dissabte, 29 d’agost de 2015

¡AQUÍ SE JUEGA!



Lo decide súbitamente el inefable capitán Renault (Claude Reins) como argumento para cerrar el Café de Rick (Humphrey Bogart) en Casablanca (Michael Curtiz, 1942), conminado a ello por el legado alemán con motivo de un incidente entre la clientela del bar y un grupo de oficiales nazis. Al mismo tiempo, un encargado del local le pasa al capitán Renault las ganancias obtenidas en la ruleta unos minutos antes.

Como es evidente, el corrupto policía colaboracionista francés no sólo tenía perfecto conocimiento de la existencia de un casino clandestino en el local de Rick, sino que obtenía substanciosos ingresos de él por el procedimiento de dejarle ganar cuando apostaba en la ruleta trucada. Todo clandestino, pero todo en orden, y aquí paz y allá gloria. Hasta que llegan un líder de la resistencia con su mujer y la legación nazi; y la cosa se complica truncando tan idílico estado de cosas.

Estas cosas suelen ocurrir no sólo en las obras de ficción, sino también en la realidad. Y como sabemos, a veces la realidad puede superar a la ficción. Hoy sin ir más lejos, los asombros y la estupefacción que ha generando el escándalo de CDC y la entrada de la Guardia Civil en sus sedes recuerdan, eso sí, en forma de parodia grotesca, la genial ocurrencia del capitán Renault cuando «descubre» que en el Rick’s Café se practicaba el juego ilegal y procede a clausurarlo. Porque no creo que nadie en sus cabales y con un mínimo de honestidad intelectual pueda aducir ignorancia de lo que ha estado pasando en Cataluña a lo largo de los últimos decenios. Lo había proclamado públicamente en el parlamento catalán Pasqual Maragall hace ahora diez años, con su famosa frase del tres por ciento. Pero luego se retractó. Cosa también muy suya. Y se le acalló hasta el punto que pidió perdón.

Un lapsus o una ocurrencia, nunca se sabe tratándose de Pasqual Maragall, pero lo cierto es que dijo lo que todo el mundo sabía, que aquí se juega, vamos, como el descubrimiento de Renault: que aquí la corrupción es un sistema y está institucionalizado. Y claro, como Renault, se descubre cuando toca… o cuando interesa. Es muy probable que haya algo más que altas dosis de oportunismo en la escenificación de ayer, pero ¿qué se pensaban?

Algunos dirán que se trata de un nuevo ataque a Cataluña, que corrupción la hay en todas partes sin que la Justicia actúe con el mismo celo, y que todo viene de la conversión al independentismo de «Mas y los Pujol». En relación a lo primero, que abunda en el cuento de siempre, es un ataque, no a Cataluña, sino al proyecto independentista que esta pandilla de corruptos ineptos encabezan y que, en cualquier caso, sólo se puede entender como ataque a Cataluña desde la patrimonialización en exclusiva que ellos mismos se han arrogado.

En cuanto a lo segundo, que la Justicia no actúa con el mismo celo contra la corrupción en otras partes de España ignoro de veras si lo harán de más mala gana y con mayor renuencia en otros sitios que aquí. Pero todavía no he visto a Millet o a ningún Pujol esposados y cabeceados por un agente mientras se les introduce en el coche policial, como sí he visto a Rato, que tampoco es un don nadie, y menos aún  en el mester de corruptelas. De acuerdo, dejemos de lado la evidente intencionalidad efectivista de la instantánea del nuevo Don Rodrigo. Aun así, entre los imputados y detenidos por las más variadas tramas corruptas a lo largo de la geografía española -púnicas, gürthels, etc-, se me antoja que no son precisamente pocos. Y sí, puede que no estén todos los que son, aunque sí que lo son todos los que están. Pero es que esto también pasa aquí.

Y con respecto a lo tercero, que todo esto es un complot estatal contra el proyecto independentista, pues qué quieren que les diga. Puede. A lo mejor es que la propuesta independentista ha truncado el idílico estado de corrupción tácitamente consensuado del cada cual a lo suyo, como la llegada del fugitivo y de los nazis que iban tras él a Casablanca, dio al traste con la placidez existencial en que vivía el capitán Renault. Pero, entonces, una vez más, ¿qué se pensaban? Porque si no se imaginaban que les iban a airear la ropa sucia, entonces sería que además de corruptos, son imbéciles. 

Lo que sí está claro es que hasta ahora no se ha detenido a nadie por ser independentista, sino por chorizo. Tal vez alguien debería haberle explicado a Mas la triste historia del irlandés Parnell. Con tanto y tan bien pagado asesor, es extraño que no la haya tenido en cuenta. O sí, y por eso se ha escondido detrás de la calva de Romeva y debajo de las faldas de Forcades y Canals. Y no digo de la barriga de Junqueras porque, cosas del destino, las pesquisas realizadas ayer por la Guardia Civil responden a una denuncia realizada hace dos años, ni más ni menos que por ERC, partido que participa en la misma candidatura que Mas y cuyo máximo dirigente va de número cinco, justo por detrás suyo. ¿Qué dirá ahora Junqueras? ¿O qué pensará?

Lo que dice lo sabemos. Lo que piensa, no. Pero lo podemos intuir: si no hubiera cedido a las presiones de Mas para integrase en la lista «Junts pel 3%», ahora mismo tendría el sorpasso asegurado.

Y el toque de humor a todo este guirigay lo ha dado el candidato Romeva, cuya vis comica nos hace pensar que la escena humorística ha perdido un talento de primer orden. Romeva, de nombre Raül, va, como es sabido, de número uno en la lista de Mas, pero no para presidente, que será Mas, sino para no se sabe bien qué, aparte de para hacer el payaso. Será para lo que le hayan prometido a cambio. A saber, quizás le han ofrecido la presidencia de la futura delegación catalana en la UE –hombre de amplia experiencia europea como es- o de procónsul en la ONU… lo que sea; el caso es que está «allí» para recibir en su culo las patadas a Mas. Y eso, claro, tiene un precio, solo que ahora, y a la vista de la que está cayendo, puede que el futuro inmediato acabe frustrando sus expectativas a largo plazo y tenga que volver a ICV, o a donde sea, seguro que esto es para un trepa como él lo de menos.

