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dissabte, 7 de desembre del 2013

RENT-A-CAT?



 
 


Confieso no haberme enterado hasta este mediodía -despistado que es uno- de la flamante operación de leasing urbano que dejará, según afirman los noticiarios de TV3, unos 65 millones de euros a la ciudad de Barcelona. Una operación que consiste en alquilar un espacio público, con museos y jardines públicos incluidos, para que celebre allí su boda con todos los fastos la sobrina de un émulo indostánico del Tío Gilito. Increible, pero cierto.

En el reportaje de TV3 se entrevistaba a algunos de los desafortunados transeúntes que, a día de hoy, habían decidido darse una vuelta por Montjuic y, en algún caso, hasta con la “decadente” intención de visitar el Museo donde, por ejemplo, están las mejores muestras del románico y del modernismo catalán. En vano, estaba todo cerrado al público porque se estaba trabajando en el montaje que requiere la boda de marras.

Entre los entrevistados, unas chicas de la misma Barcelona, según afirmaban, parecían hasta contentas de haber amagado en su visita al museo. Ignoramos si por el hastío que las embargaba sólo de imaginarlo o porque, según dijeron, esta boda proyectaría la imagen de Barcelona en el mundo, y “això està molt bé!”. Muy al contrario, una turista francesa manifestaba su perplejidad y desagrado ante la ocupación de un espacio público para una boda privada, por más que se trate de un magnate indio. Definitivamente, la Ilustración no pasó por estos pagos. O pasó de largo.

Y lo peor del caso es que que, o mucho me equivoco o, a prudente distancia para no molestar la intimidad de los cientos de invitados, unos miles de ciudadanos controlados por vallas y policias, se apretujarán inclementemente pugnando por contemplar el espectáculo, en lugar de correr a gorrazos al alcalde Trias y al president Mas, ambos, cómo no, invitados a la boda. Por cierto, lo de Trias y Mas invitados a la boda, prefiero no decir lo que me evoca. Y conste que el millonario indio no tiene ninguna culpa de todo esto. Él sólo quiere casar a su sobrina. El problema no es de quien compra, sino de quien alquila o vende lo que no es suyo. Claro que si pensamos en lo que están haciendo, sin ir más lejos, con la Sanidad Pública catalana, lo de cerrar temporalmente un Museo, un parque y algunas avenidas se queda en pecata minuta. ¡Menudos, ellos!

Pues ya lo tenemos, como en esto todo es empezar y ya conocemos el percal, auguro para dentro de poco una guerra sin cuartel entre alcaldes y gobiernos autonómicos de toda España disputándose groseramente la celebración de bodas millonarias en sus respectivas plazas mayores, anfiteatros romanos, parques y museos públicos… con gradas y todo para que la ciudadanía –es un decir- no pierda comba del evento. De momento, por aquí ya hemos marcado el camino. Y luego dicen que no somos los mejores. Envidia, lo que nos tienen a los catalanes es envidia…

diumenge, 6 d’octubre del 2013

DEL EMPECINAMIENTO A LA OFUSCACIÓN...







Si España se parece cada vez más a la Wonderland carrolliana,  no cabe duda que en Cataluña, y gracias a los independentistas, hemos conseguido nuestra propia vía hacia el ridículo, claramente diferenciada de la española. Aquí esto cada vez se parece más a “Una tarde en el circo” de los Hermanos Marx –sí, lo sé, ni siquiera a “Sopa de ganso”-.

Lo peor que le puede ocurrir a alguien que se ha tirado un farol y se lo han pillado, es empecinarse en seguir faroleando, porque lo van a desplumar como a un ”primo”. Y parece que aquí lo que hay ya no es empecinamiento, sino ofuscación, una fase superior a la del empecinamiento, cuando la propia posición de uno en un contexto de correlación de fuerzas se degrada tanto que, lo único que se puede hacer si se quiere seguir jugando, es negarla y proseguir como si nada. 

Ahora el arrojado Homs nos anuncia un ensayo plebiscitario en las próximas elecciones europeas, añadiendo que el gobierno español está «aterrado» ante tan contundente y amenazadora perspectiva. No deja de ser sorprendente que ante tal genialidad, los socios de ERC repliquen que de ensayos nada, que lo que habrá en el 2014 será elreferéndum por la independencia.

Mientras tanto, unas notas para la reflexión en la entrevista con Francesc Granell que no tiene desperdicio. Lástima que no la lean ni Homs, ni Mas. Claro que, bien mirado, para que la iban a leer. No son ellos los que están faroleando, sino el gobierno español ¿Estamos?

dimecres, 18 de setembre del 2013

A VECES LLEGAN CARTAS...



