dimecres, 14 de maig de 2014

ANECDOTARIO PEDABÓBICO (14-05-2014)


LA "OBJETIVIDAD" DE CIERTOS MEDIOS

En cierta ocasión, comenté en un programa de radio que la llamada «Comunidad Educativa» y la tan proclamada necesidad de que sus agentes -familia, municipio y sindicato ¿les suena a algo?- participen activamente en la gestión de los centros de enseñanza era algo así como si el diagnóstico de un médico tuviera que negociarse con el paciente, con los familiares del paciente y con el municipio donde residen. Y que esto, tan manifiestamente delirante en el ámbito de la sanidad, era ni más ni menos que lo que estaba pasando en los institutos cuando la nota de un alumno ha de ser consensuada con todos estos agentes o hasta votada en juntas de evaluación. Entre el resto de tertulianos se hizo un silencio gélido, como si alguien acabara de conjurar al diablo en plena misa.

No volvieron a llamarme hasta mucho tiempo después. Estábamos en el sindicato en plena campaña para conseguir la jornada intensiva en Secundaria y éste fue el motivo de mi asistencia a una tertulia sobre el tema, en la cual el único docente era yo, el resto, los tertulianos habituales. Recuerdo perfectamente como uno de los presentes, hacia el final del «aquelarre», arremetió contra la jornada intensiva -sólo de mañana, como en el resto de España e inmensa mayoría de Europa- espetándome con el impagable argumento según el cual estábamos proponiendo tal medida sólo por corporativismo. 

Le repliqué que el hecho de que una determinada medida pueda favorecer a un colectivo, tal vez no sea un argumento a favor, pero tampoco nunca puede ser un argumento en contra. Y exactamente por la misma razón, tampoco que perjudique a algún sector -como presumiblemente a ciertas familias- ha de ser un argumento en contra o a favor. Ello con independencia de que ni todos los docentes estaban a favor de la jornada intensiva, ni mucho menos todas las familias en contra.

Intenté argumentar que lo que había que debatir primordialmente para determinar la conveniencia de tal medida era, en todo caso, la repercusión académica que se pudiera inferir, atendiendo al hecho de que se trata de institutos, es decir unos extraños lugares donde se supone que los jóvenes van a aprender y que se ha de intentar que lo consigan lo mejor posible, facilitándoselo en la medida que ello fuera posible. Que si se tratara de guarderías infantiles tal vez el debate central sería otro, pero que aquí no era el caso. Que aquí el horario (académico) tenía que establecerse en función de la actividad que se realizaba y que desde el principio del debate había intentado aportar argumentos y hechos sin que en ningún momento hubieran sido tenidos en consideración por ninguno de los tertulianos en nómina del programa. Sólo el argumento de que favorecía a los profesores y esto ya hacía la propuesta indeseable per se

Por supuesto, ya nunca más me han vuelto a llamar. In secula seculorum...

1 comentari:

  1. "Le repliqué que el hecho de que una determinada medida pueda favorecer a un colectivo, tal vez no sea un argumento a favor, pero tampoco nunca puede ser un argumento en contra"
    ¡Ah, la lógica!. Sólo una construcción social más, instrumento para perpetuar la opresión, en este caso de los pobres estudiantes. Pero asunto arreglado, ya nadie reconoce una falacia lógica ni aunque le golpee en la cara.

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