dilluns, 8 de juny del 2015

VACUNAR O NO VACUNAR (I de IV)



Después de veintiocho años y considerándose erradicada, se ha producido un caso de difteria en un niño cuyos padres se negaron a vacunar porque habían leído en internet que las vacunas son un engaño urdido para mayor lucro de las industrias farmacéuticas; además, dijeron, se habían enterado, también por internet, que la vacuna de la difteria contiene mercurio. Si, a lo mejor, en lugar de mercurio hubieran leído que la vacuna contuviera Flores de Bach, su opción hubiera sido otra. Porque como todo el mundo sabe, el mercurio es malo y la Flores de Bach buenas. El caso es que, como buenos padres y ciudadanos conscientes y responsables, propios de la sociedad de la información, y del conocimiento que ya no es necesario transmitir porque está en internet al alcance de todo el mundo, ejercieron su neoepistemológicamente fundamentado derecho a rechazar que su vástago fuera vacunado. El niño contrajo la difteria y sigue aún hoy debatiéndose entre la vida y la muerte. Posteriormente, los padres han afirmado haberse sentidos engañados por internet y los «antivacunas».
A uno, determinadas actitudes le recuerdan aquel chiste malo que circulaba hace tiempo. Va un tipo por la calle blandiendo un extraño artefacto que emite un raro sonida, arriba y abajo... Cuando alguien le pregunta qué está haciendo, responde: "Ahuyentar rinocerontes, es un invento mío ara ahuyentar rinocerontes". "Pero  hombre, si aquí no hay rinocerontes", le comenta burlonamente el otro. "¿Lo ve? Precisamente". El problema lo hubiera sido de aparecer algún rinoceronte, y algo así ocurre con los antivacunas. Pero dejémonos de bromas.
El caso invita a reflexionar sobre varios temas. Sobre la desjerarquizada horizontalidad propia de la información contenida en internet, y la mostración de su eventual peligrosidad, así como de muchas de las milongas que se nos están vendiendo, hasta el no menos trivial debate sobre el derecho de uno a rechazar que se le administre una vacuna, a él o a sus hijos, sin más, porque me da la gana, o a la obligación del Estado a imponerla en aras a lo que el conocimiento indica como una razonable medida para el bien común. También, por supuesto, por el cuestionamiento, fundamentado o no a partir de cualesquiera convicciones, de los conocimientos a partir de los cuales se infieren las virtudes de la aplicación de medidas universales y obligatorias para el conjunto de la sociedad.
Tenemos, pues, como mínimo, tres ámbitos distintos sugeridos. El primero sería el debate sobre el acceso a la información y al conocimiento a partir de la horizontalidad propia de internet, tan glorificada por pedagogos, sociólogos y pseudo-neo-epistemólogos. El segundo, sobre los derechos individuales y su eventual colisión con los colectivos: el eventual derecho a negarse, como es el caso, a ser vacunado, con independencia de cualquier otra consideración. Y finalmente, el tercero incidiría en el cuestionamiento del estado de conocimientos “oficial”, cuya crítica lo situaría como «interesado» y, en cualquier caso, no neutral; consideración que motivaría la «decisión», de negarse a ser vacunado, digámoslo así, en defensa propia, ante algo que se entiende como perjudicial para uno. De cada uno de estos tres ámbitos hablaremos en sucesivas entregas.

dimecres, 3 de juny del 2015

«ICONOMAQUIAS»: DE HIMNOS Y BANDERAS



Hay simbologías que permanecen en el imaginario colectivo más allá de la memoria individual. La famosa pitada del otro día al himno español y al rey Felipe VI, por parte de los seguidores del Barça y del Athletic de Bilbao, en la final de la Copa, se inscriben de lleno en esta «iconomaquia” y no se dejan  reducir a un mero rechazo visceral –inducido o no- de lo «español» por parte de vascos y catalanes, y por supuesto, trasciende de largo lo meramente futbolístico. Si no queremos entender esto, no entenderemos nada de lo que se está ventilando.

Yo planteo la siguiente hipótesis. Vamos a suponer por un momento que, incluso en presencia del rey, fuera el «Himno de Riego» el que hubiese sonado en el Camp Nou ¿Se hubiera producido la misma reacción? Me atrevo a asegurar que no. Muy al contrario. Incluso con toda probabilidad hubiera sido objeto de vítores y aplausos. Eso sí, Mas no se hubiera reído…

Por surrealista que pueda parecer tal hipótesis, permítanme aun así que, a partir de ella, y asumiéndola como «hecho», hipotético, claro, establezca los siguientes asientos, acaso no tan hipotéticos.

 
 

dimarts, 2 de juny del 2015

DE PITOS Y DE SERENOS



Nunca hablo del deporte "estatal" de esa nación de naciones, ni hoy tampoco lo haré. Debo haber asistido en toda mi vida, como mucho, a seis o siete partidos de fútbol, un par de ellos de niño, y el último no hace menos de treinta años. Lo que vi, o el escenario al que me tocó asistir en los tres o cuatro que puedo recordar, fue de tal magnitud a nivel de experiencia personal que, o me pagan la próxima vez, y muy bien, como antropólogo que soy, para hacer un trabajo de campo, o si no fuera el caso y dándome por perdido, alguien deseara encontrarme, que no me busque en un estadio de fútbol. Eso sí, bien pagado, prometo cumplir las tres reglas de Lévi-Strauss para el trabajo de campo: blog de notas, observación participante y relativismo cultural (como método, claro, que te lo creas ya es otra cosa).