Hubo un tiempo en que escribir una carta era la forma usual de comunicarse con alguien que estuviera alejado, incluso a veces aunque fueran sólo unos pocos kilómetros. Desde los negocios o el conocimiento, hasta el amor o la amistad, pasando por la conspiración o la impostura, el universo epistolar adquirió una naturaleza que acabó tematizada en sí misma como género.  Desde "la carta robada"  de Edgar A. Poe, hasta "Un jeune facteur est mort, l'amour ne peut plus voyager, il a perdu son messager" de Moustaki, lo epistolar ha pasado prácticamente por todos los posibles registros, precisamente por ser en sí mismo un género que incorporaba todos los posibles mundos, los mejores y los peores.

Que lo epistolar fuera un género en sí mismo lo demuestra el hecho de que produjo su propio registro. Eso sí, sin contaminar al resto. Nadie hablaba como escribía, a diferencia de lo que ocurrió luego con los e-mails, cuya jerga ramplona acabó contagiando al resto de registros lingüísticos, hiriéndoles de muerte, por no hablar de los sms o del más moderno whatsapp...

Hoy nadie escribe ya cartas. Y como ellas, el lenguaje epistolar ha pasado a la historia. Hasta los e-mails son ya algo así como el paleolítico para cualquiera con menos de cuarenta años. Por ello,  sobrepasada ya con creces esa edad  a partir de la cual Pavese le consideraba a uno responsable de su propia cara, es imposible no quedarse perplejo ante la ramplona polémica epistolar con que han decidido entretener al personal ese par de ínclitos prohombres que son Mariano Rajoy y Artur Mas, jugando a ver a quién le toca ahora escribir y, lo que ya es el colmo del cutrerío, airerando públicamente los contenidos de sus misivas incluso antes de escribirlas o de que lleguen a su destinatario teórico ¿Será posible tanta zafiedad?

Cualquiera de mi generación sabe que las cartas eran algo privado. Eso era así hasta tal punto que las consecuencias de airear los contenidos de cierta correspondencia podía acarrear consecuencias imprevisibles, por lo general siempre indeseadas. Tampoco era infrecuente que el autor de una carta se guardara un duplicado, a salvo de indiscreciones, que acreditara su contenido para que nadie pudiera tergiversarlo después. Ha habido testamentos en los que el legado principal era la copia de las cartas que se enviaban. Y sirvieron acaso para esclarecer entuertos urdidos por herederos poco escrupulosos.

Y aunque es cierto que desde siempre hubo metomentodos que hurgaban en la correspondencia ajena con fines inconfesables, desde el descubrimiento del cuerno  hasta el secreto de estado, también lo es que la privacidad que le era propia costaba mucho más de violar que el correo electrónico personal, el whatsapp o el recorrido biográfico de cualquier ciudadano por las páginas de internet, tal como demostró y denunció Snowden recientemente. 
Por todo eso le parece a uno el colmo del patetismo que este par de políticastros hayan decidido ahora, por un lado, comunicarse a través de correspondencia postal, y por el otro, anunciar a los cuatro vientos los contenidos de sus misivas incluso antes de que pasen por la estafeta. Pero a ver ¿es no tienen móvil? ¿no están en whatsapp? ¿A qué entonces esta fantochada de ceremonial epistolar trasnochado y casquivano con que pretenden tomarnos el pelo?

Francamente, me parece un ultraje al modelo epistolar, que tanto juego dio en su momento y que, precisamente por eso, es acreedor a mejor trato. Señores Mas y Rajoy, vuelvan al sms o a sus televisiones respectivas, pero por favor, dejen de enviarse cartitas.

dijous, 5 de setembre del 2013

DEL DEBATE A LA TERTULIA


Para empezar, hay que decir que es absolutamente falso que las tertulias -es un auténtico caso de justícia semántica que ya no se les llame “debates”- sean un fenómeno exclusivamente hispano. Haberlas, las hay en todas partes. Lo que si es exclusivo de aquende los Pirineos es el valor añadido que aquí se incorpora como marca de la casa, a saber, la inefable caspa ibérica -o lo que es lo mismo, un explosivo cocktail compuesto de ramplonería, altivez y contumacia, a partes iguales- por un lado, y la extraordinaria proliferación de programas con este formato, por el otro. Es decir, muchos y malos, además, por supuesto, de impúdicamente sectarios. Como decía en mi anterior post, sólo tienen valor antropológico, ningún otro... Al menos en lo que respecta a los que yo he visto, salvo algunas excepciones, eso sí, no ligadas a ningún programa en concreto.

