, 1957).
-Los niños, a veces, son mejores que los adultos-
                 -Sí, cuando se les considera como adultos-

dijous, 30 de gener del 2014

ALGO MÁS SOBRE LA PARADOJA DEL REFERÉNDUM



Que alguien desde fuera de Cataluña vote sí a la independencia, si esa fuera la pregunta -y así lo hemos de entender en la medida que se dice que la independencia o no de un territorio español es cosa de todos los españoles- puede obedecer a una multiplicidad de razones tan amplia que la propia consulta quedaría desvirtuada en el supuesto de una victoria del "sí". Exactamente de la misma manera que deslegitimada en el supuesto del "no", por razones simétricas. No digamos ya si, como en la paradoja que apuntaba en la entrega anterior, saliera que "sí" en el resto de España y el "no" en Cataluña.

Porque el "sí" puede ir desde el hartazgo por la "lata" hasta el más escrupuloso respeto por el derecho de autodeterminación, pasando por una amplia horquilla de razones, y disposiciones, de lo más variadas. Pero el problema no es que se vote «sí» desde el hastío, desde el despecho, desde la convicción que Cataluña es una nación que merece su estado propio en virtud del derecho de autodeterminación o, aun prefiriendo que Cataluña se quedara en España, desde la convicción que los catalanes nos queremos ir y facultarnos a ello con el voto afirmativo. No, el problema es qué se está en realidad votando en segunda instancia desde cualesquiera de estas actitudes. Resumiendo, desde Cataluña, la pregunta -subterfugios retóricos aparte- es muy simple "¿Quiere Vd. que Cataluña sea un estado independiente? Responda SÍ o NO".  Para el resto de España, en cambio, la ridícula y tramposa discusión que los politicastros catalanes han pergeñado sobre qué pregunta hacer sería, muy al contrario, de lo más procedente. Porque el escenario es otro. Pero precisamente por ello, absurda.

Ideas al vuelo, en su comentario a mi anterior post viene a decir en su intervención, si lo he entendido bien, algo así como que primero haría falta que los españoles se pronunciaran -en un nuevo escenario constitucional- sobre si permiten o no a los catalanes decidir posteriormente si quieren escindirse o no del resto de España. Luego, en todo caso, y para evitar la eventual paradoja, la población catalana debería pronunciarse sobre este respecto. A mí, con franqueza, me parece un procedimiento poco efectivo y, aun, menos aconsejable. Y conste que lo digo con el máximo respeto hacia su, también por otra parte, sensato criterio. Porque en el fondo, seguiríamos en las mismas. No lo digo en términos jurídicos, pero sí políticos y de la más elemental de las coherencias... hasta morales, si lo queremos decir así. Votar si uno va a poder decidir si otro se larga o no, abre, en función de los resultados, la posibilidad de escenarios harto complejos y conflictivos. Demasiado complejos y demasiado potencialmente conflictivos. 

Porque supongamos entonces que en la globalidad española sale un "no" rotundo y en Cataluña un "sí" apabullante... Con franqueza, pienso que aferrarse al marco legal ante una situación que dicho marco legal no puede resolver, no es sino atizar el fuego del problema por la vía de negarlo. Y problema lo hay. De eso no cabe la menor duda.

Uno ha pensado a veces, erróneamente, que estamos ante algo así como a la petición de divorcio por una de las partes -ya se sabe, aquello de "la parte contratante de la parte contratante de la parte contratante"- que la otra le niega amparándose en que para que haya divorcio debería haber una ley de divorcio que no existe y, caso que la hubiere, requiriere del consenso de ambos cónyuges. No es ciertamente así, claro que no. Entre otras cosas porque la supuesta unanimidad en la propia Cataluña sobre el tema está muy, muy lejos de ser, valga la redundancia, unánime. Ahora bien, si fuera así ¿Qué razones mínimamente legítimas podrían objetarse contra este deseo de separación, por más absurdo que sea, como lo es en mi opinión?