Nunca he podido estar de acuerdo con las flatulencias montalbánicas sobre el fútbol y los intelectuales «de compromiso». Aun así, respeto a cualquiera que le guste el fútbol y lo sienta como pasión –no es ese para mí un criterio de demarcación-, sin que ello sea óbice como para ser de la opinión que, igual que en una peli porno el punto de vista más interesante es sin duda el de los protagonistas, y más bien patético el de los mirones, el aficionado espectador que se gasta los cuartos que luego escatima al comedor escolar de su hijo no está, por lo general, para ver jugar al fútbol, sino para alguna otra cosa. De lo contrario, jugaría él mismo. En fin…

Después de haber observado en tan escasas ocasiones los efectos catárticos de «sublimefectivicación” de vayan ustedes a saber qué –Freud no toca hoy-, que entre los espectadores sugiere tal espectáculo,  la verdad es que me quedo con la tragedia griega, o con Tolstói, o con Kant –debería darnos vergüenza como somos-, o hasta con Fernando Esteso, que ya es decir. Créanme.

Por eso, precisamente, y en la connivencia que el lector ya sabrá de qué estoy hablando y a qué me estoy refiriendo, igual que me parece ridícula la pitada inicial de la final de la Copa del Rey, más ridícula me parece todavía la reacción, afección, difusión y entusiasmo o indignación que, según el caso, ha suscitado la astracanada de marras en prácticamente todos los medios de comunicación del país. Unos, los paniaguados de aquí, por lo general enfervorizadamente a favor; otros, los no menos paniaguados de allá, como si se acabara de hundir la Armada Invencible, furibundamente agraviados y exigiendo que se «tomen medidas drásticas» contra tales insultos a la Nación. ¡Por favor! A ver si somos más serios… ¡Que estamos hablando de payasos a tiempo parcial!

El nacional/futbolismo está haciendo estragos. Cuando yo era niño, oía decir entre los mayores que cuando había algún problema –estábamos en el franquismo- se ponía algún partido de fútbol en TVE para entretener al personal, o para desviarlo de lo que se suponía que verdaderamente debería preocuparle. Era, a lo sumo, exceptuando los domingos por la tarde, un partido cada mes, y puede que exagere. ¿Cuántos retransmiten hoy por semana?

Un país serio, y este debiera serlo, no debería preocuparse por jerigonzas de tal jaez. Y sus medios de comunicación, públicos o privados, interesados o desinteresados –esto último, difícil-, si fueran mínimamente serios, tampoco. Y conste que me parece una indignidad que el presidente de la Generalitat estimulara su conocida mueca mandibular para simular un amago sonrisa ante el espectáculo; sobre todo porque, en su situación actual, no tiene nada de qué reírse. Y además, es un cargo público e institucional. Vergonzante sin "Mas".

Pero siempre, o al menos en este país, después de lo vergonzante, surge lo grotesco. La reacción de los medios, en general, ha sido si cabe peor. Porque le han dado importancia. Ha sido el único tema, cuasi monotema. Y si le damos pábulo a una payasada, o somos payasos o somos imbéciles, que no es lo mismo de ninguna manera. Eso sí, siempre espectadores; como los que pitaban… dejémoslo correr, que en todas partes cuecen habas, y en según qué lugares, a calderadas. «Fútbol es Fútbol», dijo el «filósofo» Johan Cruyff. Por cierto, ¿ese Villar presidente perpetuo de la FEF no es el que le dio un puñetazo? ¿Y es vasco? Mmmmmmm… Esto no pasaría en ningún país civilizado, por lo del puñetazo, claro, no por lo de vasco, que no se me malinterprete ahora, ni siquiera en algo tan trivial como en una federación de fútbol, o aunque porque no lo sea tanto, sino por lo que pueda dar y da de sí en materia de solazamiento de las masas, y precisamente por esto.

Una vez sugerí públicamente en TVE, como respuesta a la pregunta que me hicieron, que se cerraran las facultades de Pedagogía; no me volvieron a llamar. Nunca más. Y el debate, no es por nada, fue bueno. Dicho lo dicho del fútbol, me temo que la audiencia de este modesto blog disminuirá. En fin...

