divendres, 30 de setembre de 2016

Elogio de Josep Borrell



Me parecen muy particularmente interesantes las declaraciones que ayer realizó Josep Borrell en Antena3TV sobre la crisis en el PSOE, por dos razones. La primera por venir de quien vienen; la segunda, porque sólo unos pocos medios le han dado cobertura, lo cual nos lleva al (vergonzoso) papel que, en general, están desempeñando los medios de comunicación en relación con esta crisis.

Como digo, se trata de unas declaraciones que, aunque simples y elementales, no tienen desperdicio, por su rigor, por su objetividad analítica y por su capacidad de discriminar entre dicho análisis y su posicionamiento con respecto a los bandos en liza. Algo a lo que no estamos, desgraciadamente, muy acostumbrados a asistir. Siempre he pensado que un partido y un país que se permiten prescindir de un talento como el de Borrell, delatan con ello su mediocre naturaleza constitutiva. Tampoco mereció mayor difusión el debate que sostuvo con Oriol Junqueras en la cadena catalana 8tv –ni en Cataluña, ni en el resto de España-, en el cual le dio un auténtico repaso al líder de ERC, sometiéndole a una auténtica sesión de rigor conceptual que difícilmente olvidará, si es que se enteró de algo. Fue la solidez imponiéndose a la liquidez. Pero vayamos a sus recientes declaraciones.

Borrell conoce como nadie la capacidad conspirativa de los barones y el aparato del PSOE, no en vano lo vivió en carne propia, viéndose sometido a un auténtico mobbing por parte de los que no le perdonaban haber sido el primer candidato a la presidencia del gobierno elegido directamente en primarias por la militancia del partido, hasta que, hastiado, acabó por dimitir. Sabe, pues, muy bien de lo que está hablando.

Confiesa Borrell que es partidario de la abstención y de evitar unas terceras elecciones, y que su voto en el comité federal hubiera ido en esta dirección. Esto lo situaría, de entrada, en el bando de los golpistas. Pero va a ser que no. Porque, nos recuerda, hubo una decisión del Comité Federal en la cual se acordó –por unanimidad- votar «no» a la investidura de Rajoy, tanto en la primera como en la segunda sesión. Y Pedro Sánchez lo que ha hecho es cumplir este acuerdo. Manifiesta también que los acuerdos están para algo, a la vez que confiesa su extrañeza por el hecho de que ninguno de los «críticos» planteara la menor objeción durante esta reunión, y a los dos días airearan públicamente sus discrepancias.

Asegura, además, que los estatutos le dan la razón al secretario general. Sus afirmaciones más categóricas son que el secretario general no ha de ser el hombre de paja de ningún poder territorial y que quiere un partido fuerte, no una confederación de partidos regionales. Lanza también una puya  hacia unos dirigentes endogámicos que, nos dice, carecen del menor background intelectual y profesional. También afirma que hay que hablar con Podemos porque, dice, están ahí. Toda una declaración de principios que, sin duda alguna, caerán en saco roto.

Lo más interesante es sin duda una actitud que, desgraciadamente, brilla por su ausencia en el elenco político: la capacidad, desde la discrepancia, de distinguir entre las propias opiniones y los acuerdos colegiados. Porque hay algo que debería, como mínimo, llamarnos la atención: la realidad se interpreta de acuerdo con los intereses del bando en que se milita. Los partidarios de Sánchez coinciden en su interpretación de la legalidad estatutaria para mantenerse en el puesto de mando. A su vez, los golpistas apelan a estos mismos estatutos cuya aplicación dicen haber forzado mediante las dimisiones.
No así Borrell. Políticamente parece situarse en el bando de la abstención –algo que, por otro lado, los golpistas no se atreven a proclamar abiertamente y lo insinúan sólo entre líneas o con la boca pequeña-. Su interpretación de los estatutos, en cambio, lo sitúa en el bando de Sánchez y rechaza el modelo golpista. La verdad, no creo que Borrell tenga una gran opinión de Pedro Sánchez. Por esto, precisamente, su actitud le engrandece. Y es que, simplemente, no vale todo.

dijous, 29 de setembre de 2016

El porqué del golpe en el PSOE

(Impagable imagen que está circulando por twitter y que tomo prestada)
 

