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dimecres, 13 de desembre del 2017

El auténtico tesoro de Sijena


Parece bastante claro, al menos desde una perspectiva lógica, que los mismos argumentos que justificaban en su momento el retorno de los papeles de Salamanca a Cataluña, valen también para la devolución a Aragón de las piezas que estaban en el museo de Lleida. Y no me parece relevante que, en el primer caso, el expolio documental proviniera de una incautación amparada en el derecho de conquista –como farfulló Torrente Ballester ante una furibunda masa helmática contraria a la devolución-, mientras que en el segundo las adquisiciones artísticas se ampararan en un contrato de compra-venta que, según parece, no era del todo ajustado a derecho.
Cabría igualmente suponer que quiénes fueron favorables a la devolución de los legajos, deberían serlo también ahora de las maderas en litigio.  Igualmente a la inversa. Es decir, lo lógico sería pensar que los que consideraron la devolución de los papeles un expolio del patrimonio salmantino, ahora pensaran que se trata de un expolio del patrimonio catalán. No está de más recordar que, en ambos casos, la policía tuvo que entrar de noche en las respectivas dependencias. Y que también en ambos casos, hubo algaradas protagonizadas mayoritariamente por gentuza que no ha entrado en un museo en su vida, o que si lo ha  hecho, como si nada.
Pero no parece que sea así, sino que más bien se detecta una muy significativa asimetría que los propios interesados deberían explicar, si es que pueden. Por un lado, los más conspicuos enemigos del traslado de los papeles de Salamanca están actualmente entusiasmados con el retorno de las piezas a Sijena, con unos argumentos prácticamente idénticos a los que, en su momento, utilizaban los favorables igualmente conspicuos, quienes, a su vez, han hecho ahora suyos los de sus antagonistas de entonces, en un grotesco intercambio de argumentarios que, digámoslo claramente, no dice mucho de su coherencia lógica, aunque sí de su estupidez o de su mala fe, según sea el caso.
Y es que el auténtico tesoro de Sijena no son las piezas en disputa, cuyo valor artístico desconozco, pero que no parece que sean precisamente equiparables a la Gioconda o a la Piedra de Roseta, sino la golosa posibilidad de aprovechar la ocasión para seguir suscitando agravios que entretengan a los feligreses de las respectivas parroquias. Nunca mejor dicho tratándose de obras de arte sacro.
Me gustaría saber qué piensan el ínclito Acebes o el inefable Zaplana, en su momento adalides del movimiento contra la devolución de los papeles de Salamanca, del caso de Sijena. Corrijo, ya sabemos lo que piensan al respecto, igual que sabemos lo que piensan Puigdemont o Junqueras. No-sí, aquéllos, sí-no, éstos. Eso es lo que hay.
Por cierto, de Sijena era el olvidado Miguel Servet, otra víctima de la intolerancia y el fanatismo. ¿Qué pensaría de todo esto?

dimecres, 19 d’abril del 2017

Todos con ESO (E pluribus unum)



La guerra contra el fracaso escolar acaba de experimentar un avance decisivo. Un nuevo Real Decreto establecerá que ya no será necesario aprobar la ESO para obtener el título. El fracaso escolar tiene los días contados y vamos a ser la envidia del mundo. Es la solución final que, con tanto debate teórico y académico, no nos habíamos percatado hasta ayer que estaba al alcance de la mano. Bastaba con poner manos a la obra.
Una vez más, España se ha superado a sí misma y sin duda se convertirá muy pronto en el modelo educativo a seguir para los demás pueblos del mundo mundial, y para escarnio de las naciones que nos difamaron con la leyenda negra. Que se vayan preparando porque ESO no lo va a parar ni PISA ni naide.
Y aprobado por unanimidad: Estado, CCAA, partidos políticos, nacionalismos centrípetos y centrífugos, la comunidad «educativa»… Todos de acuerdo en un consenso nunca antes visto. Cuando se trata de lo esencial, los pueblos de España responden al unísono como una sola voz. E pluribus unum, he ahí la verdadera divisa hispana (...)
 
El resto del artículo, aquí.

dimecres, 5 d’abril del 2017

Reciedumbres históricas



El director general de TVE ha declarado recientemente, ni más ni menos que en el curso de un acto en la Casa de América de Madrid, que España no fue colonizadora en el continente americano, sino evangelizadora y civilizadora. Y en apoyo de su tesis, según la cual los aztecas eran algo así como el III Reich, cita a Inga Clendinnen, antropóloga australiana que parece haber descubierto recientemente que los indios mexicas celebraban sacrificios humanos y practicaban el canibalismo... los muy salvajes. Ignoramos si el descubrimiento se debe a alguna reciente lectura de los viejos textos de Marvin Harris, o si llegó por su propia cuenta a tales conclusiones… Pero lo cierto es que sí, que la insigne antropóloga es de la opinión que «Lamentar la desaparición del Imperio azteca es como mostrar pesar por la derrota de los nazis en la II Guerra Mundial».  Por cierto, todo un alarde de falta de sentido histórico, especialmente grave en alguien que se está metiendo en berenjenales de hace medio milenio.

Así que según José Antonio Sánchez –tal es el nombre del actual director general de TVE- los mexicanos deberían estar agradecidos por haber sido civilizados por los españoles. Es de suponer, pues, que de natural bondadoso y movidos por las mejores intenciones, los mal llamados «conquistadores» cruzaron el charco con la única intención de evangelizar a los indios y transmitirles los avances de la civilización. Fantástico.  Los aztecas, por su parte, eran una pandilla de crueles y sanguinarios salvajes obsesionados por hincarle el diente al prójimo para zampárselo como si de un steak tartar se tratara, a pelo y sin aditamientos. 