Por su parte, Manuel, en su siempre recomendable blog, enfoca el problema desde otra perspectiva que, a mí al menos, se me antoja mucho más cercana a la realidad cuando, citando a David Hume en conversación con Benjamin Franklin, aquél zanjó el tema de la independencia de las colonias americanas sentenciando "it's our own fault that we have not kept them". Es la inteligente asunción de (al menos una parte) de propia culpa ante un problema que, como nos sugiere el propio Manuel remitiéndose ni más ni menos que a Danny DeVito, es mucho más recurrente y correosa de lo que algunos puedan pensar.

No, ciertamente no estamos ante un problema que admita la analogía del divorcio unilateralmente rechazado, al menos en parte. Y sobre todo, dejando de lado que a uno le producen sarpullidos expresiones como "espíritu nacional" y otras por el estilo -se digan en castellano, en catalán o en tagalo-, porque aquí no se trata de dos individuos, sino en todo caso, y admitiendo una parte de la base del problema, de dos comunidades.  Y ello porque precisamente es la analogía de los pueblos o las naciones como individuos, o como conjunto de individuos envueltos por un determinado Volksgeist, la que nos están vendiendo unos y otros. Es la propia de los nacionalismos: la de los que dicen que unos no se pueden separar porque son sólo una parte del todo, y la de los que dicen que deben separarse porque son un individuo cuya individualidad está negada... Como siempre, la de los que tienen por costumbre decirle a uno qué es, cómo ha de ser y qué ha de pensar. Siempre las mismas unanimidades, siempre los mismos monolitismos identitarios...

¿Pero qué piensan de verdad los ciudadanos de Cataluña? ¿Por qué no comprobarlo de una vez? ¿Y por qué no plantearlo en términos de mínima sensatez, digan lo que digan las múltiples constituciones que en el mundo hayan sido, sean o vayan a ser?

Siguiendo a Manuel, no sé cómo lo plantearía Danny DeVito, pero me voy a atrever a anticiparme a él. ¿Por qué no un referéndum en el que los catalanes nos manifestemos inequívocamente sobre el respecto y, atendiendo a la envergadura y trascendencia de una decisión colectiva que iba a hipotecar a las próximas generaciones en un sentido que ignoramos, se impusieran como requisitos de validez una participación mínima de dos terceras partes del censo y tres quintos de votos afirmativos, o al revés, como se prefiera, una participación minima de tres quintas partes del censo y un voto afirmativo mínimo de dos tercios favorables a la independencia?

Creo que Manuel tiene razón, tanto en la cita de Hume como en que Danny Devito lo arreglaría sin despeinarse. Porque, total, si no somos seres colectivos y hay opiniones dispares, quizás lo más sensato sea preguntarles a los individuos, a los ciudadanos, qué opinan y zanjemos el tema de una vez. No fuera que acabemos lamentándonos, desde uno u otro lado, como tuvo que hacerlo David Hume... Que todo puede ser.

diumenge, 26 de gener del 2014

LA PARADOJA DEL REFÉRENDUM






Ayer, en Madrid, durante el transcurso de una amena e interesante conversación sobre el tema de la  independencia de Cataluña y la controversia que ha suscitado el anuncio de la consulta por el gobierno del Sr. Mas, "VD", uno de los participantes en dicha conversación, aportó una inteligente valoración que, a mi entender, nos mete de lleno en una paradoja de esas que ríanse ustedes de la Russell. Sólo que, eso sí, no en términos de lógica matemática, sino de lógica política, que también la hay o debiera haberla.

La controversia sobre el referéndum catalán radica fundamentalmente en su ilegalidad desde el punto de vista del marco jurídico determinado por la Constitución. De acuerdo con este marco, Rajoy sostiene que el único órgano con capacidad legal para convocar una consulta de estas características es el propio gobierno español, en tanto que detentor de los poderes del Estado de acuerdo con la Constitución. Unas facultades que, por otro lado, no piensa ejercer -ya ha dicho que no habrá referéndum-. Por otro lado, también de acuerdo con este marco jurídico-político, la consulta, de realizarse, debería incluir a todos los ciudadanos españoles con derecho a voto.