Pues bien, el candidato Romeva nos ha obsequiado con una perla antológica. Exige el tribuno que se expliquen las razones que han motivado esta investigación, y a continuación asegura que cuando gane su lista las elecciones, lo primero será cortar la corrupción de cuajo. En cuanto a las razones, no especifica si se refiere a las políticas o a las judiciales. En esto demuestra ser muy sagaz, un auténtico animal político, pues entiende que puede haber motivaciones extrajudiciales. Por lo que no se pregunta es por la veracidad de los cargos que se le imputan al partido mayoritario en su lista y cuyo presidenciable va de número cuatro y es también el presidente de dicho partido. Y es extraño que no se pregunte por ello, porque lo tiene muy fácil, basta con que se lo pregunte al número cinco de la lista, a la sazón presidente de ERC, el partido que realizó la denuncia. En fin, todo indica que, al menos aparentemente, el candidato Romeva todavía no se ha enterado de que «aquí se juega».

A lo mejor lo descubre un día de estos y luego nos viene a todos con la revelación de la buena nueva: «he descubierto que allí se juega».


divendres, 28 d’agost de 2015

DE CABALLEROS Y DE RUFIANES



En ajedrez de competición por equipos, el orden de tablero que ocupa cada jugador viene determinado por su posición en el ranking ELO. No sé cómo funcionará ahora, pero antes, nunca se alteraba dicho orden de clasificación; ni ningún jugador, por pudor, dignidad y vergüenza, lo hubiera permitido. Se evitaban así las triquiñuelas propias del inescrupuloso que quiere ganar a toda costa aunque no sea acreedor a ello; una variante de biotipo humano que, todo hay que decirlo, es endémico en todo los sectores y contra el cual, también hay que decirlo, son cada vez más necesarios todo tipo de prevenciones.

Así las cosas, se hubiera considerado oprobioso que, siendo notorio que los números uno y dos del equipo X eran mucho mejores que sus homólogos del equipo Y, Y-1 e Y-2 se desplazaran a tableros inferiores para asegurarse contrincantes de menor nivel y pusieran en los primeros a un par de pardillos porque, total, allí no había manera de ganar. Al menos era así cuando el ajedrez era un deporte de caballeros. Hoy en día, ya digo, no lo sé. Otro día les contaré lo que hacen determinados tipejos que juegan al ajedrez por internet…

Mutatis mutandi, algún tipo de criterio análogo rige igualmente en otros ámbitos. En fútbol, un delantero centro está para lo que está, y si le toca recibir leña de algún defensa psicópata, ajo y agua. Porque ¿qué diría el respetable si el delantero no quiere jugar en su puesto por miedo a los defensas y en su lugar se pone al portero reserva? ¿O quién escucharía a los teloneros si actuaran después de los Rolling y no antes? Y es que el telonero es el telonero, los Rollings son los Rollings, y a quien Dios se la dé, que San Pedro se la bendiga.

Aunque no les guste a algunos, hay un orden natural y jerárquico en las cosas, y las funciones de los elementos que componen un determinado conjunto vienen determinadas por la posición que ocupan en él. Una posición cuya praxis se rige por un código, escrito o no escrito, que a veces requiere tener que dar la cara.

En la empresa funciona también así, o debería. El mayor problema de las famosas tarjetas black no era, contra lo que se suele decir, ni su opacidad ni la discrecionalidad dispositiva que facultaba a sus titulares. No, aun siendo por supuesto una práctica repugnante, limitarse a rasgarse las vestiduras por esto es simplemente superficial, una frivolidad. La cuestión de fondo es que no se lo ganaban, porque ni ejercían sus responsabilidades, ni daban la cara; era una regalía sin más, con casi toda seguridad a cambio precisamente de que no ejercieran y, cuando fuera el caso, miraran hacia otro lado.

Lo mismo en política. Si alguien pone a un testaferro para que haga de monigote en el lugar que, por acreditación, dignidad y responsabilidad le correspondería, no sólo está haciendo dejación de sus responsabilidades –podría largarse si tan menesteroso anda de redaños- sino que está incurriendo en algo mucho peor, porque al eludir dar la cara como le corresponde, quedándose con las prebendas propias de las responsabilidades de que abdica, manifiesta una actitud que no puede calificarse sino de rufianesca donde las haya. Como el as del equipo de ajedrez que evita al contrincante de su talla y pone en su lugar a un pardillo para que lo crujan, mientras él se ceba con un principiante y reivindica para sí el mérito de la victoria conjunta, y las prebendas que de ella se desprenden. ¿No les suena esto familiar en relación a ciertas circunstancias que concurren en una lista que se presenta a las elecciones que próximamente vamos a tener en Cataluña? Por supuesto, cualquier parecido con la realidad…


dijous, 20 d’agost de 2015

MARXI-LOGSISMO, FASE SUPERIOR DEL MARXI-GROUCHISMO

 


De acuerdo con el nomenclátor taxonómico de la tradición marxista, así como decimos «marxismo-leninismo», por ejemplo, sin duda deberíamos decir marxismo-logsismo. Pero ya no estamos en los tiempos clásicos, y en la promoción de la imagen para la venta de un producto hoy en día, la eufonía es muy importante; además, para ser moderno, nada como cambiar el nombre de las cosas, así parece que las haya creado uno, aunque sean las mismas de siempre. Vamos, que hay que ser fashionable, así que le llamaremos «marxilogsismo», entendiendo tal palabro como una corriente actual del pensamiento marxista, heredera de la otrora hegemónica escuela exegética grouchista –por lo de Groucho Marx-, que actualizaremos también como marxigrouchismo. Heredera, pero eso sí, sin solución de continuidad en la recepción, al no haberla entre el genial cómico que inspiró a la primera y la ley educativa que marcó el pattern de la segunda. Marxilogsista es, pues, alguien que se dice marxista y que estudió bajo la LOGSE.

El marxilogsismo es al marxigrouchismo lo que el siglo XXI es al XX, lo que la posmodernidad liviana es a la gravedad grosera, lo que la música militar es a la música y lo que la LOGSE es a la enseñanza. La variante grouchista del marxismo era el resultado de lecturas mal leídas, peor digeridas y pésimamente contextualizadas. Que dichas lecturas fueran muchas o pocas, o que no lo fueran de las fuentes directas, sino de la bazofia bibliográfica canónica al uso por entonces, no es significativo, sino mucho más: constituye precisamente la principal seña de identidad intelectual y moral de dicha corriente. Era el marxismo-grouchismo, en adelante, marxigrouchismo.