Si algo me parece destacable para intentar sacarle una lógica al golpe de estado que se ha producido en el PSOE, es que obedece a un problema de gestión del tiempo. Un tiempo con una calendarización que apremiaba, que no permitía seguir con la táctica de erosionar progresivamente  la figura de Sánchez –aun contando con la dolosa complicidad de los medios- y que ha forzado la precipitación los acontecimientos. En este caso, la señal (nada) codificada que activó la operativa del golpe, fueron las declaraciones de Felipe González manifestando su pesar  por haber sido engañado por Pedro Sánchez -¡qué ignominia, mentirle a González!-. Una vez se produjo la señal, todo el dispositivo de la conspiración se puso en marcha.

Y si ha de haber sido un problema de gestión del tiempo, es porque si no es así, entonces no cuadra nada. Coadyuva ciertamente a tal conclusión la inconsistencia de los argumentos aportados por los golpistas. Ahora bien ¿de qué tiempo ha sido en realidad el tan acuciante problema de su gestión? Aparentemente, el de la gestión del partido hasta la celebración del, por ambas partes, prometido congreso. Pero hay razones que inducen a pensar que acaso no sea este el tiempo que apremia, sino otro hecho del material con que se construye la razón de estado.

Que en el PSOE se estaba gestando desde hacía tiempo una batalla por el poder, es algo que nadie ignoraba. Desde personalismos y megalomanías, emblematizadas en la rivalidad entre Pedro Sánchez y Susana Díaz, hasta distintas concepciones de partido entre camisas viejas y caminas nuevas, entre sectores más federalistas y otros más jacobinos, ya hasta si se quiere, en redivivas polémicas debidamente metamorfoseadas, entre caballeristas y prietistas o «besteiristas». En fin, todo ello inherente a la heterogeneidad –y heteroclicidad en muchos casos- que este partido lleva en su dotación genética.

Nada de esto es nuevo; lo inédito es que en lugar de librar la guerra por los cauces «convencionales» y las tradicionales estrategias de poner palos en las ruedas desde los poderes fácticos partitocráticos –como hicieron con Borrell, por ejemplo-, la vieja guardia haya optado en esta ocasión, directa y abiertamente, por un punch.

Y es que a partir de lo proclamado por ambos bandos en liza, la verdad es que, más allá de los personalismos y facciones, no se vislumbra dónde está realmente la diferencia en los fines que dicen pretender conseguir. La diferencia es táctica, eso está claro, pronunciamiento o vía institucional, pero ambos sectores parecen converger en la necesidad de convocar un comité federal que convoque, a su vez, un congreso y las consiguientes (mal llamadas) primarias para elegir un secretario general y una nueva dirección.

Tampoco, al menos a partir de lo proclamado explícitamente y sin leer entre líneas, parece que unos propongan la abstención en la segunda tentativa de investidura, frente al «no» a Rajoy de los otros. Se aduce, eso sí, el recurrente tema de no tratar con nacionalistas (no españoles) y/o separatistas o «terroristas». Pero argüir a estas alturas algo tan manido y propio de la España más «cañí», sobre todo a la vista de las hemerotecas, no parece sino que sea una burda maniobra de distracción para desviar la atención del respetable de otras motivaciones más inconfesables. Entre otras razones porque ya lo acordó así, y por unanimidad, el comité federal. Entonces ¿dónde está el problema?

Aparentemente, el problema estaría en quién controla y administra el tiempo durante este proceso interno del partido hasta el próximo congreso. Y de allí la polémica sobre la interpretación de los estatutos, tema proceloso donde los haya. Pero me parece más bien otra maniobra de distracción -ésta sí, de más envergadura política que la ramplona alusión a los separatismos-, porque el tiempo que apremia no es el de la gestión interna del partido por una gestora o quién la constituya -aunque sin duda también-, sino un tiempo extrínseco a los procesos internos del PSOE y por completo ajeno a la polémica estatutaria. Un tiempo que viene marcado por la fecha de la próxima sesión de investidura. Y el auténtico objetivo de los golpistas no sería tanto hacerse inmediatamente con el poder -o no es éste el objetivo estratégico prioritario-, sino propiciar una situación de cisma que esté en su punto álgido cuando se produzca la sesión de investidura. Este es el auténtico objetivo, porque no debe haber terceras elecciones.