Igual de impresentables son algunas de las reacciones que han suscitado dichas declaraciones, sobre todo por parte de aquellos sectores que,  allende y aquende el Atlántico, ven en la América precolombina el paraíso perdido de la humanidad. Resulta entonces que los aztecas se nos presentan como unos apacibles bonachones, veganos y amantes de la siesta, cuya brillante cultura sucumbió ante la invasión de unos bárbaros muy atrasados, pero aliados con el trueno. Y bueno, tampoco es que sea esto. Con franqueza, ver en Cuauhtémoc a un líder que lucha por la libertad de su pueblo es, sin más, una parodia grotesca, una grosera deformación de la historia.

La verdad es que, puestos a buscar citas, nuestro ínclito director general hubiera podido recurrir a fuentes más solventes que la Sra. Clendinnen para citarlas en su apoyo. A Bertrand Russell, por ejemplo, que venía a decir algo muy parecido en sus Unpopular Essays (1950), solo que con una pequeña, pero decisiva, salvedad: se guardaba mucho de santificar a los españoles –o a los occidentales en general-. Sin embargo, ello no era óbice como para que se alegrara de que fueran los europeos los primeros en adquirir tecnología para cruzar el Atlántico. De haber sido los aztecas los que hubieran arribado a Europa, estaba convencido de que nos hubiera ido a todos mucho peor, a parte de que más de uno hubiera acabado en la cazuela.
Simplemente, porque los aztecas eran más bestias que los españoles, además de social y tecnológicamente más atrasados, y fue esto último lo que selló su destino. Pero de ahí a imaginar a Pizarro ejerciendo de Madre Teresa de Calcuta o como embajador plenipotenciario de los pitufos, hay un abismo: el que va de la figura real a la caricatura.

dissabte, 31 de desembre del 2016

El discurso del rey



Me entero de que TV3 no emitió este año el «tradicional» discurso de Navidad y Año Nuevo del rey Felipe VI a los españoles, y leo también algunas de las variopintas y heteróclitas reacciones que tal no-evento ha suscitado a ambos lados de las respectivas trincheras. La verdad es que dichas reacciones, quizás sea por las fechas, no dejan de resultar entrañables, ora estén a favor, ora en contra, aunque no por ello menos inquietantes.

A uno, que tiene por costumbre no «visionar» ni este ni ningún otro discursillo de marras de estos, con independencia de quien sea su «lector», lo que le ha evocado este episodio es una anécdota vivida hace muchos años, allá por los tiempos en que empezaba TV3.

Me encontraba de viaje por Aragón, al norte y algo más allá de la denominada «Franja» donde ahora hablan el LAPAO. Mi acompañante, que era de por allí, se encontró casualmente con una amiga y antigua compañera de estudios. Lo típico entre personas que hace un tiempo que no se ven, que si qué tal, que cómo va todo, que si que es de aquél o de aquélla… y pronto la conversación derivó hacia TV3. Aquella TV3 cuyos informativos fueron en sus tiempos lo más (lejanamente) parecido que ha habido jamás en España a los de la BBC, la misma que emitía las obras de Shakespeare en el inglés original subtituladas en catalán…

Resultaba que en su pueblo, para nada catalanoparlante, había surgido una enconada polémica entre los partidarios de poder sintonizar TV3 y los que no. Por su condición de televisión autonómica, la cobertura de transmisión se limitaba inicialmente, y legalmente, al territorio catalán. Fuera de él, sintonizar TV3 requería de un repetidor ad hoc que, claro, había que pagar. Podría recordar ahora el bochornoso y cutre espectáculo que los blaveros valencianos dieron al respecto, pero no lo haré. Volvamos pues al caso.

Resulta que el pueblo de marras estaba dividido sobre TV3, pero no por quien iba a pagar el repetidor que permitiría sintonizarla; esto ya estaba claro, lo iban a pagar en cuestación popular los que querían verla, aunque luego cualquiera la pudiera sintonizar en su casa. No, el problema era otro. Y es que los partidarios del «no» rechazaban no sólo verla ellos en su casa –a lo cual nadie está obligado, al fin y al cabo-, sino también que pudieran verla los que así lo deseaban. En otras palabras, que ni yo quiero verlo ni quiero que tú lo veas. Como se ve, todo muy español.

En eso que salió a colación una amiga común de las conversantes, que por lo visto hacía de locutora en una emisora de radio local –o comarcal, no lo recuerdo-, que había hecho suya la bandera del «no» a TV3 y lideraba la campaña. “Pues como ha cambiado”, comentó mi acompañante. “Ni te lo imaginas”, le replicó su amiga. “Ésta, si pudiera, lo que pondría es una antena para impedir que se recibiera TV3, no fuera a haber un día con buena señal y se viera sin repetidor”.

