divendres, 4 de gener del 2013

ANNUS IRAE HOMS DIXIT


El Jorge la clavava l'altre dia a l'última «Crònica» del 2012. Efectivament, el missatge d'Homs no era, ni en aquest sentit ni en cap altra, gens ambigu. I és clar, els matissos brillen per la seva absència en els darrers missatges provinents de Camelot. Més que no veritats, els que se'ns està transmetent són axiomes. És a dir, veritats tan evidents en si mateixes (per a la parròquia) que no "precisen" demostració. Ja se sap, les demostracions són feixugues i la personal tampoc està per matissos. No ha estat educat per estar-hi. Així doncs, a partir d'ara, tota la culpa, absolutament tota la culpa dels retalls que hi hagi i, cal afegir, de qualsevol altre contratemps que posi el govern artúric en algun destret, és de Madrid.

Una maniobra en tres fases -l´última, indesitjada- amb un objectiu final que tal vegada s'empassi bona part de la societat catalana. En una primera fase, el govern de la Generalitat es desresponsabilitza dels mals que pugui causar; en una segona fase, responsabilitza en exclusiva «Madrid». En la tercera fase, un error forçat atesa la naturalesa del procés, el govern de la Generalitat s'irresponsabilitza. Es declara explícitament no responsable, però implícitament irresponsable. És a dir, no solament eludeix responsabilitats que, segons sembla ara, no són cosa seva, sinó que també s'està inhibint del que pugui passar a d'altres àmbits que sí que són, o eren, cosa seva. Altrament dit, tot allò que no sigui l'organització del referèndum per la independència, no és cosa d'aquest govern. Doncs estem ben posats amb aquest govern de desresponsabilitzats responsabilitzadors irresponsables.

Així doncs que, per si de cas no ho sabíem, ara ja ho sabem: el cas «Palau», el «Pretoria», els «ITV», la privatització amb lucre de la sanitat pública catalana, l'agència catalana del medi ambient, el famos 3% o la privatització de la Companyia d'Aigües del Ter i del Llobregat -que encara no està clar si és només corurpció o hi ha també incompetència- i tantes altres corrupteles com hi ha hagut... són cosa de «Madrid». Acabaran amb la síndrome de Jeannette: són corruptes perquè Madrid els ha fet així! Fins i tot hem de començar a considerar la hipòtesi que el projetil que li va fer perdre un ull a una pobra senyora el dia de la vaga general, fos disparat per un guàrdia civil camuflat!

Sembla que ja ha conclòs el procés de construcció de l'enemic extern,  un invasor que «ens roba». La culpa és tota seva. Però en aquest fase de l'estratègia de la tensió hi ha encara una cosa que hi falta i que, sens dubte, no trigara a aparèixer, un nou conill tret de la xistera: la caça del desafecte. L'enemic intern. No pot trigar. Algú més ha de tenir la culpa, no n'hi ha prou només amb els «espanyols». Per a on començáran?

Ens espera un  Annus irae.

dimecres, 2 de gener del 2013

PHANTASMATA HISPANIARUM (VII) La chapuza nacional



La construcción del discurso nacionalista español se fundamenta en la idea según la cual las naciones europeas actuales tienen sus origen en las monarquías germánicas que siguen a la caída del Imperio Romano. Una idea en mi criterio peregrina que puede, como mucho, servir para Francia, pero para nadie más.

Situar el momento fundacional español en la(s) monarquía(s) visigoda(s), por analogía con los reinos francos que darán lugar a Francia, es un error que proviene en gran medida del Romanticismo. Una constructo del siglo XIX que aplicado al caso español presenta clamorosos desajustes. Unos desajustes que, simplemente negados, o sobrellevados con obstinación contumaz, generarán un victimismo y un espíritu de resentimiento  que propiciará, a su vez, el surgimiento de los nacionalismos periféricos vasco y catalán del siglo XX, con idénticas taras, por cierto, a las del españolismo que pretenden desbancar.