Obviamente, si de paso consiguen mediante este tour de force descabalgar a Pedro Sánchez y a los suyos, pues mejor que mejor, miel sobre hojuelas y a quién Dios de la dé, que San Pedro se la bendiga. Pero el trasunto ha de ser otro, porque entra dentro de sus cálculos que no sea así, que Sánchez se enroque y que la cosa vaya para largo. La polémica estatutaria está servida, pero para lo que nos atañe, es superflua: sólo está para abrir un escenario de vacío de poder, de cisma.

Así las cosas, el golpe ni busca hacerse con el poder de forma inmediata, algo que saben que puede ser largo y complicado, ni es el objetivo estratégico prioritario ahora mismo, sino un movimiento táctico para producir un cisma interno –pongamos con un Papa en Madrid/Roma y una Papisa en Sevilla/Avignon- que, a falta de una legitimación clara, impida la imposición de disciplina parlamentaria y facilite ciertos votos de «conciencia» -que ni siquiera pasarían por tránsfugas ante el sobrevenido escenario cismático- que permitan la investidura de Rajoy. Ni más ni menos. Porque, lo dicho, se ha decidido que no puede haber terceras elecciones.
¿Por qué razón no puede haberlas? Pues allá cada cual que especule con la información de que disponga. Unos dirán que porque si se dan, el PSOE se precipita hacia el abismo. Bien, una opinión respetable, pero que no me parece del todo convincente a la vista de lo ocurrido, porque tampoco evitará este supuesto. Un servidor más bien piensa que si no puede haber terceras elecciones es porque se ha decidido de muy arriba que no las haya. Razón de estado… o de supra-estado. Algo así anticipaba hace ya un cierto tiempo en otro post. Solamente que, ahí sí, Pedro Sánchez se les puso de perfil. Ergo, a por él. Todo por la patria.


Y a mí me mintió Felipe González

Anda muy dolido González porque Sánchez le mintió. Como si sólo pudiera mentir él. Sin ir más lejos, también me mintió él a mí con lo de la OTAN -entre otras muchas cosas-, por ejemplo, y  a algunos ciudadanos más que le creímos como él creyó a Pedro Sánchez. La vida te da sorpresas, Felipe, pero no te hagas la doncella ultrajada, porque tú, de doncella, ni de doncel, nada de nada.
 
Y todo para justificar catorce o quince abstenciones, a lo tamayazo, en la próxima sesión de investidura. Para esto todo este golpe de estado (acaso fallido, ya veremos). Sólo para esto.

dimecres, 28 de setembre de 2016

Vae victis: empezó el degüello.

Acababa de colgar el post anterior, y me encuentro con que se acabó la canción y empezó el degüello. Pues nada, más actual aún, y ¡ay de los vencidos!, que serán todos. Bueno, a algunos ya les habrán prometido las correspondientes puertas giratorias, equivalente de las bíblicas treinta monedas de planta, a cambio de poner al PSOE en la picota. Claro que a lo mejor el electorado se inclina por aquello de "Roma no paga a traidores", sobre todo ante la certeza de que no se ahorcarán por desesperación como Judas. No, estos no se suicidan ni que los maten.

A degüello o la némesis del PSOE



Cuenta la tradición que los dos últimos días de los trece que duró el asedio del Álamo, la orquesta de Santa Anna estuvo interpretando sin interrupción la canción que lleva por título «a degüello», en un claro aviso de lo que les esperaba a los texanos que resistían dentro de la vieja misión, convertida en precaria e improvisada fortaleza. Como es sabido, no hubo ningún superviviente entre los defensores –con la excepción de una mujer y una niña-. Fue una victoria efímera para Santa Anna.  Poco después, fue derrotado y hecho preso por Sam Houston en San Jacinto. A cambio de su libertad, firmó la independencia de Texas… y lo que hubiera hecho falta.

