diumenge, 26 de febrer de 2017

Epistócratas (III)



Apuntábamos en la entrega anterior hacia un neocensitarismo de hecho que estaría excluyendo del espectro social que constituye el universo ciudadano, a una buena parte de la población que ya no sería tenida en cuenta para nada, pero que conserva el derecho a voto gracias al sufragio universal. Pero también hemos visto que la crítica epistocrática parece agotarse a la mitad del camino que pretendía recorrer. Atribuir un resultado electoral a la ignorancia del votante no sólo no es una posible vía de solución del problema, sino una parte de él. Porque, sí, podemos pensar que la ignorancia puede inducir a votar contra los propios intereses, pero también hemos visto que más allá del voto «cognitivo» hay un voto «moral» que puede entrar en conflicto con él, y que, por lo tanto, la información que un ciudadano pueda tener de aquello sobre lo que va a votar puede no el factor determinante de su decisión.

Hay también otra cuestión que va incluso más allá de ésta, y que nos sitúa de lleno el tema del sujeto de soberanía en una democracia. Podemos decir que los obreros blancos en paro que votaron a Trump son unos ignorantes porque no saben lo que conviene a sus intereses, pero es que también podemos dar una vuelta más de tuerca y, aun admitiendo que tal opción pudiera ser acorde con sus intereses más inmediatos, no lo sea para el conjunto de la sociedad. Es decir, que una cosa sería que voten contra «lo que les conviene» -como grupo, clase, etnia…- y otra que voten contra «lo que conviene», en cuyo caso estamos en un grado de abstracción superior, que pretende ir más allá de los intereses individuales o grupales, para sublimarlos en una suerte de bien común universal al cual los anteriores quedarían supeditados. Y este segundo nivel se advierte también en la crítica epistocrática, que definitivamente se agota ahí, diluida en un universo de indefinidas consideraciones morales sobre qué es el bien general, convertido casi en bien «supremo» y hasta qué punto deben supeditarse a él ante los intereses individuales o grupales.
El artículo completo, en Catalunyavanguardista, aquí.
 

dissabte, 25 de febrer de 2017

Verdades educativas como puños

 
 

 

dilluns, 20 de febrer de 2017

Manifiesto por la Educación




He participado en su elaboración y ruego la adhesión a quien esté de acuerdo con lo que allí se dice.

 
 
 

Las nuevas tecnologías como pretexto educativo



Es indiscutible que las nuevas tecnologías han venido para quedarse y que dejarán su impronta en el sistema educativo. Otra cosa es cómo y en qué medida. Para algunos son la panacea que va a resolver todos los problemas del sistema educativo y arrollará con todo lo que en él pervive de obsoleto. Una afirmación, ésta, más ideológica que otra cosa, y propia de ciertos relatos pedagógicos cuya fascinación por las nuevas tecnologías se limita a pretextarlas en provecho propio.

En esencia, lo que desde estos relatos viene a decirse es que el sistema educativo deberá adaptarse a la propia lógica de estas nuevas tecnologías, lo que comporta una transformación a fondo que afecta también a los contenidos. No se trata solo de substituir las viejas pizarras y los libros de texto, por pantallas digitales y ordenadores o móviles, además de al maestro por no se sabe muy bien qué, sino de algo de mucho más calado: la aplicación de las nuevas tecnologías al sistema educativo no afecta solo a «cómo» se aprende, sino también a «qué» se aprende.
Tampoco es que estemos ante ninguna novedosa primicia (...)

El artículo completo, en Catalunya Vanguardista, aquí.

dimecres, 15 de febrer de 2017

¿Martirologio o bufonada?



La verdad es que uno ya no sabe si se las está habiendo con la más redomada de las astucias o con la más vergonzante de las vilezas. En cualquier caso, sí parece que el «procés» se está perdiendo una oportunidad de oro para internacionalizar y difundir la causa indepe en el mundo mundial, aprovechando los torpes errores del contrario. Porque la verdad es que con el proceso chirigota por el referéndum barbacoa, se las están poniendo como a Fernando VII. Y es entonces cuando le atenaza a uno la terrible sospecha de que acaso esta oportunidad de oro se esté malogrando por falta de entusiasmo martirológico en los tres próceres patrios implicados.