El marxilogsismo, en cambio, y de acuerdo con su época, es la versión posmoderna del viejo marxigrouchismo. A diferencia del marxigrouchista, que no entendió nada ni lo pretendía en el fondo, pero que pasó por casi todo, el marxilogsista puede haberse graduado en ciencias políticas y haber hecho un master o una tesis sobre Gramsci, ignorando, en cambio, quién fue Napoleón, y sin haber pasado por casi nada, con la excepción del objeto de su especialidad. Es decir, un politólogo marxilogsista puede ser especialista en Gramsci sin haber pasado ni remotamente por la historia del pensamiento político –no digo ya la del pensamiento a secas- en toda su vida, o acaso aprobándola con un trabajito sobre el autor futuro objeto de su especialidad. O puede ser una autoridad en el proceso de descolonización del siglo XX sin conocer para nada el anterior proceso colonizador del XIX.

Nombres como Marx, Max Weber, Tocqueville, Luckács, Harich, Maquiavelo, Hobbes, Voltaire, Erasmo o Spinoza, por no hablar de los clásicos griegos como Platón, o cristianos como San Agustín, son para el marxilogsista, en el mejor de los casos, meras referencias descontextualizadas. Cosas de la ahistoricidad, cosas del marxilogsismo.

Al marxilogsismo le va como anillo al dedo aquel viejo chiste en que, preguntado el examinando por el sistema filosófico de Tomás de Aquino, respondió que lo desconocía, porque era obsoleto y estaba superado, así que desarrollaría en su exposición la refutación de dicho sistema, que esa sí, se la conocía perfectamente. Y en referencia a esto, hay sin duda una posible objeción que requiere de un excurso para dejar claro que no es de eso de lo que estamos hablando.

Sí, es cierto que Bertrand Russell decía que, de desaparecer su obra y su pensamiento tuviera que pasar a la posteridad sólo por lo que transmitieran de él un discípulo suyo tonto o un rival inteligente, elegiría al rival inteligente. Porque el tonto –como Marías respecto a Ortega, sin ir más lejos-, como no lo ha entendido, desvirtúa, trivializa, caricaturiza y, en definitiva, adultera de tal forma al maestro que es imposible reconocerle. El rival inteligente, en cambio, transmitiría sin duda el pensamiento de su enemigo para refutarlo y ponerlo a caer de un burro. Pero en tanto que inteligente, lo habrá entendido; por lo tanto, como mínimo no lo desvirtuará y, tarde o temprano, su pensamiento podrá reseguirse y recuperarse. No así con el admirador tonto.

Y puede que sea ciertamente así. Pero aquí la cosa no va de ese palo. Estábamos con el marxilogsista especialista en Gramsci, una especie de mónada leibniziana a partir de la cual percibe toda la realidad del mundo desde su perspectiva «gramsciana». Y si bien, ello no obstante, leibnicianamente hablando podríamos incluso asumir que sí que la percibe (la realidad, su realidad), y que eso es en el fondo lo que nos pasa a todos, con la excepción del propio Leibniz, lo cierto es que su comprensión y construcción de ella quedará inevitablemente circunscrita a sus limitaciones de perspectiva. Y claro ¿qué ocurre si luego, en un mal momento, a nuestro graduado en Gramsci, y sin prácticamente haber bebido de otras fuentes, se le ocurre leer «Materialismo y Empirocriticismo», de Lenin? ¿Se imaginan ustedes el desastre? ¿A qué conclusiones podría llegar nuestro hombre sobre el panorama filosófico europeo a finales del siglo XIX, después de leer semejante bazofia? Podría ser de efectos intelectualmente catastróficos.

Bueno, pues es lo que está ocurriendo. Y es, además, una característica constitutiva del marxilogsismo. Si el marxigouchismo descontextualizaba groseramente, el marxilogsismo, muy al contrario, contextualiza, pero no menos groseramente. Porque si el primero no había entendido nada el segundo, en cambio, lo enteinde mal. El marxigrouchista estudió con manuales de historia de la literatura universal o del pensamiento de los que no entendió nada; pero le daba igual porque lo suyo era la impostura. Al marxilogsista, en cambio, se le impartieron un par de autores fuera de los cuales no sabe nada. El marxigrouchista lo ignoraba todo del arcipreste de Hita porque era un cura del bando explotador en el contexto de la lucha de clases como motor de la historia, de ahí sus pretenciosos desdenes, despreciando, no tanto por innecesario, que también, pero sobre todo por maligno, cuanto ignoraba; el marxilogsista, también, pero porque nunca se cruzó en su camino, ni para bien ni para mal. El marxigrouchista era un orate universalista; el marxilogsista, un particularista orate.

Y si antes puse a Gramsci como ejemplo, un pensador marxista la parte fundamental de cuya obra, como por cierto la de Aristóteles, pero por razones muy distintas, no fue escrita para ser publicada, no era por casualidad, sino, muy al contrario, porque este parece ser el objeto especialista de uno de los líderes del núcleo duro de PODEMOS, Iñigo Errejón, eximio ejemplo de marxilogsismo donde los haya. Y por sus recientes errores políticos, debidos a serios déficits de capacidad analítica, simplemente por falta de acervo. Una insuficiencia desde luego no atribuible a Gramsci, si no a las dependencias logseras del líder podemita.

Me estoy refiriendo a las constantes meteduras de pata de Errejón en su delirantes andadura errático-surrealista en sus tentativas por articular una coalición «amplia» en que participe «Podemos» para las próximas elecciones catalanas del 27-S. Vamos, que está intentando cuadrar el círculo y no sabe todavía que, al menos hasta hoy, es incuadrable. De su mal entendido concepto del nacional-independentismo catalán –que no de su no entenderlo, que sería el caso del grouchismo- dan fe los resultados cosechados hasta ahora. Simplemente, el independentismo catalán ha abducido a Podemos y lo ha dejado en Cataluña reducido a mera comparsa, pero ha sido así porque se lo ha puesto como se las ponían a Fernando VII.

«Podemos» ha pasado de ser una fuerza con expectativas más que halagüeñas en Cataluña, a ejercer de muleta para los tunos de la política a los que se suponía que venía a barrer, es decir, ICV y otra anodinas variantes deslavazadas que ahora han visto su oportunidad y se han lanzado a ella como el tahúr a un tapete verde con naipes. Porque miren ustedes, una cosa es postular un referéndum por el derecho a decidir de acuerdo con el derecho a la autodeterminación de los pueblos –dejémoslo así-, y otra muy distinta predeterminar lo que se ha de decidir al ejercer la susodicha autodeterminación. Aunque parezca una contradicción, no lo es, ocurre a diario.