Lo que VD sugirió es lo siguiente. Diríase que si Rajoy se remite al supuesto extremo de que si hubiera un referéndum sobre la independencia de Cataluña la consulta debería hacérseles a todos los españoles, puede que sea porque tiene la absoluta certeza de que dicha consulta arrojaría un resultado contrario a la independencia. Pues bien, él afirmaba que quizás no debería estar tan seguro de eso, ya que en el resto de España empieza a extenderse la idea de que si los catalanes se quieren ir, pues que se vayan. Así que de celebrarse este referéndum, igual más de uno se llevaba una sorpresa.

Ciertamente, las razones por las cuales en el resto de España se pudiera votar «sí» a la independencia de Cataluña serían de lo más variado, yendo desde el puro y simple hartazgo hasta el respeto por el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Pues bien, fue este comentario especulativo sobre la victoria del «sí» a la independencia de Cataluña en un referéndum español, como «posibilidad», la que da lugar a un «posible» escenario del que se sigue una situación tan paradójica como imprevista, pero no por ello imprevisible. Veamos.

Vaya por delante que una victoria del «sí» en un referéndum extendido a toda España es más que improbable y que eso no lo ignora nadie. Pero no por ello «imposible», al menos si entendemos «posible» en su sentido originario: cognoscitivamente representable. Es decir, no estamos ante una contradicción que precisamente por ello sea impensable, como sería el caso, por ejemplo, de un círculo cuadrado, o que Rajoy y Mas se vayan de copas juntos. Pues bien, vayamos a por la paradoja.

Votar por la independencia es decidir la secesión de un territorio, y para eso sí que es soberano el pueblo español. Así lo admite el propio Rajoy cuando afirma, contra el referéndum catalán, que lo que ocurra con un territorio español es cosa de todos los españoles. 

Pues bien, supongamos que el referéndum arrojara una victoria global del «sí» en toda España, pero que territorialmente en Cataluña, y precisamente en Cataluña, venciera el «no». ¿Qué pasa entonces? ¿Es constitucional que la mayoría de la población decida la separación, o la exclusión, de un territorio que hubiera votado que no se quiere separar? ¿Cómo habría que interpretar entonces eso de la soberanía nacional?

Porque según el propio Rajoy, la eventualidad de un referéndum circunscrito a Cataluña está totalmente cerrada... incluso, hemos de entenderlo así, para que ratificara o no nuevamente la decisión española de darle puerta. De modo que, siguiendo a Rajoy y sus mariachis, si el pueblo catalán no es nadie para decidir por su cuenta si se va o no, menos lo iba a ser para decidir que se quedaba contra una decisión soberana expresada en referéndum por el pueblo español soberano.

¿Choque de trenes con los papeles intercambiados? ¿Lo ha pensado bien Rajoy? Sí, supongo que sí, pero circunscrito al ámbito restrictivo de un pragmatismo que opera sólo con lo probable en el sentido de lo inmediato. Es decir, pensando que un referéndum en toda España iba a arrojar un rotundo «no» a la independencia y neutralizando de este modo el incierto resultado que pudiera darse en Cataluña. Pero precisamente por esto, este actuar pro doma sua  le lleva a obviar la inferencias que de su sentido de estado se desprenden claramente a juzgar por su posición en este tema.

Que se den las circunstancias como para que se produzca en España esta paradoja -la expulsión de un territorio que opta por seguir integrado-, es altísimamente improbable... a corto plazo. Pero como ya sabemos, los políticos sólo piensan a corto plazo. Y sus concepciones globales parecen ajustarse a las propias exigencias que tal inmediatez impone. Sin pensar que tal vez, más adelante, puede que de ciertos polvos conceptuales aparezcan luego lodosos defectos de forma y de contenido. Ante un problema, atenerse exclusivamente a legajos con el fin de justificar la propia posición, por más que éstos sean los que marcan el orden jurídico, es más que problemático, porque puede dar lugar a paradojas como la que modestamente se me ocurrió a raíz del comentario de este amigo.

