divendres, 19 de febrer de 2016

Eternidades recurrentes



¡Que no gobierne Podemos! es el mantra. Seguimos con la España y la anti-España. El nacionalismo centrífugo dejó su impronta en los centrípetos. Hoy, igual que hay buenos españoles y anti-españoles, hay buenos catalanes y botiflers, como hay, simplemente, vascos y maketos –una diferenciación para otro momento-. Hasta en territorios de lo más destacados por su histórica endeblez reivindicativa, el esquema se reproduce y recorre todos los tópicos habidos y por haber de la España y la anti-España. Algo, por cierto, inédito en cualesquiera otros pagos –legados coloniales aparte-, tanto centrípeta como centrífugamente.

Puede que Podemos sea una heteróclita masa en la cual hay mucho ignaro chabacano mandando, y acaso muchos más aspirando. No diré que no. Pero de ahí a que se levanten todas las alarmas de ciertos pudientes y pudorosos sectores, moralmente hablando nada edificantes, ante la quimérica posibilidad de que accedieran al gobierno, lo único que esto muestra, y demuestra, es que aquí el problema no fue la Guerra Civil –acaso sólo un epifenómeno- sino algo mucho más arraigado.

Sin ir más lejos, allende los Pirineos –Francia- han tenido más guerras civiles que aquende. Pero eso sí, serias y de verdad; por eso luego las superaron… hasta la siguiente. Aquí más bien algaradas; por eso no hemos superado nada… pensando en la anterior todos; los que lo reconocen y los que no. Francia ya tuvo la Fronda a mediados del XVII –y podríamos remontarnos a mucho más atrás-. Por entonces, acá no hacía ni falta lo del viva las caenas, las llevaban quienes las habían de llevar, tan bien enjaezadas que ni las notaban. Fue cuando se percataron de su falta que protestaron… para que se las pusieran de nuevo. Y lo siguen haciendo.

El espectáculo de la investidura al que estamos asistiendo los ciudadanos, los críticos y los acríticos, es tan absolutamente grotesco que, la verdad, por repetitivo, ya cansa. Cuando ya nadie sepa qué es un estadista, pasará desapercibido. Es que no los hay, claro.

Otra piedra de toque para futuros (nada financieramente especulativos), es lo del TC y el ministerio de asuntos exteriores del ciudadano Romeva. Ahí se juega una partida. Ajedrecísticamente hablando, y postureos aparte, hasta ahora fue juego posicional, conservador, a asegurar; ahora empezará el combinativo. En las acciones y en sus consecuencias lo veremos. Dentro de poco…

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