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dimecres, 13 de desembre del 2017

El auténtico tesoro de Sijena


Parece bastante claro, al menos desde una perspectiva lógica, que los mismos argumentos que justificaban en su momento el retorno de los papeles de Salamanca a Cataluña, valen también para la devolución a Aragón de las piezas que estaban en el museo de Lleida. Y no me parece relevante que, en el primer caso, el expolio documental proviniera de una incautación amparada en el derecho de conquista –como farfulló Torrente Ballester ante una furibunda masa helmática contraria a la devolución-, mientras que en el segundo las adquisiciones artísticas se ampararan en un contrato de compra-venta que, según parece, no era del todo ajustado a derecho.
Cabría igualmente suponer que quiénes fueron favorables a la devolución de los legajos, deberían serlo también ahora de las maderas en litigio.  Igualmente a la inversa. Es decir, lo lógico sería pensar que los que consideraron la devolución de los papeles un expolio del patrimonio salmantino, ahora pensaran que se trata de un expolio del patrimonio catalán. No está de más recordar que, en ambos casos, la policía tuvo que entrar de noche en las respectivas dependencias. Y que también en ambos casos, hubo algaradas protagonizadas mayoritariamente por gentuza que no ha entrado en un museo en su vida, o que si lo ha  hecho, como si nada.
Pero no parece que sea así, sino que más bien se detecta una muy significativa asimetría que los propios interesados deberían explicar, si es que pueden. Por un lado, los más conspicuos enemigos del traslado de los papeles de Salamanca están actualmente entusiasmados con el retorno de las piezas a Sijena, con unos argumentos prácticamente idénticos a los que, en su momento, utilizaban los favorables igualmente conspicuos, quienes, a su vez, han hecho ahora suyos los de sus antagonistas de entonces, en un grotesco intercambio de argumentarios que, digámoslo claramente, no dice mucho de su coherencia lógica, aunque sí de su estupidez o de su mala fe, según sea el caso.
Y es que el auténtico tesoro de Sijena no son las piezas en disputa, cuyo valor artístico desconozco, pero que no parece que sean precisamente equiparables a la Gioconda o a la Piedra de Roseta, sino la golosa posibilidad de aprovechar la ocasión para seguir suscitando agravios que entretengan a los feligreses de las respectivas parroquias. Nunca mejor dicho tratándose de obras de arte sacro.
Me gustaría saber qué piensan el ínclito Acebes o el inefable Zaplana, en su momento adalides del movimiento contra la devolución de los papeles de Salamanca, del caso de Sijena. Corrijo, ya sabemos lo que piensan al respecto, igual que sabemos lo que piensan Puigdemont o Junqueras. No-sí, aquéllos, sí-no, éstos. Eso es lo que hay.
Por cierto, de Sijena era el olvidado Miguel Servet, otra víctima de la intolerancia y el fanatismo. ¿Qué pensaría de todo esto?

dijous, 23 de novembre del 2017

El "Procés": ficción y realidad


Siempre me ha parecido que el «procés» y sus personajes resultan mucho más evocables cinematográficamente que literariamente. Literariamente lo primero que le viene a uno es Valle-Inclán y lo que hubiera podido hacer de haber conocido el tema. Pero bien mirado, hay en el esperpento una cierta dimensión trágica de la vida que no acaba de encajar con la estética del «procés». Acaso porque sus protagonistas más notorios no precisen de énfasis alguno en la necesaria caricaturización literaria que requiere cualquier forma de parodia. Piensa uno en Max Estrella, en Tirano Banderas o en el inefable Bradomín, y la verdad, hay algo de real en cada uno de ellos que contrasta con la irrealidad histriónica de Puigdemont, Junqueras o, sin ir más lejos, del tándem «Rull & Turull». Frente a personajes literarios de primera fila como los citados, se les ve carentes de entidad, como impostados. No sé… tal vez literariamente encajarían en los dramas bufonescos de Gozzi, o en las sátiras de Sharpe, pero no en el noble género del esperpento.
En cambio, sí lo veo mucho más claro cinematográficamente, o como serie televisiva. Berlanga hubiera podido sin duda sacarle mucho partido, y los Hermanos Marx también. Boadella, sí, acometió la tarea en el teatro muchos años antes de que se iniciara la fase actual del «procés»… pero sin desmerecer a los anteriores, me quedo con los Monty Python. ¿Se imaginan por un momento a Graham Chapman en el papel de Puigdemont, a John Cleese en el de Artur Mas, a Michael Palin en el de Marta Rovira,  a Terry Jones alternándose en los de Pujol, Junqueras, Forcadell y «Rull & Turull», y a Eric Idle en el de Lluis Llach cantando «L’Estaca» en versión “…always look on the bright side of life”, todos ellos dirigidos por Terry Gillian y el propio Jones? Solo de pensarlo ya le viene a uno la risa. ¡Qué gran obra maestra nos hemos perdido!
Una lástima que Graham Chapman lleve muerto casi treinta años, y que el resto de los Python ya no estén para muchos trotes. Claro que, bien mirado, también es posible que no le hubieran encontrado materia parodiable al «procés» ni a sus protagonistas, porque en su irrealidad constitutiva ya son una representación que no admite parangón, impidiendo con ello cualquier tipo de creatividad al llevarla a la ficción; porque sus personajes ya son en sí ficciones y el «procés» ya es la obra representada. Y no hay nada que satirizar porque ya es una caricatura perfecta interpretada por caricatos igual de perfectos.
Dicho en otras palabras, la ficción literaria o cinematográfica interpreta la realidad desde un determinado punto de vista y perspectiva. Un autor puede escribir una obra sobre Julio César, sobre Jesucristo o sobre el rey Arturo, enfatizando en cada caso algunos aspectos del personaje que le interesen especialmente según el mensaje que quiera transmitir y la naturaleza de dicho menaje, ensalzándolo o satirizándolo, enalteciéndolo o caricaturizándolo. Sería el caso del Julio César de Shakespeare o del que aparece en las historietas de Astérix; o del Jesucristo de la ‘Historia más grande jamás contada’ y el de su réplica en ‘La vida de Brian”; o del rey Arturo que nos presenta ‘Excalibur’ y el de ‘Los caballeros de la mesa cuadrada’…
¿Pero quién podría interpretar a «Rull & Turull» o a Puigdemont sin que pareciera una mala copia del original? Una caricatura procede de un modelo al que se ridiculiza enfatizando sus aspectos más grotescos ¿pero qué hay de caricaturizable en un modelo que ya es una caricatura? ¿Qué podría hacerse con estos tipos que no hayan hecho y sigan haciendo ellos mismos en sus propias autointerpretaciones? Nada. Como suele decirse, llovería sobre mojado y cualquier intento de interpretación resultaría artificioso. Porque lo irreal, la ficción, es una copia deformada de la realidad a la que pretende representar, pero si lo que se pretende caricaturizar es ya una caricatura, el invento no funciona. Y es que, desde luego, estamos en uno de aquellos casos en que la realidad supera cualquier posible ficción.
La belleza estética en una obra de arte no implica en absoluto que fuera igual de bella en caso de convertirse la representación en real. Los borrachos de Velázquez son sin duda alguna estéticamente bellos como obra de arte, pero como seres reales resultarían repugnantes. También el «procés» y sus personajes podrían resultar bellos como obra de arte. Pero desmintiendo a Pigmalión, si la estatua se vuelve real puede no solo perder su belleza, sino incluso resultar aborrecible. Aun así ¡cómo nos hubiéramos reído de haber sido el «procés» una obra de ficción! Lástima que no lo sea.