Hoy en día no es el «con la iglesia hemos topado» -en minúscula «iglesia» porque era una parroquia de pueblo, no la institución-, sino «con el Fútbol hemos topado». Y ahí sí que hay mucha «Institución» -esa sí, mayúscula-.
Por cierto, se me da un ardite que le piten a Felipe VI, a Mas, a Urkullu, a Rajoy o al sursuncorda, como si le pitan los neovigilantes de la playa -ya no está Pamela Anderson, pobrecilla- al bañista díscolo que se adentra con bandera roja mar adentro. Pero ¡por favor! Un poquito de porfavor… Sobre todo, que esta vez los jueces no hagan el ridículo, que se inhiban ya. O acabaremos todos siendo el pito del sereno, si no lo somos ya… Si este país no lo es ya.

diumenge, 31 de maig del 2015

ESA P... MANÍA DE NO DECIR LAS COSAS POR SU NOMBRE



A medida que se van conociendo nuevos detalles sobre las circunstancias del acoso y persecución que llevaron a la infeliz Arancha al suicidio, debería quedar claro que lo que falló no fueron ni los protocolos, ni la actuación de los profesores, ni la del director, ni la de los padres de la infortunada niña. Lo que falló, lo que está fallando, es un sistema educativo buenista, ineficaz y profundamente perverso, entiéndase este último calificativo en su sentido de desviado de los fines que se supone debería perseguir. Hasta que no admitamos que hay ciertos individuos que, mayores o menores de edad, no deberían estar escolarizados con los demás, todo lo que podamos decir serán meros flatus voccis.

El desempeño de ciertas funciones comporta la atribución de los medios necesarios para poderlas llevar a cabo. Cuáles hayan de ser estos medios estará en función de la naturaleza del cometido asignado. Si a uno se le exige ejercer una autoridad sin investirle para ello, estamos haciendo trampa. La realidad de nuestro sistema educativo puede gustarnos o no, pero para ello deberíamos antes admitir dicha realidad, y no maquillarla con manifiestos de buenas intenciones o deseos cuya inadecuación a la realidad es manifiesta. Nos horrorizamos ante hechos como el asesinato del profesor Martínez Oliva o el suicidio de la alumna Arancha porque rompen la idílica imagen de una Arcadia concebida como punto de partida que hemos decretado como real, cuando en realidad, de ser algo, debería ser un punto de llegada teórico que actuara como referente regulativo. Y al no ser así, cualquier anomalía o disfunción, por aciaga que sea, ha de categorizarse entonces necesariamente como una desgracia sobrevenida por algún fallo coyuntural, humano por lo general, y en este sentido, anecdótico; nunca estructural, porque lo que hay que poner a salvo por encima de todo es precisamente el sistema como modelo de referencia.

La «solución» de las autoridades educativas catalanas ante el asesinato del profesor fue la victimización del asesino; la de las autoridades educativas madrileñas parece haber ido en otra dirección, igualmente cínica: culpar al director del instituto y abrirle expediente. Dos soluciones distintas con una misma intencionalidad, distraer nuestra atención y desviarnos del verdadero problema.

Por su parte, la cháchara psicopedagógica y sindical atribuye estos «accidentes» a la escasez de orientadores, pedagogos o psicopedagogos, lo cual, dicho sea de paso, y sin que tenga la menor gracia que se reivindique como solución a quienes forman parte esencial del problema, es como pensar que, de haber más servicios de limpieza, la gente sería menos guarra porque no detectaríamos los papeles que tiran al suelo. En cualquier caso, lo que queda a salvo igualmente es el sistema, cuyas disfunciones nunca serán sistémicas, sino anecdóticas.

La pregunta a hacerse es, sin embargo, de una elementalidad sonrojante; tanto que todo el mundo se la ha hecho. El problema viene cuando no queremos afrontar la respuesta que lleva implícita y recurrimos a los subterfugios ad hoc para salvar nuestros prejuicios ideológicos o para no incurrir en la denostada incorrección política. A ver, si la niña comunicó el acoso y vejaciones a que estaba siendo sometida, si los padres lo habían puesto en conocimiento del instituto meses antes y lo habían denunciado a la policía, si el instituto aplicó los protocolos establecidos al caso y si, finalmente, se sabía quién era el hijo de puta ¿Cómo pudo entonces semejante máncer proseguir con su acoso hasta el punto de acabar provocando el suicidio de su desgraciada víctima? ¿No será porque en un sistema permisivo y garantista para con el transgresor, como el que impera en nuestro sistema educativo y en el cual la víctima se equipara al verdugo, lo cierto es que, normativa en mano, muy probablemente no se pudo hacer nada más que lo que se hizo?

Y hasta puede que se hiciera más de lo que se podía. Parece ser que el alumno acosador, ese inocente joven que ahora afirma que agredía a la chica «…porque todos lo hacían», estaba apartado de las clases y permanecía calentando una silla en el despacho del director o del jefe de estudios para evitar que, al menos durante el horario lectivo, pudiera llevar a cabo sus fechorías. Y es que más que esto, no se puede hacer. ¿Lo sabían ustedes? Pues así es.

La inicua confusión de autoritarismo con autoridad, propia de la ideología educativa de moda, ha despojado a nuestro sistema educativo de cualquier vestigio de capacidad sancionadora para con los transgresores, con la consiguiente indefensión de sus víctimas. Ante esto, lo anecdótico es precisamente atribuir el problema a la eventual escasez de personal o a los errores humanos por acción u omisión; y la categoría, un modelo educativo indigno de tal nombre, mojigato y pérfidamente buenista, que se niega obsesivamente a discriminar entre conductas normales y transgresoras, así como a establecer una gradación entre estas. Nada más nefasto que el empeño en considerar a los niños y a los adolescentes como seres buenos y bondadosos por  naturaleza; y nada más hipócrita que acusar a quien lo niegue de criminalizarlos.

