dissabte, 31 d’octubre de 2015

MUNDO, DEMONIO Y CARNE...



...Eran los enemigos del alma y libraron contra ella numerosas guerras de incierto resultado. Como incierto ha sido el destino posterior de los viejos contendientes. Del alma nadie sabe muy bien qué ha sido, y los que se acuerdan de ella de vez en cuando, lo hacen para denostarla frente al amasijo de nervios y corrientes eléctricas que dicen que ahora somos; tampoco hay noticia del demonio, aunque es de suponer que decidió pasar desapercibido una vez cayó en la cuenta de que su mejor trampa era convencernos de que no existe. El mundo y la carne siguen ahí, pero ya no son lo que fueron. El mundo, pobre, cada vez más deteriorado y camino de convertirse en la némesis de su antigua aliada la carne. Y la carne... ¡ay, la carne!

La carne fue quizás la más enconada enemiga del alma. El mundo y el demonio siempre fueron en el fondo más comprensivos con ella, y partiendo de aquella sabia sentencia que nos decía que a enemigo que huye, puente de plata, hasta las más de las veces le facilitaban la retirada. Pero la carne no. Con la carne era la guerra total. Era además un enemigo duplicado. Según bajo qué aspecto se le apareciese materializada al alma, podía inducirla a la lujuría o a la gula, los dos sin duda más terribles de entre los siete pecados capitales.

La lujuria ya no le preocupa hoy a nadie. La administra el sistema en la dosis oportunas para mantener al personal tan entretenido con ella que, por eso mismo precisamente, ha dejado de atención. La democratización de la estupidez ha sido decisiva en la neutralización de la lujuria.

Sólo quedaba, pues, la carne que induce a la gula como auténtico enemigo a batir, ya no por el alma, sino por el amasijo de nervios, proteínas y electricidad que constituye el yo individual posmoderno. La trivialización de la lujuria la había dejado convertida en la única superviviente de los otrora temibles enemigos del alma. Esta semana, la OMS le dio el aldabonazo definitivo: la carne produce cáncer, así que a comer hierbajos. Ahí queda eso.

Al final, el amasijo como sujeto resulta más complicado que su antecesora el alma. Porque ésta, al ser simple y no poderse, por tanto, descomponer en partes más simples, era inmortal. Era invulnerable al tabaco, al alcholol o al sexo; y a sus seccuelas en forma de respectivos castigos impuestos por la providencia, el cáncer, la tuberculosis, la cirrosis, la sífilis o el SIDA. Estas cosas sólo podían afectar a la res extensa, al cuerpo, carne también en definitiva y al fin y al cabo. Pero no al alma, que éramos nosotros, que era el «YO».

Ahora en cambio, la cosa es muy distinta, porque el amasijo de nervios, electicidad y fluidos, quiere ello no obstante ser inmortal como la antigua alma. Pero no. Eso es imposible porque como res extensa que es, está sujeta al segundo principio de termodinámica, a la entropia. Pero se empeña en no reconocerlo. Y sigue haciendo el ridículo. Si la carne produce cáncer ¿no será que somos nosotros el cáncer?

¡Qué tiempos aquellos en que el alma se batía con sus tres grandes enemigos, y alternaba victorias con derrotas. Porque uno no sólo se define por sus amigos, sino también, y acaso sobre todo, por sus enemigos. Y mundo, demonio y carne, eran grandes, admirables y dignos enemigos. No como ahora, que no podremos ni comer carne tranquilos -apuesten a ver cuanto falta para que algún imbécil proponga erradicarla de los menús-, total, para vivir como vegetales unos años más y morirnos de otra cosa. Son las promesas/remedo de la posmodernidad.

Allá cada cual. Yo, esta noche me voy a poner un chuletón bien rojo entre pecho y espalda. A la salud del segundo principio de termodinámica.


divendres, 30 d’octubre de 2015

EL BATALLÓN DE LOS PELUQUEROS (LEYENDO A MAX AUB)



Con Max Aub tiene uno la sensación de recuperar una Literatura –con mayúsculas- hoy prácticamente extinta. Le remiten a los Episodios Nacionales de Galdós, con ventaja, trasladados a la guerra civil. Y lo digo sin el menor sonrojo: Los Episodios Nacionales también me gustan. Acabo de concluir la segunda parte del Laberinto Mágico –Campo Abierto, me quedan cuatro-. Les cito a continuación cuatro anécdotas, verídicas, pero mezcladas con personajes imaginarios, que aparecen a lo largo de los distintos relatos, y que me han impactado, no por sorprendentes en el contexto de la guerra civil, sino por la crudeza con que se narran.

Valencia, julio de 1936. Una patrulla de la CNT-FAI irrumpe en el domicilio de un tranviario jubilado y se lo llevan a pasear. Le han encontrado un carnet de la Falange. El individuo en cuestión es afiliado de toda la vida a UGT. Cuando se enteran su hija y su novio, a la sazón militantes del Partido Comunista, empiezan la misma noche a hacer las gestiones pertinentes para intentar dar con él antes de que sea demasiado tarde. Van a la sede del partido y la cosa se pone fea. Les dicen que ha sido cosa de la FAI, pero que le han encontrado un carnet de la Falange y esto es muy serio; ellos también empiezan a estar bajo sospecha.

Al final, todo se aclara. Resulta que la mujer del tranviario -su segunda mujer, y mucho más joven que él-, había cogido y manipulado el carnet falangista de su amante para que pareciera el de su marido, y lo había denunciado. Los detienen a ambos y el tranviario es rehabilitado, como mártir. La misma noche que se lo llevaron le habían pegado un tiro en la cabeza. Cosas de la revolución.

Valencia, (también) julio de 1936. El miembro de un comité revolucionario socialista, se ve en la tesitura de tener que votar a favor de la muerte de su padre, detenido por el comité, y con el cual no se hablaba desde hacía años. El padre es ciertamente culpable, un sedicioso de la CEDA metido a falangista y cacique del pueblo de toda la vida; han encontrado en casa un arsenal y documentos más que comprometedores. El hijo da su asentimiento a la sentencia, pero al mismo tiempo mueve hilos para salvarle y que lo embarquen hacia Francia. Y lo consigue.