Ignoro cómo acabó la historia. Lo relevante para mí ahora mismo son las similitudes que actitudes como esta guardan con ciertas de las actuales por acá.  A mí, las reacciones a la no emisión del discurso del rey me llevaron algo más allá de mi mera opinión sobre un hecho anecdótico que no me interesa lo más mínimo. Y es que muchos, demasiados, no sólo quieren decidir lo que quieren ver, sino que también quieren decidir sobre lo que los demás han de poder ver o no. Y ahí, claro, se me disparan las alarmas

Y me pregunté cuántos en Cataluña, si pudieran, estarían hoy por prohibir la recepción de TVE –muy especialmente- u otras cualesquiera emisoras foráneas. Ignoro la respuesta exacta, pero la que barrunto, me inquieta y mucho.
Pues eso. Que cada cual mire esta noche la cadena que quiera; y quien lo desee, pues hasta que apague la tele (quizás la mejor opción). En fin, feliz año 2017.

dimecres, 21 de desembre del 2016

dijous, 17 de novembre del 2016

El corredor mediterráneo y la política en España








Como en las células anarquistas londinenses que nos describe Chesterton en «El hombre que fue jueves», tiene uno a veces la sospecha de que el gobierno español ha de estar repleto hasta las trancas de independentistas infiltrados con el único objetivo de fastidiar a España. Sólo así se pueden entender muchas de sus disposiciones, proyectos, realizaciones y actitudes del gobierno, no sólo con respecto al «procés», al cual aporta munición cada vez que empieza a andar escaso de ella, sino con respecto también al resto de España. Y si no es esto, entonces lo que hay es una falta de inteligencia política y de sentido común tan apabullante que desconciertan.

Hablando en serio, creo que el gobierno se está equivocando en su estrategia contra el proceso independentista catalán de forma estrepitosa. Hasta diría que de no ser por las insuficiencias constitutivas inherentes al propio «procés» y a las más que evidentes carencias y limitaciones de sus dirigentes, el independentismo podría adquirir en Cataluña una envergadura muy superior a la actual hasta constituirse en socialmente mayoritario y, por ende, entonces sí, imparable. Lo peor de todo esto es la falta de auténtico sentido de estado que delata, que no sólo perjudica a los catalanes –sean independentistas o no-, sino a todo el país. 

Porque hay cosas que conciernen a todo el país; es decir, a toda su ciudadanía. Y lo que no vale es aducir el argumento del interés común nacional para negar un referéndum en Cataluña, o un concierto económico –que sí tienen otros territorios-, mientras que por otro lado el mismo argumento se pasa por el arco de triunfo cada vez que la ocasión lo requiera. Un claro ejemplo de ello es el renovado empecinamiento del gobierno, elevado por enésima vez ante la UE, en priorizar el corredor central ferroviario de alta velocidad, frente al corredor mediterráneo, por el cual es evidente que siente incluso más aversión que displicente desinterés.

Es verdad que puede entenderse como un castigo a los díscolos para que se enteren de «quién manda». Sí, pero es una estupidez que a quien perjudica no es sólo a catalanes, valencianos, murcianos y (parte de) andaluces, sino a todo el país, en general, porque mantiene en fase de subdesarrollo viario a todo un arco mediterráneo que concentra cerca del 40% del PIB de toda España y la mayor parte de sus territorios más dinámicos y exportadores. Vamos -y esto no lo discute nadie-, de los que más tiran de la economía nacional.

Se mire como se mire, que a estas alturas no exista todavía el corredor mediterráneo en el país con más kilómetros de alta velocidad de toda Europa, no puede ser sino el claro exponente de una concepción patrimonialista y excluyente de lo español, que se sitúa a la misma «altura» política, moral e intelectual, que los más delirantes independentismos periféricos, equiparándose a ellos y convirtiéndose en su correlato, que es precisamente lo que a toda costa cualquier estado que merezca tal nombre debería evitar ni tan siquiera aparentar. Más aún en las actuales circunstancias.

Porque no se trata, contra lo que muchos puedan pensar, de un problema de centralismo. El centralismo puede ser inteligente o estúpido. Francia es centralista, pero no estúpida. Su centralismo es incluyente, no excluyente. Y su primera línea de alta velocidad fue para unir a sus dos más importantes ciudades y regiones, en lo demográfico y en lo económico, París y Lyon. Y luego, pues un orden de prelación razonablemente basado en este mismo criterio.

Claro que, según se mire, también puede que el reiterado y evasivo rechazo del gobierno al corredor mediterráneo obedezca a una previsión que contemple la eventualidad o la certeza de una Cataluña independiente en un previsible plazo. Porque de lo contrario, lo prioritario en estos momentos para España, es el culpablemente demorado corredor mediterráneo, en primer lugar, y probablemente el cantábrico, en segundo. Por cierto que nunca existió en España un corredor cantábrico ferroviario, ni siquiera convencional, sólo de vía estrecha, nunca mejor dicho; como el concepto de país que tienen todavía algunos, en el centro y en la periferia. Ahí sí que “tanto monta…” Política de vía estrecha, los «hunos», política de vía estrecha los «hotros», y política de vía estrecha, todos sin excepción.

Ante cosas así, resulta imposible no evocar a Paul Preston en una afirmación suya que ha quedado, diría yo, como una auténtica maldición que sigue ejerciendo su influjo: el desastre de la pérdida de las últimas colonias en 1898, se resolvió mentalmente con la interiorización del imperio en la metrópolis, con todo lo que a tal representación le es inherente. Lo del AVE y el arco mediterráneo es sólo un ejemplo, pero muy significativo de esta manera de entender España que, al parecer, sigue perviviendo. Porque ya digo, o es que se contempla la independencia de Cataluña como inminente, o no hay manera lógica de entenderlo.