Además, aceptemos que de haber más personal muy probablemente se porían detectar más casos de acoso, o antes, pero es que este no es el caso, hacía meses que se sabía y que se habían aplicado los protocoles, así que ¿Qué se hubiera hecho de más en caso de haber dispuesto de más personal? ¿Ponerle un escolta/orientador las veinticuatro horas del día al acosador? O, ya puestos, ¿por qué no se le puso a la niña un escolta experto en artes marciales que le partiera la cara al matasiete a la que se le aproximara, aunque fuera para pedirle la hora? Luego, claro, cómo no atribuirlo a la falta de personal si ahora, que al parecer lo habrá, y como es de suponer no se produce ningún suicidio más... la relación causa efecto parece obvia. Pero acaso sólo lo parezca y estemos ante una falacia del tipo post hoc ergo propter hoc. Insisto, el caso era conocido y público. Desde este punto de vista al menos, el problema no es que hubiera uno o cien orientadores, sino que el acosador siguiera campando a sus anchas. Ese es el problema y no otro. Lo demás no es sino negarse a decir las cosas por su nombre. O mirar hacia el otro lado.
Pues miren, tómenlo como quieran, y disculpen la sinceridad, pero yo sí sé perfectamente lo que haría de encontrarse en tal trance un hijo mío, y les aseguro que no sería contratarle un psicólogo al matón, ni proponerle una mediación. Bueno, algo mediaría, eso sí. Y verían qué rápido se le pasaban al acosador las ganas de acosar.

LOS SENDEROS DEL ERROR


 
Empiezan a confirmarse los peores presagios:
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

divendres, 29 de maig del 2015

POLÍTICOS DE CHARANGA



Sin que haya transcurrido todavía una semana desde las elecciones del domingo pasado, lo cierto es que el patio parece andar cada día más revuelto, y algunos políticos y políticas, acostumbrados y acostumbradas como están a dar siempre lo mejor de sí, nos están brindando un espectáculo en el mejor estilo del Monty Python's Flying Circus. Si no fuera porque estos gañanes y gañanas nos han llevado hasta dónde estamos, la cosa hasta podría hacer gracia.

Basta que unas elecciones se tuerzan para que el personal se retrate en una foto de familia tan grotesca y  estrafalaria, como reveladora. Ahora resulta que mientras a Rajoy le dicen que se mire al espejo los que hasta hace una semana le llamaban «guapo», desde Castilla y León se pide la cabeza del ministro de industria, la todavía presidenta de Navarra compara –en un auténtico alarde erudito, o eructito, quién sabe- la situación española actual con la de Alemania antes de Hitler, los barberanos falleros contadores de billetes del “caloret” sienten amenazada la «lengua» valenciana ante el pancatalanismo rampante… y, en fin, más sórdidamente, al viajero Monago le canta en twiter la destinataria de sus viajes que a todo puerco le llega su sanmartín (¡qué desagradecida!).  Pero en esta carrera del despropósito, a todos gana, por goleada, la inefable Esperanza, que se está superando a sí misma y que, me temo, aún puede dar mucho más de sí.

Conste que uno entiende la desazón causante de tales exabruptos desde el «¿Qué hay de lo mío?» de toda la vida, en un contexto en el cual las expectativas de reparto del pastel son, ante su mengua, francamente desalentadoras. Y es humano que el despecho se envuelva, así ha sido desde siempre, en la más facinerosa de las hipocresías: ahora no podrán ejercer la vocación de servicio que les había llevado hasta los lucrativos cargos que ahora pierden. Y lo peor de todo: la recolocación se antoja asaz incierta: les han llegado también los recortes. Y para los educados en la escuela filosófica zaplanista y su máxima «Estoy en política para forrarme», hay que reconocer que es duro, muy duro.

A decir verdad, de entre todos los exabruptos a que hemos asistido estos días, el que más le sorprendió a uno fue el procedente de los jerifaltes del PP en Castilla y León, por su intrigante singularidad. Resulta que no se pide la dimisión de Rajoy, ni la refundación del PP… ni siquiera se apela a la amenaza de los soviets podemitas que tenemos en ciernes. No, nada de esto. Se reclama, por el contrario, la dimisión del ministro de industria, el canario Soria. ¿Y por qué precisamente la del ministro de industria, se pregunta uno? ¿Qué tendrá que ver el tocino con la velocidad? Porque, la verdad, en un país donde se han aplicado inexorablemente recortes a la vez que lucrativas privatizaciones que empobrecían a los recortados y enriquecían a los privatizadores, atribuir la falta de subvenciones a la minería para justificar el retroceso electoral se antoja, como mínimo, ridículo.