Porque según todo el argumentario que se está esgrimiendo contra la celebración de un referéndum en Cataluña, lo que se infiere es no sólo que los catalanes no podemos decidir si queremos ser independientes o no, sino también que toda España sí que puede decidir echarnos sin más. 

Lo dicho, improbable, pero no por ello imposible. Y paradójico.

dimecres, 22 de gener del 2014

REFLEXIONES CATALANAS, O LO QUE SEAN (22-01-2014)




A medida que el despropósito independentista hispano-catalán -que independentistas los hay en ambos lados, al menos en el sentido excluyente del término- se enquista e institucionaliza debidamente con las inevitables torpezas declarativas y actitudinales repartidas a partes iguales en sendas orillas del Iberus, cada vez va tomando más cuerpo entre las escasas corrientes de opinión no soliviantadas, que en este país son y han sido más bien escasas, la idea que si el problema lo tuviera que resolver el sentir mayoritario entre la ciudadanía, o entre los sentires mayoritarios de ambas ciudadanías, entiéndase el sentido común -lo cual no significa una mayoría electoral, pero sí sociológica-, se resolvería a amplia satisfacción de ambas partes en no mucho más de veinticuatro horas.

Una prueba de ello podría ser el excelente análisis de César Molinas con el que ya enlacé en mi último post sin más comentario que su, en mi opinión, preceptivo carácter de lectura obligatoria que debiera tener para tirios y para troyanos. Lo curioso y, sobre todo, esperanzador del caso, es como a uno le han llegado críticas elogiosas de dicho artículo provenientes de ambos bandos. Directa o indirectamente, me consta de muchas personas significadas por su independentismo o por su hostilidad hacia él que, en cambio, lo valoraron muy positivamente, por más que repartiera estopa sin que ninguno de ellos salieran en modo alguno indemne, sino más bien, en atención a sus posiciones sobre el tema, más bien trasquilados. Si estas referencias mías no son simple anécdota es que, entonces, o no se dieron por enterados o hay un espacio para la esperanza. Hay que añadir, eso sí, que también me consta que en todos estos casos se trata de personas con un nivel cultural de medio-alto para arriba.

Y a lo mejor es precisamente ahí donde radica el problema, pero acaso también su solución. Cuando allí se nos habla de unas clases políticas bunkerizadas y sólo pendientes de sus más inmediatos intereses de casta a brevísimo plazo, se está describiendo un escenario lamentablemente hiperreal: el nuestro, el que estamos viviendo cada día. El contencioso independentista actual no sólo es un fracaso de la política, en el supuesto de que alguien haga en este país «Política», con mayúsculas, sino la más palmaria demostración de que los politicastros de que disponemos no sólo no son ellos la solución -ni las propuestas de que se valen-, sino una parte esencial del problema.
Y eso sí que es un problema. El problema siguiente es cómo resolver el anterior.

diumenge, 19 de gener del 2014

UN GRAN ARTÍCULO

Hoy, en "El País", un gran artículo cuya lectura recomiendo encarecidamente. Hacía tiempo que no leía algo tan bueno, no sólo por sus contenidos, sino también, y sobre todo,  por el discurso de fondo. Vamos, de lectura obligatoria para tirios y troyanos, aunque lo más probable es que ni unos ni otros se den por enterados.

dissabte, 18 de gener del 2014

FELONÍA Y DESFACHATEZ



Cuando se diseñó lo que iba a ser el belén catalán, alguien cayó en la cuenta que tambien tendría que haber una izquierda. Y eso era complicado, porque como ya les había dicho Einstein, durante su estancia en Barcelona, a unos nacionalistas que se le presentaron como también de izquierdas “Thas past nicht züzamen”, o lo que es lo mismo: ambas cosas no se pueden dar a la vez.

