dilluns, 30 de novembre del 2015

EL ÚLTIMO TRUCO O LA COMEDIA DE FALSET



Ayer, los medios anunciaban que la CUP había decidido en asamblea no votar la investidura de Mas… bajo ningún concepto. Hubo otras opciones, que si bajo ciertas condiciones, que si esto, que si aquello, pero ganó el NO-Mas. Hoy, en una nueva pirueta retórica que nos indica que los dirigentes de la CUP no le van a la zaga a Mas en el dominio del noble arte de la prestidigitación, y acaso tras algunos «baños» de pragmatismo, se nos dice que, bueno, que ya veremos, que no se descarta nada. Y entonces es cuando uno ya no entiende nada. ¿No era la CUP asamblearia? ¿No fue su asamblea la que decidió el no a Mas? En fin, dejemos lo de la CUP porque no tiene remedio…

Nos encontramos en el final de una sesión de ilusionismo que hasta ahora ha sido muy mala, con el público cabreado y con los tomates y los huevos podridos a punto de ser lanzados. El prestidigitador se la juega en el último truco. O le sale bien y sorprende al público, o esto acaba para él como «La comedia de Falset», que decimos por aquí -una legendaria función teatral que en dicha población de Tarragona, acabó con el público corriendo a gorrazos a los actores, que tuvieron que irse por piernas con lo puesto. ¿Pero hay último truco?

Yo creo que sí, queda el «tamayazo». Probablemente no tan a lo bruto, pero «tamayazo». Es decir, recurrir al transfuguismo inducido. Es posible que, a medio o incluso a corto plazo, tal recurso se revuelva contra sus inductores, pero es el único que le queda ahora mismo al Sr. Mas si quiere seguir como presidente de la Generalitat de Catalunya. En estos momentos la CUP está en el punto de mira, porque de abjuración depende el destino del Sr. Mas. ¿Pero ha de ser necesariamente el Tamayo catalán de la CUP? ¿No andarán buscando también pesca en otros caladeros? Cuidado con la sorpresa. Cuidado con el último truco.

En el escenario que nos estamos planteando, asumamos que la CUP le niega el voto a Mas y que el único recurso es el «tamayazo». Parece entonces que, al menos de entrada, el lugar más lógico para buscar tamayos sea entre la bancada de la CUP. Además, como el transfuguismo crematístico se revestiría de una inevitable pátina de ardor  patriótico, la cosa se presentaría incluso como una responsabilidad moral. En realidad, basta con que la CUP se abstenga y dos de los suyos voten a Mas. ¿Pero cuáles? Porque las bases pueden tomárselo a mal, habiendo votado en asamblea lo contrario. Además, la operación tendría como consecuencia no sólo la investidura de Mas, sino la fractura en la CUP; lo cual, dicho sea de paso, no sólo sería un gran consuelo para Mas, sino también, y sobre todo, para una ERC sorprendentemente agazapada en estado letárgico y sin que apenas diga esa boca es mía en todo este embrollo. 

Pero todo esto, a menos que sean tontos de baba, lo saben también los dirigentes de la CUP. El tamayazo puro y duro a lo Esperanza Aguirre tal vez no acabara con la CUP –aunque puede-, pero sería la tumba definitiva de Mas y sus mariachis; de ninguna manera podría soportar tal desprestigio y escándalo en las actuales circunstancias y acosados por las imputaciones de corrupción. Así que puede que precisamente en esto consista precisamente el truco: en que no sea el truco que nos pensamos, sino otro. Especulemos.

Supongamos que, finalmente y en un gesto de buena voluntad hacia «El Procés», la CUP decide, de acuerdo con la decisión de sus bases, no investir a Mas, pero no votando contra su investidura, sino absteniéndose. Los tamayos vendrían de otra bancada y la CUP mantendría este halo de pureza virginal que tanto se autoarroga. Basta con su abstención y que un par de tunos de otros grupos voten a Mas. ¿De qué otros grupos? Pues mejor no especular sobre ello, y aunque tenga candidatos, mejor me los callo; tamayos los hay en todas partes desde que el mundo es mundo. Y si pusiera la mano en el fuego por si ya han sido tanteados, no creo que me quemara.