Son verdaderamente pocos los que han sabido encajar el fracaso con dignidad, y ciertamente no figura entre ellos ni ellas la señora Aguirre Gil de Biedma, cuyas actitudes y piruetas declarativas parecen más propias de un escapista megalómano y resentido, que del personaje que ella misma se había fabricado. Uno, sin simpatizar en absoluto con ella, la tenía por más inteligente; ahora ni eso.

Tras una campaña arrogante y autocomplaciente, que ella misma decidió por su cuenta y riesgo, ha topado con una realidad que la ha traspuesto, sumiendo su orgullo aristocrático en resentimiento de esclavo mal perdedor. Toda una paradoja, que la aleja del sobrenombre “la cólera de Dios”, que a veces se le había atribuido en este blog, asimilándolo al homónimo personaje de Ramón J. Sender, el atrabiliario Don Lope de Aguirre, y que la acerca más bien a la «rabieta de una niña caprichosa», como oportunamente le ha espetado Manuela Carmena. Por cierto, que alguien como Esperanza Aguirre considere un peligro para la democracia occidental a Manuela Carmena, que se libró por los pelos de la matanza de Atocha, y de cuyo bufete era fundadora, da una idea bastante cabal sobre cuál debe ser la suya sobre la democracia que tanto ve peligrar: la que le transmitiría su abuelo, procurador en cortes por el tercio sindical, durante siete legislaturas, como empresario del sindicato nacional de combustible. Mafia pura y dura. Pero volvamos al reality show esperpéntico que ha protagonizado recientemente nuestra hoy estrella invitada.

La primera ocurrencia de Aguirre fue insinuar un nuevo tamayazo, arte en el que es una experta y que, como es sabido, consiste en sobornar a un par de políticos de la bancada rival, para que no voten a su cabeza de lista y así salgas elegido tú. Eso sí, hay que decir, en honor a la verdad, que Esperanza  sólo fue en esto una destacada discípula del insigne Zaplana, auténtico pionero en sobornos a la oposición, que practicó con prodigalidad él mismo para llegar a ser alcalde de Benidorm, cargo con el que se estrenó en su fulgurante carrera política. Es pues una injusticia histórica que quien se haya llevado la fama del tamayazo haya sido Aguirre, incluso dándole el nombre del objeto de su gesta, eclipsando a un Zaplana sin cuyo magisterio acaso nada hubiera sido como luego fue.
No sabemos quién podría ser esta vez el Tamayo de turno, ni cuál el precio. Lo que sí sabemos es que le propuso un pacto al tertuliano Carmona, también profesor universitario y alcaldable del PSOE, al que hasta entonces había ninguneado insolentemente, ofreciéndole incluso la alcaldía de Madrid; todo por el poder o, perdón, todo por detener a PODEMOS, objeto de las iras de Aguirre durante toda la campaña, para desesperación del pobre Carmona. Un regalo envenenado, el de la alcaldía con los votos del PP, al cual no sabemos si el tertuliano hubiera podido ser sensible, pero no lo fueron el profesor ni el partido. Ignoramos las distintas fases que se darían a lo largo de las sucesivas tentativas, pero conociendo la catadura de la interfecta, son relativamente fáciles de suponer; en cualquier caso, Carmona, o el PSOE, o Carmona y el PSOE, rien du tout.

Pero Esperanza, como bien indica su nombre, no es de las que desfallezcan por un par de fiascos. Y siguió porfiando. Al día siguiente, su propuesta fue la de un gobierno municipal de concentración, así, entre todos, y que si ella no podía ser la alcaldesa, pues que lo fuera Carmona, ahora calificado como el "profesor" Carmona, o la alcaldable de C’s «Sonrisas» Villacís. Eso sí, las condiciones las ponía ella, y las apuntó de inmediato. Para que se integraran la señora Carmena y su grupo en este gobierno de concentración, que no está de más recordar que eran el enemigo a combatir el día antes, calificándolos de auténtico peligro para la democracia occidental, para que se integraran, reitero, AHORA MADRID tenía que renunciar a su programa, porque Esperanza no está dispuesta a que se constituyan soviets en los distritos madrileños. La reacción de los medios, incluso la de los más cavernosos e incondicionales a su persona, fue de la estupefacción a la carcajada burlesca ante tal astracanada. Ahora dice que no se la entendió. Pues va a ser que sí.
Alguien tan lenguaraz como ella debería saber que uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras. Todavía recuerdo aquella conversación peripatética grabada a micrófono oculto, en sus tiempos gloriosos de presidenta gracias al tamayazo, en la cual se dirigía a su máximo colaborador –hoy en la cárcel por chorizo- refiriéndose a un tercero, también del partido, claro: «Bueno, ¿y qué hacemos con este gilipollas?». Más de uno debe estar pensando ahora lo mismo de ella...

dimecres, 27 de maig del 2015

«PODEMOS» Y EL LABERINTO CATALÁN




 

No deja de tener su aquello lo de Teresa Forcades, la monja médico con veleidades esotéricas que ahora se postula para ser la candidata a la presidencia de la Generalitat de Cataluña. Sí, tal cual, al frente de una coalición que incorporaría a las mismas formaciones que la Candidatura Barcelona en Comú, que ha ganado las municipales en la capital con Ada Colau al frente, a la cual deberían añadirse ERC y las CUP.  Es decir, fuera de CDC, todo el independentismo, más PODEMOS. Y para que no se peleen entre ellos, ya está ella para encabezar la lista.

