diumenge, 8 de març de 2015

FORMACIÓN O INFORMACIÓN, HE AHÍ LA FALACIA (EL CASO GARICANO)



Después de elaborar el programa económico de CIUDADANOS, el ilustre economista y profesor de la London School of Economics, Luis Garicano, parece que ha decidido adentrarse en el proceloso terreno de la educación. O como mínimo, eso es lo que puede colegirse de su artículo  publicado hoy en El País «¿El fin de la clase magistral?», en el cual responde afirmativamente a la pregunta que él mismo se planteaba.

Ignoro la originalidad y la solvencia innovadora del programa económico que el Sr. Garicano ha elaborado para su partido, aunque por lo que he podido saber, no sólo no contiene precisamente ninguna fórmula magistral ni innovadora como las que exige a la educación, sino que lo más relevante del informe parece ser que no es el propio informe, sino que él es su autor. Tampoco es nada original la propuesta educativa que se sigue de su artículo. Muy al contrario, todo indica que el Sr. Garicano ha tirado de los tópicos pedagógicos al uso, a la vez que incurre en confusiones conceptuales que, tratándose como se trata de un prestigioso economista, lo menos que se puede decir es que sorprenden.

Empieza fuerte el Sr. Garicano: “¿Cuándo empezaremos a adaptar los contenidos, y (mucho más importante), la forma de estudiarlos y presentarlos, a las necesidades de un mundo conectado, en el que los jóvenes disponen de todo el conocimiento?

Poco después, y tras describirnos las maravillas del proyecto final de bachillerato en un instituto técnico holandés, concluye que lo que hay que hacer es abandonar la clase magistral,

“(…) en la que el profesor, desde lo alto de su podio, predica a los ignorantes estudiantes cuya obligación es callar y tomar sus abominables apuntes (…)”

Y esto, prosigue, es una estupidez, porque

“(…) en un mundo en el que Google nos permite inmediatamente conocer la respuesta a la pregunta más absurda o complicada, nuestro sistema continúa insistiendo en conseguir que los alumnos memoricen largas listas de datos que, usando esos teléfonos móviles que no salen de sus manos en ningún momento del día, cualquiera de ellos podría encontrar en segundos.”

Bien por Garicano; se puede decir más alto, pero no más claro:

“(…) Una buena lección magistral de álgebra, o de historia griega, se puede ver en vídeos profesionales y clases en línea, y tendrá dibujos, diagramas, mapas, fotos, pequeños test para asegurar el progreso, etc.”

Además, al parecer del Sr. Garicano,

“(…) De este modo, el tiempo en clase se puede usar para aplicar el conocimiento y recibir críticas del profesor (…)”.

Es decir, si hasta ahora se hacían los deberes en casa y se aprendía en clase, ahora debería ser al revés. Todo ello gracias a internet. A la vista de todo esto, diríase que hay ósmosis directa entre el cerebro y la pantalla del ordenador. 

“(…) Los estudiantes pueden leer un texto (preferentemente una fuente primaria, no un libro de texto) y discutir en clase bajo la dirección del profesor. Una discusión bien preparada sobre Karl Marx y su influencia en los nuevos partidos, por ejemplo, tendrá muchísimo más impacto en los estudiantes (¿Qué diría Marx de “la casta”?) que una aburrida lección sobre el materialismo histórico (…). Total, para concluir que el “(…) énfasis en lo que se aprende restringe la innovación en cómo se aprende. Debemos liberar las energías de los profesores y de los colegios para innovar, y adaptar los curriculums (SIC) a las nuevas posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías.

Y dale con las nuevas tecnologías. Así que no sólo hay que acabar con las clases magistrales, sino también con los libros de texto, porque todo lo que pueden ofrecer las primeras y todo lo que pueda haber en los segundos, está ya en internet. La verdad es que a uno le recuerdan estas argumentaciones las de Mahoma cuando ordenó quemar la biblioteca de Alejandría: si lo que contienen los libros que hay allí dentro es contrario al Corán, han de ser quemados, y si está de acuerdo con el Corán, entonces son innecesarios porque ya tenemos el Corán, por lo cual deben ser quemados también.

En realidad, nos hallamos ante un planteamiento falaz que no discrimina entre información, conocimiento y formación. Para empezar, no sé qué entenderá el Sr. Garicano por conocimiento cuando afirma, como lo hace, que los jóvenes de hoy disponen de todo el conocimiento. Más bien me temo que está confundiendo, en primer lugar, el acceso a la información, con su posesión como conocimiento; y en segundo, mucho más grave, se confunde también la información con la formación, quedando esta última confundida y asimilada a la primera.

Porque una cosa es el acceso al conocimiento como posibilidad, y otra muy distinta su posesión. Si tengo en casa un libro de física cuántica, podría decir en rigor que tengo acceso al conocimiento allí contenido, pero no puedo decir en absoluto que posea este conocimiento o disponga de él. Lo mismo con internet. Pero es que además, detrás del sofisma del Sr. Garicano según el cual los jóvenes disponen de todo el conocimiento –gracias a la conexión-, se esconde la negación de la necesidad de una formación previa como condición de la posibilidad de poder acceder a cualquier tipo de conocimiento que me permita asimilar la información que estoy recibiendo. Y parece que el empeño de toda la pedagogía moderna consista precisamente no sólo en negar la necesidad de un docente que instruya, sino también la de una formación previa que medie entre el sujeto y la información que adquiere. Es decir, se presupone una secuencia inmediata entre el acceso a la información, la adquisición de ésta y la posesión de conocimiento. Y el problema es que la realidad dista mucho de funcionar así.