El resultado ha sido la disolución del programa territorial de Podemos en un magma sincrético y en una atrabiliaria candidatura de nombre «Catalunya sí que es pot», de la cual no se sabe muy bien qué opina al respecto sobre el tema, y cuyo cabeza de lista, un tal Rabell, al igual que la ínclita Ada Colau, dice que no es nacionalista ni independentista, pero que votó «sí-sí» en la mojiganga organizado por Mas el pasado 9-N, y que ahora sugiere pactar luego con ERC, acaso pensando que dicho partido es de izquierdas porque lo dice su nombre. Todo un ejemplo de coherencia. Una candidatura cuyas listas frecuentan anodinos «independientes de base» que más bien parece que estén allí porque no obtuvieron ningún puesto de relevancia en las listas de Mas o de las CUP. Una lista en la cual PODEMOS ha quedado desdibujado y en segundo plano.

Porque la verdad es que ahora mismo, y a la vista de los personajes que encabezarán la candidatura en que participa «Podemos», y de lo que van diciendo por ahí, no se sabe si es una candidatura federalista, criptoindependentista, abiertamente independentista, «ni sí ni no, sino todo lo contrario», «sí, sí, pero no», «no, no, pero sí», o qué diantres propone, si es que propone algo. Dicen que quien con críos se acuesta, meado se levanta. Pues eso.

Con lo fácil que era decir, miren, nosotros estamos por una articulación federal del estado, y precisamente por esto no vamos a promover la independencia; muy especialmente si resulta que dos de las candidaturas proponen una declaración unilateral de independencia si obtienen la mitad más uno de diputados, que pueden equivaler a un 35 o un 40% de los votos emitidos, en una auténtica hemorragia de sentido democrático. Si quieren un referéndum, ya nos parecerá bien cuando hayamos realizado un proceso constituyente que lo permita, pero esto, en todo caso, son ustedes quienes lo han de promover, como ya están haciendo, pero aquí, que cada palo aguante su vela, o más procazmente, que cada perro se lama su pijo. Ahora bien, ello no quita que a través de un proceso constituyente, y si ustedes lo piden, señores independentistas, se prevea la posibilidad de, bajo determinadas condiciones y garantías democráticas, celebrar una consulta para que la población catalana, o cualquier otra, se pronuncie al respecto. Pero que quede claro que, en el supuesto de que se diere tal consulta, nuestra posición fuere inequívocamente «no», porque nuestro proyecto es otro. Y si eso a ustedes les parece insuficiente o no les gusta, es cosa suya, no nuestra. Claro y llano ¿verdad?

Pues no, ahí tenemos la candidatura «Catalunya sí que es pot», plagada de quintacolumnistas independentistas. De haber actuado de otra manera desde hace unos meses, hoy la situación de «Podemos» en Catalunya sería otra y sus expectativas muy distintas. Y todo por ignorar que el independentismo, ideológicamente hablando, es como la gota de tinta que tiñe de oscuro todo el agua de la bañera. Hay que estudiar más, Errejón, y saber con quién te estás jugando los cuartos. Es lo que tiene el marxismo bajo el prisma de la LOGSE.

dimecres, 19 d’agost de 2015

BIKING AROUND: EL PANTANO Y EL GAIÀ


El embalse de Gaià (desde la presa) y el río en su desmbocadura
 
Hasta hace muy poco, y desde el año 1975, del río Gaià podía decirse que nacía en las sierras de Queralt y la Brufaganya, y moría en el embalse que lleva su nombre. Sí, tal vez lo de «río» sea algo pretencioso para un caudal medio de 0.57m3/s a lo largo de 59km que, si descontamos los 11km que van del embalse hasta su desembocadura originaria, en Tamarit, se quedan en cuarenta y ocho. Ello no obstante, hay a lo largo todo de su recorrido, con caudal y si él, parajes realmente maravillosos e interesantes, tanto desde el punto de vista natural como de la actividad humana a lo largo de la historia, que lo hacen un entorno ideal para las más variadas rutas en BTT.
Que un río, por menor que sea, pero de caudal constante, muera en un pantano después del cual sólo queda un cauce seco, se le antoja a uno una salvajada aberrante, inédita hasta donde le consta, sin que sea preciso para tal consideración ser ningún ecologista furibundo. La presa de Gaià, situada a unos cuatro kilómetros arriba de la población del Catllar, la construyó ENPETROL –Empresa Nacional de Petróleos, hoy REPSOL- para cubrir las necesidades de agua de la refinería que por entonces empezó a entrar en servicio en las proximidades de Tarragona. Afortunadamente, la arrogancia tecnocrática tuvo su contrapunto, ya que las filtraciones debidas a las características del terreno –según me comentó un ingeniero compañero mío en el instituto donde trabajaba por entonces- impidieron que el pantano supere el 30% de su capacidad teórica, gracias a lo cual los acuíferos de la zona no se secarao completamente.
 
Tiene uno también la impresión, tal vez errónea, que la presa está a mayor altitud que los máximos niveles de la cuenca, y esta sería otra razón por la cual nunca acaba de llenarse. Aunque tal extremo, con las aguas desbordándose por laterales, nunca se ha dado. En realidad, el nivel del agua nunca ha llegado, ni de lejos, al de las compuertas. La vez que lo he visto al nivel más alto fue después de unas semanas de intensas lluvias torrenciales en los noventa. El agua llegó a anegar completamente los pinares circundantes, pero las compuertas de la presa seguían viéndose muy a lo alto. Como anécdota, guardo la sensación, a la par de horror y de perplejidad, de los domingueros y su prole bañándose y con colchones de playa sorteando las copas de los pinos que asomaban. Ignorancia y temeridad van parejas con frecuencia.

Las tenaces y perseverantes protestas de grupos ecologistas consiguieron que, finalmente y al cabo de treinta y cinco años, se mantuviera el caudal ecológico del río, que llega hoy hasta un par de kilómetros más allá del Catllar, y que tras los trabajos de limpieza del cauce seco –muy deteriorado- que se están llevando lentamente a cabo, acabará volviendo a desembocar donde siempre, en Tamarit. Agua, ya digo, no es que baje mucha, pero, sobre todo en las zonas donde se acumula, da paisajes verdaderamente pintorescos. Sobre todo porque el agua, en zona seca como esta, es siempre agradable de ver, y codiciada.
 