Mientras tanto, seguiremos con las bizantinas discusiones sobre si España es una nación de naciones, un estado de naciones, una nación de estados… o lo que sea. Hoy por hoy, lo que desde luego acredita con este tipo de actitudes, es que sigue sin ser un estado moderno; y menos aún, un estado nacional.

diumenge, 6 de novembre del 2016

Huelga de deberes y que inventen ellos


Desde siempre, la lógica de la imposición de deberes escolares ha obedecido a un doble objetivo, académico el primero, social y cultural el segundo. Académicamente, el encargo de «deberes» responde a una cuestión que, por evidente en sí misma, ruboriza tener que argumentar. Lo que se explica en el aula requiere de un trabajo posterior de consolidación e interiorización que se puede llevar a cabo fuera de ella: eso son los deberes. Es verdad que no todos somos iguales, ni en preferencias ni en inteligencia; pero lo que se imparte en el aula sí lo es, tanto en contenidos como en tiempo. Es por lo tanto inevitable que la posterior interiorización y consolidación mediante los deberes requerirá sin duda un tiempo desigual según el alumno. Los habrá que realizarán los ejercicios en media hora; a otros puede llevarles más tiempo. Esta es la servidumbre de la escolarización obligatoria, inclusiva y única que, precisamente, siempre ha sido bandera pedagógica de esta organización que ahora promueve la huelga contra los deberes. Inaudito, por no decir ramplón. (...)
El artículo completo (Catalunyavanguardista) AQUÍ

dijous, 27 d’octubre del 2016

La insoportable levedad educativa


Ayer hubo una huelga de estudiantes contra las reválidas previstas por la LOMCE -valga decir que la utilización del término «huelga» para describir una acción de protesta estudiantil no me parece la más apropiada, pero admitámosla, está al uso-. Casi al mismo tiempo, en su discurso de investidura, el candidato a presidente del gobierno anunciaba la moratoria y, prácticamente, renunciaba implícitamente a los aspectos más polémicos de la LOMCE. Lo de «polémicos» entiéndase mediáticamente hablando; porque los aspectos verdaderamente polémicos de esta ley han brillado por su ausencia en el debate que se desató desde el primer momento en que el inefable Wert empezó a pergeñarla.

Y que Rajoy se desdiga una vez más tampoco debería quitarnos el sueño. Hace ahora casi cinco años, en otro discurso de investidura, el mismo personaje anunció un bachillerato de tres años que luego decayó misteriosamente sin explicación alguna y, lo más curioso, sin que casi nadie preguntara por las razones de tal decaída.

De momento, lo único que uno es capaz de colegir es que los estudiantes y los creadores de opinión prefieren la selectividad a la reválida, es decir, una prueba de acceso a una prueba de graduación. Porque lo de los exámenes externos no es creíble, puesto que entonces las protestas reclamarían la supresión de dichas pruebas «vengan de donde vengan», y parece que no es exactamente así. Tampoco, la verdad, se le ocurre a uno ninguna razón de peso para pensar que la reválida fuera a ser más difícil que la selectividad; y los mismos criterios que sirven para la nota de corte, especialidad y todo esto, a la hora de escoger facultad, sirven en principio exactamente igual para la selectividad que para la reválida. De modo que, bueno, habría que preguntárselo a los creadores de opinión. Ellos sabrán por qué y porque.

Lo que está claro es que la LOMCE es una ley mala cuyos únicos aspectos positivos, pocos y diluidos en un océano de despropósitos, son precisamente los que están decayendo. Sin duda, en los próximos tiempos volveremos a asistir a sesudos debates, parlamentarios y mediáticos, sobre los temas educativos tácitamente asumidos por los bandos en liza como campo de batalla para dar pábulo a sus respectivas parroquias: que si religión (católica) sí o que si religión (católica) no; que si inmersión lingüística sí o que si inmersión lingüística no; que si las nuevas tecnologías, que si internet y el móvil como herramientas de aprendizaje en las aulas, que si el calendario escolar; que si el sursuncorda… en fin, lo de siempre y más de lo mismo.

Pero no asistiremos, mucho me temo, a ningún debate sobre la mercantilización de la enseñanza, o sobre el engaño de la escuela inclusiva, o sobre la cultura del esfuerzo, o sobre los charlatanes educativos… Esto, todo esto, ya está tácitamente consensuado y, perdón por la expresión, «maricón el último».

En educación, como en tantos otros aspectos, este país se mueve entre la xenofilia y la xenofobia más ramplonas y papanatas, con las inevitables y, por lo general casposas, aportaciones autóctonas. Admiramos a Finlandia por sus éxitos en PISA, pero no queremos ver que a estos éxitos subyace una tradición de cultura del esfuerzo que, a medida que se va perdiendo, dicho país va bajando puestos en el ranking; o que comunidades relativamente comparables en cuanto a población, como Madrid, Cataluña o Andalucía, son infinitamente más heterogéneas y heteróclitas que Finlandia; factores climáticos aparte (por el tema del calendario escolar).

Y repugnamos de Corea, China o Singapur, porque parten de la exigencia académica como base, y luego desdeñamos, o nos escandalizamos, que en una prueba de matemáticas de la reválida china, pongan problemas que en Inglaterra son de tercero de universidad; o que sus alumnos de 8 a 14 años sepan resolver el problema de Sheryl, que tanto revuelo armó por aquí. Sí, culturalmente son distintos, admitámoslo ¿pero ha de ser este un factor determinante a la hora de aprender y entender el teorema de Pitágoras o las leyes de Gay-Lussac, o de leer a Platón, Shakespeare, Dante o Cervantes? ¿Somos realmente conscientes de lo que estamos diciendo si atribuimos estas diferencias a razones culturales?