Van a por Pedro Sánchez y hace ya mucho tiempo que le están tocando la misma melodía que a los del Álamo; casi desde que fue elegido Secretario General. No creo que sea un gran político, opinión que ya he acreditado en alguna ocasión en este blog, pero lo del PSOE, tal como se ha puesto la cosa, está entre Guatemala y Guatapeor. Y no parece que la regeneración pueda venir de ninguno de los barones y baronesas que están afilando los machetes para entrar a degüello. Y atribuirle a él y a su equipo todos los males, tampoco me parece serio. Hasta González se ha apuntado al linchamiento. Puede que estemos ante la némesis del PSOE.

Ocurra lo que ocurra, el daño será irreparable, porque puede escindir definitivamente al partido en dos (o en tres o en cuatro, a saber). Por un lado, están los llamados barones territoriales y los burócratas de oficio, cuya práctica política más bien evocaría a un redivivo falangismo de extracción peronista o priísta; un sector que entraría de lleno en el peyorativo concepto de «casta», anclado a un poder territorial con fuerte hedor clientelista y a notorias corruptelas. Por el otro, la dirección federal actual, que ha tenido que lidiar con la nefasta herencia recibida de la misma casta y con la emergencia a su izquierda de una formación que ha adquirido proporciones hasta ahora inéditas -¿Alguien se imagina al PSOE de Felipe González con 85 diputados y al PCE de Carrillo con 61?-.

Ciertamente, no parece que el equipo de Pedro Sánchez haya demostrado disponer de la talla política necesaria para afrontar una situación tan extraordinariamente compleja como la generada con la crisis, pero tampoco es descabellado pensar que el relativo reflujo de Podemos tal vez no se hubiera producido de llevar las riendas del PSOE cualquiera de los apoltronados aparatxiki  que ahora quieren echarle. Y además, hay otro problema. Supongamos que echan a Sánchez y a los suyos. Bien, ya lo han echado ¿y luego qué? ¿Abstenerse en la investidura para que haya gobierno del PP con el apoyo de Ciudadanos? ¿Y las bases? ¿Y el electorado?

Porque el mismo cisma que sacude a la dirección se da también entre la militancia, igualmente heterogénea, y entre el electorado. En este sentido, no cabe duda de que mucho barón autonómico ha conservado su puesto no sólo gracias a su voto cautivo y clientelar, sino también por otro voto más, digámosle, «ideológico» y con componentes emocionales. Y por supuesto, con el apoyo del mismo Podemos que sirvió para auparles al cargo, pero que no lo quieren para Pedro Sánchez. Curioso.

En definitiva, si el color de la dirección federal es el mismo que el de las baronías territoriales, el modelo PSOE puede saltar por los aires, porque sólo con el voto cautivo no basta. Y si gana Pedro Sánchez y la emprende con los taifas, los barones se van con su voto cautivo, no sabemos adónde, pero igualmente representaría una nueva poda de lo más catastrófica en tiempos de carestía. Parece que la cosa ha llegado a unos niveles de enfrentamiento sin posible punto de retorno. Si gana Pedro Sánchez, la batalla será con Podemos por la hegemonía de la izquierda, pero con un sector de electorado que se largará hacia otros pagos más «centristas». Si ganan Susana Díaz y los suyos, será un regalo para Podemos, a poco que los de Iglesias sepan aprovecharlo. Por eso, quizás estemos ante la némesis del PSOE.
Santa Anna regresó a México después de su derrota y cautiverio, ya sin Texas. Fue nuevamente derrotado en la guerra con los EEUU (1846-48), acreditando una incompetencia y una felonía que en cualquier otro país le hubiera costado el pelotón de fusilamiento. Pero siguió gozando de períodos de poder absoluto, siempre amparados en el poder militar. Para entonces, sí, había mantenido la unidad de México, pero en un país reducido a la mitad de su extensión original. Sólo le interesaba el poder, aunque fuera en un país jibarizado. Eso sí, siempre entró a degüello. Algunos deberían tomar nota.

dilluns, 26 de setembre de 2016

Elecciones para la constatación



Los resultados de las elecciones de hoy en Galicia y Euskadi no dan, en realidad, para nada más que constataciones. Quizás por esto los tertulianos habituales de las tertulias estaban tan despreocupados y hasta desinhibidos: hoy no hacía falta pensar, y como se trata de una actividad para la cual no son especialmente idóneos, pues eso. Ahora bien ¿Qué constataciones?

