dissabte, 2 de juliol de 2016

Más sobre el Brexit




Hablábamos en la anterior entrega de las paradojas que sugiere el Brexit ¿Pero y el referéndum?

Según los datos que se han publicado, la distribución del voto en el referéndum ofrece claros contrastes, generacionales, territoriales, «nacionales» y, cómo no, de clase. Las cohortes generacionales más jóvenes -acaso por haber crecido crecido ya de lleno en el proyecto europeo- se han pronunciado mayoritariamente por el «remain», mientras que las de más edad lo hicieron por el «exit». Por territorios, a su vez, arroja otro dato altamente significativo: las poblaciones urbanas de las grandes ciudades apostaron por la permanencia, las más provincianas y rurales optaron mayoritariamente por la salida. Es decir, ha sido la Inglaterra profunda la que ha ganado el referéndum. No así en Escocia e Irlanda del Norte, donde ganó el «remain» -¿Algo más que un voto simplemente anti-inglés?-, lo cual puede traer nuevos problemas añadidos si, como parece, Escocia plantea con motivo del brexit una nueva consulta independentista, que esta vez ganaría con claridad, o si Irlanda del Norte opta por alguna forma de integración en la República de Irlanda que le permitiera seguir en la UE.

Finalmente, por grupos sociales, empresarios, clases medias más o menos cultivadas y universitarios, parecen haber optado por Europa, frente al brexit de las clases trabajadoras más humildes, castigadas por la crisis y las políticas neoliberales de sus gobiernos -desde los tiempos de la manifiestamente antieuropea Margaret Tatcher-, que ven en la UE y en la inmigración el origen de todos sus males. Es decir, algo así como si las víctimas propiciatorias de las políticas neoliberales hubieran decidido darle una patada a Tatcher en el culo de Europa. Toda una ironía. Ello sin olvidar a significativos ejemplares de la aristocracia más rancia, familia real incluida, partidarios también del Brexit, pero por otras razones.

En cierto modo, podría decirse que la vieja Inglaterra, siempre recelosa del Continente, ha decidido poner fin al progresivo proceso de europeización que su población estaba experimentando, antes de que fuera demasiado tarde. Pero tampoco es que hubiera en la UE ningún inminente proceso de convergencia o integración que resultara inasumible para el espíritu británico. Incluso más bien todo lo contrario. Además, mantenía su libra esterlina en una cómoda situación de independencia frente al euro del que parasitaba. ¿Por qué entonces el Brexit? ¿Nostalgia imperial? ¿Imposibilidad psicológica de admitir la supremacía de una Alemania con la que sintonizaba perfectamente, cada cual desde sus respectivas posiciones?

¿Y cuál es el escenario que se abre ahora? Algunos parecen temer que otros países, espoleados por sus respectivos populismos, puedan sentir la tentación de seguir el ejemplo inglés, como Holanda, Dinamarca, o incluso Francia, lo cual abriría, quizás irreversiblemente, una brecha definitiva. Otros afirman que el Brexit será malo para la UE, pero peor para el Reino Unido o lo que quede de él. Europa, al fin y al cabo, podrá superarlo y hasta es posible pensar que, sin Gran Bretaña haciendo de escudero de Alemania, se abriera una etapa más social en lo que hasta ahora había sido sobre todo la Europa de los mercaderes; o la famosa Europa a dos velocidades, con un núcleo duro en la zona euro y una periferia externa a ella. ¿Hasta qué punto el ingreso precipitado de tantos países no habrá sido contraproducente para la idea de Europa? ¿Y quiénes la propiciaron?

En fin, no parece que el brexit sea una buena idea para el Reino Unido, y esta es la razón por la cual pienso que se trata de un postureo que, al final, no irá a mayores. Muy especialmente porque donde se cuecen las habas británicas -la City y el gran capital financiero- la salida de Europa resulta particularmente enojosa. Y desde el mundo neoliberal de la UE, lo mismo. De modo que creo que, al final, el Brexit no se consumará. Como mínimo explícitamente, al menos en la medida que lo implícito está siendo un «eurexit», en la línea de lo apuntado hoy mismo por Manuel Castells en un excelente artículo.

¿Y cómo se las arreglarán para subvertir el resultado de un referéndum vinculante? Muy fácil. Permítanme aventurar algunas hipótesis. Una posibilidad sería otro referéndum –no deja de ser curioso que un 7% de los votantes mostrara, sólo dos días después de la votación, su «arrepentimiento» por haber votado brexit. Pero es que no creo que ni siquiera haga falta organizar un nuevo referéndum. Vamos a imaginar el siguiente escenario.

La salida de la UE es un proceso laborioso que llevaría al menos dos años hasta ser efectivo, y en este tiempo pueden pasar muchas cosas. El apremio de la Comisión Europea instando al gobierno británico a actuar con celeridad no ha de verse, desde esta perspectiva, sino como una ayudita al gobierno británico. En unos meses, el primer ministro David Cameron hará efectiva su anunciada su dimisión y, o bien le sucede quien designe el estado mayor tory, o se convocan nuevas elecciones. En el primer caso, el sucesor debería pilotar la desconexión con Europa; en el segundo, ya veríamos.

Hasta ahora, los populismos han estado difundiendo los males que supuestamente provenían de la pertenencia a la UE, ante la relativa pasividad de los partidarios de seguir en ella y de una clase política vagamente europeísta, por convicción o conveniencia- pero algo atolondrada. Ahora las tornas pueden cambiar pasando acaso al primer plano los inconvenientes y problemas que derivarán de salir de ella. Imaginemos que se convocan nuevas elecciones y, con Cameron o no al frente de los tories, se anuncia como punto primero e irrenunciable del programa electoral la permanencia en la UE. Y que lo mismo hacen los labour y hasta los desaparecidos libdem. O si se quiere, con la promesa de convocar rápidamente un nuevo referéndum para revocar el anterior. Eso sí, con la debida salvaguarda de los irrenunciables intereses británicos... que comportaría una modificación no sólo del estatus británico, sino de todos lo miembros.

Puede parecer un órdago muy peligroso, pero con todo el establishment  metido en faena ¿alguien piensa verdaderamente que el UKIM ganaría las elecciones? No sé, a mí me parece del todo improbable. Y más si se empieza a anunciar que Escocia y el Ulster se largan; que las consecuencias de salir de la UE serán mucho peores que la que comporta permanecer en ella etc. Los ingleses puede que sean muy suyos, pero no son tontos; lo han demostrado muchas veces a lo largo de la historia. Y hasta puede que la generosa Europa, bajo presión alemana y de otros disidentes, haga de su capa un sayo y les apañe algún que otro privilegio estatutario a cambio de la permanencia. Así que, salvado el honor, se quedan y todos contentos. Y es que, después de todo, Inglaterra es tan Europa como el que más.

¿Estamos ante una astuta estratagema inglesa para mejorar su posición en la UE? ¿O simplemente ante una fantasía delirante? Pues no lo sé, la verdad, pero a mí me da que lo primero. Sólo que a lo mejor la estratagema no es sólo inglesa y de lo que se trata es de salvar los negocios guardando las apariencias, y encubriendo un innombrable «eurexit».

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