Y seguimos, seguiremos, con toda probabilidad, juzgando nuestras propuestas educativas –como dice Gregorio Luri- por la altura de sus intenciones en lugar de por sus resultados. Y por eso rechazamos cualquier contrastación que nos permita conocerlos, corregir y avanzar. Y es que al final, como proseguía el mismo Luri, la peor evaluación es la que no se realiza. Guste o no guste.
Pero evaluar no está de moda y es discriminador. A a menos, claro, que los evaluados sean los docentes y los evaluadores economistas o pedagogos. Y así nos va… y así nos seguirá yendo, mucho me temo.

diumenge, 2 d’octubre del 2016

¿Pero hubo comité federal?

Imagen que está circulando por las redes. Obsérvese la presencia de algunos no psoecialistas.
 
Resulta que para forzar la dimisión del secretario general, dimiten diecisiete miembros que, añadidos a tres vacantes anteriores –una de ellas por fallecimiento-, sumaban la mitad más uno de la ejecutiva. Según unos, los estatutos del PSOE establecen que, en este supuesto, el secretario general y el resto de la ejecutiva quedan automáticamente cesados de sus cargos y ha de convocarse un comité federal que nombre a una gestora hasta la celebración de un nuevo congreso. Según otros, la ejecutiva queda en funciones, hasta que se convoque dicho congreso y unas (mal llamadas) primarias para que la militancia vote a un nuevo secretario general. Y según estos mismos, en ningún momento los estatutos hablan de gestora. Cabe añadir que ningún medio ha sabido mostrar el párrafo donde se habla de comisión gestora en los tan profusamente difundidos estatutos, durante estos últimos días. Bien.
Así las cosas, el para unos cesante, y para otros en funciones, secretario general, con lo que queda de su ejecutiva en idéntica tesitura, convoca un comité federal para que convoque, a su vez, las (mal llamadas) primarias y el congreso. Para los dimitidos y los suyos, dicha convocatoria es nula de derecho porque el órgano que la convoca no existe. Pero asisten. Una vez allí, en una atmósfera digna de Monthy Python, resulta que no se procede a debatir el orden del día de la convocatoria, ni aunque se ofrezca por una de las partes readmitir a los dimitidos que, por otro lado, con la lógica excepción del fallecido, ya estaban allí (?).
Entonces, y con un sentido de la estrategia que les pone a la altura de Johnny English, algunos del sector cesante o en funciones se sacan una urna de la manga y proponen que se vote otra cosa: ¿Qué hacemos con Rajoy? Al parecer, además, la urna era muy cutre y estaba detrás de una mampara de Ikea. Y nada, que si quieres arroz Catalina: discutiendo sobre si hay que votar poner a votación lo que sea.
Finalmente, el sector golpista presenta las firmas para una moción de censura del secretario general –tema que tampoco estaba en el orden del día de una reunión que, hay que insistir en ello, no reconocían-. Ignoramos si los dimitidos firmaron, pero todo indica que sí. Como mínimo sí que votaron. Y salió la destitución de Pedro Sánchez.
Y aquí viene lo más esperpéntico, a la vez que sospechosamente «inadvertido» por propios y extraños: los derrotados abandonan la sede y los vencedores siguen reunidos como comité federal para elegir a una gestora que va a tener menos poder que Amadeo de Saboya.
Y mientras tanto los vencedores seguían en Ferraz chalaneando con el nombramiento de la gestora, y los medios nos decían en directo que el comité federal seguía reunido para nombrarla, las imágenes simultáneas nos mostraban a los derrotados abandonando la sede ¿Pero qué comité federal ni qué narices, si allí se quedaron la mitad, con un tema no incluido en el orden del día, en una reunión que, además, no reconocían? ¿Qué maravillosa transubstanciación se produjo para que lo que era una convocatoria ilegal pasara a ser legal?
Luego, no menos penosas, las declaraciones, entre las cuales cabe destacar por su ramplonería las de un antiguo tertuliano metido a caricato de la política, anunciando que hoy acababa de renacer el PSOE y, agárrense, que lo que había motivado todo este despropósito, en ningún momento había sido una lucha entre partidarios del sí y los del no a un gobierno del PP. ¿Ah no? ¿Pues qué fue entonces? ¿Se puede ser más cutre?
Sí, claro que sí. Y lo comprobaremos a lo largo de los próximos días, cuando veamos a los histriones manifestar su repugnancia por Rajoy y sus políticas sociales, a la vez que  le facilitarán la investidura torticeramente. ¿Cómo? Pues ya veremos, pero lo harán. Puede que los dignatarios de la gestora recurran a una solemne proclamación, ante la excepcionalidad de la situación que vive el partido y la división entre la militancia, dando libertad de voto en la sesión de investidura. O incluso que, más capciosamente, se recurra a una fingida segunda insurrección, la de los explícitamente «patrioteros», y que el día de la votación se ausenten en número suficiente, o recurran a cualquier otro pretexto, para facilitar la votación. Esta última opción ofrecería la ventaja de permitirle a Susana Díaz votar «no», para intentar reparar su maltrecha imagen. Porque ha salido muy tocada.
Y porque, me mantengo en ello, el intríngulis radica en que no ha de haber terceras elecciones. Al final, y aunque me pese, justo es reconocerlo y nobleza obliga, la frase más incisiva y premonitoria ha sido la del ínclito Javier Solana: cuando se den cuenta de las dimensiones del desastre, todos querrán 85 diputados. Algunos, como sin duda él y su mentor González, ya lo sabían, cómo no, pero les da igual. Los otros, pues a saber… algo quedará para agradecer los servicios prestados.
Pero lo más gracioso de todo esto es la milagrosa transubstanciación acaecida en la reunión de este comité federal, que transitó de la ilegalidad a la legalidad, de la ilegitimidad a la legitimad, precisamente cuando lo abandonaron los perdedores y se quedaron los vencedores. Ahora todo el mundo parece darlo por bueno. Porque ganaron los «buenos». Como ha de ser. Eso sí ¿a qué precio?