Porque las constataciones no deberían ser sobre los resultados –están ahí y punto-, sino sobre las consecuencias que se desprenden de ellos. En principio, podría parecer que unos resultados «normales», es decir, que coincidan con las encuestas, no darían para grandes análisis. Pero puede que no.

Porque la primera constatación sería que la inmarcesible florecilla de Ciudadanos está empezando a marchitarse. Es verdad que las previsiones coincidieron con los resultados, tanto en Galicia como en Euskadi, y que para esta formación la convocatoria era de lo más inoportuna; precisamente en sus dos puntos más débiles. Pero también los es que tal inoportunidad puede marcar tendencia en sus resultados. Y sorprende que el omnipresente ciudadano mayor haya desaparecido esta noche del escenario. La pregunta es obvia: ¿Hubiera eludido igualmente las cámaras de haberse producido unos resultados más favorables? La cara nunca se da ante el éxito, sino ante la adversidad. Esto también puede marcar tendencia.

Lo del PSOE ya va para la UCI, con los barones y baronesas meridionales afilando las navajas en la luna llena de García Lorca, con un bandolero cabalgando muerto que se apellida Sánchez, en una noche con perfume de flor de cuchillo. O más prosaicamente, pisándole los tubos de oxígeno. Sólo que en la fosa caerá todo el partido, y algunos de ellos/as incluidos/das. Dejemos al PSOE, en el pecado está la penitencia.

Podemos y sus mareos, pues esto. Mucho Gramsci y tal y tal, pero la hegemonía es la que es, y de quien es, y esto vale para Galicia y para Euskadi… Y para el resto de España. Estaba por escribir el manual sobre cómo malograr una oportunidad histórica irrepetible para la izquierda. Ya falta menos; como mínimo ya tenemos el relato. Alguno de los doctorandos de Monedero podría planteárselo como tema de tesis, si es que siguen existiendo las tesis doctorales.

Lo del PNV –su éxito- demuestra que todo nacionalismo, centrípeto o centrífugo, ha de saber mantenerse emboscado a la espera de su oportunidad; y mientras tanto, a recoger. Hasta el ínclito Ansar afirmó que hablaba catalán en la intimidad. En el caso del PNV debe ser la tradición jesuítica. Lo he de decir, lo siento: sería recomendable que el PNV aportara algunos de sus cuadros para impartir un cursillo de formación política a sus homólogos catalanes de la antigua CDC, hoy de ignota denominación, empezando la primera lección explicándoles que en un partido hay «familias», pero que un partido no es de una familia, sino de la parentela.
Y acabo con Mariano. Hay que reconocer que este hombre tiene un aguante que al final empieza a resultarme entrañable. En un país de crispados, él ni se inmuta. Y también tiene suerte. A ver si no. Imaginemos que, en lugar de haber elecciones en Galicia, las hubiera habido en Madrid, y saca Esperanza Aguirre los mismos resultados que hoy son los de Galicia ¿Estaría igual de contento? Mucho me temo que no. En cambio, ahora tiene en cartera  para diciembre 10 o 15 escaños más, y Ciudadanos 10 o 15 menos. Y quizás al PNV, lo quiera o no Ribera; ya apenas contará. Solamente para decir «sí».

dilluns, 19 de setembre de 2016

¿Cómo son posibles los gurús educativos a priori? (I)





El rotativo «El País», muy en su línea, publica hoy la impagable entrevista con un gurú educativo de moda, uno más, que parece obedecer al nombre de Sugata Mitra, y cuyo centro de atención educativo preferente es acabar con los exámenes porque, dicé él, es una cosa de los tiempos de los imperios, de hace 300 años, y como hoy en día no hay trincheras, no hay ninguna razón como para tener que controlar los nerivos y los exámenes son innecesarios. Una entrevista que da mucho que pensar, ciertamente que no por lo que dice -una sarta de majaderías aliñadas por un picaruelo para consumo de infelices-, sino por lo que concierne a la propia condición de «gurú educativo», un sociotipo poco estudiado estudiado hasta ahora y que prolifera por doquier.