¿Que seguiría siendo un escándalo? Por supuesto. Pero en el nanoplacismo que hoy impera en la política catalana, hablar de tres meses es hablar de un lustro. Porque el truco puede no servir si no se lleva a cabo antes del 20 de diciembre, ya que entonces, cabe la posibilidad que ERC hubiera superado a Mas en las generales, y que Junqueras decidiera activar su candidatura, a la cual no sería tan reacia la CUP, ni probablemente algún que otro grupo, pero entonces Mas se iría para casa. Y todo esto, no lo olvidemos, es para salvar al soldado Mas.
Así están las cosas.

diumenge, 29 de novembre del 2015

UNAS JORNADAS PROVECHOSAS


Este año el tema era «MODAS Y TENDENCIAS EDUCATIVAS». Y el balance, ya concluidas, de nota, de nota muy, muy alta. Pudimos contar con la presencia y colaboración de cualificados y auténticos expertos en la materia, como José Manuel Lacasa, Gregorio Luri, Alberto Royo… y la acogida por parte de la numerosa asistencia fue excelente. Un resultado que anima a muchas cosas, entre otras a seguir con estas jornadas ya consolidadas.

No creo que sea caer en un raptus de euforia que manifieste mi satisfacción y que podamos felicitarnos colectivamente por el éxito. Enhorabuena a los ponentes, enhorabuena a los asistentes, y a todos aquellos que con su trabajo las hicieron posibles.
Se habló de muchas cosas, relacionadas todas ellas con la temática indicada en el título, y el debate fue en todo momento muy animado y solvente, con gran participación de los asistentes. Ahora a por las siguientes, y a ver si mantenemos el nivel. Ya iremos comentando más adelante algunos de los interesantísimos temas que se abordaron.

 
 

dissabte, 21 de novembre del 2015

LA SOSPECHA METAFÍSICA: A PROPÓSITO DE «PROFESORES Y MACARRAS» (II de II)



La primera intuición que me puso sobre la pista son los textos autoría del Sr. Terricabras en sus aportaciones a la LEC, la ley de educación de Cataluña. Que no se alarme nadie, no voy a hablar del «Procés»; y al Sr. Terricabras y a su Weltangschaüng «masoverista» ya les dediqué las correspondientes entregas en su momento. No, no va de eso. Pero ya sabrán ustedes que Cataluña ha sido y es el laboratorio educativo español por excelencia, muy especialmente en lo tocante a llevar a cabo experimentos educativos nefandos. Y al fin y al cabo, lo que dijo el Sr. Terricabras no es más que la formulación emblemática de los que otros muchos están diciendo, como recientemente el Sr. Marina, por ejemplo.

Pues bien, en dicho preámbulo a la LEC, se decía explícitamente que  El docente deberá estar adscrito al constructivismo pedagógico y deberá acreditar «fiabilidad moral». Como anécdota, diré que en una reunión que sostuve con él, replicó a eso de la «fiabilidad moral» con la payasada de que estaba refiriendo a los «Moral Sciences Club’s» ingleses. Y como siento una especial debilidad por este individuo, diré también que en el transcurso de la reunión afirmó que, como en Lógica, si parto de un antecedente falso, la consecuencia será también falsa. Le repliqué que, como licenciado en Filosofía y profesor, me veía en la obligación de recordarle que en Lógica Formal no es así. Enrojeció súbita y vesánicamente aduciendo pretextos ininteligibles. Y es que Terricabras, a parte de excura y europarlamentario por ERC, es catedrático de Universidad… concretamente de Lógica. Pero vayamos al grano.

La segunda pista me la ha aportado la intervención en este blog  de «Carmina mismo», a propósito de la anterior entrega. Dice textualmente Carmina Mismo, a quien agradezco la intervención que tomo prestada:

Me pregunto yo si en el Registro Central de Delincuentes Sexuales entran los padres de los alumnos o los directores de los centros. Y puestos a preguntarse, si entran los propios alumnos. Pienso que de crearse tal furibundo registro sería también menester entrar a los pedagogos, con esa tendencia tan natural que presentan a "ser amigos de los niños". Menuda hipocresía social o patología psicopolítica. Enhorabuena por su artículo.”