dijous, 29 de setembre del 2016

Y a mí me mintió Felipe González

Anda muy dolido González porque Sánchez le mintió. Como si sólo pudiera mentir él. Sin ir más lejos, también me mintió él a mí con lo de la OTAN -entre otras muchas cosas-, por ejemplo, y  a algunos ciudadanos más que le creímos como él creyó a Pedro Sánchez. La vida te da sorpresas, Felipe, pero no te hagas la doncella ultrajada, porque tú, de doncella, ni de doncel, nada de nada.
 
Y todo para justificar catorce o quince abstenciones, a lo tamayazo, en la próxima sesión de investidura. Para esto todo este golpe de estado (acaso fallido, ya veremos). Sólo para esto.

dimecres, 28 de setembre del 2016

Vae victis: empezó el degüello.

Acababa de colgar el post anterior, y me encuentro con que se acabó la canción y empezó el degüello. Pues nada, más actual aún, y ¡ay de los vencidos!, que serán todos. Bueno, a algunos ya les habrán prometido las correspondientes puertas giratorias, equivalente de las bíblicas treinta monedas de planta, a cambio de poner al PSOE en la picota. Claro que a lo mejor el electorado se inclina por aquello de "Roma no paga a traidores", sobre todo ante la certeza de que no se ahorcarán por desesperación como Judas. No, estos no se suicidan ni que los maten.

A degüello o la némesis del PSOE



Cuenta la tradición que los dos últimos días de los trece que duró el asedio del Álamo, la orquesta de Santa Anna estuvo interpretando sin interrupción la canción que lleva por título «a degüello», en un claro aviso de lo que les esperaba a los texanos que resistían dentro de la vieja misión, convertida en precaria e improvisada fortaleza. Como es sabido, no hubo ningún superviviente entre los defensores –con la excepción de una mujer y una niña-. Fue una victoria efímera para Santa Anna.  Poco después, fue derrotado y hecho preso por Sam Houston en San Jacinto. A cambio de su libertad, firmó la independencia de Texas… y lo que hubiera hecho falta.

Van a por Pedro Sánchez y hace ya mucho tiempo que le están tocando la misma melodía que a los del Álamo; casi desde que fue elegido Secretario General. No creo que sea un gran político, opinión que ya he acreditado en alguna ocasión en este blog, pero lo del PSOE, tal como se ha puesto la cosa, está entre Guatemala y Guatapeor. Y no parece que la regeneración pueda venir de ninguno de los barones y baronesas que están afilando los machetes para entrar a degüello. Y atribuirle a él y a su equipo todos los males, tampoco me parece serio. Hasta González se ha apuntado al linchamiento. Puede que estemos ante la némesis del PSOE.

Ocurra lo que ocurra, el daño será irreparable, porque puede escindir definitivamente al partido en dos (o en tres o en cuatro, a saber). Por un lado, están los llamados barones territoriales y los burócratas de oficio, cuya práctica política más bien evocaría a un redivivo falangismo de extracción peronista o priísta; un sector que entraría de lleno en el peyorativo concepto de «casta», anclado a un poder territorial con fuerte hedor clientelista y a notorias corruptelas. Por el otro, la dirección federal actual, que ha tenido que lidiar con la nefasta herencia recibida de la misma casta y con la emergencia a su izquierda de una formación que ha adquirido proporciones hasta ahora inéditas -¿Alguien se imagina al PSOE de Felipe González con 85 diputados y al PCE de Carrillo con 61?-.

Ciertamente, no parece que el equipo de Pedro Sánchez haya demostrado disponer de la talla política necesaria para afrontar una situación tan extraordinariamente compleja como la generada con la crisis, pero tampoco es descabellado pensar que el relativo reflujo de Podemos tal vez no se hubiera producido de llevar las riendas del PSOE cualquiera de los apoltronados aparatxiki  que ahora quieren echarle. Y además, hay otro problema. Supongamos que echan a Sánchez y a los suyos. Bien, ya lo han echado ¿y luego qué? ¿Abstenerse en la investidura para que haya gobierno del PP con el apoyo de Ciudadanos? ¿Y las bases? ¿Y el electorado?

Porque el mismo cisma que sacude a la dirección se da también entre la militancia, igualmente heterogénea, y entre el electorado. En este sentido, no cabe duda de que mucho barón autonómico ha conservado su puesto no sólo gracias a su voto cautivo y clientelar, sino también por otro voto más, digámosle, «ideológico» y con componentes emocionales. Y por supuesto, con el apoyo del mismo Podemos que sirvió para auparles al cargo, pero que no lo quieren para Pedro Sánchez. Curioso.