 
Distintas imágenes del curso del Gaia: El Catllar y Vespella de Gaià
 
Como decía, el nacimiento oficial del Gaià se sitúa en Santa Coloma de Queralt, donde se configura con las aguas que bajan de las sierras de Queralt y la Brufaganya, este último un hermoso donde la tradición sitúa el retiro del anacoreta Sant Magí, a la sazón copatrón de Tarragona y cuya festividad se celebra precisamente hoy, 19 de agosto. En su curso alto, circula forma bonitos meandros circulando a través de gargantas cuya frondosidad hace que con frecuencia su escaso caudal no sea visible a simple vista. Su curso está rodeado de castillos; fue frontera de hecho durante la Alta Edad Media, marcando los límites de la expansión cristiana, tras la cual se extendía una especie de terra nulius hasta las cercanías de Tortosa, unos cien kilómetros al sudoeste, donde empezaban los dominios musulmanes. Unos no poblaban la zona, probablemente por falta de demografía, sobre todo después de las incursiones de Almazor, y los otros porque su época expansiva ya había pasado.
Imágenes del alto Gaia: meandros entre Santes Creus y Aigua Múrcia, y cerca del Pont d'Armentera

 
El Gaià, en blanco y negro, a su paso por Vilabella (Els set ponts), bajo el puente del ferrocarril
 
 
Como cauce fluvial, queda configurado claramente a partir del Pont d’Armentera, donde hay abundantes restos del acueducto romano que suministraba agua potable a la Tarraco romana. Las mismas aguas que, ya en las cercanías de Tarragona, pasaban por el famoso acueducto del Pont del Diable. Al profano puede parecerle un contrasentido que, pasando el río Francolí a un kilómetro del acueducto, y siendo de mayor caudal que el Gaià –aunque tampoco vayamos a imaginarnos ahora el Amazonas-, los romanos trajeran el agua del Gaià, y de tan lejos. Simplemente no eran tontos. Aunque el Pont del Diable no esté en la cuenca del Gaià, llevaba sus aguas, por estolo incluimos aquí.
 

En su ruta hacia el pantano –o hacia el mar- el Gaià transcurre después por las poblaciones de Santes Creus –con su monasterio cisterciense-, Vila Rodona, Aigua Múrcia, Vilabella, Vespella de Gaià… Después del pantano, pasa, actualmente ya con caudal constante, por El Catllar, ya en el tramo denominado del bajo Gaià. Entre esta última población y Ardenya, a unos cuatro o cinco kilómetros, pierde su caudal a medio camino entre ambos. Luego La Riera de Gaià, La Nou de Gaià y, finalmente, Tamarit, en cuya playa desemboca.
El castillo de Tamarit

El tramo de cauce seco, actualmente entre Ardenya y Tamarit, tiene algún espacio húmedo. Especial mención merece La Resclosa, situada poco después de La Riera; una esclusa cuyos orígenes deben ser probablemente medievales, que recoge la aguas sobrantes de la comunidad de regantes de la población. Se extiende, entre antes y después de la pequeña presa, unos trescientos metros, y constituye un espacio húmedo con permanente presencia de patos, culebras de agua, tortugas de río autóctonas, carpas…
La resclosa
 

Más allá de una poza en el cauce de unos cinco metros de diámetro, situada entre Ferrán y el castillo de Montoliu –quedan cuatro piedras en lo alto de la cima, circundada por una urbanización-, el siguiente, y último espacio húmedo de aguas freáticas que se encuentra en el último tramo hasta la desembocadura, de unos cuatrocientos metros, con abundante fauna autóctona, aunque de vez en cuando se observa alguna tortuga de Florida –Traquemis scripta elegans- abandonada allí a su suerte por sus desprensivos propietarios.

El tramo final del Gaià
 

A pocos metros de la antigua estación de Tamarit –hoy en desuso-, se encuentran los interesantes restos de una antigua canalización por el método del sifón. Se trataba de recoger el agua del río por el margen derecho, para desviarla mediante un pequeño puentecillo al margen izquierdo para regadío. La canalización superior ha desaparecido, pero la construcción que desviaba el agua en la orilla derecha, no.
 


El sifón

 
Se supone que las aguas recogidas se utilizaban para regar las huertas que se crearon sobre la antigua laguna de Tamarit, que fue desecada a finales del siglo XVIII con el objetivo de convertirla en terrenos cultivables. Lógicamente,la fecha de construcción del suministro de regadío es coetánea a la desecación de la laguna y su conversión en huertas.

Y nada. A lo largo del Gaià y sus alrededores, desde Tamarit hasta Santes Creus, se pueden hacer las más variadas rutas en BTT, de toda distancia y complejidad según la preparación y las ganas de cada cual. Francamente recomendable.



 
 

dimarts, 18 d’agost de 2015

UN MAS DE COSTA

 
 
 

El mas que hoy nos ocupa está muy cerca de la costa, apenas a quinientos metros. Y tiene torreón, también de planta circular. Se encuentra situado en un claro del "Bosc de la Marquesa", un espacio que merece una entrega monográfica, y la tendrá. Por ahora diremos simplemente que se trata de un espacio boscoso, básicamente de pinares, de dos kilómetros de largo por unos seiscientos metros de ancho, en su tramo más amplio. Limita por el este con la playa de la Móra, y por el oeste con la Larga. Al sur, con el mar, y al norte, con la vía férrea y la Vía Augusta -antigua carretera nacional 340, hoy desplazada más al norte.
 
Cuando el bosque empieza a clarear por el norte, aparece este mas con torreón, más o menos equidistante entre la Móra. Desde allí hasta el ferrocarril, unos cuatrocientos metros más de bosque claro, muy distinto al estrictamente costero: algarrobos, algunos olivos y arbustos típicamente mediterráneos de variadas dimensiones, en un terreno más bien pedregoso.
 

La construcción es de piedra y fango y está en estado ruinoso. Su cercanía a zonas habitadas y turísticas lo convierte en objeto de frecuentes incursiones para cumplimiento de las más variadas finalidades, a juzgar por los restos que se encuentran. La cantidad de inscripciones que se pueden observar en el muro de la foto superior, nos dan una idea del nivel de imbecilidad de tanto memo como hay. Claro que tampoco hemos de olvidar que el primer gamberro que inauguró tan vandálica tradición fue Lord Byron, en el templo griego de Cabo Sunión. La presencia en los alrededores de envoltorios arrojados al lado de los preservativos que contenían antes de ser extraídos para su uso, nos indican claramente que sus usuarios los abandonaron en el mismo lugar de autos. También debe haber alguna que otra jeringuilla, aunque no di con ninguna.