El padre se agencia mediante sobornos tres pasajes; para él, para el hijo y para la nuera –de misa diaria-. De personalidad constitutivamente endeble, el hijo al final acaba embarcándose sin saber muy bien por qué. De Francia pasan a Irún. Allí, unos valencianos lo reconocen y lo denuncian. Es detenido y lo fusilan. El padre lo considera lógico y no hace nada para salvarle: su hijo era un republicano socialista, un mala cabeza. Es triste, pero se lo tenía merecido. De haberle hecho caso años antes, se hubiera quedado en el pueblo, no se hubiese metido en política y otro gallo le hubiera cantado. Habría sido su hijo de verdad.

Madrid/Burgos, noviembre de 1936. Un piloto franquista burgalés es abatido con su avión y dado por muerto. Su madre se hunde en el desconsuelo por el heroico hijo perdido. Las emisoras de radio republicanas anuncian que sobrevivió y fue hecho prisionero. Unos amigos del piloto oyen la noticia desde Burgos y corren a decírselo a la madre. Ésta va y los denuncia por escuchar emisoras rojas. Son detenidos y fusilados.

Y finalmente, un dato que desconocía. Entre octubre y noviembre del 36, parte de la defensa de Madrid se organizó con batallones de milicianos formados por gremios profesionales. ¿Saben qué nombre le dieron al batallón que formaron los peluqueros? Fígaro, el batallón Fígaro. Genial. Aun entre tanta miseria humana, siempre queda una chispa de esperanza.
Por cierto, lucharon heroicamente y más de la mitad murieron en la batalla de Madrid. Un batallón de peluqueros, bajo el nombre de Fígaro, enfrentándose a los tabores de regulares en defensa de la República. Eso es grandeza.

dijous, 29 d’octubre de 2015

UNA PIEDRA EN EL ZAPATO



Esta investidura como presidente se le va a acabar atragantando el estadista Mas. Ya reza el viejo refrán que quien con críos se acuesta, «meao» se levanta. La CUP suspendió ayer súbitamente sus reuniones de trabajo con los de «Junts per Mas» en protesta por la detención de una célula anarquista, llevada a cabo por los Mossos d’Esquadra siguiendo instrucciones de la Audiencia Nacional. Y es que hay que ser consecuentes con la desobediencia, de lo contrario se da una imagen poco seria. No se puede ser antisistema y andar por la vida con coche oficial y chófer particular.

A nadie debería extrañarle. La CUP es en realidad un epifenómeno  demorado del espíritu libertario del XIX y de principios del XX. Son, en este sentido, lo más parecido que hay hoy en día a la CNT-FAI de los años treinta del siglo XX. Pero son sus hijos bastardos, porque su libertarismo ha pasado por los filtros –o las cribas- de los coros de Anselm Clavé, Montserrat, el Barça, el pijoapartismo y, muy especialmente, la LOGSE.

Con estos ingredientes, el cóctel resultante –agítese antes de usar- no debería extrañarle a nadie. Ni siquiera a CDC. A la peña del 3% se le ha metido una piedra en el zapato, o le ha salido un grano en salva sea la parte. Ya veremos.


dimecres, 28 d’octubre de 2015

DE LA FARSA AL ESPERPENTO





Como ya sabemos, cuando la realidad se degrada hace su aparición la farsa, y cuando esta deviene consubstancial a la realidad, surge el esperpento. Ya hemos entrado en él. Y el teatro donde se representa es el Parlamento de Cataluña.

No voy a ser yo quien salga aquí rompiendo una lanza en favor del Tribunal Constitucional. Doctores tiene la Iglesia y siempre lo mejor es no tener ruidos con el Santo Oficio. ¡Pero hombre! ¿Cómo se puede estar anunciando el desacato y al mismo tiempo apelar al desacatado? ¿Cómo debería llamársele a esto? Hasta hace poco, farsa; ahora ya esperpento.

Algunos quizá lo expliquen aduciendo que Cataluña es daliniana. La verdad, no sé si Cataluña fue alguna vez daliniana. Y tampoco tengo nada claro que serlo fuera como para presumir de ello. Lo que sí sé es que, a la vista de las últimas performances que nos ha brindado el agitprop independentista, cuya máxima figura es desde anteayer presidenta del Parlament, con selfies incluidos, a lo que más se parece esto es al ancestral putiferio español, cuyos referenes fundacionales encontraríamos en la corte de los milagros, en las charlotadas del bombero torero y la banda del empastre, o en el teatro chino de Manolita Chen...

O en la dicotomía entre la puta i la Ramoneta, que como es sabido por aquí,  cuando hace de puta no es menos Ramoneta, ni cuando hace de Ramoneta no por ello es menos puta, pero le gusta jugar  a ser, a veces lo uno, a veces lo otro. La pasión de China Blue en versión Pitarra. Desde luego, lo que no habrá es ocasión de aburrirse.

                                    El Link: Mas apela al TC el mismo día que propone desobedecerlo.

APOSTILLAS A «ELECCIONES Y REPRESENTATIVIDAD»

La propuesta de convertir las autonomías en circunscripciones para las elecciones generales, aun siendo su mayor ventaja la posibilidad de ajustarse a criterios de proporcionalidad más precisos, no es la única. Hay otras. Por ejemplo, facilitaría conceptualmente el establecimiento de comisiones territoriales o interterritoriales, con lo cual dejaría de tener sentido la milonga de convertir el Senado en la cámara territorial que nunca ha sido. Así dejaría de servir siquiera como futurible y habría que cerrarlo definitivamente. Con 350 diputados en el Congreso, sobran para ello y para más, que los hay tan ociosos que ni se acercan o pasan la mayor parte del tiempo en el bar.
Es verdad que se podría aducir una cierta falta de sensibilidad territorial en este planteamiento de circunscripciones autonómicas, muy especialmente por lo que refiere a las autonomías uniprovinciales. Pero la inevitable reducción de su porcentaje de representación en aras a una mayor proporcionalidad, se puede paliar mediante un mecanismo compensatorio similar al actual, pero sin que resulte tan gravoso. Me permito sugerir lo siguiente.

En la actualidad hay cincuenta circunscripciones, más Ceuta y Melilla. Por su parte, la ley electoral establece una «cuota» mínima de dos escaños por circunscripción -Ceuta y Melilla, uno cada una-. Ello significa que, de los 350 escaños actuales, quedan para «repartir» 248. Si este mismo modelo se aplica a las circunscripciones autonómicas, pero con 3, serían 51 escaños de cuota, 53 con Ceuta y Melilla. Con ello, en lugar de 248, habría 297 escaños, 49 más, para distribuir proporcionalmente, lo cual permitiría aproximarse mucho más a la estricta proporcionalidad teórica deseada, sin por ello menoscabar a nadie. Y en lugar de discriminar negativamente a zonas más pobladas, tendríamos una discriminación positiva de las de menor peso demográfico. En fin, ahí queda.