Más allá de tan pintoresca y peregrina propuesta, lo cierto es que la maniobra envolvente sobre PODEMOS, con la finalidad de asimilar a dicha formación o, en caso contrario, de satanizarla, ya está en marcha. Mientras unos califican a esta formación de lerrouxista, otros le proponen integrarse en candidaturas independentistas. De ello se infiere que, desde la óptica nacionalista, la cosa está muy clara. Si PODEMOS se integra con ICV-EUiA (los despojos del antiguo PSUC), ERC y las CUP, se les releva de la acusación de lerrouxistas, puesto que su integración en esta candidatura demostraría su buena disposición. Exactamente por las mismas razones, si se niega, sería la prueba concluyente de su auténtica naturaleza lerrouxista y profundamente anticatalana. Al menos, esta parece ser la maniobra mediante la cual el independentismo intentará asimilar o demonizar a tan molesto competidor.

Lo dije y lo reitero, una cosa es estar a favor de la legalización de las drogas, y otra muy distinta hacer uso de ellas o incentivar su consumo. No por estar a favor de la celebración de una consulta sobre la independencia de Cataluña debería inferirse que el voto habría de ser necesariamente afirmativo. Tal vez sea un matiz excesivamente complejo para los partidarios de disyuntivas maximalistas como las que hoy están tan al uso, pero uno sigue pensando que este era precisamente el planteamiento de PODEMOS: sí al referéndum, no a la independencia. Para lo primero, ganar las elecciones e iniciar un proceso constituyente que desembocara en la posibilidad de convocatoria legal del plebiscito. En lo referente a lo segundo, la propuesta de estructuración territorial del Estado según un modelo federal, y por ello el voto contrario a la independencia; porque su proyecto es otro. Al menos, esto es lo que hasta ahora había creído entender.
Excluyendo otros aspectos de su propuesta política, y visto desde la perspectiva de su posición en relación al independentismo, uno más bien piensa que el mayor error que podría cometer PODEMOS en Cataluña sería precisamente renunciar a concurrir a las próximas elecciones con su propia marca. Y da igual que sean las elecciones catalanas del próximo septiembre, que sólo tendrán lugar si se considera que la cosa está controlada, o las generales españolas previstas en principio para noviembre. Si titubean, les van a chupar la sangre.



dimarts, 26 de maig del 2015

PODEMOS CATALUÑA: ¿LAS AMISTADES PELIGROSAS? (II de II)




Porque, vamos a ver. Hasta ahora uno había entendido el discurso territorial de «PODEMOS», más o menos de la siguiente manera. Se considera a España como una «nación de naciones», es decir, como una unidad articulada compuesta por pueblos con diferencias culturales más o menos significativas como resultado de las singularidades y avatares acaecidos a lo largo de la historia. Bien, de acuerdo, si entendemos «nación» en un sentido histórico-cultural, preilustrado y no político. Y así parece que se entendía, porque a continuación, la «nación política», ahora sí en un sentido moderno, la que constituye un Estado, es España. A partir de ahí, lo lógico es que dadas sus características, el modelo de organización territorial más adecuado para este Estado, para esta «nación política» constituida por una «nación de naciones», sea el de un estado federal. Esta era más o menos la propuesta de «PODEMOS» hasta donde yo la he podido entender. Luego, si lo de federal puede ser más confederalizante o más restrictivo, ya sería otro tema...

Pero hay un problema. Sigo tal como yo entendí la propuesta podemista. Debido a los derroteros políticos por los que ha transcurrido este país, lo cierto es que hay en algunos territorios, y por parte de una porción significativa de su población, una aspiración a segregarse y constituir un estado propio, como consecuencia, dicho muy sucintamente, de las luchas por cuotas de poder entre burguesías locales, periféricas y centrales, que aúpan estos movimientos y les dan pábulo, también a partir de la percepción de estos sectores de población que se han sentido marginados y ninguneados en su identidad, bajo el modelo de un estado fuertemente centralizado bajo la égida castellana, que se la negó durante los últimos siglos. Admitamos que fue así, bien.

El resultado ha sido una suerte de identitarismo político instrumentalizado por la derecha, central o periférica, según el caso. Pero estamos de acuerdo en que el nacionalismo es de derechas; con todos los respetos, pero de derechas. Digamos a las cosas por su nombre. Y «PODEMOS» se reivindica precisamente como de izquierda y contrario a los identitarismos, en sintonía con el universalismo humanista de raíz ilustrada que se le supone. Ello, por supuesto, sin soslayar las diferencias. Lo fundamental no es si a uno le atienden en urgencias hospitalarias en catalán o en castellano, esto es en todo caso un tema secundario; lo importante es que le atiendan bien. Igualmente, de lo que se trata es de que los alumnos aprendan matemáticas; en qué lengua se les imparta, guste o no, es también una cuestión secundaria; tal vez no irrelevante, pero secundaria, y que con unos mínimos de recíproca disposición es fácilmente superable. Lo primero, lo de urgencias, es cita expresa de Pablo Iglesias; lo de aprender matemáticas lo he añadido yo.