¿Cuándo empezó todo y cómo se ha podido llegar hasta estos bajos fondos de degradación tan hediondos? ¿Cómo se pasó del debate a la tertulia? En relación a esto, uno recuerda los viejos tiempos de “La Clave” en el entonces UHF, y una anécdota muy a propósito de este proceso de deterioro, que nos llevó del debate a la tertulia, que hemos vivido y seguimos viviendo.


“La Clave” dejó de emitirse poco después de la llegada del PSOE al poder. Dicen las malas lenguas que fue el propio Alfonso Guerra quien se la cargó, acaso porque la consideraba amortizada después de haber asistido él mismo tantas veces como invitado a la misma. Sea como fuere, el caso es que unos años después, al aparecer las primeras televisiones privadas, Antena3 TV, concretamente, recuperó el programa con el mismo formato y presentador. No estoy seguro, pero debía ser hacia finales de los ochenta. La anécdota a que me refería trata sobre algo que ocurrió en uno de estos programas de la nueva “La Clave”, y que nos puede dar alguna clave -valga la reduncancia- sobre qué estaba empezando a pasar ya por entonces. Como siempre, aquellos polvos trajeron esos lodos.


Se trataba de un debate sobre mutaciones genéticas y entre los invitados, la mayoría de ellos de reconocido prestigio -todos menos uno-, recuerdo que se encontraba Mariano Barbacid, un par de colegas suyos, también españoles y un investigador alemán -la presencia de un extranjero con traducción simultánea siempre había sido una característica de “La Clave”- considerado una autoridad mundial en la materia. ¡Ah! también había un parapsicólogo.


El debate empezó con una aberrante perorata a cargo del parapsicólogo, cuya convicción íntima de estar en posesión de la verdad parecía autorizarle a interrumpir irrespetuosamente -creó escuela en esto, véase sino a P.R.- todos y cada uno de los tímidos amagos de cualquiera de los científicos presentes que intentaban reconducir el tema hacia unos parámetros más serios. En vano, porque el señor parapsicólogo les interrumpía a las primeras de cambio, sin que el presentador -el inefable Balbín- pareciera inquietarse lo más mínimo por el rumbo que estaba tomando aquello. Eso sí, de vez en cuando la cámara enfocaba al alemán y cualquiera podía percatarse del progresivo color escarlata que iba adquiriendo su cada vez más demudado rostro. Mientras tanto, el parapsicólogo seguía a su rollo.


En esto que el alemán, visiblemente molesto, tomo la palabra de golpe y le espetó a Balbín, a través de la traducción simultánea, más o menos lo siguiente: mire usted, soy una persona muy ocupada y si accedí a venir fue porque usted mismo me aseguró que este era un programa serio. Ya veo que no es así. Desde que empezó el programa, que se suponía que iba a ser un debate de divulgación para el gran público sobre un tema científico muy complejo, este señor de aquí (refiriéndose al parapsicólogo) no ha cesado de interrumpir de malas maneras, además de estar realizando unas afirmaciones que, desde la comunidad científica, no pueden ser consideradas sino como supersticiones o hechicerías. Me sorprende, de verdad, que mis colegas españoles estén tolerando esta payasada. Por mi parte, ahora empezaré a hablar sobre el tema que nos ocupa, y si este señor vuelve a interrumpirme durante mi exposición y usted sigue sin hacer nada para impedirlo, simplemente me largo”.


No había transcurrido ni medio minuto con el alemán hablando, cuando el parapsicólogo le interrumpió visiblemente contrariado y prácticamente a gritos, para quedarse él con la palabra. El presentador ni se inmutó y el alemán, tal como había anunciado, plantó encima de la mesa los auriculares de la traducción simultánea y puso los pies en polvorosa.


El único comentario que le mereció a Balbín este situación fue el siguiente, éste sí textual: “desde luego, es duro ver como hay gente tan intolerante que es incapaz de admitir opiniones opuestas a la suyas”. Por mi parte, me quedé sin saber nada nuevo sobre mutaciones genéticas, cerré el televisor y me fui a tomar un cubata -era viernes por la noche- que me aprovechó mucho mejor . Y nunca más volví a ver “La Clave”.