Si el texto no es electricidad, será como mínimo conductor de ella. Lo digo por lo siguiente. Se alude a que también los pedagogos, tan proclives a ciertas aproximaciones al alumno que en cierto modo podrían propiciar condiciones indeseadas para nefandos fines inconfesables, deberían también estar debidamente registrados. Pero si a tan innegable y veleidosa proclividad, le añadimos la voluntad de comisariado igualmente explícita en la peña psicopedagógica, voluntad que se ha visto investida de facultad por las autoridades educativas, tal vez su función en todo esta urdimbre sea otra y se troque de objetos de registro sexual a sujetos registradores. Es decir, comisarios de la moral. ¡Su sueño realizado!

Y si ponemos en relación los designios terricabrianos sobre los docentes -en perfecta sintonía con los de la Comunidad de Castilla-La Mancha, por ejemplo-, con la intuición alumbrada por «Carmina mismo», puede entonces que empecemos a percibir por dónde pueden ir los tiros, y que lo que en principio podría parecer un delirio onírico, siguiera alí cuando despertemos. La pesadilla no sería el sueño, sino la vigilia. Y ojo con los sueños, que como aparezcan niños o niñas, según las variadas opciones sexuales hoy vigentes, puede que haya demonio. No, perdón, demonio no, esto lo decía la Inquisición; puede que haya pedófilo en potencia. O pedófila, claro; que también está a la diosa Eos, no la olvidemos. 

Porque se sabe cómo se empieza, pero no cómo se acaba. Y no habiendo incidencia social que justifique tal medida, no puede obedecer sino a un futuro escenario de más largo alcance. ¿Basta con no haber cometido un delito de pederastia para no ser un pedófilo? ¿Y si alguien presenta tan aberrante tendencia pero se la aguanta resistiendo cristianamente a la tentación? ¿Puede ser alguien así docente, rodeado todo el día de niños, o de adolescentes, según el sentido de sus tendencias, resistiéndose indefinidamente a tamaños objetos de tentación? ¿No sería un individuo, o «individua», de tales perfiles una amenaza potencial? Pero entonces ¿cómo lo podemos saber?

Los psicopedagogos nos lo dirán. No lo duden, Y se pondrán en ello. Lo que procede es un certificado de idoneidad emitido por los expertos, ellos, no uno policial que simplemente diga que el fulano en cuestión no ha cometido ningún delito sexual. ¡Qué sabrá la policía en comparación a un experto educativo de estos que tanto abundan! Porque, sí, puede que el sospechoso metafísico no haya cometido ningún delito hasta ahora ¿Pero asegura esto que no lo vaya a cometer? ¿Eh?

Y no se rían. Como esto alguien con poder decida tomárselo en serio, vayámonos preparando para test detectores de pedófilos y pedófilas en potencia, se aprovechará para muchos otros fines, que es de lo que se trata, no lo duden. Y entrevistas para detección precoz de la pedofilia, con la correspondiente terapia. Con algunas me reiré, lo reconozco. Por lo de enaltecimiento de la bobería que tiene la cosa. Al final será verdad lo del argumento ontológico de San Anselmo, como mínimo el principio y el final: "Dice el insensato....... y por que lo dice, es insensato"


dijous, 19 de novembre del 2015

LA SOSPECHA METAFÍSICA (I de II): A PROPÓSITO DE «PROFESORES Y MACARRAS»



Es verdad, como apunta acertadamente Guachimán en su comentario a la anterior entrega, que la ley 26/2015 sólo contempla la exigencia del certificado de «buena conducta sexual» para aquellos que accedan a la función docente o cualquier otra que implique relación con infantes o adolescentes. Como también es verdad, tal y como apunta Manolo, que algo de esto ya existe, en la medida que cada vez que se produce una sentencia condenatoria hacia un pedófilo, el juzgado está obligado a informar de ello a la empresa que le da trabajo; o, como afirma Jordi en otro comentario, también se exige para ejercer en Inglaterra, como seguramente en muchos otros países civilizados. Alberto, por su parte, y creo yo que con buen tino, apunta más bien hacia el pretexto facilitador de una posible caza de brujas.