Prosigamos. Con estos mimbres, de lo que se trata es de construir un cesto de la concordia bajo un proyecto común que incorpore todas las particularidades y su reconocimiento. De ahí la propuesta federal en la que todo el mundo se podría sentir cómodo y reconocido. Pero precisamente por esto, si un sector de estas poblaciones sigue reclamando su «derecho» a independizarse, y en aras a que nadie esté contra su voluntad en un proyecto común, pero respetando el juego democrático de mayorías y minorías, se habla de un proceso constituyente al final del cual una nueva Constitución, o la misma reformada, reconocería este derecho mediante el ejercicio de una consulta plebiscitaria con todas las garantías democráticas de rigor.

Insisto, así es como, más o menos, uno ha entendido, por un lado, las propuestas de «PODEMOS» en relación a la estructura territorial propuesta para España, que por cierto, comparto a grandes trazos, y por el otro, su posición con respecto a qué salida darles a los movimientos independentistas en aquellos territorios donde hayan llegado a niveles significativos; que también comparto, igualmente a grandes trazos. Pues bien, resulta que de lo visto en Cataluña en esta campaña municipal, o yo no he entendido nada sobre sus propuestas, o no lo han entendido la mayoría de sus candidatos, o se han metido en un berenjenal del que les será difícil salir y que compromete sus resultados en las autonómicas de septiembre –que sólo se celebrarán si se les ha neutralizado- o, finalmente, es que están infiltrados hasta la médula por el entrismo.

Puedo asumir cualquiera de las cuatro posibilidades, pero personalmente me quedo con la última, que responde al proyecto nacionalista de subsumir en las CUP a un «PODEMOS» subsidiarizado, antes de que alcancen una implantación en Cataluña que sería fatal para el proyecto independentista.

Porque una cosa es reconocer que, por cualesquiera atávicas o recientes razones, hay un problema y ha de dársele una salida. Y hay independentismo en Cataluña, suficientemente significativo y arraigado, aunque no sea mayoritario, pero sí hegemónico todavía hoy por hoy, como para tomarse el problema en serio. Y esa salida es que la nueva constitución prevea algún tipo de consulta con todas las garantías democráticas y de ponderación. Y otra muy distinta es que «mi» modelo no pase por aquí, sino por otra forma de estructuración del estado, sea federal, confederal o la que fuere…

Dicho en otras palabras, «mis» coincidencias con el independentismo empiezan y acaban en el reconocimiento de garantías constitucionales que prevean un referéndum en que la población decida libremente si quiere largarse o no de España. Un referéndum que, en mi opinión, hablo ahora a título personal, ignoro la posición de «PODEMOS» sobre este respecto, debería requerir un mínimo de participación de los dos tercios del electorado, y un voto afirmativo de tres quintos, o cuatro séptimos, de los votantes.  Pero ni «yo» -vuelvo impersonalmente a «PODEMOS»- promoveré este referéndum, eso sería cosa del independentismo, ni, por supuesto, iba a votar «sí» a la independencia en ningún caso. Porque «yo» ya tengo mi modelo, y no coincide con el suyo. Estar a favor de despenalización del consumo de drogas no implica consumirlas, ni incentivar su uso.

Paradójicamente, y para perplejidad de muchos, el discurso territorial de «PODEMOS» que proviene de Madrid es el que tendría más aceptación en Cataluña, entre un amplísimo sector no-nacionalista harto de las milongas de la (supuesta) izquierda «nacional», pero sin voz articulada. Y con independencia de sus propuestas en otros órdenes, es lo que más coadyuvaría por aquí a los resultados que arrojaban las encuestas de hace sólo unos meses. Pero su discurso en Cataluña, al menos el de los visibles bajos perfiles de sus dirigentes, es curiosamente otro que va por derroteros opuestos, al menos por ahora. Y lleva a la subsidiarización y al más de lo mismo.  
Ya veremos qué pasa a medida que se acerquen las autonómicas y las generales. Si «PODEMOS» recupera su discurso territorial originario, sin complejos, ya les aseguro que no habrá autonómicas y saltaríamos directamente a las generales.

dilluns, 25 de maig del 2015

DESVARÍOS POST-ELECCIONES



1)    Para bien o para mal, las grandes ciudades marcan la tendencia. Madrid y Barcelona, básicamente, con Colau y Carmena como estrellas triunfadoras, pero también Valencia, y no tanto Sevilla. En las municipales era de esperar un mayor mantenimiento de los partidos clásicos, y ha sido así, pero no exactamente. Si a ello le añadimos la entrada de PODEMOS en los parlamentos autonómicos, sus expectativas para las generales son aún mayores de lo esperado… si consiguen no meter la pata mientras tanto, allí donde tengan responsabilidades de gobierno.