El aviso de “La Clave” pareció no afectar a nadie. Es más, incluso más de una vez, al comentar estos temas, te encuentras con que algún interlocutor adopta el papel de Balbín, más o menos cortesmente, según el caso. “¡Hombre! es que esto es «su verdad»!; “No, ya... pero es que la pobre no pudo estudiar, pero no por eso le vas a negar su derecho a la libertad de expresión”; “es que si no traemos a gente famosa ¿quién se va a tragar un debate sobre el calentamiento global?” ¿Quién no ha escuchado frases así? Y como a uno se le ocurra decir que de lo que se trataba, si era un programa sobre el big bang, era de que se pudiera aprender algo de él, en lugar de tener que escuchar sandeces proferidas por orates, entonces viene la puntilla: “bueno, al fin y al cabo, tampoco es un tema que se vaya a resolver en televisión, no es para tanto”.


Con el tiempo, uno ha visto a tonadilleras opinando en programas similares sobre el big bang, a fubolistas cenutrios disertar sobre arquitectura o filosofía, o a exconvictos pontificando sobre deontología profesional... hasta hoy en día.


Por eso, precisamente por eso, el caso a que aludía en “Una orgía antropológica” me pareció especialmente significativo, porque al darle el presentador un giro imprevisto -si intencionado o no en cuanto a los resultados, lo ignoro- ocurrió lo del cazador cazado. El inquisidor pillado pecando, in fraganti.


Claro que, eso sí, ya no son debates, sino tertulias. Pues eso. ¿Qué queda entonces sino la mirada antropológica?

dimecres, 4 de setembre del 2013

UNA ORGÍA ANTROPOLÓGICA



Reconozco ser audiente esporádico de algunas de estas tertulias montaraces con que se solaza la derechona más vesánica del país. No se alarme nadie: los contenidos evacuados desde estas «tribunas» no tienen para mí el menor interés en la mayoría de ocasiones; son, además, recurrentes hasta el hastío, dada la naturaleza contumaz de los tertulianos y su inveterada reciedumbre energumenesca. No, lo que a mí me interesa de esto no es el mensaje, sino el medio. Bueno, no exactamente el medio.

Y ello no porque el medio sea en sí el mensaje, como ya dejó claro Mcluhan en su momento, sino porque a uno, más antropólogo que comunicólogo, lo que le pierde, como el canto de las sirenas perdía a los antiguos griegos, son los tipos humanos que deambulan erráticamente por estos saraos a la desesperada búsqueda de un lugar en el Sol. En resumen, la mirada antropológica. Con ello, lo que de otro modo no es sino la más sublime expresión estética de la cutrez, deviene a través de la mirada antropológica un espectáculo fascinante y, a la vez, sobrecogedor.

Siempre desde la perspectiva de la mirada antropológica, entre tan selecto elenco de tertulianos y tertulianas puede uno dar con los más variados sociotipos, porque haberlos, lo cierto es que los hay de toda laya y jaez: el «caricato», el «histrión», el «furibundo», el «enterao», el de «serie B», «el vesánico», el «tristón», el «frivolón», el «meapilas», el «ducho», el «jeremíaco»... Créanme, un verdadero espectáculo antropológico. Pues bien, previa justificación de mi adicción a tan nefando hábito, y aun asumiendo plenamente aquello de «excusatio non petita, accusatio manifesta», pasaré a comentar la experiencia por que transité anteayer en una de estas tertulias cuyo nombre, por razones de decoro, no citaré.

En alguna ocasión ya comenté por aquí el tema de la prueba de conocimientos generales en las oposiciones a maestro de primaria en la Comunidad de Madrid, así como la estupenda exposición argumental que de este mismo tema había publicado Alberto en su blog. Como sin duda ya sabrán, en dichas oposiciones se incluyó una prueba, con carácter eliminatorio, de conocimientos generales. Es decir, de lo que conocemos como «cultura general». Los tristes resultados y sus secuelas pueden consultarse en los links citados más arriba.

Pues resulta que el otro día di con un grupo de sesudos tertulianos pontificando sobre lo inadmisible de la incultura de los maestros a la vista de tales resultados y profiriendo descalificaciones de todo tipo contra el gremio docente en general. Personas la mayoría de ellas en edad más bien provecta o que, en cualquier caso, no estudiaron bajo el sistema educativo de la LOGSE.

En el zenit del clímax vesánico a que la coreografía del programa tiende irremisiblemente como un marrano al charco, el presentador interrumpió el debate y se dirigió a la secretaria del programa indicándole que les hiciera, a cada uno de los tertulianos, alguna de las muchas preguntas, contenidas en el cuestionario de la susodicha prueba, que la mayoría de los aspirantes a maestro no habían sabido responder correctamente. Fue una auténtica fiesta. Nadie debería habérsela perdido.