La entrevista es particularmente interesante y significativa por todo lo que tiene de tópica. Un déjà vu insidiosamente recurrente en todo este tipo de glosas: complicidad fingidamente aséptica que se traduce en acríticidad absoluta hacia el entrevistado, con preguntas que parecen más bien escritas por el propio gurú para su mayor redondeamiento retórico para que se las pongan como a Fernando VII, y unos entrevistadores que, a la vez que refutan en sí mismos la viabilidad del método socrático de la mayéutica, se manifiestan también indefectiblemente incapacitados para ejercer la no menos socrática eironeia -la ironía-, que tanto juego daría en las entrevistas a estos tipos.  

También, más allá de la receta milagrera particular de cada gurú, parecen surgir algunas características comunes a todos ellos, configurándose un borroso perfil de gurú que, ya sin más dilaciones, hay que esclarecer y establecer nítida y definitivamente. 

No nos estamos preguntando por las causas que han facilitado la proliferación de la figura del «gurú educativo» -lo dejaremos para sociólogos y psicólogos-, ni tampoco por ninguna variedad del sociotipo que se constituyera en «gurú educativo a priori» -ímproba tarea, que correspondería a fichteanos irredentos-, sino, en el sentido más genuinamente kantiano, por la possibilitas del gurú educativo. 

Aclaramos. Si un concepto es la obtención del universal a partir de la supresión de la diferencia, o sea, el conjunto de notas  o predicados que constituyen su possibilitas -aquello que ha de haber para que se dé tal concepto-, nuestra pregunta es ¿cómo son a priori posibles los gurús educativos? ¿Qué ha de haber en un «gurú educativo» para que sea efectivamente un «gurú educativo? ¿Cuáles son las condiciones de la posibilidad del «gurú educativo» o, si lo prefieren en más trendy: ¿Cuál es el «perfil del gurú educativo»?

A este propósito dedicaremos algunas de las próximas entregas: a un conocimiento trascendental del «gurú educativo», entendiendo, con Kant, por «trascendental», aquel conocimiento que se ocupa, no tanto de objetos, sino de nuestro modo de conocerlos en la medida que ello sea posible a priori.

Ya les iremos contando.

Sobre la tardomedievalidad catalana (Siguiendo con Vicens i Vives)



En la entrega anterior concluía afirmando que Cataluña entró en la Edad Moderna casi dos siglos después que Castilla, y que durante los siglos XVI y XVII vivió en una especie de prórroga tardomedieval. Y ello tanto en lo económico como en lo político. Políticamente, siguió en una concepción basada en el contractualismo con el monarca, en unos tiempos en que asomaban la monarquía absoluta y los primeros gérmenes de la razón de estado, frente a la razón dinástica propia de la Edad Media. Cierto es también que en Castilla este proceso se quedó a medias y abortó, lo cual a su vez explicaría el despegue económico catalán respecto al resto de España a partir del siglo XVIII… Pero volvamos a nuestro tema.

Para lo que aquí nos interesa, lo remarcable es la ausencia de razón y sentido de estado en las instituciones catalanas durante los Austrias, en una suerte de onfalocracia debida a una concepción medieval del poder, de la monarquía. Veamos cómo nos describe Vicens i Vives los diferentes procesos por los que transcurrieron, desde esta perspectiva, Castilla y Cataluña. Substitúyase «Minotauro» por «Leviatán», o por monarquía moderna. Se nos está hablando del resultado de la revolución y guerras civiles del siglo XV, y de la solución contractual a que se llegó con Fernando el católico. Una solución que, en palabras de Elliot, restableció el modelo bajo el cual se había engrandecido Cataluña en los siglos XIII y XIV, pero en unos tiempos y con unos retos muy diferentes, que hubieran requerido de respuestas muy distintas. Pero volvamos con Vicens i Vives:

“La solució del 1472 –capitulació de Pedralbes- fou la de declarar intocables la monarquia i el pactisme.

L’encarcarament polític del país començà en aquest bell punt. Els historiadors romàntics, que eren partidaris dels retrucs misteriosos i de les confabulacions secretes, acusaren Ferran II d’haver aclaparat Catalunya amb la introducció de l’absolutisme i la liquidació de les llibertats del General[1] i del municipi barceloní. Pobre Ferran II! La seva gran responsabilitat histórica és la d’haver lligat per sempre més la salvaguarda del pactisme a la seva política. Catalunya volia aquella forma de govern; donem-la-hi doncs (,,,) A més, el rei catòlic creà definitivament els dos organismes administratius cabdals del pactisme: el virrei i el Consell d’Aragó. Els catalans l’en regraciaren. Estaven segurs que viurien en el millor dels mons.