 
 
 
Al torreón se puede acceder, no sin cierto riesgo. Por lo demás, no es que la construcción tenga ninguna particularidad. Debió depender de una propiedad mayor -Mas Rabassa, probablemente, que sigue en funcionamiento- y tal vez, a la vista de la disposición de su interior, o lo que queda de él, podría haber servido en algún momento como acuartelamiento menor, de los que no eran raros en otros tiempos, cercanos a la costa. Aunque lo dudo, porque el bosque le quita toda posible visibilidad -excepto, quizás, en lo alto del torreón, y la torre de vigilancia costera por excelencia en la zona es la torre de la Möra, que estuvo en uso hasta hace algunas décadas para vigilar en contrabando. En fin, es sólo una especulación.
 
 
 
La antigua puerta de acceso al patio interior está camuflada por la vegetación y es apenas visible; se puede entrever en la foto superior izquierda. La construcción limita con el bosque de pinares por su lado sur, que se extiende unos quinientos metros hasta costa; por su lado norte, como ya dijimos limita a unos cuatrocientos metros con la línea del ferrocarril, barrera insalvable porque el tendido de las vía se encuentra a unos quince metros de desnivel artificial, prácticamente a lo largo de todo el tramo. Hasta no hace muchos años, se podía acceder desde la carretera a través de un puente del siglo XIX, que fue derruido cuando se "mejoró" la línea ferroviaria para adaptarla a los trenes Euromed, que, se suponía, circularían a mayores velocidades.

 
 

 
En las dos fotografías superiores se puede ver, a la derecha, lo que queda del viejo puente. Hoy sólo se puede acceder desde La Móra o desde la Larga. A la derecha, el camino que llevaba al puente, ya en los claros del bosque, al norte del mas.
 
 
Claro que, bien mirado, uno no acaba de entender el derribo del puente por razones de velocidad de los convoyes Euromed, sobre todo si tenemos en cuenta que la duración del trayecto Barcelona-Tarragona en un Regional-exprés normal es de una hora y diez minutos, mientras que la del Euromed, para el mismo recorrido, emplea una hora y media, como los borregueros de antaño. En fin, ya se sabe, cosas del progreso.
 
 
 
 
 


dissabte, 15 d’agost de 2015

RÉQUIEM POR LA REVÁLIDA



En la reunión que tuvo lugar hace unos días entre el nuevo ministro del ramo, un tal Méndez Vigo, y los consejeros educativos autonómicos, se acordó eliminar las pruebas externas de final de etapa, conocidas popularmente como «reválidas». La comunidad educativa, nos decían los medios, todos, está de enhorabuena. Hasta la consejera Rigau salió contenta. La LOMCE, evacuado el ínclito Wert ascendido a los cielos de la OCDE, parece que ha dejado de ser un problema. Pues bien, miren, no sé si la comunidad educativa estará o no de enhorabuena, acaso porque tampoco sepa muy bien en qué consiste exactamente eso de la «comunidad educativa». Pero discrepo de tan gozosas albricias. Y no precisamente porque haya sido en ningún momento partidario de la LOMCE, sino porque cuando estar contra algo supone pretender volver a lo anterior, la LOGSE, como si procediéramos de una idílica arcadia educativa que nunca fue, es aquí hay gato encerrado. Y porque la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero.

El debate educativo lleva demasiado tiempo presidido por la mala fe, por la ignorancia y por la frivolidad, y así nos va. Pero el «así nos va», es decir, de mal en peor, se escamotea desde una verdad oficial, la única existente, que lo soslaya trivializándolo de modo que no sólo acaba entonces pasando desapercibido, a partir de su consideración exclusivamente en la focalización de sus efectos, y nunca en sus causas, sino que hasta estas acaban percibiéndose invertidas, como en la cámara obscura, en lo tocante a cuáles deberían ser las funciones y objetivos de un sistema educativo. Todo ello con la intención de legitimar de iure una realidad que no puede calificarse sino de sumamente deteriorada. Un auténtico giro anticoperniquiano,  que presenta como estructural una realidad contextual que acabamos asumiendo como un inexorable «lo que hay».

Imaginemos un pueblo cuyo suministro de agua potable se abastece de un pozo en el cual se ha filtrado un componente tóxico que produce diarreas y vómitos asociados con accesos febriles. Y supongamos que las medidas que adopta el alcalde consisten en construir un nuevo hospital y contratar más personal sanitario para atender a la población infectada. Se aportan también unas milagrosas pastillas que, si bien actúan como paliativo contra los accesos febriles, la diarrea y los vómitos, tras cuya remisión se da de alta al paciente, crean dependencia y tienen como efecto secundario la aparición una incontenible, sonora y maloliente aerofagia. Todo ello, por supuesto, con gran despliegue de medios, presupuesto y propaganda municipal, para que se sepa lo mucho que el ayuntamiento está haciendo por los vecinos. Las pastillas se distribuyen gratis. Eso sí, hay un problema sobrevenido: la aerofagia.

Van pasando los años sin que las ventosidades huracanadas remitan. Y si alguien deja de tomarse las pastillas, vuelven las diarreas, los vómitos y las fiebres. Los vecinos reclaman que se dote a los ciudadanos de las mismas mascarillas antifétidas que asisten a los especialistas; el ayuntamiento, por su parte, promete contratar a más personal para poder atender individualizadamente a cada afectado y determinar si se le proporciona o no la codiciada mascarilla. Entre los nuevos especialistas contratados, ocupan un lugar preeminente los «PETARDA» -acrónimo del Máster universitario “Profesional Especializado en Tratamiento para la Asunción Resignada Del Aerofagismo”-, cuya función consiste en convencer al personal en su mismidad del mantra «La aerofagia es también música»...

En fin, todo menos cegar el pozo y eliminar la filtración o buscar el abastecimiento de agua en algún otro lugar, empezando por el antiguo pozo, cuyo único problema era que el agua se extraía con una insuficiente bomba manual, y acabar de una vez con las causas que producen las diarreas, las fiebres, los vómitos, y las epifenoménicas aerofagias raíz de todas las protestas.