El caso es que no parece que ciertas administraciones educativas hayan podido esperar a que exista el debido registro. Y créanme que es sintomático. Porque tampoco es menos cierto que exigen supletoriamente un certificado penal, y no sólo para los que acceden a la docencia, sino para todos aquellos que ya la están ejerciendo. Al menos según la información y los datos que aporta el diario.es, con alusiones directas a una comunidad autónoma muy concreta y declaraciones de dirigentes sindicales y juristas. La veracidad de la información me parece, pues, solvente. Y si no fuera así, que lo desmientan las instituciones y las personas referidas.

Y es que las cosas no lo son en sí, sino en contexto. Si se me permite parafrasear groseramente a Heidegger, somos «seres en el mundo», o a Ortega, somos «nosotros (yo) y nuestras (mis) circunstancias». Una cosa es que un determinado requisito se exija para acceder a algo, ora exigido desde siempre, ora a partir de un determinado momento, y otra muy distinta que se les empiece a exigir a todos los que ya están ejerciendo. Porque, en ambos casos, cabe aducir motivaciones causantes, pero son muy distintas según uno u otro. Incluso si sólo afecta a los que van a acceder a la profesión, no es lo mismo si se ha exigido desde siempre que si se empieza a exigir a partir de un determinado momento; no hay medidas estrictamente decorativas, sino que todas ellas obedecen a un hecho causante que, es de suponer, se pretende evitar. Y si la medida se impone ex nuovo, entonces es que un problema que no existía o cuya incidencia era ínfima y controlada, se ha descontrolado y ha pasado a tener una significatividad que sólo puede consistir un aumento en la frecuencia de las incidencias de tan escabroso cariz como es la pedofilia entre el profesorado.

Porque si hasta la fecha los casos de pederastia eran estadísticamente irrelevantes –no por ello menos reprobables- y a partir de ahora resulta que se exige algo que hasta ahora no se exigía, ha de ser porque han aumentado significativamente, de otro modo no se entiende, más aún si se extiende la medida a todo el colectivo. Ergo, inevitablemente, al menos desde la perspectiva de las administraciones que han impulsado la medida, debemos estar ante un aumento de las incidencias hasta el punto que está justificada la alarma social y cabe poner por ello bajo sospecha a todo un colectivo. Ya digo, de otro modo no se entiende.

¿Ha ocurrido esto? ¿Se ha detectado en los últimos tiempos un aumento de los casos de pederastia entre el profesorado –profesores y profesoras- que justifique tal alarma? ¿Han aparecido y vienen apareciendo recientemente e in crescendo noticias sobre niños y niñas o adolescentes y «adolescentas» objeto de abusos y vejaciones sexuales por parte de maestros y maestras o profesores y profesoras? ¿Existe una alarma social, real o inducida, que reclame tomar urgentemente medidas ante tales supuestas aberraciones?  La respuesta es, en todos los casos, clara y rotundamente, no. ¿Entonces, a qué viene tal medida? ¿A qué motivaciones responde? Y ahí es donde entramos, no sólo en el contexto, sino a lo que éste nos lleva: cui prodest.

En un estado de derecho existe lo que se llama la presunción de inocencia. Cualquier individuo, por indeseable que nos resulte y por peor que nos caiga, en tanto que ciudadano y sujeto de derecho, no ha de acreditar que es un no-pedófilo, un no-corrupto, o un no-delincuente en general, sino que es inocente y libre de toda culpa hasta que se demuestre lo contrario. Y si se le acusa de algo, existen los mecanismos legales al caso que garantizan su derecho a defenderse. Y si es declarado culpable, se le aplica la condena que según la ley corresponda. En los casos de pederastia, dicho sea de paso, uno es de la opinión que las penas han de ser particularmente duras. Pero cuidado, porque esto es una cosa, y otra muy distinta poner a todo un colectivo bajo sospecha y con una intencionalidad muy concreta. Y esto último es precisamente lo que se está haciendo, con actitudes mucho más aviesas y de largo alcance de lo que a simple vista podría parecer.

¿Qué por qué digo esto? A ver, de entrada, porque hay un proyecto –ya en fase muy avanzada por lo que refiere a su efectuación- destinado a transformar radicalmente el sistema educativo para reconvertirlo a funciones meramente asistenciales; y las características profesionales y académicas de todavía buena parte del profesorado actual son un estorbo para este proyecto. He explicado esto, entre otros textos, en «Elogio de la Academia y crisis de laEnseñanza», «La Filosofía perdida» o «El modelo educativo ilustrado y susdetractores». Y de salida, porque dicho modelo asistencial previsto para el sistema educativo –sobre todo el público-, requiere de un nuevo perfil, no de alumno, que es a quien hay que moldear, sino de docente reconvertido a educador que lo moldee como es debido; consciente o inconscientemente, pero para ello el educador ha de haber sido a su vez previamente moldeado –podríamos decir tranquilamente «lobotomizado», pero no lo diremos- Y ciertamente se está en ello.