dimecres, 15 de febrer del 2017

¿Martirologio o bufonada?



La verdad es que uno ya no sabe si se las está habiendo con la más redomada de las astucias o con la más vergonzante de las vilezas. En cualquier caso, sí parece que el «procés» se está perdiendo una oportunidad de oro para internacionalizar y difundir la causa indepe en el mundo mundial, aprovechando los torpes errores del contrario. Porque la verdad es que con el proceso chirigota por el referéndum barbacoa, se las están poniendo como a Fernando VII. Y es entonces cuando le atenaza a uno la terrible sospecha de que acaso esta oportunidad de oro se esté malogrando por falta de entusiasmo martirológico en los tres próceres patrios implicados.

No sé a ustedes, pero a uno le cuesta imaginarse a Gandhi alegando ante el tribunal que no era una huelga de hambre, sino que aquel día no tuvo ni para comer; o a Fidel Castro alegando que estaba convencido de que el Fuerte Moncada llevaba años abandonado y que lo suyo fue una partida de caza con unos amigos; o a Nelson Mandela manifestando su profundo respeto por las leyes del apartheid y negando haber tenido la menor intención de transgredirlas, después de liar la que lió…

Y claro, lo lógico era pensar que ahora el «astuto» y sus «astutas» iban a aprovechar la situación para declarar la ilegitimidad de las leyes españolas y su desobediencia a éstas; que iban a dar la cara y que, alto y fuerte, iban a decir que sí, que montaron el referéndum ¿y qué?; que ahí queda eso y a ver si tienen redaños de meterlos en la cárcel; que iban a tener que entrar en la sala esposados y empujados por la benemérita y que estas imágenes se difundirían por todo el mundo como demostración de la opresión nacional que sufre Cataluña, ocupada desde hace tropecientos años por  la fuerzas invasoras españolas. Y que un valiente y dos "valientas" estaban dando la cara por todo un pueblo. Con un par.

Imaginaba asimismo que con esta actitud, el líder y las lideresas, la catalana trinidad «Mas & (Ortega & Rigau)» marcaría el camino hacia la desobediencia inminente que reclaman a los suyos, poniéndose como ejemplo a seguir. Y en definitiva, que iban a reafirmarse en las mismas declaraciones, arengas y bravatas que a diario proferían para enardecer a las masas y conminarlas a la obediente desobediencia debida contra la pérfida España…

Y va y resulta que no, que la catalana trinidad se resuelve en el trío lalalá y que de la tragedia pasamos a la comedia. Porque parece ahora que lo del referéndum fue un malentendido o algo que no iba con ellos, sin que alguno o alguna ni siquiera pasara por ahí. Resulta que el "astuto" alega que no le avisaron de las responsabilidades en que incurría de persistir en un referéndum/mojiganga cuyo mérito se atribuyó jactanciosamente en exclusiva. Al parecer, también ahora resulta que todo fue cosa del populacho y de los voluntarios, que por lo visto abrieron los institutos a martillazos, o quizás, habrá que suponer ante la falta de desperfectos, a la mágica voz del ¡Ábrete sésamo! del celebérrimo Alí-Babá, para improvisarlos como colegios electorales. Y pues eso, que son inocentes, pero no porque no acepten las leyes españolas y asuman orgullosamente haber hecho aquello de lo que se les acusa, sino que fundamentan su inocencia en la negación de haber hecho lo que proclamaron a los cuatro vientos estar haciendo. Lo primero podría ser un juicio político; lo segundo, llámenle ustedes como quieran.

Yo lo llamaría un insulto a la inteligencia, y a los infelices que creían estar obedeciendo el mandato de unos líderes indignos que ahora niegan toda responsabilidad y se la atribuyen a Fuenteovejuna. Y es que no estamos en Fuentovejuna, sino ante un buffo alcalde de Zalamea que niega después haberle dado garrote al capitán tunante, alegando que fue el verdugo quien lo hizo. Por cierto ¿qué hubiera hecho luego el rey con un alcalde de Zalamea tan zafio y cobarde? 

dilluns, 14 de novembre del 2016

Euroamericanos (Apostillas a «Trump y las plañideras»)



La verdad es que no deja de sorprender la asimetría con que se valoran las distintas declaraciones que se puedan proferir, no precisamente «vengan de donde vengan», sino más bien por «venir según de dónde vengan». Y si no, pues a ver cómo se explican las airadas reacciones que suscitaron, con toda la razón del mundo, las obscenas declaraciones de Trump sobre las mujeres, vanagloriándose de conseguirlas gracias a su posición de poder -emulando a Strauss-Kahn-, con la complicidad y benevolencia que obtuvieron las de Madonna, ofreciendo sexo oral a los votantes de Clinton, en el mejor estilo de la muy noble villa mallorquina de Magaluf.

Cierto que desde hace muchos años, como apuntaba recientemente Vicenç Navarro en un muy buen artículo, el partido demócrata ha abandonado cualquier discurso de clase o social, para ceñirse al sucedáneo de las políticas de etnicidad identitaria y de minorías. Algo que, por cierto, también ha ocurrido en la izquierda europea, con los resultados por todos conocidos y con fundadas expectativas de superarlos.

Y aunque sólo fuera por frivolizar, no es que con tanto melting pot y obsesión por el voto de las minorías,  a los analistas y a la propia Milady se les pasara por alto la mayoría (blanca), sino que, víctimas de su propio discurso, toparon con los límites inherentes a éste: el etnocentrismo elitista que exuda y su correlato de buena conciencia desde la autocomplaciente consideración de unas élites sociales y económicas a la caza de voto clientelar entre estas minorías, excepto la descartada de antemano por el propio discurso: los euroamericanos, en su modalidad white trash, porque entonces hubiera sido necesariamente un discurso social, y esto es lo que se trataba precisamente de evitar. Porque en los Estados Unidos no puede haber conflictos sociales, sino, en todo caso, culturales.