Esto es, bromas aparte, lo que quiero decir con lo de focalizar el problema sólo en su efectos, confundiendo sus manifestaciones con las causas. Y eso es lo que entiendo que está ocurriendo desde hace demasiado tiempo en un villorrio llamado «nuestro sistema educativo». Es duro y frustrante tener que dedicarse a rebatir falacias evidentes en sí mismas, pero esto es lo que hay.

La LOMCE es sin duda alguna una ley mala, peor y pésima. Construida desde el más vulgar de los economicismos, adherida a los tópicos pedagógicos ad usum y, curricularmente hablando, pensada con el culo. Así de simple. Sí, me consta que desde sus detractores se ha dicho de todo y todo lo contrario, pero se referían básicamente a las sandeces de siempre; a los campos de justa preestablecidos de común acuerdo entre los distintos sectores litigantes: la materia de Religión, por un lado; la lengua, por el otro. Luego, sí, claro, el modelo logsiano de educación comprensiva, inclusiva, uniformizadora en la mediocridad, discriminadora en lo social, de gestión privatizadora de lo público y el sacrosanto e inefable primado de la privada concertada. Pero es que en esto ya estaban de acuerdo todos los contendientes. Basta con leerse la LOMCE para caer en tal cuenta. La ley de educación catalana, sin ir más lejos, le lleva tres cuerpos de ventaja a la LOMCE en todo esto. Y muchas otras leyes educativas autonómicas.

No, lo que realmente preocupaba de la LOMCE, tanto a tirios como a troyanos, era un cuerpo ajeno al «espíritu» de la ley, extrínseco a ella, que sin ser en modo alguno la solución a los problemas del sistema educativo, amenazaba sin embargo con destapar sus más íntimas vergüenzas, sólo con que se hubiera llevado a cabo con las mínimas garantías que el propio concepto de examen externo comporta. Me estoy refiriendo a las reválidas de ESO y de Bachillerato. Ahí estaba el problema. Lo de los itinerarios, en cambio, preocupaba menos; es mucho más fácil sortearlos; además, la LOE de Gabilondo ya los contemplaba, por cierto no mucho más tímidamente que la LOMCE de Wert. No, el problema era la reválida; perdón, las reválidas, porque no era una, sino dos, una al final de la ESO y otra al final del Bachillerato.

Ignoro cómo pudo prosperar la idea de las reválidas en una ley tan cutre académicamente y a la vez tan fashionable en relación a su tiempo. No ignoro, en cambio, dicho sea de paso, por qué cayó en el «olvido» la promesa electoral de un Bachillerato de tres años, cuyas últimas menciones corrieron a cargo de Rajoy en su discurso de investidura, y de Wert en su toma de posesión como ministro, para desaparecer luego sin dejar ni rastro. Eso es fácil de explicar, y se llama privada concertada.

Lo que no es tan fácil de explicar, y menos de entender, es cómo pudo colarse la introducción de las dos reválidas. No fue, desde luego que no, una cabezonería de Wert; a un cantamañanas de su catadura le da igual tres que treinta y tres… y hasta que trescientos treinta y tres. Por ahí, pues, nada. ¿Un error de cálculo? ¿Vergüenza torera, muy apropiada tratándose de tan insigne defensor de la tauromaquia como Wert? Da lo mismo, las reválidas estaban para quitarlas en su momento. Como ha ocurrido.

Porque el gran problema de la reválida era que, sin querer, podía abrir una grieta en el sistema que ni la falla de San Andrés. Los orates de siempre cargaron contra ella con sus manidos argumentos: que si era discriminadora (SIC) y otras estupideces del mismo tenor. Otros, en cambio, la denunciaron no por reválida, sino por centralista. Ello entendiendo, supongo, que quién iba a establecer los contenidos del examen de las asignaturas troncales iba a ser el ministerio. Eso sí, dejemos de lado la «nimiedad» de que era un examen de tipo test con cuatro «ítems», una aberración insignificante para tiempos tan livianos como los que corren. Así que el problema era el ministerio. Bien, de acuerdo ¿Pero eso no se podía negociar sin cuestionar el concepto de reválida? Al parecer, no. Claro que no.

He de decir de entrada que no veo nada extraño en que, por ejemplo, si las materias de Matemáticas, Filosofía, Latín, Biología o Inglés son troncales, o comunes, como se decía antes, sea quien tenga competencia sobre el establecimiento de sus contenidos quien disponga el examen. Ello entendido desde criterios estrictamente académicos, claro. Y que conste esto último.  No veo tampoco por qué razón el mismo examen de matemáticas no iba a servir para un alumno pacense que para otro egarense, pucelano o ilicitano. Y si no es así, que me lo expliquen.

Sí cabe entender, en cambio, que ciertas materias pudieran ser objeto de mayor sensibilidad identitaria, a veces hasta justificada, verbigracia: la Historia. También la Geografía, sí, pero esto queda resuelto con una troncal y las optativas competencia de la autonomía en cuestión. Y si en Historia es más complicado porque pueden entrar en colisión dos discursos antagónicos, pues vale, de acuerdo, aparquemos provisionalmente la Historia. Además, para lo que acaban aprendiendo, ya están las televisiones centrípetas y las centrífugas, a elección de cada cual.

¿Pero ha hablado alguien de esto? ¿O se optó más bien por echar la reválida a la alcantarilla? Ya digo, puedo admitir que los historiadores andaluces negacionistas de la conquista musulmana, los vascos enraizados en los orígenes históricos aquitanos y prehistóricos aitorianos-, los catalanes apelando al reino de Tolosa y a Wifredo el velloso, los madrileños buscando asentamientos que descubran restos prerromanos en la catedral de la Almudena, los gallegos con el reino de los suevos y su innegable «celtidad», o, para acabar, los españoles con su Viriato portugués españolizado, ídem su Carlos alemán,  y sus quimeras con el imperio de marras… y tutti quanti… Puedo entender, decía, que no se pongan de acuerdo. Pues nada, aparcamos las historias y que no se hable más de momento; hasta que los eruditos se pongan de acuerdo.

¿Pero y las demás materias? ¿Por qué no iban a ponerse de acuerdo los matemáticos, los filósofos, los biólogos, los físicos o los músicos? ¿No es la Física «Física» más allá del lugar de procedencia de quien tenga conocimientos de tal materia? Pero es que no se trataba de esto, sino de que los estropicios educativos que se están perpetrando no salgan bajo ningún concepto a la luz pública. Vamos, que nos ciñamos a combatir la aerofagia del símil anterior sin atajar la causa que la produce. De eso es de lo que se trata. Lo de la Historia, o cualquier otra futesa, es, más allá de una majadería, una objeción en todo caso menor.