Supongo que quien quiera que esté leyendo esta entrega, se estará preguntando ahora mismo si estoy pretendiendo insinuar algo así como que la acreditación de la condición no-pedófila de cualquier docente está relacionada con el proyecto al que aludía. Pues bien, por más delirante que pueda parecer, sí, esto es ni más ni menos que lo que estoy afirmando. Una fase más de este proyecto, eso sí, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, pero una fase más al fin y al cabo, en el proyecto de destrucción de la Enseñanza y de la desacreditación de quienes la representan –los docentes-. Y ello no porque al 99,9999% de los actuales, los presuntos no-pederastas, la exigencia de acreditación les parezca una humillación más, con las consiguientes mermas en la autoestima del colectivo. Ni tampoco porque, casi con toda seguridad, a los que accedan de nuevo tal requisito de autoconfesión les deje indiferentes; tampoco. Igual algunos hasta se enorgullecen del certificado.

No, la cuestión se me antoja mucho más sutil, y es a partir de dos pistas que voy a correr el riesgo de incurrir en un conspiracionismo aparentemente delirante. Digamos de entrada que para que haya conspiración no es necesaria, sensu stricto, la figura de un conspirador ni la de una camarilla conspirativa iconográficamente representada por personajes siniestros, deformes y malintencionados. No, basta con la lógica del sistema; con la lógica del «monstruo amable», en palabras de Raffaele Simone, autor de la excelente obra con el mismo nombre. Luego, sí, los hay que participan de la conspiración porque les va bien así.

Las dos intuiciones que me han puesto sobre la pista de relacionar algo tan aparentemente disparatado como el certificado de no-pederastia con el proyecto de reconversión del sistema educativo a funciones meramente asistenciales, son las siguientes.
(To be continued...)

 

dimecres, 18 de novembre del 2015

PROFESORES Y MACARRAS, O TODOS BAJO SOSPECHA




Hay veces que, frente a la inquina, comporta ímprobos esfuerzos no reaccionar procazmente. Y hoy es una de estas veces. Resulta que a todos los docentes del país se nos va a exigir un certificado que acredite la falta de antecedentes por delitos sexuales. Dicha certificación, según la ley 26/2015 de  Protección a la Infancia y a la Adolescencia, deberá emitirla el Registro Central de Delincuentes Sexuales, un organismo hoy por hoy inexistente. Pero el celo, nunca mejor dicho, de ciertas administraciones educativas, parece haberles impelido a exigir ya la correspondiente certificación, que a falta de organismo que la pueda emitir, y a instancias del Ministerio de Educación, requiere supletoriamente un certificado de antecedentes penales donde, por cierto, no se especifica la naturaleza del delito en el supuesto que lo hubiera. La presunción de inocencia no parece que sea un derecho si eres docente.

Lo dicho, dan ganas de mandarlo todo a la mierda, sin más. La medida sin duda será aplaudida por una mayoría social indiscutible y el Ministerio acreditará así su preocupación y desvelos por los derechos de los infantes y los adolescentes. Y muchos de los que la aplaudirán son los mismos que, por ejemplo, montarían en cólera si se le exigiera a cualquier residente o ciudadano musulmán que acreditara por los mismos medios no estar vinculado a ningún tipo de actividad relacionada con el terrorismo yihadista; en fin, sobran ejemplos. Pero es lo que hay, y como total, se trata de profesores y maestros… pues leña al mono.