Es en este sentido especialmente interesante la artificiosa terminología que se utiliza y que se ha convertido en canónica para definir a las minorías étnicas. Porque, a ver, étnicamente hablando, los únicos que podrían acreditar la condición de norteamericanos son los indios pieles rojas, recluidos y hacinados en unas reservas –el nombre lo dice todo- bañadas por océanos de alcohol barato y miseria «integradora», a los que eufemísticamente se denomina native americans; sin duda para distinguirlos de los propiamente americans, que tampoco son todo el resto, claro que no. Porque a los negros, para no llamarles así, se les dice «afroamericanos», lo cual es a su vez una caracterización claramente peyorativa desde el punto de vista del concepto de ciudadanía. Luego están los asiáticos, los hispanos, y hasta una nueva minoría que trasciende lo meramente étnico, para caer en lo religioso: la minoría islámica; criterio adscriptivo que sitúa la diferencia entre ser musulmán o de cualquier otra religión, incluso de ninguna.

Y ahí topamos con los límites de este discursillo, entre progre, compasivo, condescendiente, redentorista y elitista: su etnocentrismo fundante, que esta vez les ha jugado una mala pasada por sus obligados olvidos.

Porque contra lo que pudiera parecer a simple vista, la comunidad nunca citada como «euroamericana», es tan heterogénea como cualquiera de las otras. Pero esta omisión sólo obedece a que el objetivo del discurso etnicista, en cualquiera de sus múltiples variantes –«buenista»  «malista» o lo que sea…-no es otro que el de presentarse como un paliativo que soslaye la mera posibilidad de un discurso social que, por ejemplo, no distinga entre blancos pobres, negros pobres, hispanos pobres o chinos pobres, sino que hablara sólo de «pobres», que los hay, muchos y de todos los colores.

Y es que resulta que también hay entre la comunidad «euroamericana» gente pobre de solemnidad que, a lo mejor, a la vez que envidian a Trump cuando alardea de las ventajas de su posición para servirse de ella con fines sexuales, tampoco se acabaron de creer a Madona en su ofrecimiento a los votantes de Milady Clinton. Y ya puestos, a saber el porqué de tanta mujer euroamericana votando a un tipejo como Trump; a lo mejor fue por lo de una tipeja como Madonna…
Eso sí, lo de Madonna se vio como una graciosa ocurrencia – de peculiar sentido del humor, lo califican algunos-, y lo de Trump como una grosería intolerable, que lo es. Y no, en ambos casos se trata de una grosería, y no por provenir de una, es menos obscena que la del otro.

dimecres, 19 d’octubre del 2016

Los silencios de Bob Dylan


Ya dije que Bob Dylan no me parece ni remotamente merecedor del nobel de Literatura, y que otorgárselo se me antoja una astracanada de dimensiones mastodónticas que, además, a quien rebaja no es al cantautor, sino al comité del nobel de literatura y a su secretaria permanente, una tal Sara Danius. Como es sabido, la Academia Sueca ha tenido que renunciar a comunicarle la noticia ante la imposibilidad de hablar con él. 

Y no es que Dylan esté de ejercicios espirituales o en el mundo de Mr. Tambourine Man –cualquiera de ambas cosas hubiera podido darse según el momento biográfico en que se le pillara-; no, está haciendo conciertos; sólo que no se pone al teléfono y, simplemente, no dice nada. No parece, pues, que sea un silencio esquivo, excepto en lo de no responder a las llamadas de la Sra. Danius –tan cariacontecida, ella-, sino más bien un silencio ostentoso: ya le está contestando. Aunque tampoco sé muy bien si este silencio  le enaltece o le envilece.

De entrada me inclinaría por lo segundo, muy especialmente porque está perdiendo una estupenda oportunidad de hablar. Claro que, bien mirado, silencios ha habido muchos a lo largo de la dilatada trayectoria biográfica de Bob Dylan. No seré yo quien se lo recrimine. Recuerdo que, en cierta ocasión, leí un artículo sobre Dylan cuyo autor le reprochaba que nunca se hubiera declarado de izquierdas. Una afirmación que, en todo caso, del único de quien nos habla es del autor del artículo y de su estupidez, no de Dylan. Como si no debiéramos leer a Tolstoi porque fuera un personaje más bien turbio, o debiéramos rechazar la física de Newton porque, como persona, fuera un ser más bien siniestro.

Por lo demás, estoy seguro de que este silencio de ahora no obedece en absoluto a que esté atribulado por la embriaguez de la dicha ni, tampoco, avergonzado y sin saber cómo salirse del apuro. De ninguna manera. Yo diría que este silencio es puro desdén. Un desdén que sin duda la Academia Sueca ha acreditado merecer al concederle el galardón.

Y mira por donde, aunque sea un efecto totalmente indeseado y por completo ajeno a las intenciones de su autor, resulta que al final igual acaba enalteciéndole. No por su intencionalidad moral, desde luego que no, sino porque les paga como se merecen. Eso sí, seguro que el importe del premio lo cobrará a través de su agente. Otra bofetada.

divendres, 14 d’octubre del 2016

Nobel y Eurovisión


Desde siempre me gustó Bob Dylan, y mucho en ciertas épocas, lo confieso. Incluso he llegado a emocionarme con algunas de sus canciones. Si además tenemos en cuenta que seguía emocionándome con estas mismas canciones cuando el intérprete, a guitarra, armónica y voz, era uno mismo, entonces sí que hay que reconocer que la cosa era grave. Pero qué quieren que les diga, lo de Nobel de Literatura me suena a sarcasmo.

A lo peor es que uno ya no está en la onda; acaso el insigne jurado decidió en un arrebato de nostalgia –está en su derecho, cómo no- premiar sus recuerdos de juventud y algunas (o muchas) noches locas; o puede también que, atendiendo a los tiempos líquidos que corren, creyeran estar concediéndole el preciado galardón a Dylan Thomas (1914-1953). Nunca se sabe.

Por más que pueda haberme gustado Bob Dylan, y que me siga gustando, no sé, oigan, jamás se me hubiera ocurrido compararlo con Homero o con Proust. Autores con los cuales, ello no obstante compartía algo hasta hoy. Con el primero, que no se sabía con precisión si verdaderamente existía, como mínimo a juzgar por las múltiples mutaciones, metamorfosis y conversiones por las cuales parece haber transcurrido la supuesta biografía de Mr. Zimmerman; con el segundo, la condición de pertenecer al club de los que no son premio Nobel de Literatura, sociedad extensa donde las haya. Ahora ya no comparte nada con ninguno de ellos.