No sé a ustedes, pero a uno le cuesta imaginarse a Gandhi alegando ante el tribunal que no era una huelga de hambre, sino que aquel día no tuvo ni para comer; o a Fidel Castro alegando que estaba convencido de que el Fuerte Moncada llevaba años abandonado y que lo suyo fue una partida de caza con unos amigos; o a Nelson Mandela manifestando su profundo respeto por las leyes del apartheid y negando haber tenido la menor intención de transgredirlas, después de liar la que lió…

Y claro, lo lógico era pensar que ahora el «astuto» y sus «astutas» iban a aprovechar la situación para declarar la ilegitimidad de las leyes españolas y su desobediencia a éstas; que iban a dar la cara y que, alto y fuerte, iban a decir que sí, que montaron el referéndum ¿y qué?; que ahí queda eso y a ver si tienen redaños de meterlos en la cárcel; que iban a tener que entrar en la sala esposados y empujados por la benemérita y que estas imágenes se difundirían por todo el mundo como demostración de la opresión nacional que sufre Cataluña, ocupada desde hace tropecientos años por  la fuerzas invasoras españolas. Y que un valiente y dos "valientas" estaban dando la cara por todo un pueblo. Con un par.

Imaginaba asimismo que con esta actitud, el líder y las lideresas, la catalana trinidad «Mas & (Ortega & Rigau)» marcaría el camino hacia la desobediencia inminente que reclaman a los suyos, poniéndose como ejemplo a seguir. Y en definitiva, que iban a reafirmarse en las mismas declaraciones, arengas y bravatas que a diario proferían para enardecer a las masas y conminarlas a la obediente desobediencia debida contra la pérfida España…

Y va y resulta que no, que la catalana trinidad se resuelve en el trío lalalá y que de la tragedia pasamos a la comedia. Porque parece ahora que lo del referéndum fue un malentendido o algo que no iba con ellos, sin que alguno o alguna ni siquiera pasara por ahí. Resulta que el "astuto" alega que no le avisaron de las responsabilidades en que incurría de persistir en un referéndum/mojiganga cuyo mérito se atribuyó jactanciosamente en exclusiva. Al parecer, también ahora resulta que todo fue cosa del populacho y de los voluntarios, que por lo visto abrieron los institutos a martillazos, o quizás, habrá que suponer ante la falta de desperfectos, a la mágica voz del ¡Ábrete sésamo! del celebérrimo Alí-Babá, para improvisarlos como colegios electorales. Y pues eso, que son inocentes, pero no porque no acepten las leyes españolas y asuman orgullosamente haber hecho aquello de lo que se les acusa, sino que fundamentan su inocencia en la negación de haber hecho lo que proclamaron a los cuatro vientos estar haciendo. Lo primero podría ser un juicio político; lo segundo, llámenle ustedes como quieran.

Yo lo llamaría un insulto a la inteligencia, y a los infelices que creían estar obedeciendo el mandato de unos líderes indignos que ahora niegan toda responsabilidad y se la atribuyen a Fuenteovejuna. Y es que no estamos en Fuentovejuna, sino ante un buffo alcalde de Zalamea que niega después haberle dado garrote al capitán tunante, alegando que fue el verdugo quien lo hizo. Por cierto ¿qué hubiera hecho luego el rey con un alcalde de Zalamea tan zafio y cobarde? 

dimecres, 8 de febrer de 2017

Epistócratas (II) (hacia un neocensitarismo de hecho)


 
 
Decíamos a raíz de la crítica «epistocrática» que, aunque a distintos niveles –no es lo mismo un «hobbit» que un «hooligan», después de todo- el problema es que el ciudadano medio vota y «decide» sobre cuestiones cuya comprensión se le escapa y sobre las cuales no está capacitado para decidir. La gente se puede equivocar al votar y ello se debe, en definitiva, a la falta de formación sobre aquello que decide cuando vota. Una falta de formación que puede provenir del desinterés, de la desinformación, de información falaz o distorsionada, ya sea por intoxicación, por manipulación o por pura ramplonería. En definitiva, que se equivoca… al menos cuando vota por el Brexit o por Trump, o por el FN en Francia, en fin. Y equivocarse significa que uno se está pronunciando contra lo que le conviene –o acaso contra «lo que conviene»- por incapacidad de discernimiento sobre aquello que decide. Volvemos, parece, a la moral socrática de manual de la que hablábamos en la anterior entrega: si alguien obra mal o yerra es porque desconoce el bien, por ignorancia...
(El artículo completo, en Catalunyavanguardista, aquí)