Ciertamente, los tópicos propios del nacionalismo español que aquí destacaremos no son de ninguna manera  idiosincráticos en exclusiva. Todo lo contrario, se trata de elementos inherentes a todo nacionalismo. Estupideces análogas a considerar al anónimo pintor de Altamira como el primer español en la noche de los tiempos no son tampoco tan raras en otros nacionalismos. Como no lo es la necesidad de construcción de enemigos externos e internos. Ni que en ocasiones esto se haya llevado hasta al paroxismo. Pero el defecto de fabricación ideológico originario ha producido efectos contrarios a los que se supone que en principio se perseguían. Y eso sí que es una particularidad. Como lo es también la sensación de encontrarnos ante una chapuza intelectual sólo superada en su ramplonería por los nacionalismos que se le presentan como alternativos.Y eso sí que es idiosincrático. Se puede reconocer la marca de la casa a cien años luz: la chapuza de siempre.

En Francia sí se puede establecer una cierta continuidad histórica, geográfica y cultural, que transcurriría desde los primeros reyezuelos merovingios hasta la III República. Ello aun a pesar de las truculencias y agujeros negros inevitables al caso si tenemos en cuenta que estamos hablando de un periodo de mil quinientos años. Pero en España no se puede, en cambio, establecer continuidad alguna a partir de unos reinos visigodos que apenas duraron doscientos años y cuyo legado, desde cualquier punto de vista y se mire como se mire, es prácticamente inexistente. Empezando por el de la continuidad.

Se puede contraargumentar, sin duda, que los coetáneos merovingios de “nuestros” visigodos tampoco dejaron nada especialmente significativo. Y es cierto. Pero tampoco lo es menos que los merovingios tuvieron su solución de continuidad en  los carolingios, éstos en los capetos y así sucesivamente hasta la Revolución Francesa. En cambio, el reino visigodo no sólo es que no dejara nada, sino que su trayectoria se truncó.

Del embrionario germen de unidad política que pudieron representar los merovingios en relación a lo que luego fue Francia –con independencia de en qué momento podamos empezar a hablar de Francia como tal- podemos seguir un rastro que, al menos desde una perspectiva nacionalista, es susceptible de ser interpretado como una tendencia o un núcleo originario de unidad política que acabará resolviéndose en lo que más tarde será Francia. Desde una óptica no nacionalista también se puede seguir el mismo rastro, si bien bajo otros criterios. En el caso de los visigodos, no.

Los orígenes de España, de encontrarse en algún lugar, sería forzosamente en el desarrollo de los reinos peninsulares cristianos, fundamentalmente ya durante el bajo mediovevo. Nunca en los visigodos.

Pero eso lo veremos más adelante. Ahora nos detendremos en un ejemplo de perseverancia en el error y en los penosos ejercicios de funambulismo intelectual a que tal contumacia obliga, por ejemplo, en el caso de Ortega y Gasset. Ni más ni menos.

diumenge, 30 de desembre del 2012

PHANTASMATA HISPANIARUM (VI) En todas partes cuecen habas


Lo del Álamo y David Crocket tiene ciertamente su cosa. Ya en las últimas décadas del siglo XVIII, la corona española había favorecido la inmigración de colonos anglosajones en Texas. Cultural y comercialmente mucho más ligados a los EEUU que a los inciertos y truculentos gobiernos mexicanos recién independizados de la metrópoli, lo cierto es que en la década de 1830, la dependencia mexicana de Texas era más testimonial que otra cosa. La consolidación en el poder del dictador López de Santa Ana y sus torpes y brutales intentos de someter a dicha provincia, tuvieron como respuesta inmediata la sublevación de todo Texas, encabezada por los anglosajones Austin y Houston, pero secundados también por buena parte de la población mestiza. Santana se endeudó hasta las trancas para formar un ejército muy por encima de sus posibilidades –así como de sus capacidades militares- y acometer el sometimiento de la provincia rebelde. En este contexto se inscriben los hechos del Álamo en 1836.

El Álamo era una vieja misión en ruinas situada en San Antonio, zona de paso obligada para el ejército mexicano en su marcha hacia el noreste en persecución del incipiente ejército texano de Sam Houston, el cual a su vez iba a armarse con material “generosamente” donado por los norteamericanos. Y en esta vieja misión del Álamo es donde unos doscientos hombres resistieron durante trece días las embestidas del ejército de Santana, hasta caer todos ellos aniquilados y dando lugar a una leyenda heroica cuyo paralelismo con las Termópilas es más que evidente. En ambos casos se trataría de un sacrificio consciente en aras a ganar el tiempo necesario que el propio bando necesita para organizarse.