 
También quisiera responder a una misma crítica se me ha hecho desde dos planteamientos opuestos –el catalán y el español, concretamente-, que si bien apuntan hacia lo mismo, lo hacen desde valoraciones dispares. Según ambas, las circunscripciones autonómicas son un remedo de circunscripción única en toda España, indeseable para uno, deseable para otro. Para el primero, sería un paso más hacia la españolización y la puntilla casi definitiva del centralismo jacobino en su obsesión por yugular la presencia de nacionalistas no españoles en el Congreso; para el segundo, la solución para quienes estén en empeño denunciado por el primero. Pues no. Y aunque sean lo mismo, he de replicar que ni lo uno, ni lo otro.

Ni lo uno,
porque en ningún momento he hablado de convertir a España en una circunscripción territorial única en sus propias elecciones generales -ya están las europeas para eso-. Y no solo porque, hasta donde me consta, no se da en ningún lugar del mundo algo así, sino porque en la realidad «plurinacional» española sería una insensatez aun mayor que, por ejemplo, en Francia, donde tampoco se les ha ocurrido hacerlo. Más bien pienso que al reducir las circunscripciones y aumentar su volumen demográfico, la adjudicación de escaños podría ajustarse a unos criterios de proporcionalidad mucho más  equitativos que, con las circunscripciones provinciales, es en la práctica es imposible llevar a cabo. A menos, claro, que pretendamos un Congreso con mil quinientos diputados, lo cual no es el caso.

Luego, no veo, la verdad, cómo esto yugularía nada o a nadie, máxime si tenemos en cuenta que la ubicación territorial de los  «yugulables» acostumbra a remitirse al ámbito autonómico. Sólo que, eso sí, su representación en el Congreso español sería acaso más proporcional en relación al todo que ahora. ¿Para mejor o para peor? Pues depende. Sin duda esta medida soliviantaría a ciertos caciques locales y comarcales, pero no es eso lo que aquí nos ocupa, sino los criterios de proporcionalidad.

 
Ni lo otro,
porque no se trata de perseguir o penalizar determinadas opciones, sino de que las que obtengan representación, lo hagan proporcionalmente a su porcentaje de votos. Desde ciertas posiciones se ha dicho con frecuencia que los nacionalismos catalán y vasco están sobrerrepresentados en el Parlamento español, en comparación, por ejemplo, a Izquierda Unida. Porque Izquierda Unida, con los mismos o más votos que CIU, por ejemplo,  obtiene menor representación debido a la dispersión territorial de su voto. Bueno, a ver.
Esto es en todo caso un agravio a Izquierda Unida, pero no un trato de favor a CIU. Porque la concentración o la dispersión territorial de un voto es algo inevitable desde el mismo momento en que una unidad electoral se divide en circunscripciones, como se ha venido haciendo desde que el mundo es mundo. Lo que hay que procurar, en todo caso, es que esta distribución se ajuste lo máximo posible a los votos obtenidos, según he venido defendiendo. Y luego, que salga lo que salga.
Comprendo que algunos quieran aprovechar que el Pisuerga pasa por Valladolid, pero es que las cosas funcionan de otra manera; o deberían. El problema de Izquierda Unida radica precisamente en las circunscripciones provinciales y sus, aun con sobrerrepresentación, escasos escaños a repartir entre las listas concurrentes. Quien se moleste en calcular como le hubiera ido a Izquierda Unida en anteriores elecciones de haberse celebrado bajo circunscripciones autonómicas, comprobará que sus resultados en escaños se hubieran aproximado mucho más al porcentaje de voto global obtenido. Y eso simplemente sumando los actuales escaños provinciales al global autonómico. Pero si correlativamente calcula los resultados de CIU, verá que tampoco hubieran variado tan ostensiblemente.
Pero, en fin, si el objetivo es reducir la representación nacionalista en el Congreso, entonces quizás la solución final fuera poner a toda la antigua Corona de Aragón como circunscripción electoral. Pero cuidado, no fueran a salir las cuentas del revés y la sobrerrepresentación de Teruel o Huesca compensara la infrarrepresentación de Barcelona, sin entrar en otros detalles. Vamos, que si lo que se quiere es liquidar o reducir a la mínima expresión a los nacionalistas, la mejor opción sería adoptar el modelo vasco: un número n de escaños, idéntico para cualquier circunscripción, con independencia de la demografía. Pero esto es un modelo confederal, así que atengámonos a las consecuencias.
En cualquier caso, mi propuesta no estaba pensada para beneficiar ni perjudicar a nadie, más allá del imperativo democrático de una representación en escaños proporcional a la demografía del territorio. Y esto sólo parce posible ampliando la circunscripción electoral a la comunidad autónoma. Si luego esto favorece a unos o perjudica a otros, pues qué la vamos a hacer.
Así pues, espero haber dejado claro que ni lo uno, ni lo otro, sino democracia. Y gracias a ambos, por las respectivas observaciones que han suscitado esta apostilla.

dimarts, 27 d’octubre de 2015

¿HONESTOS? ¡JAJAJÁ!

¿Pero no habían dicho las CUP que al no conseguir la mayoría no procedía la declaración unilateral de independencia? Vale, son unos descerebrados y no se acuerdan porque no tienen memoria; además, la memoria es reaccionaria y seguramente española. Que Dios nos pille confesados, entre los corruptos y los iluminados, la van liar y saldremos perdiendo todos.
 

diumenge, 25 d’octubre de 2015

ELECCIONES Y REPRESENTATIVIDAD




Los complejos resultados de las últimas elecciones catalanas han puesto sobre el tapete un viejo problema del que, por aquí, nadie parece verdaderamente dispuesto a hablar, pero que se ha trasladado al resto de España ante la perspectiva de que ocurra lo mismo si se produce la previsible ruptura del bipartidismo: la ley electoral y las circunscripciones.