Al ser preguntada por la capital de Dinamarca, una tertuliana contestó que Estocolmo; otro sesudo tribuno no supo identificar que MCMLXIV se corresponde en números romanos al guarismo 1964 en arábigos; un tercero no supo, a la inversa, expresar MMXIII como equivalente al 2013, año en curso; uno de los que más vehementemente se había expresado ante la intolerable ignorancia de los maestros, lívido y absolutamente cariacontecido, rechazó categóricamente que a «él» le examinara nadie; creo recordar que otro no sabía que la raíz cuadrada de 16 no era sólo 4, si no 4 y -4; sólo uno salvó la papeleta con dignidad.

Pero la auténtica fiesta no fue la visión de tan apasionante escena, sino lo que vino después. Rápidamente se pasó a otro tema. ¿Cree alguien que después de semejante ridículo quedó alguno siquiera medianamente afectado? En absoluto, siguieron vociferando y profiriendo vesánicos juicios «Ex Cathedra» sobre cualesquiera otros temas de actualidad que se pusieran sobre la mesa. Sin el menor rubor.
Lo dicho, una auténtica y genuina orgía antropológica.

diumenge, 4 d’agost del 2013

BÁRCENAS O LA FUERZA DEL SINO



No. No se trata de ninguna némesis que irremisiblemente persiga a los chorizos y les lleve a dar fatalmente con sus huesos en la cárcel; ni tampoco hay en todo este mamoneo ningún elemento romántico que evoque la obra que el titulo de este post toma parcialmente prestado. Pero sí es cierto que, cada vez más, este tuno lleva camino de convertirse en un héroe trágico de Eurípides, de los que decía Nietzsche que, no creyendo ya en el destino urdido por las moiras, se lo planifican a su conveniencia y si, como siempre ineludiblemente, al final la cosa les sale mal, más bien parece que sea por un error de cálculo como, por ejemplo, haber sobrestimado sus propias posibilidades. Que se lo creyeron demasiado, vaya.

Ciertamente no hay en el sino de Bárcenas inapelabilidad trágica alguna, sino más bien la suerte del chorizo que se pasó tres pueblos convencido de su invulnerabilidad. Su soledad, vista así, abandonado por los suyos, más bien evoca un fatum de naturaleza corleonesca: la del que creyó tener agarrados por los huevos a los más poderosos miembros de “la familia” y que ahora empieza a constatar la inanidad del individuo una vez ha sido abandonado por ésta. No hay vida fuera de “la familia”. Y hasta puede que sea el “elegido” para el aquelarre catárquico que se avecina. Muy buenas bazas habrá de tener para salir bien parado de este trance. No digo que no las tenga, pero lo dudo.

En realidad, su historia tiene algo de entrañable por su extrema cutrez, la de tantos y tantos personajillos como él, que siendo en principio una simple pieza de ensamblaje del sistema, acabaron poniéndolo a sus servicio hasta creerse invulnerables por imprescindibles. Recordemos, por ejemplo, su famosa peineta a los periodistas. Pecado de hybris, diría un griego; la avaricia rompe el saco, diríamos acaso hoy. Nadie, nadie es imprescindible.

Sea como fuere, lo cierto es que Luis Bárcenas dispone actualmente de todo el tiempo del mundo para meditar sobre lo efímero de la gloria mundana. Fortuna audaces iuvat, debió pensar en sus tiempos de gloria. Sic transit gloria mundi, puede que piense ahora desde Soto del Real. Aunque tengo para mí que acaso no quiso entender , cuando se lo dijeron, aquello de ubi patronus imperat nauta minus, lo cual le llevó a comprobar que extra eclesia nulla spes.  Y es que incluso osó robarle a “la familia”, por cierto, en proporciones tan brutales que, a juzgar por lo que él mismo dice, más bien parece que el comisionista fuera “la familia” y Bárcenas el destinatario de los óbolos.
Su problema consiste en que al ser dichos óbolos a su vez de procedencia más negra incluso que su propia conciencia, lo tiene crudo para probar nada. A menos, claro, que además de corruptos fueran necios y hubieran firmado un “recibí”, lo cual no parece ser el caso, como mínimo, de aquellos hacia los que apunta. El dinero negro tiene esas cosas.
Sí, sin duda un caso de Hybris. A veces, no haber leído a los griegos tiene sus cosas. 

divendres, 19 de juliol del 2013

¡MARCHANDO... OTRA DE RUEDAS DE MOLINO! (O JUGAMOS TODOS O ROMPEMOS LA BARAJA)



A comulgar con ruedas de molino ya estamos acostumbrados en este país. Pero para uno, que no es que sea excesivamente devoto, lo de comunión diaria ya se le empieza a atragantar. La última, la del presidente del Tribunal Constitucional . Resulta que en España tenemos una Constitución que, entre sus muchos artículos, el 127 prohíbe a jueces y magistrados militar en partidos políticos. Será una tontería, o al menos a mí me lo parece, pero es así: dura lex sed lex. Y así es para todos y en cada uno de sus artículos. Nos guste o no, es lo que hay. Y suerte que hay algo.