El héroe del Álamo que ha pasado a la historia es David Crocket, pero en realidad había allí tres grupos de procedencias distintas y, en ocasiones, de difícil convivencia entre ellos. Por un lado estaba el coronel William B. Travis con sus milicias de Texas. Estaba también Jim Bowie, un terrateniente ganadero anglosajón, de más que dudosa reputación, que estaba haciendo la guerra por su cuenta y en cuya partida de voluntarios había, literalmente, de todo –desde esclavos hasta salteadores de caminos-. Finalmente, al frente de un grupo de voluntarios procedentes de Tennesse, se encontraba David Crocket.

De David Crocket se podría decir que era el prototipo del hombre de la frontera y que su muerte en el Álamo lo catapultó a la categoría de héroe y mito nacional. Luchó seguramente bajo las órdenes de Andrew Jackson contra los ingleses en 1815. Posteriormente, participó en las guerras indias que expulsaron a los pieles rojas más allá de los Apalaches y, alternativamente, ejerció de trampero. Pasó luego a dedicarse a la política y llegó llegó a ser congresista. La posterior hagiografía lo ha presentado como el honesto hombre de acción que se desencanta ante la taimada clase política que, justo en el momento que acaba de perder las elecciones y su condición de congresista, y enterado de la sublevación de los texanos, les espetó a sus todavía colegas del congreso: “Señores, no sé qué van a hacer ustedes; por mí pueden irse al diablo. Yo me voy a Texas”. Tenía 50 años.

En realida, lo que subyace a la supuesta epopeya del Álamo y la consiguiente indpendencia de Texas, es que los EEUU les habían echado el ojo a los inmensos territorios del oeste mexicano. Y lo de la independencia de Texas fue sólo la primera parte. Una década después se llevó a cabo la segunda. La anexión de Texas a los EEUU y una segunda guerra con México en la cual se le arrebató a este país más de la mitad de su territorio. A saber, lo que hoy constituyen los estados de –además de la propia Texas- Arizona, Nuevo México y California. Y ello sin contar territorios sobre los cuales la Corona española había tenido una soberanía sólo testimonial, que ahora los EEUU convertirían en efectiva, como Oregón o Nevada. En total,  unos tres millones de kilómetros cuadrados.

Los EEUU iniciaban así la realización de su “destino manifiesto”. Para ello había hecho falta inventarse un país, independizarlo, anexionarlo al cabo de doce años y arrebatarle a su antiguo propietario la mitad de sus territorios sin más apelación que el simple derecho al uso de la fuerza. Y claro, también inventar un mito y un héroe. El mito fue el Álamo, y el héroe David Crocket. Las Termópilas y el Leónidas americanos. Pero lo cierto es que Crocket y el Álamo no resisten la comparación con Leónidas y las Termópilas. Más bien fue, por parte de los norteamericanos, lo que antes de la corrección política se llamaba “una merienda de negros”.
Por cierto, hace unos años apareció la tesis doctoral de un universitario norteamericano, según la cual la muerte de David Crocket distaría mucho de la heroica autoinmolación de John Wayne haciendo volar el polvorín con él dentro para evitar que se la queden los mexicanos. Mucho más prosaicamente, Crocket se habría rendido y habría apelado a su condición de ciudadano de los Estados Unidos y exmiembro del Congreso para librarse del fusilamiento. De ser así, lo cual ignoro y sobre lo cual no opino, resultaría encima que Santa Ana habría facilitado la forja del mito al fusilarlo.
 
Bueno, y ahora que ha hemos visto algunas pajitas en ojos ajenos, a ver si somos capaces de ver las bigas en propio.

dijous, 27 de desembre del 2012

PHANTASMATA HISPANIARUM (V) En todas partes cuecen habas


Proseguimos con la fagocitación de mitos fundacionales (por ahora) foráneos. Hoy le toca al rey Arturo. Que hoy en día se considere una simple leyenda no implica que siempre se haya considerado como tal. La invención del rey Arturo fue en su momento una operación con fines propagandísticos urdida por Enrique II Plantagenet. Que luego entrara de pleno en el terreno literario de la mano de Chrétien de Troyes no quita que, de entrada, la finalidad con que se ideara fuera otra: la legitimación de la monarquía normanda en Inglaterra.