En definitiva, si el color de la dirección federal es el mismo que el de las baronías territoriales, el modelo PSOE puede saltar por los aires, porque sólo con el voto cautivo no basta. Y si gana Pedro Sánchez y la emprende con los taifas, los barones se van con su voto cautivo, no sabemos adónde, pero igualmente representaría una nueva poda de lo más catastrófica en tiempos de carestía. Parece que la cosa ha llegado a unos niveles de enfrentamiento sin posible punto de retorno. Si gana Pedro Sánchez, la batalla será con Podemos por la hegemonía de la izquierda, pero con un sector de electorado que se largará hacia otros pagos más «centristas». Si ganan Susana Díaz y los suyos, será un regalo para Podemos, a poco que los de Iglesias sepan aprovecharlo. Por eso, quizás estemos ante la némesis del PSOE.
Santa Anna regresó a México después de su derrota y cautiverio, ya sin Texas. Fue nuevamente derrotado en la guerra con los EEUU (1846-48), acreditando una incompetencia y una felonía que en cualquier otro país le hubiera costado el pelotón de fusilamiento. Pero siguió gozando de períodos de poder absoluto, siempre amparados en el poder militar. Para entonces, sí, había mantenido la unidad de México, pero en un país reducido a la mitad de su extensión original. Sólo le interesaba el poder, aunque fuera en un país jibarizado. Eso sí, siempre entró a degüello. Algunos deberían tomar nota.

dissabte, 17 de setembre del 2016

Este país da para mucho

 




No se lo pierdan. Festival de cine de San Sebastián. Toda una superposición de siluetas. El anciano del fondo es Bertrand Tavernier. El que chupa cámara en calzoncillos tratando de ondear una pancarta, un espontáneo que surgió al grito de egh, egh, egh! Y entre los dos, apenas se le ve un brazo, el segurata que se lo está llevando.  Sobran los comentarios. Impagable.

 
 
 
 
 
 

dimecres, 10 de febrer del 2016

Titiritero: ¡Cuidado con lo que dices!



Pues verán, oigan, no es que a uno le parezca demasiado idóneo que en una representación para niños se viole a una monja, se mate a un policía y se profieran vivas a Al Quaeda y a ETA. Sin duda alguna es una grosería más bien zafia. Claro que, bien mirado, tampoco parece muy edificante que a esos mismos niños se les describa, con todo lujo de detalles, como se azota a un tipo atado con alambres de espino y luego se le hace cargar con una cruz de la cual le cuelgan hasta que, con todos los huesos descoyuntados, se muera.

Afortunadamente, parece que ya se están tomando las medidas oportunas para evitar este tipo de desafueros. Según tengo entendido, circulan por ahí versiones de Bambi en que no matan a la madre, y de Caperucita en que el lobo no se come a la abuelita. Ignoro si hay alguna versión de los tres cerditos en que sean los dos marranos zotes los que salvan al hermanito sabio. También, nada es poco y no nos ha de temblar el pulso si de preservar las buenas costumbres y la proverbial inocencia infantil se trata, los titiriteros del policía han dado con sus huesos en la cárcel: prisión incondicional por apología del terrorismo, a la espera de que Sus Señorías, sin prisas, den con la figura jurídica que los cruja debidamente para escarnio público. Con los del tipo crucificado, de momento, nada…

Y no es tampoco que uno sea un quisquilloso, ni que se la coja ahora con papel de fumar o les haya tomado cariño a estos titiriteros que, según dicen acreditar, representaban ni más ni menos que una metáfora para niños de «Crimen y Castigo», de un tal Fiódor Dostoievski. Una obscura obra de la cual, por otro lado, ya se encarga nuestro sistema educativo de que los niños no tengan noticia en toda su vida escolar. Así que nada que objetar al irreprochable proceder de la Audiencia Nacional enchironando a los titiriteros, que para eso está. Mala gente y de peor vivir, los titiriteros, siempre de feria en feria, que decía la canción.

Pero clama al cielo que mientras este par de mataos están en la cárcel, el ciudadano Rus se libre de ella pagando la fianza con dos millones robados, y encima se permita amenazar públicamente a un yayoflauta, que le espetó su condición de ladrón, con un chulescamente amenazador «cuidado con lo que dices»; o que Rato, Pujol, el matrimonio Urdangarín & Borbón y tantos otros, estén en la calle campando a su anchas. Esto sí que es una escabrosidad y un mal ejemplo para la infancia; y para la sociedad en general. Es, sin más, una obscenidad.

Hace ahora unos cuarenta años, Boadella y Els Juglars estrenaron La Torna. Se representaba un consejo de guerra compuesto por militares borrachos, corruptos y degenerados, que condenaba a muerte a un retrasado mental. Estaba inspirada en hechos reales, los que llevaron a la ejecución de Heinz Chez, el mismo día en que le dieron garrote a Puig Antich. Muchos consideraron la obra de muy mal gusto e insultante hacia el estamento militar. Así lo entendió también dicho gremio, que encarceló y sometió a consejo de guerra al director de la obra, Albert Boadella, y al resto de actores que participaban en ella. Un atropello que suscitó, como reacción, la campaña en favor de los Joglars y de la libertad de expresión.

Diríase que se está repitiendo la historia; como siempre, en forma de parodia. No tengo demasiadas dudas sobre el carácter grosero, soez y ramplón de la representación de este par de titiriteros contratados por el Ayuntamiento de Madrid para amenizar los carnavales de la ciudadanía del Foro. Y tampoco tengo la menor duda sobre la naturaleza originariamente pecaminosa y procaz de la fiesta de Carnaval, en principio no apta para niños, por más que los adultos se empeñen en disfrazarlos mojigatamente para redimir metafóricamente sus pecados y sus frustraciones. Pero, la verdad, meterlos en prisión incondicional, por más zarrapastrosos que puedan ser, me parece propio de una sociedad esquizofrénica y peligrosamente desequilibrada.