Pues nada, que el flamante presidente del TC resulta que ha estado cotizando como militante del PP siendo magistrado. Y lo gracioso de caso es que va el que ha de velar por la salud legal del país y, como si nada, afirma que él si puede, que su situación es legal.  Gracias por la aclaración, pero se olvidaron un párrafo enterito, el que está en punto 4, referente a estatuto personal de los miembros del TC. A ver, la verdad es que a veces ya no sabes si te toman por tonto o si te están tomando el pelo, que no es exactamente lo mismo.

En el primer caso, que te tomen por tonto, implica la consideración por la otra parte de que eres corto de entendederas y tragarás con lo que te diga la autoridad. Te lo creerás, vamos. ¿Certeza extrínseca? ¿Argumentum auctoritas? El ejemplo más claro sería el monopolio de la interpretación de la Biblia por parte de la Iglesia. Se dice que tal versículo significa esto y punto. Y el resto a tragar porque no saben leer y su eminencia es quien entiende sobre esto. O también aquel viejo chiste en el que se encuentran dos amigos y uno le dice al otro “¿pero como estás vivo? Me dijeron que te habías muerto”, a lo que responde el interpelado “Pues ya ves, estoy bien vivo”. “Pues no sé, no sé… el que me lo dijo es más de fiar que tú”. Pues eso, vaya ¿qué es más de fiar, lo que diga la Constitución o lo que dice el presidente del tribunal que ha de velar por su cumplimiento? Y no nos engañemos, para eso no hacen falta exegetas, si acaso sobra lo que queda quitándole el “ex”.

En el segundo supuesto, que te estén tomando el pelo, la cosa es más grave. Ambos lados saben que se estamos ante una mascarada. Uno me está colando una mentira, yo sé que es una mentira y el que me la cuela sabe perfectamente que yo sé que es una mentira. Pero me he de aguantar. Ajo y agua, así sin más.

Vamos a ver si nos aclaramos. Resulta que el diario “El País” publica hoy que el actual presidente del TC cotiza hasta el 2011 –que se sepa- como militante del PP, y que la Constitución española prohibe explícitamente a los jueces y magistrados militar en partidos políticos. Luego, resulta que el propio aludido afirma que sí que puede, y se basa el la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional, artículo 19, que sólo les impide tener cargos en partidos a los miembros del TC. Así que no dimite, que él es legal. Claro que se “olvida” de una coletilla que está en la misma ley y artículo a que alude “En lo demás, los miembros del Tribunal Constitucional tendrán las incompatibilidades propias del resto de miembros del poder judicial” Con lo cual retornamos al artículo 127 de la Constitución, quod erat demonstrandum.  Así que ¿a quién pretenden engañar?
Hay algo particularmente grave en todo este caso. Muy grave. Más allá incluso de la indignidad que traspúa, la vergüenza que vomita y la repugnancia que produce… y es la legitimidad de un TC que próximamente se puede ver en la tesitura de tener que adoptar decisiones de gran trascendencia para el futuro de España. ¿Tan inconscientes son que no lo ven? ¿O acaso les da igual? ¿Tontos, tunos o ambas cosas?
 
¿Con qué legitimidad dirá este presidente del TC y los que le auparon que el presidente + de la Comunidad - va contra la Constitución o que esta u otra consulta convocada por aquél sobre lo que se quiera, también? ¿Con la de alguien que ha mentido o que se salta la ley a la torera?  No. Nos estamos jugando el Estado de Derecho, y en esto bromas, las justas. O dimite o aquí valdrá todo inevitablemente. No  porque lo diga yo, sino porque, contra lo que algunos infelices piensan, antes que la Constitución no hay nada, sólo la barbarie. Y la zorra no puede ser la encargada de vigilar el gallinero... ¿o ya estamos en la barbarie?

No creo que lo estemos todavía, así que a dimitir.