Enrique II le encargó a un clérigo, Geoffrey of Monmouth (1100-1155 aprox.) una Historia Regum Britanniae cuya finalidad real era legitimar su propio derecho y el de su dinastía, los Plantagenet, a la corona inglesa, algo en entredicho dado que procedía de la dinastía normanda, que había ocupado Inglaterra por la fuerza apenas un siglo antes, de la mano de Guillermo el Conquistador.

El objetivo fundamental era deslegitimar a aquellos a quienes los normandos habían destronado, los reyes sajones, y presentar a su vez una cronología de monarcas ingleses “legítimos” que habían sido en su momento desplazados por los invasores sajones cuatro siglos antes, durante los dark ages. Los tiempos obscuros correspondientes a la Alta Edad Media que habrían transcurrido entre el abandono de Britania por los romanos y la llegada de los normandos.

Pero Monmouth empieza mucho antes, desde la llegada de una tal Brutus, descendiente ni más ni menos que del héroe troyano Eneas –del cual procedería el nombre de Britannia- hasta el siglo VII, con la muerte de Cadwallader, último rey «legítimo». Entremedio, aparecen monarcas como el rey Lear, al que inmortalizará Shakespeare y, por supuesto, el rey Arturo.

Este «rey Arturo» habría unificado la Gran Bretaña –o Inglaterra- a finales del siglo V o principios del VI. Desde allí se habría lanzado a la conquista de la Galia. Pero la conspiración de su hermano Mordred le obligó a regresar a Inglaterra. Murió, o desapareció, en la batalla de Camlann.

Por un lado, Arturo habría muerto en esta batalla, y el «providencial» hallazgo de su tumba en la abadía de Glastonbury –una pieza más del montaje orquestado por Enrique II- así lo indicaría. Pero también habría sido trasladado por su hermana Morgana a la tierra de Avalon, desde donde un día volvería para reinar de nuevo en Inglaterra. Y a tal efecto se estableció un protocolo mediante el cual los reyes de Inglaterra, al ser coronados, proclamaban que si regresaba Arturo, deberían de cederle la corona. Incluso el futuro Felipe II de España, al devenir regente de Inglaterra por su matrimonio con María Tudor, tuvo que jurar dicho protocolo. Huelga decir que si Felipe II tuvo que hacer las maletas un par de años después, no fue debido a nada relacionado con el rey Arturo.

Más allá de la invención y falsificación histórica con finalidades de propaganda política, y de su posterior entrada en el terreno literario, la figura de Arturo se inscribe en el contexto de las luchas entre los anglorromanos y los invasores sajones que, ciertamente, tuvieron lugar en aquella época y que se resolvieron en los reinos sajones que destruyó Guillermo el Conquistador al invadir Inglaterra. Hay algunos textos galeses anteriores a la obra de Monmouth que se refieren a Arturo. Igualmente, de haber existido realmente algún personaje cuyas gestas inspiraran la «historia» y la leyenda posteriores, debió ser sin duda algún caudillo britano que luchó contra los invasores sajones. El resto fue, si duda alguna, pura invención. Baste decir que el historiador inglés altomedieval por excelencia, Beda (s VII), ni siquera lo cita. Otras fuentes (Gildas) hablan de un personaje llamado Ambrosius Aurelianus, cuya intervención habría sido decisiva en la batalla de Monte Badon. Dicho Ambrosius Aurelianus ha sido considerado por algunos historiadores como el personaje que podría haber inspirado la posterior construcción del rey Arturo.

En definitiva, todo fue un montaje propagandístico destinado a legitimar a una dinastía que acababa de desplazar a los sajones, los cuales al haber sido los que habían destruido el orden anterior, permitían que la dinastía de los Plantagenet se presentara como la restauradora de la legitimidad anglorromana anterior a los años obscuros. Una «legitimidad» de la cual surgiría Inglaterra. Una Inglaterra fundada, ni más ni menos, que por el hijo de un tataranieto del troyano Eneas. Casi nada.

dilluns, 24 de desembre del 2012

PHANTASMATA HISPANIARUM (IV) En todas partes cuecen habas


 
No sale mucho mejor parado que Roldán el germano Arminio, vencedor de los romanos en los bosques de Teutoburgo. Su encumbramiento ideológico como encarnación del Volksgeist alemán corrió a cargo del II Reich de Bismark. Dejaré de lado los mitos del III Reich porque sólo con echarles un vistazo se evidencia que nos las estábamos habiendo con un grupo de tarados. No... Mejor Bismarck, que era más listo.