En Cataluña, pese no ser la primera vez que ocurre, el tema ha pasado una vez más desapercibido; o casi. Sus razones tendrán, pero lo cierto es que más que analistas, lo que ha primado por aquí son herméticos y cabalistas. Unos, empeñados en (de)mostrarnos que el 47,7% independentista incorpora en realidad una mayoría mucho mayor, a partir de una peculiar hermenéutica de los designios del voto a ciertas formaciones; otros, más groseramente y haciendo de su cábala un sayo, añaden la abstención al 52,3% no independentista, alcanzando así hasta los dos tercios de no independentistas. Nadie se ha planteado, o muy pocos, cómo es posible que con una minoría de votos se pueda obtener una mayoría absoluta de diputados.

Y no es la primera vez que esto ocurre. El PSC de Pasqual Maragall obtuvo en 1999, cinco mil votos más que la CIU de Jordi Pujol, pero cuatro diputados menos -52, frente 56-, lo cual le impidió formar gobierno. Y nadie dijo nada. Volvió a ocurrir en el 2003. Esta vez fueron siete mil votos más, y también cuatro diputados menos -42 frente a 46-. Pero en esta ocasión sí que alguien dijo algo. La aritmética parlamentaria permitió al PSC formar el primer tripartito y quien montó en cólera, hasta el punto de desencajársele el semblante, fue Artur Mas. Proclamó que le habían «robado» la presidencia de la Generalitat y ni siquiera las contemporizadoras admoniciones de Jordi Pujol consiguieron apaciguarle. ¿Les suena esto en relación a la actual polémica sobre si valen los votos o los escaños para declarar la independencia? El día que se escriba una antología de los exabruptos antidemocráticos del Sr. Mas, la de su reacción frente al primer tripartito debería figurar entre las primeras.

Pero ya digo, aquí en Cataluña, la asimetría entre votos y escaños no parece que sea un desajuste que induzca a nadie a plantearse sus causas y sus eventuales soluciones. Acaso porque ya les va bien así. El primer tripartito tenía en su programa una reforma de la ley electoral catalana; acabo en nada.

En cambio, el problema sí se está planteando en el resto de España ante la eventualidad de que se produzca un escenario similar. Algo que, por cierto, nunca ha ocurrido en España con anterioridad, como mínimo en el sentido que la formación más votada no sea la que obtenga el mayor número de escaños; aunque sí que se ha dado, por supuesto, en la desproporcionada distribución de dichos escaños, donde, por así decirlo, the winner takes it all.

Pero ahora, ante una previsible fractura del bipartidismo, resulta que the winner tal vez no sea el que se lo lleve crudo, y como debería ser lógico en cualquier parte, se ha abierto el debate. No por parte de todos, claro, pero sí de los partidos emergentes –Podemos y Ciudadanos- eventuales afectados que obtendrían previsiblemente una representación muy por debajo de sus porcentajes en votos. En general, tales disfunciones se acostumbran a atribuir a la ley d’Hondt. Pues va a ser que no. La «culpa», por decirlo así, es de otra «cosa»: el criterio de circunscripciones electorales y el número de diputados asignados en cada caso. Ése es el problema y no otro. Porque una cosa es una ley electoral, y otra la llamada ley o sistema d’Hondt.

Lo que la ley d’Hondt determina es el procedimiento de adjudicación de escaños en una circunscripción electoral dada, de acuerdo con el número de votos y porcentajes obtenidos por las distintas listas que concurren en ella. Nada más. El resto, o sea, cuántas circunscripciones se establecen y bajo qué criterios –demográficos, administrativos…-, qué número de escaños se le adjudican y su número total en la cámara, son variables que en nada afectan al criterio matemático por el cual, dentro del sistema proporcional en que dicha ley se inscribe, se asigna el número de representantes que corresponden a cada lista según los resultados obtenidos en una circunscripción.

Todo lo demás forma ciertamente parte de una ley electoral, pero con respecto a la ley d’Hondt son variables extrínsecas, que pueden ciertamente obedecer a criterios demográficos o administrativos, como a motivaciones de interés y rentabilidad política. Y este es el problema, no la ley d’Hondt. Que la provincia de Madrid tenga 36 escaños y la de Teruel 3, un 8.3%, cuando su población es un 2.1% de la de Madrid, o sea, una representación proporcionalmente casi cuatro veces superior a la de Madrid, esto no lo «sabe» la ley d’Hondt, cuya función es limitarse a determinar los escaños que corresponden a cada lista.

Básicamente hay dos sistemas electorales, el mayoritario y el proporcional -y también algunas fórmulas mixtas, como las dos vueltas francesas-. En España el sistema que rige en todas las convocatorias electorales es el proporcional –con la excepción del Senado, donde no se vota a una lista, sino a un candidato-. Aun así, hay diferencias. En el Parlamento vasco las tres provincias tienen el mismo número de diputados, veinticinco, aun cuando Vizcaya casi cuadruplica a la población alavesa. En Castilla-La Mancha, tras la drástica reducción de escaños llevada a cabo por Cospedal, en la práctica el sistema proporcional acaba comportándose como si fuera mayoritario. Y en cada caso hay razones «justificativas» de tales diferencias. En el País Vasco sería la tradición foral y confederalizante sabiniana; en Castilla-La Mancha, en fin, un grosero cálculo para conservar el poder por parte de quien llevó a cabo la reforma; fallido, por cierto.

En España y en Cataluña, estos criterios extrínsecos son sospechosamente similares. En ambos casos hay una desproporción en perjuicio de las grandes concentraciones urbanas y a favor de las rurales menos pobladas. Ya hemos citado el caso de Madrid y Teruel, pero el de Barcelona con respecto a Lleida es harto similar. En ambos casos, cuando aparecen resultados aberrantes desde el punto de vista representativo, como que la lista con más votos no sea la que más diputados obtenga, es porque están viciados, pero no porque la ley d’Hondt sea aberrante, sino por las valoraciones que se impusieron sobre el criterio de proporcionalidad al adjudicar a unos territorios sobrerrepresentación sobre otros. Cui prodest? ¿A quién beneficia?

En el caso español, la distribución de escaños y el criterio provincial se diseñaron en su momento para asegurar una holgada victoria a la UCD de Suárez. Hoy beneficia claramente al PP. El voto rural siempre ha sido más conservador que el urbano. En el caso catalán, al tradicionalismo conservador hay que añadirle el componente nacionalista. Es en ambos casos sociología pura. Basta con buscar la ideología, los intereses y los caladeros electorales de quienes lo diseñaron. No digo que sea ilegítimo, pero sí que lo es agarrarse a lo que más convenga cuando los resultados electorales arrojan una distribución de escaños aberrante. Y en cualquier caso, lo de «un ciudadano, un voto», requiere de un matiz: un voto, sí, pero ponderado. Ha pasado en Cataluña y puede pasar dentro de poco en España.