Pero no crean tampoco que me voy a rasgar las vestiduras como están haciendo algunos. Hasta en algún lugar de la red he leído que alguien proponía a Punset como Nobel de Física. Y tampoco es para tanto. No, el problema es el premio Nobel en sí mismo, puesto en relación con los tiempos que corren. Basta con pensar en algunos que lo han recibido para entender por qué otros los rechazaron.

Aunque no sé exactamente en qué estación, uno no puede evitar enterarse una vez al año de que todavía existe el festival de Eurovisión. Pues en esto se ha convertido el Nobel, en una charanga de la cual nos enteramos, una vez al año, de a quién no tenían que habérselo concedido.
Algunos pensarán que con esto se acerca el Nobel a la gente y se democratiza, y hasta acaso que cualquiera puede ganarlo a partir de ahora. Y no, no lo ganará cualquiera porque tampoco Bob Dylan es un cualquiera, aunque no se merezca el Nobel de literatura. Y tampoco se democratiza, sino que más bien se trivializa. Es el espectáculo; nada más. Cada vez más olvidado, como Eurovisión.

dijous, 6 d’octubre del 2016

Sobre "Liquid modern challenges to education" (Zygmunt Bauman)

Reconozco no haber  tenido noticia, que recuerde, ni del autor ni del libro, hasta ahora. Toda una lección de adaptación líquida, sin duda alguna. ¿Pero  tal vez no seremos fluidos en lugar de, simplemente, líquidos? Pienso yo que para algo están los conocimientos "sólidos"; para discriminar entre simples líquidos y fluidos. Eché en falta esta distinción. Por lo demás, bueno... Que la educación que a él le gustaba está achacosa y que hay que adaptarse. Algo de lo que el autor sabe biográficamente mucho.

dilluns, 19 de setembre del 2016

¿Cómo son posibles los gurús educativos a priori? (I)





El rotativo «El País», muy en su línea, publica hoy la impagable entrevista con un gurú educativo de moda, uno más, que parece obedecer al nombre de Sugata Mitra, y cuyo centro de atención educativo preferente es acabar con los exámenes porque, dicé él, es una cosa de los tiempos de los imperios, de hace 300 años, y como hoy en día no hay trincheras, no hay ninguna razón como para tener que controlar los nerivos y los exámenes son innecesarios. Una entrevista que da mucho que pensar, ciertamente que no por lo que dice -una sarta de majaderías aliñadas por un picaruelo para consumo de infelices-, sino por lo que concierne a la propia condición de «gurú educativo», un sociotipo poco estudiado estudiado hasta ahora y que prolifera por doquier.

La entrevista es particularmente interesante y significativa por todo lo que tiene de tópica. Un déjà vu insidiosamente recurrente en todo este tipo de glosas: complicidad fingidamente aséptica que se traduce en acríticidad absoluta hacia el entrevistado, con preguntas que parecen más bien escritas por el propio gurú para su mayor redondeamiento retórico para que se las pongan como a Fernando VII, y unos entrevistadores que, a la vez que refutan en sí mismos la viabilidad del método socrático de la mayéutica, se manifiestan también indefectiblemente incapacitados para ejercer la no menos socrática eironeia -la ironía-, que tanto juego daría en las entrevistas a estos tipos.  

También, más allá de la receta milagrera particular de cada gurú, parecen surgir algunas características comunes a todos ellos, configurándose un borroso perfil de gurú que, ya sin más dilaciones, hay que esclarecer y establecer nítida y definitivamente. 

No nos estamos preguntando por las causas que han facilitado la proliferación de la figura del «gurú educativo» -lo dejaremos para sociólogos y psicólogos-, ni tampoco por ninguna variedad del sociotipo que se constituyera en «gurú educativo a priori» -ímproba tarea, que correspondería a fichteanos irredentos-, sino, en el sentido más genuinamente kantiano, por la possibilitas del gurú educativo. 

Aclaramos. Si un concepto es la obtención del universal a partir de la supresión de la diferencia, o sea, el conjunto de notas  o predicados que constituyen su possibilitas -aquello que ha de haber para que se dé tal concepto-, nuestra pregunta es ¿cómo son a priori posibles los gurús educativos? ¿Qué ha de haber en un «gurú educativo» para que sea efectivamente un «gurú educativo? ¿Cuáles son las condiciones de la posibilidad del «gurú educativo» o, si lo prefieren en más trendy: ¿Cuál es el «perfil del gurú educativo»?

A este propósito dedicaremos algunas de las próximas entregas: a un conocimiento trascendental del «gurú educativo», entendiendo, con Kant, por «trascendental», aquel conocimiento que se ocupa, no tanto de objetos, sino de nuestro modo de conocerlos en la medida que ello sea posible a priori.

Ya les iremos contando.

dissabte, 17 de setembre del 2016

Este país da para mucho

 




No se lo pierdan. Festival de cine de San Sebastián. Toda una superposición de siluetas. El anciano del fondo es Bertrand Tavernier. El que chupa cámara en calzoncillos tratando de ondear una pancarta, un espontáneo que surgió al grito de egh, egh, egh! Y entre los dos, apenas se le ve un brazo, el segurata que se lo está llevando.  Sobran los comentarios. Impagable.

 
 
 
 
 
 

dijous, 19 de maig del 2016

Emergentes recurrentes



Debería llamar nuestra atención la recurrente intempestividad con que ciertos emergentes aducen argumentos de lo más manidos según van acercándose a la superficie. Será cosa de la presión, ya se sabe; la borrachera de las profundidades, se le llama. Pero no hablo de buzos, sino de políticos. Y es si cabe aún más curioso.

El ciudadano Rivera, sin ir más lejos, acaba de descubrir el peligro del comunismo en un nuevo rito de tránsito iniciático que deberá -o debiere si fuere- consagrarle como político español de derechas y con mayúsculas -no sabemos si aspirando a Lerroux o a Gil-Robles-. Hasta ahora sólo sabía de nacionalismos, muy concretamente de nacionalismo catalán. Ahora que está haciendo las Españas ha descubierto que existen los rojos. Y clama contra ellos. Son especialmente trabajadas sus declaraciones según las cuales la coalición entre Podemos e Izquierda Unida representa al «comunismo»: el peligro comunista. Épatant! O descubrir la sopa de ajo pretendiéndola inédita hasta que sus luces la vislumbraron.