 

dimarts, 16 de juliol del 2013

LA FATWA CONTRA MANEL FUENTES (los tarados no cejan)


Hay un tarado que me ha escogido como destinatario de sus delirantes envíos colectivos a través del correo electrónico. Como tal tarado, aunque en realidad deberíamos empezar a decir "loco de camisa de fuerza retrasado mental", no me cabe la menor duda de su miseria biográfica, su escaso nivel intelectual y su propensión a sublimar la insignificancia de su existencia de la peor manera que la subliman los tarados y los locos: sintiéndose parte de una estructura superior a cuya causa se entregan con toda su alma. Da igual cual sea la causa; tarados los hay en todas partes, lamentablemente. En su caso, es el independentismo.
 
Desde que empecé a recibir sus delirantes correos, intenté zafarme de ellos por los medios ad usum en estos casos -ponerlo en spam etc.-, todo en vano. Funcionó durante un breve periodo de tiempo -aunque también puede que estuviera internado en un frenopático-, pero al cabo de unas semanas, volvió con fuerzas renovadas. Sólo me quedaba denunciarlo ante google, aunque no sabría si denunciarle por fanático o por imbécil. Me temo que no lo haré... Resulta que hasta un tarado puede ser útil, como mínimo a la hora de que nos hagamos una idea cabal de hasta dónde pueden llegar realmente un hatajo de tarados, si lo son en suficiente número.
 
Ya me había resignado a eliminar sus correos nada más ver el remitente cuando, anteayer, al ir a borrar mecánicamente la última de sus pestilentes evacuaciones, reparé en algo del título del mensaje que me llamó la atención. Era una fatwa en toda regla contra el que hasta hace unos días fue el presentador del programa "Els matins de Catalunya Ràdio": Manel Fuentes. Además, la fatwa no la emitía mi tarado particular, sino que provenía de un medio de comunciación al cual remitía el enlace que el energúmeno me enviaba. Y eso es mucho peor, porque ya son demasiados tarados.
 
¿Y cuál era el pecado merecedor de la fatwa? Pues no hay una, no, hay varias razones. La primera, declarar que una emisora pública no puede adoptar una posición política concreta, sino que ha de estar abierta a todos los sectores de la sociedad en que está inserta. Esto, para los talibanes es querer españolizar Catalunya-Ràdio y no estar con "el país" -óbviamente, no se refieren al rotativo de idéntico nombre-. Hay también otro pecado sin perdón alguno, el medio al que hizo sus declaraciones...
 
En unos u otros medios, las declaraciones de Manel Fuentes están muy claras. Y la verdad, a uno no se le ocurre como alguien en su sano juicio pudiera estar en contra de lo que dice. Hasta hace unos pocos años, los noticiarios más potables de toda España, en el sentido democrático del término, eran los de TV3, y lo mismo se puede decir de los de Catalunya-Ràdio. Medios que, sin ocultar su carácter catalán -lo cual me parece perfecto, dicho sea de paso- eran lo más parecido a la BBC que se podía encontrar por toda España. Esto empezó a torcerse -ironías de la vida- con el primer tripartito. Ahora ya no queda prácticamente nada de aquello. Uno de los programas que seguía todavía algo de esta antigua estela, era precisamente el de Manel Fuentes.
 
Y mi tarado no sólo está contento porque ya no esté, sino que tampoco le parece bien que declare que él es partidario de un modelo como el de la BBC. Desde luego, si alguna vez la radio y la televisión públicas catalanes se parecieron a la BBC, lo cierto es que hoy lo es más bien a la Radio Tirana de sus mejores tiempos... Mi tarado debe estar contento. Pero no, los tarados y fanáticos nunca lo están. Y él es ambas cosas. Por eso lo de la fatwa.
 

divendres, 5 de juliol del 2013

BABERO DE ORO (JULIO 2013)



III PREMIO BABERO DE ORO
 
 
NARCÍS CLÉ (Director General de Tráfico de Girona, hasta ayer)
 
 
 
 
Pillado in fraganti a 160 km/h cuando regresaba de una reunión sobre seguridad vial en la cual pontificó sobre las bondades del límite de velocidad a 120 km/h. Sobran ulteriores comentarios. La noticia aquí.

dijous, 20 de juny del 2013

LA CAMARGA "CONFIDENTIAL": QUOD ERAT DEMONSTRANDUM



Alicia Sánchez-Camacho ha retirado la demanda contra Método3 a cambio de una indemnización de ochenta mil euros (80.000€). Cierto que toda indignación tiene un precio y Alicia no iba a ser menos. Pero la verdad, con lo airada que se puso cuando se enteró que habían estado grabando su velada con la ex novia de Jordi Pujol Jr. y con todo el pifostio que organizó, uno no puede dejar de pensar que se ha vendido a precio de baratija. Y eso es, cuando menos, extraño.