No hay una ley electoral perfecta. La estricta proporcionalidad es materialmente imposible, igual que lo es hacer un mapa idéntico al territorio que reproduce –como ya nos refirió Borges-. Sólo podemos intentar aproximarnos lo más posible a ella. Desde esta perspectiva, el sistema proporcional es el que más se le acerca. Y si bien es cierto que la ley d’Hondt no es perfecta y prima a las formaciones más votadas, no lo es menos que este rasgo es tanto más acusado contra menos escaños haya por distribuir en la lista. Pero lo que no es de recibo es atribuirle disfunciones que, en todo caso, responden a criterios extrínsecos a ella, comprensibles, pero mezquinos.


Y ateniéndonos exclusivamente a la ley d’Hondt en el caso de las elecciones generales, y si tenemos en cuenta que contra más escaños haya por circunscripción, menor será la distorsión en su adjudicación, tal vez sería el momento de empezar a pensar en un cambio de circunscripciones y pasar, por ejemplo, del criterio provincial al autonómico. La distribución de escaños en función del peso demográfico, al ser menos circunscripciones y con más población, es más fácil de ajustar a criterios de mayor proporcionalidad. Y su posterior distribución sería más equitativa y reflejaría con mayor precisión lo que se supone que ha de reflejar: una distribución de escaños en el Parlamento lo más homologada posible con la del voto de la población. Lo demás, historias…

dissabte, 24 d’octubre de 2015

MAS Y LA LÓGICA DE LA TRANSGRESIÓN



Decía Kant que la mentira tiene como condición de la posibilidad un marco discursivo de presunción de verdad. Efectivamente, de no ser así, no sólo la mentira sería imposible, sino que también lo sería la propia posibilidad de discurso. De ahí infiere que la mentira está subordinada a la verdad.

No se trata de ninguna moralina. Esto, cuando se explicaba Historia de la Filosofía en el Bachillerato, les costaba de entender a los alumnos, que lo veían como la ingenuidad propia de alguien que, como Kant, no sabía de qué iba la vida. Con la cantidad de mentiras que decían ellos ¡qué les iba a contar Kant! Pero cuando se les explicaba la analogía que estableció Ortega, al menos los más espabilados caían en la cuenta de que para ingenuidad, la de ellos. Ortega comparaba la mentira con la moneda falsa. Y así como ésta precisa de la existencia de moneda de curso legal, sin la cual no podría siquiera ser ni moneda ni falsa, aquélla precisa de la verdad para poder ser mentira.

Pero hay ciertos supuestos bajo los cuales se quiebra esta analogía tan pronto como pasamos del concepto al agente, de la mentira al mentiroso y de la moneda falsa al falsificador. Es decir, cuando entramos en el ámbito de la percepción de ello desde el propio psiquismo del mentiroso o del falsificador. No porque deje de haber analogía, sino porque ésta se traslada a otro plano.

Para que haya transgresión, ha de haber un marco que fije unos límites más allá de los cuales ciertos comportamientos quedan proscritos o se consideran reconvenibles. Es decir, sin un marco «moral» previo –en su sentido originario de «costumbre» o «common life» humeana- a partir del cual se constituya lo «legal», escrito o consuetudinario, la noción de transgresión carece de sentido en la misma medida que la de mentira sin presunción previa de verdad. Que la constitución de este marco requiera de alguna forma de consenso formal, no debe, sin embargo, implicar que incurramos en la ingenuidad de asumir una aceptación implícita universal de «las reglas del juego», sino simplemente explícita, con la a su vez implícita eventualidad de transgresión, incluso bajo estas mismas reglas o pretextando ajustarse a ellas.

Para entendernos, siempre queda la posibilidad de «la mano de Dios», sin que ello aluda a ningún tipo de providencialismo, sino  al famoso gol de Maradona con la mano en el Mundial del 86. Un gol que no lo era, pero que computó como tal. Es decir, que la mentira pase por verdad, que la moneda falsa suplante a la de curso legal, o que la transgresión en definitiva, pase desapercibida.

Por lo general, el mentiroso o el falsificador de moneda son conscientes de su condición. Cierto que un mentiroso compulsivo puede acabar tomando sus mentiras por verdades, pero entonces estamos ante una patología de la personalidad. La confusión del fin con el medio. Cuando uno miente, lo hace con un objetivo; si miente por mentir, si el único objetivo es mentir, entonces es un enfermo. ¿Y el falsificador de moneda?

Ciertamente, no es imposible imaginar a un falsificador que acabe creyéndose que sus monedas sean de curso legal. Pero parece más sensato pensar que lo que pretenderá es ingresarlas en un banco colándolas subrepticiamente como verdaderas, en cuyo caso acaban siéndolo, como mínimo en el haber de su cuenta corriente, que es de lo que se trataba. Ahora bien, cuando un pelanas ingresa repentinamente un millón de euros sin poder acreditar que le ha tocado una Primitiva, entonces se encienden todas las alarmas; o bien es moneda falsa, ilegal, o lo es el origen de su posesión.

En una comedia teatral que pasaron hace muchos años por el viejo «Estudio Uno» de TVE, unos hampones de medio pelo consiguen construir una máquina falsificadora perfecta. Para no llamar la atención, desestiman fabricar billetes de mil y de quinientas pesetas. Pero si sólo los producían de cien, entonces no cubrían gastos. Y en un raptus de lucidez digno de muchos economistas actuales, deciden producir billetes de 155 pesetas. Las ventajas eran evidentes: no llamaban la atención como la llamarían yendo por la vida con fajos de billetes de mil –ellos, unos matados-; cubrían gastos y les quedaba un beneficio de cincuenta pesetas por billete. Y se pusieron en faena. Huelga decir que acaban todos detenidos a las primeras de cambio. Eso sí, no se sabe si por falsificadores o por gilipollas.

Por lo tanto, el mentiroso es tan consciente de estar mintiendo como el falsificador de que sus monedas son falsas; psicópatas y gilipollas aparte. Pero igual que un mentiroso puede llegar a creerse el único que miente, y hasta a considerarse el único con derecho a mentir, también el transgresor sistemático puede llegar a considerarse el único y astuto transgresor con «derecho» a transgredir, en lo que es una transposición de planos consecuencia de la pérdida de sentido de la realidad.

