divendres, 23 de desembre de 2016

¿Antropología del islamismo? (A propósito de los atentados en Berlín) I


Leo en la prensa que la policía ha abatido en Milán al presunto autor del atentado en Berlín. Y cómo el lobby de la corrección política se ha ensañado con unas declaraciones de Andrea Levy, del PP, cuya torpeza sólo es atribuible a un manifiesto déficit de formación. Son, en este sentido, especialmente lúcidas las afirmaciones de Jorge M. Reverte en un artículo más que recomendable. Porque discrimina conceptualmente; porque, como concluye, una cosa es no equivocarse, y otra que se hubiera podido decir mejor.

Según la voluntad de perseverar en ella, la ignorancia puede ser culpable o inocente. En el caso de Occidente con respecto al terrorismo islámico, pienso que es de una culpabilidad con agravante de regodeo doloso. Seguimos, en este sentido, en el esquema planteado por Fukuyama. La caída del materialismo marxista supuso el redescubrimiento de una supuesta espiritualidad –o emotividad- como motivo último de ciertas acciones humanas que, sin ser descartables, la pérdida de visión de conjunto desenfoca hasta el punto querer percibirlas como lo que son en el sentido de a qué responden. Por ello se atribuye al terrorismo islámico la fanatización religiosa del individuo como causa última, con aderezos behavioristas de fondo, como que la marginación social es la que produce las conversiones. Pero en realidad estamos, aunque Occidente no lo quiera ver, ante un choque de civilizaciones, más o menos en la línea expuesta por Huntington. Y me da igual que Huntington sea un ultraliberal americano de extrema derecha: la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero.

Hay un aspecto que, modestamente, me llama muy particularmente la atención en la forma enfocar el fenómeno del terrorismo islámico, y es que el énfasis en la radicalización religiosa como causa fundamental, tiene su correlato la absoluta desatención que se le presta a otros factores, más contextuales y materiales, que ello no obstante, en otros ámbitos acostumbran a ser elementos fundamentales sobre los cuales pivota el análisis del fenómeno. Sin duda, al atribuirlo a radicalizaciones individuales, se exonera al Islam en general y se ahuyenta el fantasma del choque de civilizaciones; pero también esta voluntad de desatención es una muestra de la ignorancia culpable a la cual me refería más arriba. Porque no sólo impide entender el fenómeno, sino que ofrece de él una explicación intencionadamente sesgada y falaz. De ahí su culpabilidad responsable.

Cuando los atentados de Bruselas, apareció al poco tiempo en los medios la fotografía de los dos hermanos que se acababan de inmolar como terroristas suicidas en los atentados. La fotografía estaba tomada en una discoteca, al parecer, unos días antes. Se les veía contentos, bailando, bebiendo y ligando. Buena parte de la opinión pública se estremeció al no entender nada. ¿Pero no eran fanáticos religiosos musulmanes? La sorpresa es en cierto modo comprensible, pero no por desinformación, sino más bien por la información sesgada y falaz que se nos transmite desde el discurso oficial sobre el integrismo islámico. No es el único caso. También se vio al jefe del comando suicida de los atentados del 11-S, Mohamed Atta, zampándose una botella de vodka en el bar del aeropuerto junto a un compañero en vísperas del atentado. Y claro, estas actitudes sorprenden porque no casan con la idea del integrismo religioso que se nos transmite sobre los terroristas islámicos.
Se nos presenta a los terroristas suicidas como a unos fanáticos religiosos de estricto cumplimiento islámico, dispuestos a dar su vida por Alá y convencidos de que les espera tras la muerte el paraíso con las huríes. En mi opinión, nada más lejos de la realidad. Si la antropología no fuera una especialidad secuestrada mayormente por botarates, podría explicar con relativa facilidad estas actitudes mediante otros mecanismos, entre los cuales no es precisamente el integrismo religioso el más relevante. Estamos hablando, en la mayoría de casos, de individuos criados y crecidos en metrópolis occidentales, y con unos usos y costumbres culturales, digámoslo así, mucho más secularizados de lo que en principio se nos da a entender. En otras palabras, la fe no es un factor relevante; acaso ni siquiera accesorio. Mientras no entendamos esto, pienso que no habremos entendido casi nada.
 
(To be continued)

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