Una cosa es que nadie en sus cabales niegue la importancia de la revolución que el acceso a la red comporta en lo referente a la posibilidad de acceso a la información. Pero esto es algo muy distinto que el conocimiento. Con anterioridad al mundo conectado, el acceso a la información era ciertamente mucho más limitado y sujeto a restricciones materiales mucho más severas. Lo que internet supone es la superación de estas restricciones y la posibilidad de tener en casa la biblioteca universal, pero no la posesión del conocimiento universal. Y cuando confundimos ambas cosas y obviamos el concepto de formación, frente al de información, entonces nos despachamos con ejemplos tan falaces como el planteamiento inicial del que cuelgan.

No hay información sin formación previa, porque toda información se procesa de acuerdo con una categorías sin las cuales dicha información no es nada. Como no es nada la información que yo pueda adquirir de griego antiguo o de física cuántica, ya sea a través de internet o en papel, si carezco de la formación previa para procesarla.

Otra cosa es que a partir de unos ciertos niveles de formación, el individuo pueda aumentar su conocimiento adquiriendo información por su propia cuenta. Por supuesto que sí, sólo faltaría. Pero la adquisición de una formación pasa necesariamente por un proceso de tutorización que, genios autodidactas aparte, requiere de una mediación en la cual la figura del docente es esencial. Y una lección magistral de álgebra presencial, se diga lo que se diga, no es lo mismo que estudiar esta materia a través de internet. Otra cosa es que internet sea un complemento fundamental, pero no el substituto, al menos en la fase de formación, que es de la que estamos hablando. El conocimiento humano está, además, sistematizado, y debido a ello sólo se puede adquirir a través de un proceso debidamente estructurado y orientado hacia ello, no a través de improvisación espontánea o creatividad. Esto vendrá en todo caso luego, y con todas la reservas de rigor. En fin, tal vez la ciencia de la economía sea un caso aparte, pero el resto de disciplinas funcionan mucho más a base de rigor metódico y rutina, que de creatividad o improvisación.

Y suponer, como hace alegremente el Sr. Garicano, que una discusión bien planteada (?) sobre Karl Marx resultará más provechosa que un libro de texto donde se nos introduzca sobre este autor, el contexto de su obra y su pensamiento, es simplemente truculento. Porque si no conozco el pensamiento de Marx, la información que pueda adquirir de un simple texto suyo será, en el mejor de los casos, sesgada. La verdad, desde la perspectiva del Sr. Garicano, no se acaba de entender cómo no aprendemos a leer y a escribir solos frente al ordenador.
La formación es anterior a la información. Cierto también que no hay formación pura, sino que consiste en categorizar la información que vamos adquiriendo. Parafraseando a Kant, diríamos que la formación sin información es vacía, pero la información sin formación es ciega. Y la confusión entre formación e información tal vez no sea tan inocente como a simple vista podría suponerse. Puede serlo, ciertamente, en algunas almas ingenuas, pero el Sr. Garicano no es un ingenuo, de eso sí que estamos seguros.

9 comentaris:

  1. Una explicación impecable, Xavier. Es desolador: ni los partidos de siempre, ni los más recientes, ni los nuevos. Ninguno presenta un programa educativo que no abochorne.

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  2. Bueno, el señor Garicano ya está en mi lista negra. Cuando estaba llegando "lo de Bolonia" ya me tragué unos cuantos artículos sobre lo de abandonar la "clase magistral", adobados con los mismos tópicos que trae éste.

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  3. "en un mundo en el que Google nos permite inmediatamente conocer la respuesta a la pregunta más absurda o complicada"...Cuando se hacen estas propuestas alguien debería levantar la mano y preguntar: Profesor G., ¿puede garantizar que un día Google no pasará a ser de pago?

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  4. Claro que no puede. Pero hay algo peor, y es que obtener respuestas implica saber hacer preguntas. Y si las respuestas que obtengo son chorras, a lo mejor es porque no me enseñaron a hacer preguntas. Y fíjate, es que hasta puede que no tenga preguntas que hacer, que es probablemente lo que busca Garicano, que nadie pregunte nada. La verdad, querido Bacon, da grima ver como gente con supuesto talento le toma el pelo al personal y se queda tan "de moda". Un saludo.

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  5. Podrá parecer una broma, pero es de un humor muy negro: acabaremos añorando los tiempos en que de educación solo hablaban los pedagogos, porque ahora solo hablan ya gente como los políticos, los economistas o los banqueros, o esbirros ignorantes que les hacen el juego. Los profesores, de ningún modo. Hace unos años, desde ABC "El País", solían incluir colaboraciones de gente como Savater, García de la Concha, Adrados o Muñoz Molina hablando de los verdaderos males de la escuela o defendiendo a los profesores, pero ahora... Da pavor. Este señor y Ciudadanos van claramente en busca del espacio del PP. Tienen la ventaja de parecer más honrados, pero, en lo referido a la educación, sus popósitos son los mismos. Y como la izquierda o el nacionalismo proponen lo que propone, pues así estamos. No es casual, ¿eh?Los planes con la enseñanza son los que son, muy conscientemente y con el propósito de implantar un modelo que la va a hundir aún más. Dios nos asista.

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    1. No, no es humor negro Guachimán, no. Ya decía Gregorio Luri, que de esto sabe un rato, que la cosa empezó con los pedagogos, luego los psicólogos y que ahora están entrando los economistas. Y me da que tiene razón. Está claro que aquí todo el mundo tiene algo que decir. Lo curioso de los economistas es que no son tan creativos ni innovadores en su disciplina ¿Por qué será?

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    2. Porque la economía es una cosa seria y no se puede andar con tonterías y la educación...pues eso.

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  6. Pedagogos a la violeta, que diría Cadalso...

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