Y trasladando todo esto al ámbito de la política, no estaríamos en el plano de legitimación de un fin por cualesquiera medios –como burlar la ley, por ejemplo, que es otra cosa-, sino que, una vez más, topamos con Kant: también una república de diablos tendría sus leyes. De hecho las tiene, porque entre diablos anda el juego y esto es lo que hay. Y resulta que si uno, en sus delirios, se cree el único diablo y así lo anuncia, lo que a primera vista pudiera parecer una actitud astuta o  taimada, según del lado que se mire, acaba en realidad siendo la más cruda explicitación de una ingenuidad enternecedora, y estremecedora, por su ramplonería implícita: desconoce las reglas del juego.

Ayer, haciendo zapping, apareció de repente en la pantalla el Sr. Mas compareciendo para «explicar»(?) los recientes escándalos de corrupción que apuntan directamente hacia él. Y como si más allá de su autoproclamada astucia, el cálculo hubiera aconsejado fabricar billetes de 155 euros en aras a la causa que dice defender, estaba diciendo en el mismo momento que apareció en mi pantalla, entre airado y ultrajado:

[(…) també ens podríem preguntar] per què no busquen en d’altres”.

Es decir, “(También nos podríamos preguntar) por qué no buscan en otros sitios”. O sea, Why me?  Para a continuación hacerse fuerte proclamando que en diez años, no han podido (“Ellos”, Madrid) encontrar nada.

Vamos a ver. Prescindiendo de que en diez años sí se han «encontrado» cosas que han llevado a más de un allegado suyo a la cárcel, la pregunta es qué le induce a advertirnos implícitamente que sí van «encontrar» algo en el undécimo y porqué precisamente a él.

¿Pero qué te pensabas? ¿Que esto iba a ser como el solitario en el que te haces trampas a ti mismo con billetes de 150 euros? ¿O nos vas a decir que de tanto mirarte el ombligo, no sabías que esto es una república de diablos?

¿Y la lógica de la transgresión? ¡Ah! sí, la de toda la vida; la que le recuerda el viejo pistolero de los westerns al joven temerario que cree serlo. Siempre habrá alguno más rápido que tú; o más astuto que tú, más aún si es el que reparte el juego. Son las reglas: tú no eres el único transgresor.

La maldición «gazieliana» persiste: ¿Mal suertudo o pésimo jugador?


divendres, 23 d’octubre de 2015

UNA ATISBO DE ESPERANZA



Se atribuye a Disraeli la siguiente frase. A lo mejor no es suya, no sé, pero está claro que sólo puede provenir de una auténtica bestia política, de alguien que conoce muy bien los entresijos de la burocracia y su lógica  interna de funcionamiento:

“Nunca nos podremos hacer una idea cabal de la cantidad de catástrofes que se han evitado por falta de presupuesto”.

Ironías de la vida. Aunque sin duda intentarán hacer de su capa un sayo, sólo nos queda esperar que la escolarización obligatoria hasta los 18 años propuesta por el PSOE, no se pueda llevar a cabo gracias a tan frívola razón.

dijous, 22 d’octubre de 2015

PSOEZ «EDU.0/18»: PROUESTA DE MEDIDAS DE ACOMPAÑAMIENTO

 
 
 
 
 
              
 
Como ya podrán suponer los lectores más avispados, «EDU.0/18» es el lema que sugiero para la PSOEZ propuesta de escolarización obligatoria desde los cero hasta los dieciocho años. Como eslogan, suena la mar de molón.

Se trata de una medida cuya aplicación presenta una serie de retos a los cuales el sistema educativo debe saber adaptarse. Como ciudadano responsable y preocupado por la educación, me permito presentar una serie de propuestas de acompañamiento a esta medida, que someto al juicio de los expertos para que, aprovechando la fecunda experiencia de la LOGSE, se obtengan resultados similares, pero más consolidados, si cabe, en el tramo de edad 16/18, en consonancia con el espíritu de los obtenidos en todos los tramos inferiores con su implantación. Propongo para ello una drástica modificación de los planes de estudio hasta ahora vigentes, para que se implemente una nueva dinámica que nos blinde ante la eventualidad de cualquier vuelta atrás.

1.- PROPUESTA DE NUEVO PLAN DE ESTUDIOS:

PARA EDUCACIÓN INFANTIL: Queda como hasta ahora. Susceptible a extenderse hasta los cero años de edad. Las aulas deberían habilitarse en las mismas salas maternales, bajo supervisión de expertos pedagogos, para que los recién nacidos no experimenten ningún transtorno adaptativo del claustro materno al aular, pero puedan desarrollar libremente sus impulsos naturales bajo la benévola observación de acreditados expertos.

PARA EDUCACIÓN PRIMARIA: Se extiende desde 6 hasta los 14 años, incorporando 7º y 8º a los seis cursos actuales, respectivamente en los tramos de edad 12/13 y 13/14 años. Los objetivos de la etapa se mantienen invariables, pero aplicados ahora a un recorrido de 6 años, que facilitará su mejor adquisición y consolidación entre el alumnado.

PARA EDUCACIÓN SECUNDARIA OBLIGATORIA (ESO): Se mantiene en cuatro años, pero desplazándose del tramo de edad 12/16 al más razonable 14/18. Los objetivos se mantienen también invariables, pero desplazados a un universo de alumnado de dos años más de edad. El título de Graduado en ESO facultará para acceder a la Universidad. Prohibidos los exámenes y repeticiones de curso. Para favorecer el desarrollo de la autorresponsabilidad y el espíritu crítico, el alumno se autoevaluará y evaluará su nivel de satisfacción con el profesor. Tendrá efectos vinculantes.

PARA EDUCACIÓN SECUNDARIA POSTOBLIGATORIA:

FORMACIÓN PROFESIONAL: 1 o 2 años, según (banderillero o picador, por ejemplo, uno; diestro matador, dos). En el caso de los estudios de tauromaquia reseñados como ejemplo, se propone la supresión del término «matador», por razones de corrección política, y dejarlo en «diestro» o «torero», con la debida incorporación de los femeninos diestra, torera, picadora y banderillera.

BACHILLERATO: Queda suprimido, pero la titulación de Bachiller seguirá existiendo, adjudicada como acompañamiento al título de graduado en ESO, es decir, a todo el mundo.

