dimecres, 8 de febrer de 2017

Epistócratas (II) (hacia un neocensitarismo de hecho)


 
 
Decíamos a raíz de la crítica «epistocrática» que, aunque a distintos niveles –no es lo mismo un «hobbit» que un «hooligan», después de todo- el problema es que el ciudadano medio vota y «decide» sobre cuestiones cuya comprensión se le escapa y sobre las cuales no está capacitado para decidir. La gente se puede equivocar al votar y ello se debe, en definitiva, a la falta de formación sobre aquello que decide cuando vota. Una falta de formación que puede provenir del desinterés, de la desinformación, de información falaz o distorsionada, ya sea por intoxicación, por manipulación o por pura ramplonería. En definitiva, que se equivoca… al menos cuando vota por el Brexit o por Trump, o por el FN en Francia, en fin. Y equivocarse significa que uno se está pronunciando contra lo que le conviene –o acaso contra «lo que conviene»- por incapacidad de discernimiento sobre aquello que decide. Volvemos, parece, a la moral socrática de manual de la que hablábamos en la anterior entrega: si alguien obra mal o yerra es porque desconoce el bien, por ignorancia...
(El artículo completo, en Catalunyavanguardista, aquí)

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