 
2)   El PSOE sólo consigue rentabilizar parcialmente el hundimiento del PP, la magnitud de cuyo desastre es total, ya que además de perder la mayoría absoluta en la mayor parte de sus feudos tradicionales, no podrá configurarla tampoco con C’s, excepto, acaso, en la Comunidad de Madrid.
 

3)   En Cataluña, el soberanismo sufre un correctivo, sobre todo, también, en las capitales. El naufragio de CIU en Barcelona, pero también, y peor, en Tarragona, amenaza con ser premonitorio. ERC, por su parte, no consigue incorporar el voto fugado del pujolismo; los vasos comunicantes del nacionalismo parecen estar algo atascados. A su vez, el PSC se salva en sus caladeros del cinturón, pero se hunde sin remedio en la capital. Y sólo eran municipales. No parece que vaya a haber elecciones catalanas anticipadas en septiembre, a la vista de estos resultados.

 
4)   Tampoco sirve decir que CIU+ERC+CUP, el bloque soberanista, ha obtenido más votos que en las municipales de hace cuatro años. Visto en perspectiva, más bien parece que haya tocado techo y que esté a la baja. Por otro lado, lo urbano y lo rural parecen ir por caminos distintos. Habrá que ver si aquí también la gran ciudad marca tendencia.

 
5)   Carmena lo tiene en Madrid más fácil que Colau en Barcelona. Mientras a una le basta con el apoyo del PSOE, la otra lo tendrá bastante más crudo para articular una mayoría.

 
6)   El bipartidismo parece tener los días contados. Al menos hasta las próximas generales.

 
7)   Como siempre después de unas elecciones, parece que todo el mundo haya ganado, a juzgar por sus declaraciones. Con la excepción de la UPyD de Rosa Díez.



 



diumenge, 24 de maig del 2015

OTRO CASO AISLADO...



Sin duda será un nuevo caso aislado sobre el que se intentará poner tierra de por medio. Una adolescente discapacitada, víctima de acoso por parte de un alumno del mismo instituto de Madrid en que estudiaba, decidió poner fin a su vida arrojándose de un sexto piso, con resultado de muerte, incapaz de seguir sufriendo el infierno al que estaba siendo sometida. Parece ser, ello no obstante, que por esa vez podemos estar tranquilos, ya que los protocolos al caso se habían activado debidamente, lo cual, dicho sea de paso, es altamente ilustrativo sobre su eficacia; desde el instituto se habían puesto en contacto con la familia del acosador, hemos de suponer que para iniciar los procedimientos de mediación que deberían convencer al acosador de su actitud poco correcta hacia la compañera que había elegido como víctima de sus frustraciones e incomprensiones. Ya no hará falta.

Supongo que los «amigos» de CGT me acusarán de nuevo de estar criminalizando al alumno acosador, y que atribuirán sus acosos al sistema socioeconómico tan profundamente injusto que nos toca vivir. Los equipos psicopedagógicos, por su parte, es muy posible que, profundizando con su habitual maestría en los repliegues psíquicos del «niño», den con una frustración motivada por la incomprensión, ante la cual sus actitudes acosadoras no serían sino una reacción inducida cuya finalidad no era otra que la de llamar la atención en busca del reconocimiento que todos nos merecemos.

Claro que también cabría pensar, siendo de natural malpensados como somos, que si se habían iniciado los protocolos, se había contactado con la familia del alumno acosador, y hasta los padres de la infortunada joven habían denunciado el caso a la policía desde hacía un mes, y al instituto reiteradas veces desde hacía dos, todo lo que se hizo al respecto no sirvió para nada. Hasta es muy posible que la denuncia, y con ella la publicitación del caso, tuviera como efecto un incremento en la intensidad del acoso, aumentando el tormento vital de la víctima. Se despidió de sus amigos por whatsapp, anunciándoles que estaba cansada de vivir.

No es difícil suponer la horrible sensación de indefensión que la pobre niña debió sentir ante la impunidad con que debió actuar el acosador incluso después de haber puesto los hechos en conocimiento del instituto y de la policía. También se dirá ahora que no había suficientes orientadores en el instituto, y tampoco parece nada claro que se hubiera advertido a inspección del caso. A uno, la verdad, no se le ocurre en qué hubiera cambiado nada de haber habido más orientadores ¿Más mediación, quizás, mientras la niña tenía que trabajar para poder pagarle al tuno el dinero que le reclamaba? Era un caso público y notorio… Y nadie hizo nada. Nada que realmente evitara que un hijo de puta siguiera torturando a una infeliz niña delante de todo el mundo.

No queda bien, lo sé, pero quiero manifestar que no siento la menor lástima por el acosador, y que no le deseo precisamente lo mejor para su futuro. Un acosador que, como todos los acosadores, el buenismo hipócrita que prevalece en nuestro sistema educativo sitúa también como «víctimas», pero sin que ninguno de ellos vuelva nunca a su casa con la cara partida por haberse equivocado en la elección de la víctima y haber intentado acosar a otro más fuerte o con más mala leche que él.
Descanse en paz, la pobre víctima. Ya no volverán a molestarla.