 2.- VALORACIONES Y REFLEXIONES:
En la etapa postobligatoria,  teníamos hasta hoy el Bachillerato (de dos exesivos años), y la Formación Profesional (uno, en algunos casos dos). La extensión de la ESO hasta los 18 requiere de una profunda transformación de ambos estudios postobligatorios, cuya complejidad aconseja su reducción en aras a su simplificación, siempre buena si aporta innovación. Una reducción que se compensa con creces con la escolarización universal hasta los 18 años, con la cual se garantiza la equidad más que en ningún otro país del mundo. Se garantiza también la imposibilidad intelectual de percepción de cualquier diferencia.

En el ámbito de la Formación Profesional, urge la introducción de nuevas familias profesionales con creciente demanda social que requiere de la debida y diversificada oferta que dé cumplimiento y satisfacción a las expectativas de tales demandas. El sistema educativo no puede vivir al margen de la sociedad y hay que dignificar de una vez la FP. La eliminación material del Bachillerato puede coadyuvar a ello, pero es preciso que se evite la reaparición de la diferencia entre las distintas familias profesionales. Para ello deberán estudiarse las correspondientes medidas igualadoras.

En este sentido, la nueva familia profesional de la «Tauromaquia», con la debida titulación reglada de la figuras profesionales de banderillero, picador y diestro, no ha de ser sino un avance de lo que realmente deberá marcar el futuro de la Formación Profesional en el país, adecuándola a sus necesidades y requerimientos. Se está estudiando también la introducción de nuevas familias profesionales representativas de actividades ampliamente constatadas, hoy en una suerte de limbo educativo, como «Prostitución» (hetero y homo), o «camello». Y también una nueva especialidad estrella de la nueva FP: «Paraduría», que prepararía para el oficio de parado o desempleado, el más extendido, sin que hasta ahora haya sido objeto de la debida formación para ejercerlo.

Para las especialidades «clásicas» de la FP –electrónica, mecánica, administrativo, técnico informático etc-, y con el fin de evitar el resurgimiento del nefando espíritu elitista que caracterizaba al anterior sistema educativo, se recomienda que de la FP dual se pase a la FP integral; es decir, que se lleve a cabo íntegramente en las empresas del gremio que corresponda, como en la Edad Media. ¿O no funcionaba por entonces bien la cosa y sin sobresaltos?

En lo referente al Bachillerato, su supresión se recomienda encarecidamente dada su manifiesta falta de encaje y sentido en el nuevo marco educativo. Por un lado, sus contenidos curriculares, distribuidos en especialidades, son anacrónicos y contrarios a las nuevas tendencias educativas. Las especialidades son una cosa de los siglos XIX y XX, y consecuencia, a su vez, de los nefastos siglos XVII (la Revolución científica) y XVIII (la Ilustración). Lo que se enseñaba en el Bachillerato, además, ya está hoy en día en internet.
Es también recomendable que la lengua vehicular sea en todas las etapas el inglés, muy especialmente en sus ricas y variadas e inagotables modalidades de «slang». Se contratará para ello personal nativo debidamente acreditado, como estibadores portuarios, camioneros, albañiles y camareros de pubs, «eastenders» preferentemente. Se ha comprobado que el dominio de la lengua inglesa en su variante culta incita a veleidades intelectuales y elitistas cuya aparición hay que evitar para el bien de la igualdad.

Por el otro lado, las exigencias de la especialización en el mundo universitario moderno, carecen de relación con los contenidos genéricos propios del clásico currículo del antiguo Bachillerato, «explicado» por licenciados universitarios –fracasados, además, porque no consiguieron «conectarse» como profesores  de Universidad, y tuvieron que limitarse a ganar unas oposiciones-, sin preparación pedagógica y carentes por completo de inteligencia emocional, que sólo entienden de exámenes y de aprobados o suspensos, empeñados en la obsoleta dicotomía según la cual hay una respuesta correcta y el resto son incorrectas, e ignorando altivamente hechos constatables como que los alumnos de hoy en día saben más de la vida que ellos, que habiendo calculadoras y correctores automáticos carece de sentido saberse las tablas de multiplicar o disponer de rudimentos de ortografía, o que el conocimiento que no se olvida es el que no se aprendió, con lo cual ya no se podrá decir que la mayoría de cosas que a uno le enseñaron en la escuela las olvida luego.

Y una última razón en favor de la supresión del Bachillerato, ésta para reticentes obsesivos. No se puede retrasar más la edad de acceso a la Universidad. Allí ya pagarán de lo lindo los que vayan y se compensará así, parcialmente, el incremento de gasto que comporta la escolarización hasta los 18, que para eso está la privada concertada. Y los que quieran aprender algo, pues que paguen. Además, la Universidad fue siempre cosa de ricos ¿no? Pues que vayan ellos. Y que inventen ellos.

Hay también un efecto colateral altamente positivo que hace aún más deseable tal medida. La escolarización obligatoria hasta los 18 acarreará un cambio legislativo que reducirá el universo de la población activa en dos años, con el consiguiente impacto en las estadísticas del paro, para regocijo de ministros o consejeros de economía, y de políticos de toda ralea en general. Al menos durante los dos primeros años, podrán proclamar altaneramente que el paro está bajando. ¿Qué más se puede pedir?

Sí, algo más. Ya puestos en ello, y enardecido al calor del entusiasmo por la propuesta del PSOE y sus salvíficos efectos, uno hasta estaba por sugerir la reimplantación del servicio militar obligatorio de dos años, con los cual, también al menos durante los dos primeros, las estadísticas del paro bajarían ostensiblemente. Pero como esta medida sería impopular, podría substituirse por algún tipo de voluntariado «obligatorio» de la misma duración en alguna ONG. Sí, es una contradicción, pero qué más da. Los afectados no estarían en condiciones de percibirlo…

Y fíjense ustedes, dos y dos, cuatro. Cuatro años de vertiginoso descenso del paro; justo el periodo de una legislatura. Reelección asegurada para otros cuatro años; ocho en total. No estaría mal ¿no?
Y luego, claro, el diluvio ¿pero a quién puede importarle esto?

dimecres, 21 d’octubre de 2015

¡ACABÁRAMOS!