Acostumats a l’absentisme dels monarques des d’Alfons el Magnànim, els catalans no se sorprengueren que els nous reis de la casa d’Àustria establissin la cort a Castella (…) Ells tenien també la seva petita cort a Barcelona, amb el virrei capità general, els lletrats de la Reial Audiència i els notables (…) No s’adonaren, fins més tard, que el virrei i el Consell d’Aragó no eren òrgans comunicants del país amb el Minotaure, sinó pantalles que n’interceptaven l’accés.

Per tant, mentre els castellans es familiaritzaven amb el Minotaure a força de rebre’n les banyades –derrota de “las Comunidades”, espoliació dels tresors de les viles, arraconament total de les Corts de la vida política-, els catalans es gronxaven en la més absoluta ignorància de l’Estat i dels resorts del poder. Llavors fou quan Castella assolí la veu de «mando» i es féu la simbiosi entre la monarquia hispánica i l’Estat castellà (…)
En fin. Ya dijo Marx que si la historia se repite, lo hace en forma de parodia.



[1] La Generalitat. La nota es mía.

dissabte, 17 de setembre de 2016

Este país da para mucho

 




No se lo pierdan. Festival de cine de San Sebastián. Toda una superposición de siluetas. El anciano del fondo es Bertrand Tavernier. El que chupa cámara en calzoncillos tratando de ondear una pancarta, un espontáneo que surgió al grito de egh, egh, egh! Y entre los dos, apenas se le ve un brazo, el segurata que se lo está llevando.  Sobran los comentarios. Impagable.

 
 
 
 
 
 

divendres, 16 de setembre de 2016

Cataluña y América, según J. Vicens i Vives



Es moneda común de pago atribuir buena parte de la decadencia catalana en los siglos XVI y XVII a la prohibición de comerciar con las colonias americanas, cuyo monopolio ejercía Castilla a través de la Casa de Contratación de Sevilla. Como tantos otros mitos, está construido sobre unas partes de verdad y otras de mentira. Veamos que dice al respecto Jaume Vicens i Vives (1910-1960):

“Perquè s’ha de dir, d’una vegada per sempre, que és absurd el plany que prengué tanta volada a les darreries del segle XIX respecte a l’exclusió deliberada dels catalans del comerç amb Amèrica. Avui sabem que no hi hagué eliminació de tipus jurídic, sinó establiment d’un monopoli de tràfec entre Espanya y les colònies americanes a profit dels burgesos de Sevilla. Però els menys coneixedors d’història económica saben que primer els genovesos, després els alemanys i portuguesos, incloent entre aquests els "marranos" conversos, i més tard els holandesos, francesos i anglesos, saberen aprofitar-se d’aquell monopoli per a fer pasar l’or americà a llurs terres sense que el govern de la monarquia española pogués fer res per a privar-los-ho.

Si els catalans dels segles XVI i XVII haguessin tingut capitals, indústries i esperit d’empresa, bé s’haurien enginyat per assolir el mateix profitós objectiu que els altres estrangers a la Corona castellana. Si no ho poguérem fer, no és que no en sabessin; simplement, no teníem capitals per a ensibornar els factors de la Casa de Indias, enllaminir els marxants sevillans o «convèncer» la monarquia. Què més haurien volgut els reis d’Espanya i llurs ministres, fins i tot el mateix comte d’Olivares, que transigir amb unes demandes catalanes d’obertura del comerç americà, si és que se’ls haguessin presentat, davant la perspectiva d’unes bones curulles d’argent, ells que estaven dia sí i dia també abocats a la fallida del crèdit financer de la reialesa?

Però precisament en aquell temps, els comerciants de Catalunya tallaven el cuponet del tràfec amb Sicília i vivien d’allò més satisfets amb aquella rifeta. Pensar d’anar a Amèrica? I ca! Cap mariner no s’hauria atrevit a capejar la punta extrema de Portugal. Fins aquest punt davallàrem en el segle XVII”. (Jaume Vicens i Vives, Notícia de Catalunya (1954).