En cierto modo es comprensible. En Cataluña hace ya mucho que no hay rojos, ya no quedan; y él es (todavía) joven. Hay en Cataluña, eso sí, rosados, purpurados más o menos violáceos, e incluso hasta figurantes que fingen ser lo que haga falta, porque ha de parecer que haya de tó. Pero rojos, lo que se dice rojos, no quedan. Así que Rivera no sabía que existían. Ahora, ya en la cosmopolita España, ha descubierto, empavorecido, que sí, que haberlos, haylos. Hay separatistas –eso lo sabía-, pero resulta que también hay rojos. Hasta puede que esté empezando a dilucidar con sus áulicos y sesudos consejeros si acaso los rojos son a España lo que los separatistas a Cataluña. Ha descubierto que existe una anti-España, y lo que es peor: en España. Y esto es un descubrimiento «trascendental». Lo que ya no sé es si preferiría, llegado el caso, «una España roja antes que rota», o «rota antes que roja».

Voltea como un buitre en busca de carroña la frase de Samuel Johnson: “El patriotismo es el último refugio de los canallas”.

Mientras tanto, dos noticias que (al menos a mí) «ayudan» a entender un poquitín todo este esperpento en que se ha convertido nuestra realidad.

La primera es la prohibición, por parte de «la autoridad «(in)competente» de la bandera independentista, la estelada –como se le llama- en la final de «ese» partido de fútbol. Si la prohibidora hubiera como mínimo leído a alguien tan ideológicamente próximo a ella como Talleyrand, sabría que una cosa es un crimen, y otra un error, y que lo segundo es peor. Lástima que la proximidad ideológica no exima en materia de deficiencias propias. Ni hecho aposta daría tanto pábulo a los cínicos que viven de administrarlo, en ambos lados.

Pero es que a lo peor, en regodeándose, lo ha hecho aposta, con lo cual, apaga y vámonos. Con gobernantes así nadie, excepto un súbdito, puede sentirse identificado. Ni el más cenutrio.

La segunda, que además me enternece personalmente por lo de las contumaces cuitas en que prosigue mi inefable Artur Mas -¡qué juego llegó a dar este hombre!-, es la integración de Ciudadanos en el grupo liberal europeo, en el cual también está Convergencia. Mas ha viajado en secreto para entrevistarse con sus amigos liberales europeos –ignoro quién ha pagado el viaje, pero me temo que yo, entre muchos otros- para utilizar sus «influencias» y evitar tener que compartir grupo parlamentario –y la «Internacional Liberal», así llamada-, con tan molestos socios.

Obviamente en vano; una nueva calabaza para nuestro Moisés. El diagnóstico del Grupo liberal europeo es, a mi parecer, tan demoledor para Mas como para Rivera: ideológicamente son iguales, sus diferencias territoriales que se las arreglen entre ellos. Ya lo hacen, ahora el nuevo peligro son los comunistas. Ya sólo faltan los masones y tenemos el triunvirato.  

¿Esto es nuevo? ¡Por favor!
Prometo dedicar la próxima entrega al peligro «comunista», que también se las trae.

dissabte, 2 d’abril del 2016

Mariano contrataca amenazando con racionalizar la jornada laboral



Serán sin duda preguntas muy tontas, pero es que uno debe ser tonto de baba o, como mínimo, a esta conclusión está llegando. Es como cuando te dicen que el PIB va a crecer este año «sólo» un 2,7%, pero a ti te va a representar, como mucho, un 0%, sin contar la inflación, y encima se quejan…  No los del 0% o menos aún, sino los otros. No sé, pero a uno le suena a lo del Roberto de las cabras o a las cuentas del Gran Capitán. Algo hay que no está claro.

Ahora resulta que en vísperas de elecciones anticipadas –en junio de este año o del que viene, fetén-, Mariano Rajoy apuesta por un horario laboral que concluya la jornada de trabajo, nos dice, a las 18h. Inspirándose, hay que añadirlo, en los horarios de Portugal. Supongo que por razones de proximidad; el alemán o el holandés, más lejanos, deben concluir bastante antes, de modo que hagamos como los portugueses. En serio,  demasiáo pal body.

No es que uno tenga nada contra la racionalización horaria. Pero me pregunto si en Portugal, o en cualquier otro país, hay policías, bomberos, médicos, marinos –país de tradición marinera es Portugal, tenía entendido-, empleados de funerarias, camareros, cocineros, monitores de las más variadas actividades lúdicas, y lúbricas… o militares, controladores aéreos, ferroviarios, curas (ésos sí tienen horario, pero han de atender la extremaunción a cualquier hora), oenegeros variopintos, serenos (ésos ya no existen, cierto, substituidos por seguratas), taxistas, plataformeros petrolíferos, pilotos, azafatas y sobrecargos de vuelo, locutores, presentadores y trabajadores de televisiones, radios y prensa 24h, trabajadores por turnos en empresas que no pueden detener la cadena de producción, vendedores a destajo, empleados de la dependencia (alguien ha de estar por la noche, digo yo), operarios telefónicos de Jazztel, pescadores de bajura y de altura (no sólo marítimos, sino de toda laya y jaez, por lo de «pescadores», dedicado a Félix de Azúa y a sus comentarios sobre Ada Colau, más propios de un ganapán que de un académico), emprendedores variopintos, empresas logísticas de esas que hablaba Manuel Castells en «La era de la información», que a las tres de la madrugada compras telemáticamente un gadget y a las dos horas te envían un email informándote que tu producto ha salido ya del aeropuerto de Hong-kong, a las tres que ya está en Singapur, y que a las dieciocho estará en el oportuno «hub» europeo desde el cual, en 24 horas, aterrizará en el aeropuerto más próximo a tu villorrio y, en 12, te lo entregarán a domicilio (con las debidas notificaciones, casi en tiempo real, sobre la ubicación, no menos real, de tu compra en cada momento)… O jardineros el cultivo y cuidado de cuya planta requiera atención horaria «irracional», como sembrar en luna nueva y podarla en llena; o campesinos que de sol a sol… y no hay tutía.

Discúlpenme por la retahíla. Pero es que me hace gracia. ¿Qué porcentaje de población laboral es la ocupada en estos sectores –y me dejo muchos- enumerados en el párrafo anterior? No lo sé, pero no debe ser muy difícil averiguarlo. Ni siquiera en un país con tanto empleo estacional como el nuestro. Apuesto que más del 60%. Y ya puestos, como docente ¿Quién no corrige exámenes o ejercicios en fin de semana, si los ha puesto en viernes -o a cualquier otra hora no homologable de cualquier día-,  o recibe a padres de alumnos a cualesquiera horas, intempestivas de acuerdo con el gurú Punset  -cuyos hábitos horarios desconocemos, pero de cuya provecta edad se infieren ciertas observancias insoslayables-, y demás voceros del invento al que ahora se apunta Mariano?

