dimecres, 20 d’abril de 2016

Una año de silencio tras la muerte de Abel





Hoy hace un año de la muerte del profesor Abel Martínez Oliva, asesinado por un alumno perturbado armado con una ballesta, cuando intentaba impedir que llevara a cabo su objetivo de acabar con una profesora y una alumna del instituto, madre e hija para más señas. Consiguió evitarlo, pero lo pagó con su vida.

Un acto heroico al que desde un primer momento se intentó poner sordina por parte de las autoridades políticas y educativas. Una sordina que remachó con insuperable sordidez la por entonces consejera Rigau con su lapidaria frase, que dejó muy claras sus prioridades, educativas, políticas y humanas: “Ha muerto un profesor, pero hay un alumno que es la víctima”. Hasta se podría colegir de tan cínico aserto que la culpa fue del profesor, por interponerse en la trayectoria del proyectil disparado por el pobre alumno, que no sabía lo que hacía. Claro que, entonces, tampoco sabría por qué se llevó al instituto una ballesta hurtada del armero de su padre, en lugar de hacerlo con los portantes que se le suponen a un alumno que acude a un día normal de clase. Porque podemos decir que alguien que dispara una ballesta y mata a alguien no es consciente del todo de lo que hace; pero cuidado, sí sabe perfectamente para qué sirve y con qué objeto la llevaba encima.
El artículo completo, aquí.

1 comentari:

  1. Creo que las palabras de la consejera que salieron en los medios eran más miserables aún.

    ResponElimina