dimecres, 5 de novembre de 2014

ARTERAS ASTUCIAS Y ERRORES FORZADOS



Lo de la consulta-charanga del 9-N consistía en señalar la Luna con el dedo y decirle a la gente que mire al dedo, no a la Luna. Algo que si mucha gente de buena fe todavía no ha percibido, es por lo acostumbrados que nos han tenido a este tipo de escenificaciones. Pero ahora el envite se ha elevado tanto que ya nadie puede, ni quiere, rectificar. No va con ellos.

La prohibición por parte del TC, a instancias del gobierno español, de la patochada del referéndum-barbacoa, lo único que ha conseguido hasta ahora es que suba la tensión, algo de lo que ya andábamos sobrados, y que aumente la incertidumbre sobre qué va a pasar realmente, no tanto el 9-N como a partir de él. Aquí no se admiten ni las payasadas, viene a decir la interdicción del TC. Un error mayúsculo sin duda alguna, pero también acaso inevitable; un error forzado, que diríamos en argot tenístico, que se ha sabido provocar.

Y digo error forzado atendiendo a la escasa talla política, moral e intelectual, de unos y de otros. Porque con la milonga de que no convoco pero convoco nada subrepticiamente, lo subvenciono pero no lo digo y a ver sino, cedo los locales pero serán voluntarios, hago campaña institucional pero no es institucional porque no hay decreto de convocatoria pero obligo a los medios a introducir cuñas y , en definitiva, ni sí ni no pero todo lo contrario, a la vez que se faroleaba con que no se podía prohibir porque no existía, y mientras tanto voy sacando pecho ante mi parroquia y convierto al otro en la mofa y la befa de mi «astucia»,  todo esto era una provocación calculada para forzar el error del otro. Porque al prohibir lo que no es nada, se convierte en algo. Y este es el gran error.

Porque si no se vota, por más folclórica que hubiera sido la mojiganga, ya no se podrá parodiar como se ha hecho, comparando el evento con una convocatoria guineana, con un jurado compuesto por miembros del Ku-Klux-Klan juzgando a un negro, o con un referéndum sobre la prohibición de la libre venta de armas de fuego cuya organización el gobierno americano encargara a la Asociación del Rifle. Ya no se podrá siquiera decir que ni era consulta, ni  era democrática. Sólo quedará, ya se encargarán de ello tanto unos como otros, la prohibición; que es de lo que se trataba.

Unos porque así creen recordar quién manda; otros porque así les fuerzan a subir un peldaño más en la cuesta del error; hasta el error definitivo. Si nadie lo remedia...
 

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