Que el PSC tiene de socialista más bien poco, o nada, es algo fuera de discusión; pero que ahora se le esté denostando por su voto contra la consulta ayer en el Parlament de Catalunya, a la vez que todos los medios de comunicación se lanzan a enaltecer a los tres diputados que rompieron la disciplina de voto, alineándose con el bloque independentista, esto, la verdad, no es que sea de un cinismo similar a la afirmación de Mas según la cual el 80% de la población catalana quiere la independencia... Es mucho peor, es una demostración de mala fe que sólo su propia estupidez les impide ver hasta qué punto se están poniendo en evidencia. La especialidad de la casa independentista ha sido desde siempre urdir falsedades como realidades, para luego rasgarse las vestiduras culpabilizando al que siempre fue como él nunca dijo que fuera.

Defender el derecho de estos tres diputados a votar según su conciencia -en el supuesto que tengan- y hurgar en la herida del PSC es, con franqueza, y digamoslo así, muy partidista y escasamente "patriótico". Baste imaginar que hubiera sido al revés. Es decir, que el PSC en su Consell Nacional hubiera aprobado por una mayoría del 80% votar a favor de la propuesta de "Mas &Junqueras" y tres diputados hubieran desobedecido votando en contra y alineándose con el PP y Ciutadans. ¿Qué hubieran dicho entonces los domeñados medios abonados al pesebre de la subvención, de estos tres diputados socialistas que hubieran votado contra la decisión del órgano legítimo de su partido? Por desgracia, no es muy difícil de imaginar. Pero es que la cosa no se acaba aquí. Ni su cinismo, desde luego, tampoco.

A ver si nos entendemos. Las reglas del juego son las mismas para todos y vienen dadas de antemano. En un sistema de listas cerradas, un diputado electo lo es directamente a través del partido o formación bajo cuyas siglas concurre. Que el mecanismo de designación de los candidatos sea democrático o una merienda de negros no es algo que ahora mismo sea significativo. Se votan unas siglas y punto. Por lo tanto, las decisiones se toman colectivamente y en grupo, por mayoría. Una vez más, que estas decisiones se tomen votando a la búlgara o no, tampoco es algo que nos afecte en este tema de los diputados felones. Porque en todo caso, los mismos tejemanejes búlgaros que ahora pretenden denunciar son los mismos que les auparon a unas listas en que acaso no hubieran estado de haber mediado un proceso interno democrático: ni la señora Geli ni sus otros adláteres. El único que con toda probabilidad hubiera estado es precisamente el que prefirió renunciar a su condición de diputado antes que romper la disciplina de partido.

Si en otro tipo de listas electorales la cosa funciona de otra manera, eso es harina de otro costal. Aquí está muy claro que el PSC, pese a sus derivas y sus inconsecuencias, nunca ha sido independentista ni partidario de acciones unilaterales que vulneren la legalidad vigente. Y si alguien quiere pensar que esto es una forma elusiva de decir no al referéndum y no a la independencia, pues que lo piense. Pero que ahora se esté planteando expulsar a estos felones que ni siquiera tienen la intención de devolver sus acta de diputados es lo más normal.

No sé si el PSC está todavía a tiempo de corregir su deriva, recuperar la confianza de su antiguo electorado y convertirse en una alternativa a la demencia política del Sr. Mas y compañía. Ya digo, no lo sé y desde luego que, en el mejor de los casos, lo veo muy, muy difícil. Pero una cosa sí tengo clara, si no lo hace ahora, y eso pasa por expulsar a esos tres diputados felones, cueste lo que cueste, entonces seguro que no lo conseguirá nunca. Si no expulsa a esos tres, el PSC está definitivamente muerto; si los expulsa, ya veremos...