Después de la unificación alemana bajo la égida prusiana en 1870, había que ideologizar, y uno de los aspectos de la ideologización es tirar de mitos. Haberlos, lo que se dice haberlos, habíalos y sobradamente en la tradición alemana. Pero estaban en muchos casos excesivamente «romanizados». En otras palabras, demasiado «civilizados». Carlomagno, por ejemplo, tendría tanto derecho a ser un referente alemán como francés. Y esto no servía. Había que buscar algo más «alemán», exclusivamente «alemán». Y a parte de Wagner, le tocó a Arminio.

Arminio era un caudillo germano, parece que de la tribu de los queruscos, que servía en la caballería auxiliar romana, a las órdenes de Publio Quintilio Varo, que con las XVII, XVIII y XIX legiones, se encontraba sometiendo la Baja Sajonia, entre el Rhin y el Elba. Como las cosas pintaban mal, Varo decidió retirarse a lugares más seguros. Durante la lenta marcha -tres legiones más todo su "acompañamiento"- el "olor" a botín fue atrayendo a varios régulos germanos. Arminio entró en tratos con ellos y acordó cambiar de bando en el momento preciso, a cambio de ejercer el mando. Y así lo hizo en el bosque de Teutoburgo, la mayor derrota militar romana desde los tiempos de la batalla de Cannas.

Pronto hubo problemas entre los régulos germánicos a raíz del móvil que les había «unido», el reparto del botín, y contra las ambiciones megalómanas de Arminio. Arminio fue asesinado poco después por sus propios «compatriotas», los romanos se hicieron fuertes en la frontera del Rhin, los germanos prosiguieron con sus trifulcas de siempre y prácticamente nada importante se movió en los tres siglos siguientes. Eso sí, nunca una legión romana volvió a llevar los números XVII, XVIII o XIX.

Arminio tuvo en realidad una intervención que, históricamente no cabe calificar sino de irrelevante. Qure ver en él a un protopatriota alemán, es como querer ver a un estadista en Fernando VII. Pero 1879 años después, se rediseñó su perfil como el del personaje ideal para encarnar la nueva parafernalia hacia donde se quería que mirara la nueva Alemania del II Reich.

dissabte, 22 de desembre del 2012

PHANTASMATA HISPANIARUM (III) En todas partes cuecen habas


 
Que todos los mitos fundacionales son precisamente eso, mitos, y por lo tanto no-historia, está fuera de toda duda. Ahora bien, otra cosa es que estos mitos, por su propia naturaleza y de acuerdo con la finalidad para que han sido concebidos, tiendan a parecer lo más verosímiles posible históricamente hablando y pretendan a la vez pasar por «Historia» y enquistarse en ella. De su propia coherencia depende. Y en unos casos, ciertamente, se presentan como más coherentes y, por lo tanto, más verosímilmente verídicos que en otros. Veamos algunos mitos foráneos.

Lo de Roldán y Roncesvalles, por ejemplo. Hablar de Roldán y Roncesvalles es hablar del poema La Chanson de Roland, de Carlomagno y de Francia. Es un caso clarísimo de maquillaje mítico-histórico dignificador de una burda operación de saqueo por parte de los francos de Carlomagno. Resulta que después de fracasar en su intento de tomar la Zaragoza musulmana, la antigua Caesaraugusta romana, y tener que volverse por donde habían venido, los "bravos" soldados francos no  habían percibido pago alguno en ninguna de las "especias" en que acostumbraban a «cobrarse» sus servicios: licencia para botín y violaciones entre la población saqueada. En otras palabras, que volvían a Burgundia, Neustria y Austrasia (los tres reinos francos) con las manos vacías, tanto en lo referente a los bolsillos como a la líbido. Un mal negocio.

Y en el camino de vuelta a Francia dieron con una pequeña ciudad, la antigua Pompaelo/Iruña, poblada por vascones a los cuales, sin que tuvieran arte ni parte en todo el rifirrafe entre Carlomagno y el Califato, les tocó pagar los apetitos francos en propia piel. Un «saqueo heroico», el de Pamplona, que tampoco fue gran cosa para los francos, dada la pequeña envergadura de la ciudad, pero que para los vascones fue una catástrofe sin paliativos. De modo que entre los supervivientes y otras tribus que acudieron en su ayuda -y a la caza del posible botín también, cómo no- decidieron vengarse exterminando a la retaguardia franca en Roncesvalles.

