Anuncié que ocurriría, pero no
imaginé un escenario tan desfavorable para la ERC de Junqueras como el que se
ha producido, en gran parte por sus propias torpezas. Apenas unos días antes de
la patochada del 9-N, Mas lo tenía crudo, muy crudo, y Junqueras todo a favor.
La unidad de los partidos proconsulta estaba rota. Iniciativa se desmarcaba;
Duran seguía pensando qué quiere ser cuando sea mayor y tenga que tomar
decisiones; las CUP a lo suyo desmintiendo un acuerdo con Mas y poniéndolo, si
cabe, más en ridículo; el PSC sacando barriga; el PP catalán y su marca blanca, Ciudadanos, satisfechos por la prevalencia de la ley y sin que la barbacoa les quitara demasiado el sueño; ERC en la cresta de la ola
con todas las encuestas a su favor… Y Mas, amortizado por completo, postulando una
charanga guineana como remedo de consulta y sin credibilidad alguna. ¿Qué tuvo
que pasar para que la situación se invirtiera de tal manera?
Pues que llegó el gobierno
español, con Mariano y el TC en cabeza, con su proverbial torpeza en estos
menesteres, y prohibió el carnaval. Todo fue prohibir y se recompuso la unidad
del prietas las filas. Mas supo aprovecharlo; Junqueras no, mordió el cebo y se
enganchó al anzuelo. Ya sólo falta que le saquen del agua y empiece a boquear. Gracias
a tan estúpida prohibición, el independentismo ha pasado de estar en reflujo a
más pujante que nunca. Como dicen por aquí, a «Madrid» hay que agradecérselo.
Durante dos años, Junqueras
apoyó a un gobierno moribundo que iba a salto de mata. Y mientras CIU se
desgastaba entre su errática e hipotecada acción de gobierno, o más bien de
desgobierno, y sus sistémicas corruptelas -padrino Pujol incluido-, Junqueras
pasaba por el guardián de las esencias frente a un Mas cuyo independentismo,
entre la parroquia independentista, más bien se vio siempre como sobrevenido y
de conveniencia. De poco fiar, vamos.
Las encuestas anunciaban el
hundimiento de CIU y el sorpasso de
ERC. Y cuando Mas se echó patrás a la
primera prohibición del TC, la del referéndum de verdad, encima pasó por cagón
y arrugado. Hasta la Marine Le Pen local con barretina le chilló con exigencias
que convocara elecciones ya. Pero a ésta ya la ha puesto en vereda quien manda.
Y el bueno de Junqueras
pensaba que lo tenía todo controlado, convencido que iba a ser el próximo
presidente de la Generalitat de
Cataluña. Pero en eso llegó Mariano y le hizo un favor a Mas prohibiéndole la
chirigota. Y los tropismos atávicos de ERC le jugaron una mala pasada al pobre
Junqueras, mordió el anzuelo y cerró filas con Mas. Y Mas lo aprovechó. Sólo le
faltó utilizar toda la cobertura mediática a su disposición y autoinculparse,
mientras tanto Junqueras estaba anodinamente contando papeletas en una mesa de
la pachanga, para invertir en 24 horas la correlación de fuerzas
independentista. Ahora Mas es el rey y marca los tempos, y Junqueras sólo puede decir sí o no a la lista conjunta… y
eso si le dejan.
Acaso Junqueras sea un honesto
independentista, pero ha demostrado que como político deja mucho que desear. Su
gran error fue prestarse al juego truculento de Mas. Por tropismo antiespañol,
simplemente por eso. Independentista o no, un político ha de saber a qué juega
y mantener la cabeza fría, y Junqueras no calculó. De surfear en la cresta de
la ola ha pasado a ser el hombre que pudo reinar. Ahora vuelve a ser el masover que siempre fue. Mejor así o peor, no lo juzgo, simplemente describo.
Y seguimos mareando una
perdiz que va a acabar como la vaquilla de Berlanga.
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