diumenge, 24 d’abril de 2016

Terciando: sobre izquierdas, nacionalismos e identitarismos (II de II)





¿Podríamos entonces preguntarnos legítimamente si hay, parmenidianamente hablando, una izquierda a cuyo ser se llega por el camino de la verdad, y otra que es la de la mera opinión? Entiéndase, no es que nos pongamos trascendentes, pero sí que, tengan o no las palabras dueño, o sea la verdad ella misma dicha por Agamenón o por su porquero, no deberíamos perder la sana costumbre de llamar a las cosas por su nombre.

En el post anterior nos preguntábamos si Espartaco o Diego Corrientes podrían ser considerados de izquierdas ¿Y Pancho Villa o Emiliano Zapata? En el caso del primero, y en el supuesto de que alguien se atreva a afirmar que sí, entonces habrá que añadir una nueva subvariante en la taxonomía de las izquierdas: la izquierda cuatrera. En cuanto a Zapata, y admitiendo que no estaría tan claro ¿Es de izquierdas plantear el reparto de tierras pasando del latifundismo al minifundismo? Pues qué quieren que les diga…

Bertrand Russell denunciaba en uno de sus Unpopular Essays, la contumaz tendencia de nuestras sociedades occidentales a pensar, desde un planteamiento dicotómico entre buenos y malos, que el bueno es el débil, frente al fuerte que es malo, o el pobre frente al rico. Un legado cristiano que consiste en el salto del análisis social a la valoración moral, transponiendo y primando lo segundo sobre lo primero. Y esto, como bien indicaba Russell,  no es sólo que sea una solemne majadería, sino que, simplemente, es confundir los planos del discurso. Una cosa es una realidad objetivamente injusta, otra que los que caigan de un lado sean buenos y los del otro, malos.

Uno de los ejemplos con que nos ilustraba era la conquista española de América. Sí, nos decía, Cortés y sus palmeros hicieron auténticas salvajadas con los indios mexicas ¿Pero hay alguna razón para creer que si hubiera sido al revés, si hubieran sido los aztecas los que hubieran estado en disposición de hacerle una visita a Europa, hubiera sido no sólo igual, sino con toda probabilidad mucho peor? La verdad es que no, a poco que conozcamos algo sobre el imperio azteca. Más bien al contrario, hay razones para pensar que hubiera sido mucho peor. Y si alguien piensa que con esto estoy justificando la conquista y la colonización, con todas sus barbaridades, entonces es que está incurriendo en el salto del análisis a la valoración moral que precisamente estaba evidenciando con este ejemplo.

Y esto es precisamente lo que en mi opinión ha ocurrido con lo que una vez fue la izquierda. Al abandonar sus presupuestos ilustrados y su crítica objetiva, al perder la categoría central en que se sustentaban todas las demás –un cambio, no tanto en el modo de producción como en las relaciones sociales de producción-, y, por supuesto, sin olvidar su fracaso «real», ha dejado de ser izquierda y se ha convertido en lo que antes de su aparición habían sido los sectores de descontentos y desfavorecidos que siempre hubo en una sociedad caracterizada por unas relaciones de producción a las cuales es inherente la lucha de clases. Pero en el sentido reactivo que Nietzsche atribuía a la moral de los esclavos. Es lo que ocurre cuando lo que se pretende no es acabar con el señor del castillo en tanto que institución, o con la injusticia objetiva que propicia un determinado estado de cosas, sino desplazarlo para ocupar su lugar.

Será el factor humano, no diré que no, pero en este sentido más bien parece que hayamos regresado a la concepción griega originaria que precisamente desde Grecia hasta la Ilustración se fue cuestionando y superando –al menos teóricamente-. Una concepción desde la cual, y para la cual, la «putada» no es la esclavitud, sino que te toque ser esclavo.
Y uno sigue pensando que la izquierda fue otra cosa. Y que si ya no lo es, se la apostille como reaccionaria, neocristiana, antiilustrada o como se quiera, es porque no es izquierda. En fin, que después de todo, Einstein tenía razón; hay cosas que no se pueden dar a la vez, porque entonces o no se es lo uno, o no se es lo otro. Y la izquierda, al menos lo que históricamente ha sido la izquierda, es incompatible con el nacionalismo. Aquí y en Tegucigalpa.
 
Otra cosa es que ricos y pobres puedan por igual ser nacionalistas. Pero esto ya nos explicaba también Marx por qué era así.

1 comentari:

  1. Suscribo todo lo que ha dicho usted en su artículo. Al final resulta que ante la desbandada intelectual de la izquierda la izquierda ya solo se remite a si misma. ¿Qué es ser de izquierdas? ser de izquierdas es reclamarse de izquierdas, y basta, parece.
    Respecto al nacionalismo y la izquierda también estoy de acuerdo. Salvo que pasa por alto una cosa : se puede ser de izquierdas, antinacionalista y desear la independencia de un país, por diversas y variadas razones.

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