No faltarán tampoco los voceros sicofantes de siempre que incorporen argumentos añadidos sobre los saludables efectos pedagógicos que tendrá en la seguridad psíquica de los alumnos y sus positivas repercusiones en el rendimiento escolar, sabiéndose a salvo, por fin, de los desalmados y pederastas que tanto abundan, por lo visto, entre el personal docente. Porque si se empieza incluso antes de que la ley esté en condiciones de aplicarse -la agencia emisora de los certificados correspondientes no existe aún- será porque sin duda hay una auténtica alarma social y fundamentadas evidencias que aconsejan acometer expeditivamente el problema de este nido de pederastas emboscados que parece ser el colectivo docente de este país. Si no fuera así ¿por qué iban a adoptar tales medidas de urgencia? Nada, como los judíos españoles en los años de la Inquisición, todos culpables, a menos que demuestren lo contrario. Probatio diabólica, se le llama a esto.

Hasta ahora, pensaba uno que las incidencias más frecuentes eran las de acoso a alumnos por parte de otros alumnos-ante los cuales el profesorado está atado de pies y manos-; casos que desgraciadamente sólo salen a la luz cuando la víctima se suicida, la suicidan o la ingresan en urgencias por haber recibido una brutal paliza. También en urgencias hospitalarias han ingresado docentes agredidos por alumnos o por sus señores padres –uno se presentó no hace mucho con una escopeta recortada en un instituto dispuesto a hacer justicia porque habían suspendido a su hijito del alma-. Y eso por no hablar de los insultos y vejaciones verbales de que son objeto los docentes, que se han convertido en amargo pan de cada día, frente a una Administración que los desautoriza, y con los recursos de supervivencia por cuenta propia como única alternativa.

No tiene tampoco uno noticia de alumnos agredidos por profesores, ni asesinados; sí, en cambio, de lo contrario. Pero como todo esto sería muy complejo de abordar, vayamos a lo fácil y resultón: démosle pábulo a la plebe. Para ello, nada como inventar un problema donde no lo hay, o magnificar uno cuya incidencia es ínfima para crear la debida alarma social, y cargar el estigma sobre todo un colectivo. La desacreditación generalizada es definitiva entonces por imposible regeneración pública. Porque el problema no radica en que pueda haber pervertidos entre los docentes, sino en que todos tengan que demostrar que no lo son, con lo cual no sólo se pone a todos los miembros del colectivo bajo sospecha, sino mucho más allá: se sitúa a todo docente bajo una indiciaria culpabilidad que comporta una acusación de la cual se ha de redimir mediante un certificado que acredite su inocencia.

Y esto es peor que una probatio diabólica, por las consecuencias de reprobación y desprestigio social que se ciernen inevitablemente sobre todo el colectivo. Definitivamente, en el proceso inquisitorial que desde hace años se está llevando a cabo contra los docentes, esta vez los advocati diaboli han traspasado todos los límites legales y morales habidos y por haber. Son como el gran inquisidor del cuento que Dostoiewski introduce en Los Hermanos Karamazov: el ateo metido a inquisidor, el pirómano a bombero, el ladrón a policía, el delincuente a político, el pederasta a moralista…

¿Ha pensado alguien en la mortífera arma que se está poniendo en las manos de cualquier desaprensivo? ¿Ha pensado alguien en el redoblado y perverso efecto inhibidor que tendrá incluso sólo la potencial amenaza de una denuncia falsa por acoso sexual en un conflicto entre profesor y alumno? ¿Son quiénes han pergeñado tal perversidad conscientes del aberrante escenario que están propiciando? Sí, claro que lo son, por supuesto que lo son.

Pero hay que tener siempre a mano víctimas propiciatorias a las que colgarles el sanbenito, para que expíen los pecados y  los demonios de una sociedad enferma, de una opinión pública narcotizada, de unos políticos zafios y corruptos... Y nos ha tocado a los docentes. Somos los modernos cabezas de turco, o los judíos de la posmodernidad. Así lo ha decidido quien decide.
Algo huele a podrido en todo esto, que diría Hamlet, el maestro de la duda. Y tal vez sea ya la hora que los docentes disipemos las nuestras y caigamos en la cuenta de que van por nosotros y, o reaccionamos, o estamos acabados. Sólo nos queda, frente a tanto cabronazo, la esperanza de la Eneida: una salus victis, nullam sperare salutem. Empecemos a hablar claro de una vez.

dilluns, 16 de novembre del 2015

ACUERDOS Y DESACUERDOS



Se exclama el consejero en funciones Mas Colell contra la CUP. Por cierto ¿A qué esta manía de poner el guioncito entre Mas y Colell, si por más que uno busque sea imposible encontrar otro segundo apellido? Si no lo hay, entonces es que su padre se apellidaba Mas y su madre Colell, con lo cual, o hay que escribirlo «Mas Colell» o, también opcionalmente, «Mas i Colell». Pero no, se insiste en «Mas-Colell». ¿O sólo tiene un apellido? ¿Será para no confundirlo con el otro? Vale que sea por esto, pero entonces el guioncito ¿qué función desempeña? En fin, y lo digo sin segundas, ¿Alguien sabe cómo se apellida o apellidaba su madre en el supuesto de que «Mas-Colell» sea un apellido compuesto?

El caso es que al Senyor Andreu no parece que le gusten las propuestas de la CUP y carga contra ellas. Vale, de acuerdo, a mí puede que tampoco me gusten. Pero este es uno de los casos en que se hace manifiesto que coincidir en un rechazo  no implica nada más que esto. Y aquí se acaban las coincidencias. Porque a continuación, el flamante economista nos explica por qué no le gustan las propuestas de la CUP, y esto ya es harina de otro costal.

Resulta que, en sus diatribas contra la CUP y reivindicando el buen hacer de los gobiernos de Mas en cuyas filas figura, Andreu Mas esgrime entre tan grandes logros, dos de los que la CUP exige revocar, el proyecto «Visc+salut», una gañanería bajo cuyo nombre se oculta la privatización obsesiva y lucrativa de la Sanidad pública catalana, y ni más ni menos que «El decret de plantillas», que no es otra cosa que la penúltima pata en forma de decreto de la «LLei d’Educació de Catalunya», es decir, la máxima expresión del masoverismo  como modelo de gestión de los centros de enseñanza públicos mediante la legalización de la arbitrariedad, el clientelismo, el nepotismo y la autocracia en las escuelas e institutos catalanes.
Pues no, Mas Colell, va a ser que no. Que no cuela y con vuestro pan os lo comáis… el marrón que ahora tenéis.

EL IRRECONOCIMIENTO CULPABLE



Se cuenta de la época de los maquis una anécdota que viene muy a cuento con lo que está pasando actualmente en Europa occidental con respecto al yihadismo y al integrismo islámico. Igual es apócrifa, pero no por ello menos significativa.

Eran los años cuarenta, uno de los jefes de partida más conocidos y temido era Massana, cuya astucia traía de cabeza a la Guardia Civil. Era una noche cerrada de invierno –y sin embargo nevaba, que decía aquél- y en el bar de un pueblo de montaña la concurrencia trataba de entrar en calor a base de carajillos y pelotazos. Entre la clientela se encontraba el comandante de puesto de la Guardia Civil, asiduo al lugar, acompañado de un número. En eso que entran tres forasteros, abrigados y con el aspecto descuidado propio de haber pasado un buen tiempo a la intemperie, que se apalancan en la barra y piden unas copas. Se hace el silencio en el bar.

Mi sargento, mi sargento, que me parece que es él! Le susurra el número a su superior, refiriéndose a uno de los recién llegados. “¿Pero quién, hombre, quién?” le replica el otro. “El del cartel de la recompensa que está aquí mismo colgado, mi sargento, fíjese, ¡es el Massana!”. “¡Pero qué dice, hombre! Vaya cosas que se le ocurren”, le replica estridentemente el sargento. ¡Pero hombre! ¿Es que no ve que no se parecen en nada? ¡Venga, venga! ¡que le está dando más de la cuenta a la ratafía!”.

Y cuando el supuesto Massana se llevó un cigarro a los labios, se levanta el sargento y se dirige hacia él para darle lumbre, a la vez que anuncia que su cuenta está pagada, “… para que disculpen el error de mi subordinado, que les ha confundido con la partida del Massana”, “Anden con Dios!. Al cabo de un rato, los forasteros se fueron, y aquí paz y allá gloria.