Porque, no nos engañemos. No está bien, no está nada bien, que se representen funciones en las que se profieran vivas a ETA y a Al Quaeda, se violen monjas y se maten policías. Claro que habría que ver también el contexto –Carnaval incluido-, porque si no, entonces, como mínimo la mitad de productos de Hollywood tendrían que prohibirse, o como se hizo en su momento con Mogambo, cambiar la trama en el doblaje –con tanto  acierto que convirtieron un adulterio en un incesto-. No, sin duda alguna no está bien.

Pero tampoco está bien que a unos pobres diablos se les caiga el pelo, mientras que notorios delincuentes pagan su fianza con el mismo dinero que han robado. Lo dicho, una obscenidad. Porque a uno le parece tan obsceno que, en una representación, unos cenutrios maten a un policía, como que en otra un monarca –en su primer acto público como Felipe VI- inaugure en pleno centro de Madrid un monumento a policías homenajeados póstumamente, con una lista encabezada por el execrable Melitón Manzanas, un conspicuo colaborador de las SS y la Gestapo, asesino, torturador e inspector de policía durante la dictadura franquista. Hasta que lo mató ETA, razón por la cual encabeza la lista. En mi opinión, una representación tan repugnante, la del monarca, como la de los titiriteros encarcelados.
Porque todo esto clama al cielo. Y entonces acaso pueda alguno decir lo que el Tenorio: Clamé al cielo, y no me oyó. Mas, si sus puertas me cierra, de mis pasos en la Tierra responda el cielo, no yo. Más prosaicamente: ¿Por qué tú sí y yo no?.

dissabte, 5 de desembre del 2015

DESLEYENDO A KANT



Ya lo dije: Desde Azaña, ningún presidente español ha leído a Kant.

Ahora sabemos el estado «kultural» de las jóvenes generaciones de políticos que vienen a salvar al país. Pablo Coletas ha leído un libro de Kant que nadie más conoce, «La Ética de la Razón Pura». Y por eso Niño Rivera no lo ha leído… ni tampoco conoce siquiera ninguna otra obra de Kant, de lo contrario la hubiera citado. No hace falta haberla leído para ello, basta con una culturilla de barniz; hasta hubiera podido espetarle al Coletas que la «Ética de la Razón Pura» no existe, sino en todo caso, La «Crítica de la Razón Pura». En un debate político, un gazapo así es sumamente aprovechable, y Niño no es de los que desaprovechan oportunidades para machacar al rival. Así que podemos concluir que, más allá de no haber leído nada de Kant en su vida, menos le suena aún ningún título del pensador de Königsberg.

Pero seamos positivos, porque hay indicios que animan a la esperanza. Sí, ya sabemos que uno cita en falso y que el otro no ha leído a Kant, ¿pero es tan grave ESO? Si hay buena actitud, no. El malo es el Coletas, que cita aviesamente para pillar al otro. Pero Niño no cae en la trampa. Todo lo contrario. Quiero decir que no cae en la trampa que le pone el Coletas para ridiculizarlo si muerde el anzuelo, sino que cae pillado en la que él mismo se prepara. A la apócrifa cita de Coletas, Niño replica que para él, como jurista, Kant es un referente. Lástima que se le pregunte a continuación por alguna obra… Y en cuanto al Coletas, estoy seguro de que aunque no haya leído a Kant, conoce su refutación. Y eso es lo importante.

No hay mal que por bien no venga. Está claro que, a partir de ahora, la materia de Filosofía lo tiene peor que antes del gazapo, porque a ambos, sobre todo a Niño, habrá pasado de resultarles indiferente a odiarla con toda su alma. ¿Y dónde está lo bueno? Pues en que como en este país se funciona mucho más reactivamente que proactivamente, la inquina de nuestros hombrecillos hacia la Filosofía puede animar a un cierto sector a interesarle por ella, aunque sólo sea para joderlos. Imaginen que al próximo debate acude Mariano cargado con un arsenal de citas de Kant preparado por sus asesores –“a mal tiempo buena cara”, “a quien madruga Dios le ayuda”, “Santa Rita-rita, lo que se da no se quita” “Donde dije digo, digo Diego”…- ¿Se imaginan el bochorno del avergonzado contrario?

Y empieza uno a entender por qué tanta inquina contra la Filosofía y su progresiva desaparición de los planes de estudio, y es que ya no puede uno ni citar a Kant en vano. Porque queda muy bien citarlo, pero haberlo leído ya es otra cosa; cuesta y lleva su tiempo. Pero tampoco hay que alarmarse. No habrán leído a Kant, pero la selección española ha sido campeona del mundo, ahí queda eso. Tampoco Cristiano Ronaldo ha leído a Kant y fíjense lo bien que le va.

Porque, a ver ¿De qué sirve leer a Kant con la de cosas importantes que hay en la vida? ¿No son ganas de amargarse? Además, le entra a uno complejo de zote, y esto no es bueno para la autoestima en gente tan pagada de sí misma… lo importante es ser feliz. Me cuentan que, de recién constituido C’s y elegido Niño como presidente, exclamó angustiado ante su primera cita en TV3: ¿Y si me preguntan por Afganistán, qué les digo? Ahora ya lo ha aprendido, recomendaría sus playas; las que le indicó Coletas cuando estuvo allí de vacaciones.

Es lo que hay, y como decía el sabio, lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible. Así que no le demos más vueltas y dejemos de pedirle peras al olmo. Y para recalcitrantes adscritos a la resiliencia, siempre hay iniciativas, aunque sean de ficción –todo llegará-, como la de «El Mundo Today», que les recomiendo encarecidamente y con cuyo enlace doy por concluida esta entrega: