dimecres, 14 de setembre de 2016

¿Para qué la escuela?



Como cada año cuando empieza el curso escolar, proliferan las noticias y declaraciones sobre educación. Ahora bien ¿se habla realmente de educación o solamente de aspectos externos a ella que, aunque sin duda importantes, no dejarían de ser cortinas de humo que eluden los problemas y retos que tiene realmente planteados nuestro sistema educativo?

En cierta ocasión, inicié una conferencia afirmando que la transmisión de aquellos conocimientos –añado: teóricos y prácticos; aptitudes y destrezas- que la sociedad considera necesario preservar y que un individuo no puede adquirir en su entorno social más inmediato, se estructuró en torno a la institución escolar bajo el modelo de la Academia. Un modelo basado en el binomio docente-discente incardinado en una institución cuya función primordial era la transmisión de dichos conocimientos; fueran cuales fueran, según la época, la sociedad, etc.

Tres afirmaciones que a día de hoy habrían quedado obsoletas a juzgar por las tendencias educativas hoy hegemónicas, que no parecen ir en esta dirección, sino más bien en la opuesta. Veamos.

Que hay cosas que «la sociedad considera necesario preservar» me pareció, en su momento, evidente en sí mismo, pero acaso no lo sea tanto. Y ello en el sobrentendido que la sociedad, entendida como abstracción, quiera preservar algo. Porque entendía que, de una forma u otra, siempre habría un substrato sobre el cual se construiría un cierto consenso. Y a lo mejor resulta que no a todo el mundo le interesa preservar lo mismo. Sin ir más lejos, del mismo modo que algunos sectores de la sociedad suprimirían las academias militares, otros sectores, afines a determinadas prácticas curativas alternativas, suprimirían sin duda las facultades de medicina. De modo que la proposición sobre lo que «la sociedad considera necesario preservar» es, como mínimo hoy en día, más bien problemática.
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