Se trata probablemente del historiador más notorio que ha producido Cataluña, y respetado prácticamente por todas las corrientes historiográficas, nacionales y extranjeras.

Es curioso que quienes sostienen todavía que hubo tal prohibición expresa al comercio catalán con las Américas, acostumbran a pasar por alto, o como reseña meramente anecdótica, que la liberalización del comercio con las colonias se produjo en el siglo XVIII con los Borbones, precisamente las épocas más duras de ocupación política y militar castellana, según estas mismas fuentes.

En todo caso, dicha supuesta prohibición suscita, cuando menos, una paradoja de difícil resolución para quienes la sostienen. Por un lado, si catalanes, aragoneses y valencianos eran considerados extranjeros en Castilla, y el único vínculo entre la Corona de Aragón y la de Castilla era que compartían monarca, pero cada cual seguía con sus instituciones, fueros y cortes respectivas, la verdad es que tal prohibición no debería parecer ni tan extraña ni tan abusiva. Ello no obstante, no deja de ser sorprendente que haya sido duramente criticada, por estos mismos sectores, a la vez que aducida como prueba de que no hubo una verdadera unión política durante los Austrias.

Sólo una nota más en lo referente a la noción de «extranjero» en la Corona de las Españas por aquellos tiempos. Es verdad que Isabel la católica, en su testamento, legó las colonias de ultramar como posesión única y exclusivamente castellana. Pero también lo es que Carlos V se pasó dicho testamento por el arco de triunfo. Poco después, Felipe II decretaba quiénes debían ser considerados «extranjeros» en las colonias de ultramar: todos aquellos que no fueran castellanos, leoneses, catalanes, aragoneses, valencianos, navarros, gallegos o murcianos (Portugal no se había incorporado todavía por entonces a la Corona). Tal cual.

El gran problema es no querer reconocer algo evidente: para bien y/o para mal, y con todos sus achaques, Castilla entró en la Edad Moderna en el siglo XVI, mientras que Cataluña, con los suyos, no lo hizo hasta el XVIII. Así lo sostienen no sólo Vicens i Vives, sino también tantos otros, nada sospechosos de españolismo, como,por ejemplo, John H. Elliot.
En la próxima entrega, algo más sobre esta polémica y tardía entrada de Cataluña en la Edad Moderna.

dimecres, 14 de setembre de 2016

¿Para qué la escuela?



Como cada año cuando empieza el curso escolar, proliferan las noticias y declaraciones sobre educación. Ahora bien ¿se habla realmente de educación o solamente de aspectos externos a ella que, aunque sin duda importantes, no dejarían de ser cortinas de humo que eluden los problemas y retos que tiene realmente planteados nuestro sistema educativo?

En cierta ocasión, inicié una conferencia afirmando que la transmisión de aquellos conocimientos –añado: teóricos y prácticos; aptitudes y destrezas- que la sociedad considera necesario preservar y que un individuo no puede adquirir en su entorno social más inmediato, se estructuró en torno a la institución escolar bajo el modelo de la Academia. Un modelo basado en el binomio docente-discente incardinado en una institución cuya función primordial era la transmisión de dichos conocimientos; fueran cuales fueran, según la época, la sociedad, etc.

Tres afirmaciones que a día de hoy habrían quedado obsoletas a juzgar por las tendencias educativas hoy hegemónicas, que no parecen ir en esta dirección, sino más bien en la opuesta. Veamos.

Que hay cosas que «la sociedad considera necesario preservar» me pareció, en su momento, evidente en sí mismo, pero acaso no lo sea tanto. Y ello en el sobrentendido que la sociedad, entendida como abstracción, quiera preservar algo. Porque entendía que, de una forma u otra, siempre habría un substrato sobre el cual se construiría un cierto consenso. Y a lo mejor resulta que no a todo el mundo le interesa preservar lo mismo. Sin ir más lejos, del mismo modo que algunos sectores de la sociedad suprimirían las academias militares, otros sectores, afines a determinadas prácticas curativas alternativas, suprimirían sin duda las facultades de medicina. De modo que la proposición sobre lo que «la sociedad considera necesario preservar» es, como mínimo hoy en día, más bien problemática.
El Artículo completo, aquí