dilluns, 11 de juny de 2018

La difícil solución educativa


Tenemos en España un nuevo gobierno, con innegable glamour y que ha suscitado unas expectativas sin parangón en los últimos tiempos. Una prueba de ello es la sorprendente tibieza de las críticas con que los medios adscritos a sectores contrarios han recibido su llegada, no exenta incluso de ciertos elogios al perfil de muchos de los nuevos ministros. No lo va a tener fácil, ni por su precaria situación parlamentaria, ni por el sañudo enrarecimiento que ha caracterizado últimamente el debate sobre ciertos temas, ni, por supuesto, porque la frustración de las expectativas puede generar decepciones de igual intensidad.
 
Y uno de los retos es sin duda embridar de una vez el endémico problema educativo español. Quizás pueda no parecer el más urgente, pero sí es de los más importantes. Porque sin un buen sistema educativo, no hay futuro. En la línea de la mayoría de miembros del gabinete, la nueva ministra de Educación, Isabel Celaá, dispone de un bagaje previo que la acredita plenamente para el cargo: catedrática de instituto, licenciada en Filología Inglesa, Filosofía y Derecho, con experiencia en la Administración educativa y exconsejera de Educación del País Vasco. No parece que se trate de ningún cargo de «cambalache». Y esto, al menos de entrada, es bueno. Otra cosa es arrendarle la ganancia, porque no lo tiene nada fácil. (...)


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