Es decir, contra lo que se ha dicho muchas, por cierto que también por parte de la historiografía española -acaso un tropismo antivasco-, no es que los vascones que atacaron al ejército franco fueran unos salvajes ávidos de botín que intervinieron en un conflicto en el que no tenían arte ni parte, fastidiando así ulteriores oportunidades para que desde Francia se aupara el desalojo del moro de  las tierras hispanas, sino que, muy al contrario, estaban vengándose del saqueo de su ciudad a manos de los francos. Un saqueo que les había dejado muy escocidos, como es normal. Desde la perspectiva estrictamente histórica y al menos en lo relacionado con el episodio de Roncesvalles, Roldán nunca fue un héroe, sino más bien un villano, aunque la dirección del  mito fuera la inversa: hizo del villano un héroe.

dijous, 20 de desembre del 2012

PHANTASMATA HISPANIARUM (II) Excusatio non petita...


Este excurso haga tal vez bueno aquello de excusatio non petita, acusatio manifesta. Lo admito. Como ya admito de entrada que voy a fagocitar ciertos mitos, no está de más que se diga que no es una exclusiva hispánica que los mitos sean invenciones ideológicas más o menos manipuladoras y tendentes a crear una idea de conciencia colectiva con finalidades ciertamente inconfesables, o como mínimo inconfesadas, las más de las veces...

Así que antes de ir a por los mitos españols, catalanes o vascos, permítaseme un breve excurso por ciertos mitos fundacionales de otros países, no menos falsos que los de aquí e igualmente capciosos. Verbigracia, el de Roldán en Roncesvalles, el de Arminio en Teutoburgo, el del rey Arturo en Inglaterra y, para que no se diga que somos proamericanos por los implícitamente elogiosos términos vertidos sobre ellos en anteriores entradas, el de David Crocket y el Álamo. Hay muchos más, pero con estos cuatro nos bastará para hacernos una idea cabal de las mismas habas que se cuecen en todas partes.
Quien esté dispuesto a ver paja en ojo ajeno, que siga leyendo las próximas entregas; quien no pueda soportar la viga en propio, que lo deje tan pronto como entre en contacto con el material "sensible".

dimarts, 18 de desembre del 2012

TETE MARAGALL NO SAP LLATÍ


 
 
Si en sabés només una mica, segur que no hauria triat per al seu nou partit polític, que ha fundat fa apenes uns dies, la denominació NECat, perquè aleshores sabria que en aquesta llengua, que és, per cert, la mare del català, el que vol dir NeCat és

NO-CATALUNYA

I el llatí és una llengua prou propera com perquè calgui tenir en compte aquestes coses. 
Que no li ha dit ningú? 

Ja sabíem que no té cap carrera universitària, però.... I el batxillerat? Tampoc?

dilluns, 17 de desembre del 2012

A PROPÓSITO DE "LA MAUVAISE REPUTATION" (Un tema de traducción)


Citaba en mi último post, como estrofa favorita, la de Brassens en La mauvaise reputation, que descubrí en Paco Ibáñez, quien la había traducido al castellano como La mala reputación.
Le jour du Quatorze Juillet
Je reste dans mon lit douillet.
La musique qui marche au pas,
Cela ne me regarde pas.
Traducción al castellano por Paco Ibáñez:
Cuando la fiesta nacional,
yo me quedo en la cama igual,
que la música militar,
nunca me supo levantar.
Luego reparé en algo sorprendente, al menos para mí. No hay traducción catalana de esta canción. Y si tenenos en cuenta que el catalán iba  en su época por delante del castellano en este aspecto, la cosa resulta algo chocante.
Ignoro si hi hay actualmente traducción al catalán de La mauvaise reputation. Hay, sí, un catalán que ha hecho algo al respecto, creo, Loquillo. Pero en castellano.  Da igual, el tema es otro. Si hubiere (alguna vez) traducción al catalán de La mauvaise reputation ¿Cómo traduciría el traductor eso de "quatorze julliet"? No es un tema baladí, de ninguna manera.
a) ¿Como «la diada nacional» en la línea Paco Ibáñez?
b) ¿Como  "l'onze de setembre", adecuando más literalmente el francés al catalán?
c) ¿Simplemente como "el catorze de juliol"?
Apuesto a que si hay subvención por la traducción, seguro que es la opción C. Y si no la hay, como también hay autocensura, o para eso está el subsonsciente, para traicionar, sin duda también.
Me gustaría equivocarme, porque me duele que sea así. Pero mucho me temo que no me equivoco. Las razones son tan obvias que ruborizaría tener que explicitarlas.