¿Era Massana? Según se cuenta, sí, claro que lo era. El número de la Guardia Civil lo había distinguido… y el sargento también; y precisamente porque lo había reconocido estaba cagado de miedo y actuó como actuó.
Esto, con el añadido de incorporaciones buenistas a las que el sargento era con toda seguridad absolutamente ajeno, es lo que nos está ocurriendo con el yihadismo. Quien por miedo se niega a reconocer lo que sabe, es culpable además de cobarde. Pero también, como ya dijo Jefferson, los pueblos que por seguridad, renuncian a la libertad, acaban perdiendo lo uno y lo otro.

diumenge, 15 de novembre del 2015

PARÍS Y EL ÚLTIMO BANQUETE DE LOS GIRONDINOS

                                                                 Monvoisin, "El último banquete de los Girondinos"



El auténtico problema de la guerra no es que no guste. A nadie, salvo a los psicópatas, le gusta verse metido en ninguna. Y es normal que así sea desde siempre. Pero éste es, en todo caso, un problema secundario si ya te la han declarado. Porque entonces, la cuestión no es si te gusta o no; ni siquiera que reconozcas o no que la haya, sino si asumes que, a pesar de todo ello, estás dispuesto a admitir lo que significa y representa que te la hayan declarado. Y éste es, creo yo, el gran problema de Occidente, muy especialmente de Europa occidental: no querer admitir que le han declarado la guerra, por su incapacidad para reaccionar en consecuencia.

Me van a disculpar, pero la actitud generalizada de la sociedad europea occidental ante la amenaza innombrable, se me antoja similar al banquete de despedida de los girondinos, que tuvo lugar en la prisión de la Conciergerie de París, pocas horas antes de ser pasados por la hoja de la guillotina. Pero con una diferencia.
En el caso de los girondinos, era la serena actitud de los hombres libres hacia lo inevitable por haber sido vencidos; hoy es el miedo a defender la libertad que sabes que te van a arrebatar. Una libertad que, entre otros muchos gracias a ellos, hemos podido disfrutar, con más o menos quebrantos, hasta hoy.

divendres, 13 de novembre del 2015

APORÍAS CUPeras



La CUP ha convocado una asamblea general para debatir y validar qué hace con Mas. Hasta aquí nada de anormal en una formación asamblearia. Lo que sí sorprende es que la propuesta de acuerdo global requerida antes de votar en el Parlament a un candidato, que se supone que será el que pilotará el proceso final hacia la independencia de Cataluña, incluya también la convocatoria de asambleas en otros territorios donde existe la CUP, concretamente Valencia, Mallorca y Perpiñán. Sí, ya sé, son los Països Catalans, y si no está el Alguer será porque allí no existe la CUP, ya que de otro modo sin duda estaría. Pero, oigan ¿no es esto una contradicción? 

Porque si la CUP para tomar su decisión incluye las asambleas de otros territorios, con ello no hace sino avalar las tesis marianistas y de tantos otros que se niegan a contemplar la convocatoria de un referéndum en Cataluña, ni siquiera ad calendas graecas, previa reforma de la Constitución, porque consideran que la decisión incumbe a todos los españoles, amparándose en el actual redactado de dicha constitución.

Se pregunta uno entonces por qué algunos valencianos, mallorquines o franceses de la Catalunya Nord, por el hecho de ser de la CUP, sí pueden decidir sobre el futuro de Cataluña, mientras que el resto de valencianos, mallorquines o franceses, no. De acuerdo, es sin duda una manera de verlo, arbitraria sin duda, pero una manera de verlo al fin y al cabo y se corresponderá con sus estatutos. Pero lo que no es de recibo entonces es que no se admita que la dirección de Podemos impusiera un criterio a sus parlamentarios catalanes, o que los españolistas insistan en que se trata de algo que atañe a todos los ciudadanos los españoles, o lo que, en fin, se le ocurra a cualquiera como criterio de demarcación. Dejo de lado el olvido de sus propias declaraciones en el sentido que el referéndum se había perdido y que, con ello, quedaba excluida por sentido democrático la declaración unilateral de independencia... que anteayer mismo aprobaron.
Lo último será un olvido, sospechoso pero olvido; bien, admitámoslo. Pero lo otro se parece mucho a una aporía, es decir, un enunciado que expresa una inviabilidad de orden racional. En este caso más bien de orden ético, en la medida que se arroga unilateralmente y en exclusiva la legitimidad del propio criterio de demarcación, con el consiguiente rechazo de cualquier reciprocidad. A lo mejor es el pensamiento crítico en versión CUP, a saber… Pero coherente, lo que se dice coherente, no lo es.