Puede que esté pasando por apuros económicos. Una hipótesis, ésta, que no cabe descartar. Aunque con varios cargos en el partido de los sobretones y diputada en el Parlament de Catalunya, conceptos, todos ellos, por los cuales debe obtener unos ingresos nada despreciables, resulta difícil de creer.  De modo que, o bien concluimos que lleva un tren de vida por encima de sus posibilidades y necesita los ochenta mil del ala para pagar la luz, o aquí hay gato encerrado.

Una cosa es cierta, la retirada de la demanda implica que los ciudadanos nos quedaremos con las ganas de saber de qué se habló realmente en el restaurante "La Camarga" en su velada con Vicky y que de las grabaciones nunca más se sabrá. En resumen, aquí paz y allá gloria.
Lo dicho. Se trata precisamente de que no se sepa de qué más hablaron entre ellas. Una de las dos se fue de la lengua entre tanta confidencia, y todo indica que no fue Vicky con sus bolsas deportivas repletas de billetes de quinientos euros camino de Andorra con su querido Jordi, porque esto ya lo sabe todo el mundo. Aquí no hay gato encerrado, aquí lo que hay es secreto de estado encerrado. Sin más.

dimecres, 19 de juny del 2013

LA ESTÉTICA CLEPTO-PATRIÓTICA



Seguía uno todavía perplejo ante las deficiencias estéticas aducidas por Artur Mas en lo concerniente a la legalidad de los contratos del tema Palau y su presunta no esteticidad, cuando una nueva noticia me da la pista de, como mínimo, cuál podría ser el modelo ético subyacente a tan problemática estética. Aparece hoy en El País: el número dos de la sanidad catalana -un tal Josep Mª Padrosa- contrata con firmas que él mismo representa. De momento son 14 millones de euros.


Y aquí sí que ya de forma definitiva, creo que hemos dado con el modelo estético al que apuntaba Mas. Resulta que el número dos de la sanidad catalana, en su calidad de cargo público, contrata a empresas de las cuales él es el apoderado. Estéticamente es impecable. Le podríamos llamar el modelo Juan Palomo, yo me lo guiso yo me lo como. ¿Pero cuál es el modelo ético subyacente a tal estética?


Veamos. En cualquier país civilizado, algo así levantaría un escándalo descomunal y la inevitable cadena de dimisiones se habría producido de inmediato. Y muy posiblemente alguno daría con sus huesos en la cárcel. Que un cargo público se esté enriqueciendo adjudicándose a si mismo contratos, no sé si será ético para el señor Mas, pero desde luego que es una auténtica indecencia, de la cual, por cierto, él es el responable último. Pero en Cataluña no pasará nada. Al contrario. Y viniendo de donde viene la noticia, seguro que se dirá que forma parte de la ofensiva españolista destinada a dinamitar el proceso soberanista.


Pero volvamos a la pregunta anterior. ¿Cuál puede ser el modelo ético que subyace a la construcción y gestión de las estructuras de estado para el futuro país independiente? En principio, podríamos hablar, simple y llanamente, de una ética del choriceo. Pero me temo que se ha llegado ya a unos extremos de delirio que permiten suponer que no existe por parte de los chorizos metidos a patriotas catalanes la menor consciencia de culpabilidad. Estoy convencido de que se creen con derecho a hacerlo. Y por eso acaso diría Mas que es ético, pero quizás no estético.


El sentido patrimonialista con que estos tipejos abordan la indistinción entre lo público y lo privado en provecho propio ,no es una simple ética del choriceo, como sería, por ejemplo, el caso de Bárcenas o tantos otros; no, es algo mucho peor y mucho más arraigado, tanto en su ethos y como en su pathos; es algo mucho más profundo: es su forma de entender el futuro estado independiente catalán que dicen estar construyendo. Es, en definitiva, su forma de entender Cataluña.


Un modelo fundado en la más profunda convicción de que Cataluña es suya. Es un modelo preilustrado y clientelista con claras reminiscencias feudalizantes en el cual un grupo de chorizos patrióticos se atribuye el derecho ancestral a disponer para su provecho del país que se han inventado. No es simple choriceo, sino algo muy sofisticado. Es el cleptopatriotismo. ¡Hay que joderse!