diumenge, 14 de desembre de 2014

LA TENTACIÓN DETERMINISTA SUS VERSIONES BUFAS: un devaneo libre entre la Filosofía de la Historia y la payasada (I de IV)



La tentación del determinismo legaliforme en la Historia es más antigua que la propia reflexión sobre esta disciplina. Y los ridículos en que con frecuencia se ha incurrido, también. Aquello de que los economistas son unos científicos que saben explicar a la perfección por qué sus predicciones no se cumplieron, no sólo reza para este gremio, sino también para muchos otros.

Todo proviene de una vieja aspiración: dotar de sentido a algo que tal vez no lo tenga, como la incertidumbre sobre el futuro. Ya Polibio nos cuenta desde su privilegiada posición al lado de Escipión el Emiliano, como éste le comentó, mientras ambos observaban la reducción de Cartago a cenizas, que "las naciones tienen su vida, como los hombres. Algún día le llegará también la hora a Roma".

En los griegos, con su visión cíclica del tiempo, los avatares de la historia y del destino de los hombres dependían de los inexorables designios de las Moiras, cuyos arbitrarios y caprichosos gestores eran los dioses, mientras que a los hombres le quedaba el papel de actores; a cada cual el suyo.

Con el surgimiento del cristianismo y su teología de la historia de base judaica, aparece la concepción lineal del tiempo como realización de un proyecto finalista que dará pie a la posibilidad intelectual de pensar en leyes que rigen el transcurso del devenir humano, de la Historia. En San Agustín se da ya esta filosofía de la historia. En el siglo XII, Joaquín de Fiore proclamaba las tres edades de la Historia, la edad del Padre, la del Hijo y la del Espíritu Santo. Tras ellas, el anunciado final de los tiempos y la resolución de este mundo trascendente en el nunc stans de la eternidad... o de la nada.

Con el racionalismo y la revolución científica, las matemáticas pasan a ser la herramienta con que interpretar el mundo, la naturaleza. Pero no la Historia, cuya distinta naturaleza respecto a las ciencias naturales reivindicará Vico en el siglo XVIII. Los alquimistas se transmutarán en físicos y químicos a lo largo de los siglos XVII y XVIII, pero los profetas no podían recurrir a la matemática para legitimar sus designios de acuerdo con los nuevos conocimientos. En realidad, las matemáticas ya estaban de mucho antes en la variantes cabalística y astrológica, pero de forma totalmente incompatible con el nuevo paradigma.

Ante la imposibilidad de entender la Historia mediante leyes matemáticas, se recurrirá a la Lógica, entendida en este caso como secularización de la Teología. Tal vez el filósofo más no-lógico en temas de Historia, y desde luego no-matemático, fuera, paradójicamente, Leibniz con su noción de la Ecceitas y sus denodados esfuerzos en defensa del libre albedrío en un universo regido por un dios relojero y arquitecto; Deus ex machina, se le llamaba, a partir de la analogía como aparecían los dioses en las antiguas tragedias para intervenir en el destino de los hombres: colgados de una grúa, de una máquina. Plenamente consciente sin duda alguna, precisamente como matemático y lógico que era, de las substanciales diferencias entre las distintas naturalezas de los objetos de conocimiento humano y del irresoluble conflicto entre el libre albedrío y un universo determinista. Un conflicto que sólo resuelve parcialmente, como Tirso en el condenado por desconfiado.                                                
(CONTINUARÁ)

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