divendres, 15 d’agost de 2014

ANECDOTARIO PEDABÓBICO (15-08-2014)


 
APRENDA LÓGICA EN UN FIN DE SEMANA
Una cosa es el colectivo y otra los individuos que lo componen, que pueden ser, cómo no, del pelaje más variado. Y lo cierto es que muchos de nuestros colegas docentes han contribuido decisivamente, ya sea por activa o por pasiva, a lo que Alberto aludía el otro día en su excelente post sobre “el profesor devaluado”, es decir, y en el caso que contaré, a la desacreditación por méritos propios de la profesión docente, por si no bastara con la inquina que las burocracias y pedagocracias educativas nos profesan. Y fue su post el que me trajo a la memoria el caso que ahora les citaré.
Estábamos por entonces en las postrimerías de los tiempos del BUP-COU. Aquel curso, a mí me correspondió impartir la Historia de la Filosofía de COU y a mi colega –éramos dos de la especialidad en el instituto- la Filosofía de 3º de BUP. Siendo el caso que la compañera tenía que someterse a una operación quirúrgica que la iba a mantener de baja durante todo el segundo trimestre, ya lo había arreglado para concluir el programa del primer trimestre, de modo que el substituto iniciara el segundo trimestre partiendo de cero. El segundo trimestre se impartía Lógica formal o matemática.
Antes de las Navidades, me puso al corriente de los contenidos y material de lógica que debía impartirse durante el segundo trimestre, para que se los trasladara al nuevo profesor que iba a substituirla. De vuelta al instituto en enero, efectivamente, allí estaba el nuevo profesor. Procedía de una comunidad autónoma situada justo al sur de la mía.
Nada más presentarse, y sin que nadie se lo preguntara, se manifestó partidario de que los alumnos debatieran libremente y con espíritu crítico. Con esta finalidad, había preparado algunos textos para someterlos a debate y que cada cual se expresara (supongo) conforme Nuestro Señor le diera a entender y de acuerdo con las luces que, en su  divina munificencia, hubiera tenido a bien concederle. Los textos, dicho sea de paso, eran de lo más variopinto y abigarrado. Desde el presupuesto federal para las reservas indias norteamericanas, hasta las doctrinas «no escritas» de Platón.
Por mi parte, y como jefe del Departamento de Ciencias Sociales –en el cual estaba integrada la materia de Filosofía-, le dije que en el instituto aplicábamos el programa hasta donde esto era posible, que lo que «tocaba» en el segundo trimestre era Lógica formal y que a esto iba a tener que ceñirse; que si quería dedicar una hora cada dos semanas a «debates», pues muy bien, pero que la Lógica Formal no hay más que una –es un decir- y ti te encontré en la calle. No pareció muy entusiasmado con tal perspectiva, pero tampoco se opuso abiertamente.
Muy pronto algunos compañeros me comentaron las afirmaciones que el nuevo profesor de Filosofía había realizado con todo desparpajo en algunas conversaciones en la sala de profesores; que si él no estaba por la aplicación de «rígidos» programas, que si él era un firme partidario de la LOGSE, ley que iba a abrir nuevos horizontes pedagógicos que los profesores anticuados no entendían… Anticuados y viejos, claro, aunque curiosamente él frisaba la cincuentena, mientras que yo tenía por entonces 34 o 35 años. Malos augurios, vamos.
Apenas transcurridos unos pocos días, me llegaron las primeras quejas de los alumnos de 3º de BUP. Sabían, porque así se lo había dicho su profesora antes de Navidades, que durante el segundo trimestre iban a cursar Lógica formal, y no estaban haciendo nada de esto, sin que tampoco supieran muy bien especificar qué era exactamente lo que estaban haciendo en clase. Algún repetidor me comentó incluso que aquel tío, de Lógica, no tenía ni idea, textualmente: “pero Xavi, de verdad te lo digo, es que ni “p” ideano sabe”. Así que opté por hablar de nuevo con él.
Las revelaciones que obtuve a raíz de nuestra nueva conversación me dejaron perplejo. Resulta que, eso sí, era licenciado en Filosofía, pero no había estudiado nunca Lógica. No contribuyó a mitigar mi estupor un comentario suyo sobre la inutilidad de explicar algo que seguía igual que, lo cito textualmente porque lo tengo grabado en la memoria con tinta indeleble “con Platón o con Aristóteles, total, para demostrar la inmortalidad del alma”. Inaudito…
Resultó que el profesor en cuestión era maestro, diplomatura a lo largo de la cual no había cursado absolutamente nada de Filosofía ni, menos aún, de Lógica, estudios a la conclusión de los cuales se había matriculado directamente en 4º de Filosofía. Esas cosas que pasan... Y ni en cuarto ni en quinto vio nada de esto, porque todo eran materias optativas que, supuse, supo elegir adecuadamente para despacharlas con algún «trabajito». “¿Entonces de Historia de la Filosofía tampoco, no?”. “Sí, hombre”, me respondió, “Eso sí… en COU”.
Por cierto, mientras esta alucinante conversación tenía lugar, un compañero de Física y Química que estaba corrigiendo exámenes en la sala de profesores, me miraba de vez en cuando de soslayo, con una expresión de sorpresa que, conforme la conversación avanzaba, fue tornándose carcajada silenciosa.
 
Y lo peor viene ahora. Que de todas maneras, dijo supongo que para tranquilizarme, no me preocupara, que sí, que iba a explicar Lógica. Pero eso sí, si a mí no me importaba y tenía a bien prestarme durante un par de recreos a instruirle en los rudimentos de la Lógica, él se lo repasaba y, en un fin de semana, todo arreglado, ya tenemos Lógica para el segundo trimestre.
 
 
Nunca más supe del interfecto. Supongo que aprobaría oposiciones -con un 2.7 le bastaba, dada su antigüedad como interino- y no me extrañaría que hubiera ascendido meteóricamente hasta algún despacho pedagocrático desde el cual pontificar sobre educación y sobre lo anticuados que son los profesores. Debe haberse jubilado ya. Yo sólo he contado lo que vi.

1 comentari:

  1. O sea, más o menos como el inefable ZP con la economía. No tengo duda de el personaje habría aprobado las oposiciones (si le bastaba un 2,7, ten por seguro que no llegó al 2,8) y ocupado durante toda su carrera profesional algún relevante cargo pedabóbico. Siempre es lo mismo: la dictadura de la mediocracia a todos los niveles. El artículo, como siempre, magnífico.

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