Así que me pregunto: ¿Quién acabará su jornada laboral a las 18h que hasta ahora la acabara, pongamos que a las 19h o 20h? Me temo que casi nadie. Porque de los que quedan, un sector nada desdeñable se corresponde a aquéllos que por la mañana no van y por la tarde no trabajan; también están lo de las tarjetas black, los sobretones y el momio, que salen en las encuestas, pero cuyo horario es irrelevante en términos de productividad y de racionalización. ¿Es para esos la racionalización horaria? ¿O a qué estamos jugando con tanta palabrería? Puestos a hacer, se lo podríamos preguntar a los portugueses. Mejor que no, se carcajearían.

Una cosa es que haya, siempre los ha habido, sujetos a quienes lo que les molesta es la farándula; eso de que restaurantes, bares, bingos, casinos, cines (los pocos que van quedando) y demás antros de disipación moral y molicie ética, estén abiertos hasta las tantas -que tampoco-. Siempre hubo gente así de resentida y bajuna, y siempre la habrá. Pero que lo digan claro. Porque si no, entonces ¿Qué hemos de entender por «racionalizar» los horarios de urgencias médicas? ¿O de bomberos o policías? Etcétera, etcétera, etcétera…

Pero claro, Mariano se ha de apuntar a lo fashion, porque piensa que lo tiene mal. Y eso es fashion. A partir de las 18h todos a… dormir. Sin televisión, encima, porque tampoco trabajarán los de la tele ¿O sí?. Si como mínimo los del sector eléctrico (nucleares incluidas) siguen trabajando en horas inadecuadas, igual hasta leemos todos algo más; y también es verdad que a más de uno, sobre todo a los que sugieren tales patochadas, les podría resultar de mucho provecho. Según lo que lean, claro.
Y si no hay ni luz eléctrica. Pues lo otro… No hubiere mal que por bien no viniere. A lo mejor se trata de esto. ¿No está tan mal la demografía?

dilluns, 21 de març del 2016

No hay como poner un cebo

Yo sigo sintiéndome tan catalán como siempre; no sé qué inducirá a (H)ada a ir in crescendo en una catalanidad en la cual, he de suponer, ya nació. ¡Qué pena!. Por la pobre hadita. No tiene nada de mágica; al final, las carrozas ficticias devienen calabazas, como los zapatos de cristal... se quiebran.
 
Pensamiento mágico, o de hAdas, sin más (o sin menos...).

dijous, 17 de març del 2016

¡Genial!

Es una suerte que la ironía y el sentido del humor no hayan desaparecido todavía por completo.
El enlace, aquí.

diumenge, 13 de març del 2016

Estado de encuesta o la era de la frivolidad



Una de las categorías constituyentes del modelo de política-espectáculo propio de la situación actual, es el estado de encuesta permanente. Desde que la política se ha convertido en un reality show, y los políticos en figurantes que concurren a un casting en tiempo real, no pasa semana, a veces día, sin que aparezca una nueva encuesta. Vamos a admitir que sea así; que hace un par de semanas Podemos alcanzaba el sorpasso al PSOE, y que ahora es el cuarto, «sorpassado» por Ciudadanos, que no hace un mes bajaba como un souflée y ahora sube como la espuma; que el PP hace un mes aumentaba su mayoría, y que ahora la pierde… Hasta la encuesta de la semana que viene (…)
El artículo completo aquí

divendres, 19 de febrer del 2016

Eternidades recurrentes



¡Que no gobierne Podemos! es el mantra. Seguimos con la España y la anti-España. El nacionalismo centrífugo dejó su impronta en los centrípetos. Hoy, igual que hay buenos españoles y anti-españoles, hay buenos catalanes y botiflers, como hay, simplemente, vascos y maketos –una diferenciación para otro momento-. Hasta en territorios de lo más destacados por su histórica endeblez reivindicativa, el esquema se reproduce y recorre todos los tópicos habidos y por haber de la España y la anti-España. Algo, por cierto, inédito en cualesquiera otros pagos –legados coloniales aparte-, tanto centrípeta como centrífugamente.

Puede que Podemos sea una heteróclita masa en la cual hay mucho ignaro chabacano mandando, y acaso muchos más aspirando. No diré que no. Pero de ahí a que se levanten todas las alarmas de ciertos pudientes y pudorosos sectores, moralmente hablando nada edificantes, ante la quimérica posibilidad de que accedieran al gobierno, lo único que esto muestra, y demuestra, es que aquí el problema no fue la Guerra Civil –acaso sólo un epifenómeno- sino algo mucho más arraigado.

Sin ir más lejos, allende los Pirineos –Francia- han tenido más guerras civiles que aquende. Pero eso sí, serias y de verdad; por eso luego las superaron… hasta la siguiente. Aquí más bien algaradas; por eso no hemos superado nada… pensando en la anterior todos; los que lo reconocen y los que no. Francia ya tuvo la Fronda a mediados del XVII –y podríamos remontarnos a mucho más atrás-. Por entonces, acá no hacía ni falta lo del viva las caenas, las llevaban quienes las habían de llevar, tan bien enjaezadas que ni las notaban. Fue cuando se percataron de su falta que protestaron… para que se las pusieran de nuevo. Y lo siguen haciendo.

El espectáculo de la investidura al que estamos asistiendo los ciudadanos, los críticos y los acríticos, es tan absolutamente grotesco que, la verdad, por repetitivo, ya cansa. Cuando ya nadie sepa qué es un estadista, pasará desapercibido. Es que no los hay, claro.

Otra piedra de toque para futuros (nada financieramente especulativos), es lo del TC y el ministerio de asuntos exteriores del ciudadano Romeva. Ahí se juega una partida. Ajedrecísticamente hablando, y postureos aparte, hasta ahora fue juego posicional, conservador, a asegurar; ahora empezará el combinativo. En las acciones y en sus consecuencias lo veremos. Dentro de poco…

dissabte, 5 de desembre del 2015

DESLEYENDO A KANT



Ya lo dije: Desde Azaña, ningún presidente español ha leído a Kant.