Lo del PSOE con la Educación es, simplemente, regodeo en la más réproba de las contumacias. Que después de veinticinco años de la promulgación de la LOGSE, a la vista de sus nefastas consecuencias y sin el menor atisbo de reconocimiento autocrítico del despropósito que perpetró, ahora se le ocurra proponer la escolarización obligatoria hasta los 18 años, no es que sea de juzgado de guardia, es de Tribunal de Nüremberg. Eso sí, uno ya no sabe si por un delito de lesa humanidad, de lesa estupidez –en la segunda acepción del término: entendimiento pervertido, turbado, trastornado…-, o por ambas cosas a la vez, que de todo habrá.

A uno, la verdad, el dúo Sánchez&Luena se le antoja algo así como la pareja Pedro Picapiedra y Pablo Mármol, protagonistas masculinos de los inefables Flintstones. De Pedrito nadie dice que tenga talla política, pero sí que es guapete; de Luena nadie dice nada… tal vez porque podría ser utilizado en su contra. Y esos son los que mandan.

Lo de la excomandante Zaida de número seis por Madrid, pues miren, ya tiene tela, porque si en lugar de hacer justicia por el mobbing que parece ser que sufrió, se la rebaja del servicio y se la pone a diputada, entonces, ¿qué habría que hacer con el resto de mujeres y hombres víctimas de acoso en su trabajo? ¿Todos a diputados?

Luego, lo de Irene Lozano. Y eso es o masoquismo o estulticia, o una vez más, ambas cosas. Porque hay que ser un perfecto tarado político para no ver que lo de la señora Lozano es un braguetazo con todas las de la ley. ¡Lo que hay que hacer para comer caliente! Como el arruinado o el ambicioso que se buscaba una tonta hija de rico para vivir de su fortuna, ella se ha buscado un «buen partido», el PSOE de sus iras no hace ni dos semanas. Huele a cuerno quemado.

Pero lo de la escolarización obligatoria hasta los 18 años ya es la línea roja más allá de la cual, como en la entrada al infierno de Dante, hay que abandonar toda esperanza de que este partido pueda regenerarse y ser tomado siquiera mínimamente en serio. Lo lleva en el ADN desde el pacto del Betis, allá en Suresnes, cuando otro famoso dúo, González&Guerra, optó por convertir los residuos de unas siglas en un negociado de regalías. Y eso dicen que es la izquierda.

Lo peor de todo es que ahora saldrán los de Izquierda (des)Unida y los de (no)Podemos, y pasándose de tan listos y progres como son, propondrán la escolarización obligatoria hasta los veinte para no ser menos.
¿Es que nadie va a imponer un mínimo de tino?

diumenge, 18 d’octubre de 2015

...Y VÍCTIMAS DE LA LOGSE




Sirva esta entrega como apostilla a la anterior «Hijos de la LOGSE», en la medida que acaso complemente algunas de las consideraciones realizadas en ella. Me voy a referir a la condición de «víctima» a partir de las reflexiones que me sugieren noticias como las que allí comentaba, tanto la más reciente de las faltas de ortografía cometidas por docentes en sus anotaciones a la corrección de un examen –o simplemente a la mala corrección-, como a los suspendidos en oposiciones a maestro por creer que «disertar» significa dividir un todo en partes iguales.

La condición de víctima puede ser objetiva o subjetiva. O si se prefiere, uno puede ser consciente o no de su condición de víctima. En este caso, la consideración de alguien como víctima presupone el autoinvestimiento de una cierta superioridad analítica y de perspectiva, de autoridad, en definitiva, del que atribuye sobre el atribuido. Y puede incluso suscitar el más abierto rechazo por parte de éste, que no se siente víctima, o que cuando se descubre como tal, no admite serlo por ESO –con perdón-, sino por aquello o lo de más allá. Eso es inevitable, pero es lo que hay. Es la misma jerarquía que hace que cuando uno se encuentra mal vaya al médico y, admita, por lo general, su diagnóstico. Porque él no sabe lo que le ocurre, mientras ue el médico, se supone, sí.

Uno puede no haber sentido nunca la menor necesidad de saber que el Ebro no pasa por la provincia de Madrid, cierto. Y puede que también nunca le hayan ilustrado sobre su recorrido. Hasta puede que le hayan dicho que es algo innecesario y que haya seguido todo un itinerario académico hasta salir de la universidad con el diploma bajo el brazo, con ésta y otras muchas lagunas que, para algunos son océanos de ignorancia, pero que para otros son «cosas» absolutamente engorrosas y prescindibles por innecesarias. Y que además ya están en internet. Sin duda se puede ser muy feliz en la vida sin saber por dónde pasa el Ebro, sin conocer las categorías de Aristóteles, sin saber del teorema de Pitágoras, sin haber leído el Quijote o incluso pensando que la gallina es un mamífero. Claro que sí.

Ahora bien, cuando, por ejemplo, descubro que tal felicidad se ve truncada porque estas «cosas» y algunas más se me exigen para poder ganarme la vida ejerciendo de maestro, entonces es cuando la reacción puede ser de lo más variado, según el caso. Se descubre entonces la condición de víctima, aunque no necesariamente de quién o de qué.

Porque uno puede pensar que lo que se le exige saber, para unas oposiciones a las que concurre pero que rechaza, es innecesario de acuerdo a la concepción que tiene y que se le inculcó sobre lo que ha de ser un maestro, y por tanto no exigible. Luego es una injusticia que, ahora y de buenas a primeras, se le requiera saber algo que no se le exigió que aprendiera, que puede haber olvidado y que, en definitiva, está convencido de que no sirve para nada que no sea discriminar al que no lo sabe. Y hasta puede pensar que la ortografía es algo arbitrario y prescindible. Tanto como mecanismo de autojustificación como por convencimiento.

Y si nos fijamos en las reacciones que suscitó en su momento en el lado de los afectados, y entre la mayoría de sindicatos docentes, las declaraciones de algunos de cuyos dirigentes mejor omitámoslas, observamos que la «injusticia» que les convierte en víctimas conscientes no es la estafa que se cometió con ellos por parte de un sistema educativo fraudulento, que no les formó debidamente a la vez que les prometía el cielo, sino que se les exija un determinado acervo de conocimientos, por lo demás del todo elementales. Y lo paradójico del caso es que, al menos desde su propia perspectiva, no les falta parte de razón.
Es decir, se descubren como víctimas, pero siguen sin identificar al culpable porque carecen de capacidad crítica para ello. Y es que el pensamiento crítico, tan del gusto de la pedagogía renovadora, no consiste simplemente en «criticar». Esta es, y sigue siendo, la mayor perversión de la LOGSE y de sus secuelas, que convierte a las víctimas en irredentas.