dissabte, 15 de desembre del 2012

AUTO DE FE NACIONAL-SENTIMENTAL


Dicen que el nacionalismo es cuestión de sentimiento. De educación sentimental, vamos. Pues yo creo que no. Tal vez para algunos sea así, o puede que quizás más bien sea así como lo piensen. Aunque no parezca ser una sospecha demasiado generalizada, lo cierto es que los sentimientos son muy manipulables y, a la vez, artificiosos, mutables e impostables. Pensar que los sentimientos son más espontáneos que la razón es un error; valorarlos por encima de la razón a partir del error anterior, una estupidez.

Soy catalán por ius solis y por ius sanguinis. Y es la lengua catalana la primera que aprendí sin que yo lo recuerde, como tampoco recuerdo haber estado aprendiendo castellano más que, en ambos casos, muy vagamente y en las brumas de los tramposos recuerdos de la primera infancia.

He tenido -por suerte o por desgracia, según como cada cual quiera mirarlo- muchas «novias», en el sentido de unos mínimos de perdurabilidad en el tiempo y/o impronta en el recuerdo. Unas fueron «nacionales» -en ambas extensiones, la tiria y la troyana- y otras de importación. Incluso en algunos casos, yo era la "importación", siempre en función del lugar de autos. Con unas me relacioné en catalán, con otras en castellano y, aún con otras más, en francés o en inglés. Y en el caso del inglés, además, como lingua franca.

Mi cómic favorito fue, sigue siendo, «El Capitán Trueno». Le siguen «El Hombre Enmascarado» -«The Phantom» en el original americano- y «Astérix». Mis primeras incursiones «literarias» consistieron, hasta donde alcanza mi memoria, en lecturas de Verne, Dumas, Scott, Melville, Stevenson, Cooper, London y Salgari, así como una biografía de Aníbal -"Barca", no "Lecter"; conviene clarificarlo conociendo el percal que se gasta hoy en día- y una edición juvenil de "La Eneida".

Mis primeros gustos musicales se inclinaron por "Simon & Garfunkel", los «Beatles», George Moustaki -del cual la primera canción que recuerdo es, con trece años y en Francia, «Marche de Sacco et Vanzetti»- Serrat y Bob Dylan. Poco después descubrí a Llach, a Raimon, a Paco Ibáñez, a Brassens, a Jara... Y también, claro, a los Rollings, a Young, a Jethro Tull, a Pink Floyd... Antes que a todos ellos, había sucumbido a Nino Bravo. Siento míos a estos autores y sus letras en el sentido de que forman parte integrante de mi acervo cultural y humano, como siento igualmente mías las lecturas antes citadas y sus autores, o los recuerdos sentimentales aludidos. Todo ello, en definitiva, configuró mi educación sentimental; que será la que sea, sin entrar en valoraciones, pero que precisamente por todo ello, es la que es. Así como es mi estrofa favorita:

Cuando la fiesta nacional,

yo me quedo en la cama igual,

que la música militar,

nunca me supo levantar.

 

I con Espriu digo "Escolta Sepharad:  els homes no poden ser si no són lliures" Remarco «els homes» y veo a mi alrededor muchos, demasiados Sepharads  o con ganas de serlo.

¿Cómo iba a ser nacionalista? Ni aun que quisiera... Tal vez algún día tenga que pedir perdón por ello... No pienso hacerlo. Además, estoy convencido de que en cualquier "conversión", empezando por la de San Pablo, siempre hay un irredento factor de hipocresía. Como decía Serrat en otra de mis estrofas favoritas:

No me siento extranjero en ningún lugar,

donde haya lumbre y vino tengo mi hogar.

 
Pues eso.