Ahora sabemos el estado «kultural» de las jóvenes generaciones de políticos que vienen a salvar al país. Pablo Coletas ha leído un libro de Kant que nadie más conoce, «La Ética de la Razón Pura». Y por eso Niño Rivera no lo ha leído… ni tampoco conoce siquiera ninguna otra obra de Kant, de lo contrario la hubiera citado. No hace falta haberla leído para ello, basta con una culturilla de barniz; hasta hubiera podido espetarle al Coletas que la «Ética de la Razón Pura» no existe, sino en todo caso, La «Crítica de la Razón Pura». En un debate político, un gazapo así es sumamente aprovechable, y Niño no es de los que desaprovechan oportunidades para machacar al rival. Así que podemos concluir que, más allá de no haber leído nada de Kant en su vida, menos le suena aún ningún título del pensador de Königsberg.

Pero seamos positivos, porque hay indicios que animan a la esperanza. Sí, ya sabemos que uno cita en falso y que el otro no ha leído a Kant, ¿pero es tan grave ESO? Si hay buena actitud, no. El malo es el Coletas, que cita aviesamente para pillar al otro. Pero Niño no cae en la trampa. Todo lo contrario. Quiero decir que no cae en la trampa que le pone el Coletas para ridiculizarlo si muerde el anzuelo, sino que cae pillado en la que él mismo se prepara. A la apócrifa cita de Coletas, Niño replica que para él, como jurista, Kant es un referente. Lástima que se le pregunte a continuación por alguna obra… Y en cuanto al Coletas, estoy seguro de que aunque no haya leído a Kant, conoce su refutación. Y eso es lo importante.

No hay mal que por bien no venga. Está claro que, a partir de ahora, la materia de Filosofía lo tiene peor que antes del gazapo, porque a ambos, sobre todo a Niño, habrá pasado de resultarles indiferente a odiarla con toda su alma. ¿Y dónde está lo bueno? Pues en que como en este país se funciona mucho más reactivamente que proactivamente, la inquina de nuestros hombrecillos hacia la Filosofía puede animar a un cierto sector a interesarle por ella, aunque sólo sea para joderlos. Imaginen que al próximo debate acude Mariano cargado con un arsenal de citas de Kant preparado por sus asesores –“a mal tiempo buena cara”, “a quien madruga Dios le ayuda”, “Santa Rita-rita, lo que se da no se quita” “Donde dije digo, digo Diego”…- ¿Se imaginan el bochorno del avergonzado contrario?

Y empieza uno a entender por qué tanta inquina contra la Filosofía y su progresiva desaparición de los planes de estudio, y es que ya no puede uno ni citar a Kant en vano. Porque queda muy bien citarlo, pero haberlo leído ya es otra cosa; cuesta y lleva su tiempo. Pero tampoco hay que alarmarse. No habrán leído a Kant, pero la selección española ha sido campeona del mundo, ahí queda eso. Tampoco Cristiano Ronaldo ha leído a Kant y fíjense lo bien que le va.

Porque, a ver ¿De qué sirve leer a Kant con la de cosas importantes que hay en la vida? ¿No son ganas de amargarse? Además, le entra a uno complejo de zote, y esto no es bueno para la autoestima en gente tan pagada de sí misma… lo importante es ser feliz. Me cuentan que, de recién constituido C’s y elegido Niño como presidente, exclamó angustiado ante su primera cita en TV3: ¿Y si me preguntan por Afganistán, qué les digo? Ahora ya lo ha aprendido, recomendaría sus playas; las que le indicó Coletas cuando estuvo allí de vacaciones.

Es lo que hay, y como decía el sabio, lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible. Así que no le demos más vueltas y dejemos de pedirle peras al olmo. Y para recalcitrantes adscritos a la resiliencia, siempre hay iniciativas, aunque sean de ficción –todo llegará-, como la de «El Mundo Today», que les recomiendo encarecidamente y con cuyo enlace doy por concluida esta entrega:
 

dissabte, 31 d’octubre del 2015

MUNDO, DEMONIO Y CARNE...



...Eran los enemigos del alma y libraron contra ella numerosas guerras de incierto resultado. Como incierto ha sido el destino posterior de los viejos contendientes. Del alma nadie sabe muy bien qué ha sido, y los que se acuerdan de ella de vez en cuando, lo hacen para denostarla frente al amasijo de nervios y corrientes eléctricas que dicen que ahora somos; tampoco hay noticia del demonio, aunque es de suponer que decidió pasar desapercibido una vez cayó en la cuenta de que su mejor trampa era convencernos de que no existe. El mundo y la carne siguen ahí, pero ya no son lo que fueron. El mundo, pobre, cada vez más deteriorado y camino de convertirse en la némesis de su antigua aliada la carne. Y la carne... ¡ay, la carne!

La carne fue quizás la más enconada enemiga del alma. El mundo y el demonio siempre fueron en el fondo más comprensivos con ella, y partiendo de aquella sabia sentencia que nos decía que a enemigo que huye, puente de plata, hasta las más de las veces le facilitaban la retirada. Pero la carne no. Con la carne era la guerra total. Era además un enemigo duplicado. Según bajo qué aspecto se le apareciese materializada al alma, podía inducirla a la lujuría o a la gula, los dos sin duda más terribles de entre los siete pecados capitales.

La lujuria ya no le preocupa hoy a nadie. La administra el sistema en la dosis oportunas para mantener al personal tan entretenido con ella que, por eso mismo precisamente, ha dejado de atención. La democratización de la estupidez ha sido decisiva en la neutralización de la lujuria.

Sólo quedaba, pues, la carne que induce a la gula como auténtico enemigo a batir, ya no por el alma, sino por el amasijo de nervios, proteínas y electricidad que constituye el yo individual posmoderno. La trivialización de la lujuria la había dejado convertida en la única superviviente de los otrora temibles enemigos del alma. Esta semana, la OMS le dio el aldabonazo definitivo: la carne produce cáncer, así que a comer hierbajos. Ahí queda eso.

Al final, el amasijo como sujeto resulta más complicado que su antecesora el alma. Porque ésta, al ser simple y no poderse, por tanto, descomponer en partes más simples, era inmortal. Era invulnerable al tabaco, al alcholol o al sexo; y a sus seccuelas en forma de respectivos castigos impuestos por la providencia, el cáncer, la tuberculosis, la cirrosis, la sífilis o el SIDA. Estas cosas sólo podían afectar a la res extensa, al cuerpo, carne también en definitiva y al fin y al cabo. Pero no al alma, que éramos nosotros, que era el «YO».

Ahora en cambio, la cosa es muy distinta, porque el amasijo de nervios, electicidad y fluidos, quiere ello no obstante ser inmortal como la antigua alma. Pero no. Eso es imposible porque como res extensa que es, está sujeta al segundo principio de termodinámica, a la entropia. Pero se empeña en no reconocerlo. Y sigue haciendo el ridículo. Si la carne produce cáncer ¿no será que somos nosotros el cáncer?

¡Qué tiempos aquellos en que el alma se batía con sus tres grandes enemigos, y alternaba victorias con derrotas. Porque uno no sólo se define por sus amigos, sino también, y acaso sobre todo, por sus enemigos. Y mundo, demonio y carne, eran grandes, admirables y dignos enemigos. No como ahora, que no podremos ni comer carne tranquilos -apuesten a ver cuanto falta para que algún imbécil proponga erradicarla de los menús-, total, para vivir como vegetales unos años más y morirnos de otra cosa. Son las promesas/remedo de la posmodernidad.

Allá cada cual. Yo, esta noche me voy a poner un chuletón bien rojo entre pecho y espalda. A la salud del segundo principio de termodinámica.


dilluns, 28 de setembre del 2015

«ENRAONANT», QUE ES GERUNDIO



Comida este mediodía con «J», «R», «F» y «F’». El tema de conversación ha sido, lógicamente, las elecciones y sus resultados. Nadie se mostraba optimista sobre el truculento escenario que se avecina. Eso sí, hay acuerdo en que PODEMOS la ha cagado, que C's es la marca blanca que ahora reclama la patente, y que pueden morir de éxito, que las CUP son imprevisibles y que hace mal Mas en meterlos en su saco, y en que el propio Mas, contra todo pronóstico, se está revelando como un superviviente que se ha llevado al huerto siempre que ha querido al bueno de Junqueras.

En un momento de la conversación, he señalado lo que a mí entender es el carácter etnicista de una buena parte del nacional/independentismo. Me ha replicado «F’», la única persona de entre los presentes explícitamente independentista, negando este carácter etnicista, arguyendo como prueba la pluralidad del propio movimiento independentista. En todo caso, se trataría de una minoría, ha concluido. Conste que no considero que «F» sea etnicista en modo alguno, y su propia militancia secesionista podría ser un indicio de la falsedad o, como mínimo, de lo problemático de mi afirmación, como mínimo en tanto que categórica. Y lo admito. En el caso de F', se trata de una persona más que razonable y con la cual se puede perfectamente «enraonar», una maravillosa palabra catalana, hoy más bien en desuso, para la cual no existe traducción literal ni directa al castellano. Significaría algo así como razonar en común, entrar en razón a través del diálogo. Algo que, ciertamente, nos remitiría a la dialéctica platónica, donde sería acaso más importante la propia vivencia del proceso del diálogo, que las siempre problemáticas y elusivas conclusiones que de él se obtienen.
Bien. Unos quince o veinte minutos después, el tema era la alta participación, cuyo incremento, y con acuerdo total entre los presentes, ha engrosado mayoritariamente las variopintas filas del no-independentismo, con todos sus matices, que los hay y nada desdeñables. Entonces ha  intervenido nuevamente «F’», manifestando que esto era algo que ya se había considerado previamente y que había sido objeto de preocupación, es de suponer que entre las filas secesionistas: había inquietud porque se sabía que si había participación masiva, sería en perjuicio del «sí», o sea, de las opciones independentistas; porque, ha añadido, los catalanes demográficamente llegamos hasta donde llegamos.

dissabte, 26 de setembre del 2015

EL VOTO DE TU VIDA



«El voto de tu vida», proclaman ufanos desde la candidatura independentista «Junts pel Sí» para incentivar aún más la participación de sus enfervorizados fieles. Y puede que tengan razón, no sé, como mínimo por lo de inédito que tiene tan surrealista expresión, y porque será la primera vez, hasta donde a uno le consta, que los que con toda seguridad van a ganar –otra cosa es si lo harán con la mayoría a que aspiran- se presentan sin programa electoral. Porque así es. Bajo el mantra de la independencia no se ha hablado de sanidad, ni de educación, ni del paro, ni de economía ni de pensiones… ni de corrupciones. Diríase que estamos, y así se ha planteado, ante el inminente advenimiento del reino de los cielos. ¿Y quién va a ser tan frívolo como para preguntarse si en el reino de los cielos hay seguridad social?

Hoy estamos en jornada de reflexión. Pues bien, reflexionemos. Para empezar, esto de la jornada de reflexión se le antoja a uno un anacronismo. No sólo porque se incumpla flagrantemente –los mensajes a través de las redes siguen funcionando a tutiplén-, sino por lo de intempestivo de mantener tales atavismos en unos tiempos en los que, como se encargan de decirnos hasta la náusea, estamos en una sociedad conectada y las razones que podían haber aconsejado tal medida en otros tiempos son hoy absolutamente espurias. Pero bien, reflexionemos.

Piensa uno que el milenarismo cristiano, latente en tantos otros aspectos, se torna manifiesto con esto de «el voto de tu vida». La independencia está a las puertas, y con ella la trascendencia se hace inmanente. Como cuando a los primeros apóstoles que partían a predicar se les decía, “date prisa, no sea que el reino de Dios llegue antes que tú a anunciarlo”. Pero como el reino de los cielos distaba mucho de llegar, se pospuso su advenimiento para dentro de mil años; luego para dos mil, diez mil y, en fin, mientras tanto algo hay que hacer…

Pero aquí todavía no se ha llegado al relativo desengaño que resulta de descubrir que el más allá, por definición, nunca puede ser el más acá. Porque indicios de lo que piensan hacer en la tierra de promisión, haberlos haylos: lo mismo que en el más acá, si cabe con más ahínco.

Pero tales matices no tienen cabida antes del desengaño. De ahí lo del «voto de tu vida», que para muchos lo será sin duda el que emitan mañana. Luego, pasado mañana, pues ya veremos. Pero eso sí, siempre recordarán el voto que emitieron en el mañana que abrió la puerta a los nuevos tiempos. ¡Ay! Joaquín de Fiore y su teología de la historia, con las tres edades, la del Padre, la del Hijo y la del Espíritu Santo. ¿Hemos dejado atrás la del Espíritu Santo, la de la Razón, en la que se suponía que estábamos? ¿O nunca entramos en ella por estos pagos?

El voto de tu vida. Pues qué quieren que les diga. A mí, algo descreído y desengañado sin duda, lo que me evoca esta expresión es la del título de aquella serie de TVE de 1990, «La mujer de tu vida», cuando Madrid empezaba a culminar su entrada en la modernidad, y aquí nos preparábamos para salir de ella. ¡Feliz arribada a Ítaca!