Para acabar, que nadie piense que soy un entusiasta de las pruebas externas. No lo soy. No podría serlo en la medida que estudié en un sistema educativo y de razonable calidad sin que las hubiera; con la excepción de la selectividad, por entonces sin nota de corte y que, como hoy, aprobaba la inmensa mayoría de los examinandos. El problema es que para atajar las innúmeras aberraciones educativas que han acabado por consolidarse, y si es que alguien abriga tal intención, estas dos reválidas hubieran podido ser un primer revulsivo. Porque a la que en un instituto pedagógicamente «experimental», es decir, donde se imparte la doctrina educativa oficial –hablando claro: donde no se enseña, pero se aprueba- suspendieran en la reválida un 70% del alumnado, entonces no valdrían pretextos y alguien tendría que tomar necesariamente cartas del asunto; y se le exigiría que lo hiciese. Y eso todo el mundo quiere evitarlo porque no le interesa a nadie que ocurra. O a casi nadie.

Pero la realidad es tozuda. Hace dos años se publicó el resultado de comparar los resultados de distintos sistemas educativos contraponiéndolos en relación con cuatro conceptos, antagónicos dos a dos. Sistemas educativos con reválidas o sin reválidas, por un lado, y con autonomía de centro o sin ella, por el otro. El orden según resultados fue el siguiente: En primer lugar, sistemas con reválida y con autonomía de centro; en segundo, con reválida y sin autonomía de centro; en tercero, sin reválida y sin autonomía de centro; en cuarto y último, destacadísimo, sin reválida y con autonomía de centro. Y esto último es precisamente lo que tenemos por aquí, y vamos a seguir teniendo, según parece. Para más información sobre este estudio, consulten AQUÍ, en el siempre recomendable blog de Gregorio Luri.
Bueno, ahora que la LOMCE ya no es un problema, a ver cuál se inventan para mantenernos entretenidos.


divendres, 14 d’agost de 2015

BIKING AROUND: UN "MAS" VENIDO A MENOS






Difiere de los demás en que no se ve como la típica masía o mas de la zona. No es construcción de piedra, sino más bien de obra. Aunque muy degradadas por el paso del tiempo, quedan en la fachada evidencias más que suficientes de los colores pintados que en un tiempo ornamentaron la fachada. A uno esto le recuerda, salvando las distancias, algunos edificios que vio en Italia.
 
Sin duda debió ser una propiedad importante, semipalaciega, y habitada por gente muy bien situada. En el costado izquierdo del edificio principal se encuentra un pabellón de una planta, que tal vez debió servir para guardar los aperos de faena, o también para vivienda del servicio, o para ambas cosas. A unos ciento cincuenta metros se encuentra otro pabellón, mucho mayor, de unos cuatrocientos metros cuadrados de planta, que tal vez sirviera para los animales de tiro. Volviendo al edificio principal, a la derecha del edificio se encuentra una gran balsa rectangular, hoy cubierta de vegetación, de unos veinte metros de largo por seis o siete de ancho, que bien podría servir como piscina debidamente rehabilitada.

 
 
 
La edificación carece de torre o torreón, lo cual sería indicativo de su relativamente reciente construcción, ya sin las prioridades defensivas de otros tiempos, según se puede ver en la parte superior del arco de la puerta principal de entrada: año 1764.
 
 
Algo más arriba puede entreverse, por encima de una placa de hierro que ha servido como blanco de disparos con cartuchos de posta, otra inscripción, ilegible debido a los perdigonazos que recibió.
 
 
 
El interior está en franco estado de ruina y no parece aconsejable adentrarse demasiado en él. Algunas de las viejas bigas de madera están literalmente colgando y los restos de la estructura de las escaleras que llevaban a las plantas superiores también, tal como se puede ver en las siguientes imágenes.
 
 
 




Esta mansión se encuentra a más o menos un kilómetro del con el torreón de planta circular, y rodeado de masa boscosa consistente, básicamente, en pinos y, en menor medida, algarrobos, olivos y encinas. Desde el camino se llega al pabellón que cité más arriba, sin que, estando a apenas ciento cincuenta metros, sea visible desde allí. Algo más allá, en un pequeño claro, junto a lo que debió ser un lugar de descanso, se erige una soberbia encina que debía estar ya allí antes que el propio edificio. Les dejo con ella. El lugar, vale ciertamente la pena.
 
 
 
 

 


dilluns, 10 d’agost de 2015

BIKING AROUND: EL FALSO MENHIR (EL MÈDOL)





41º 08.261' N
01º 20.336' E

Alguien podría pensar que se trata de un recinto construido para la celebración de ceremonias rituales alrededor en un menhir de diecisiete metros de altura. Se equivocaría. Aun así, el error estaría a primera vista justificado. «El Mèdol» es en realidad una antigua cantera romana, y el supuesto menhir, la aguja de piedra que los romanos dejaron allí para que se supiera el nivel original del suelo. El encanto evocador se evapora con la quimera del templo megalítico con su menhir central, pero vuelve inmediatamente a poco que nos detengamos a observarlo con detenimiento. Más técnicamente, es perfectamente reseguible el método de extracción de los bloques de piedra mediante troncos de madera que, al mojarse, se dilataban y la cuarteba cuarteaban.

Es una de mis ruinas romanas favoritas. Y aunque cerca del punto de origen, apenas 2,5 kilómetros, con frecuencia me desvío ligeramente de la ruta y me detengo unos instantes a contemplarlo en mis salidas BeTeTeras. Forma parte del conjunto monumental de Tarragona declarado por la UNESCO patrimonio de la humanidad.

Desde su interior, al cual hoy en día no se puede acceder, en parte justificadamente dada la irreprimible pulsión de tantos visitantes por dejar allí los continentes de los consumibles que traen consigo, uno experimentaba la sensación de estar en un espacio cargado de historia entre colosales muros de piedra, y también, sin duda alguna, de sufrimiento. No eran precisamente obreros sindicados los que trabajaban allí. Hoy se ha de contentar con observarlo. La prohibición de entrar en el recinto se compensa con la modernidad de un circuito establecido alrededor del contorno superior de todo el perímetro del recinto -de unos quinientos metros-, con las debidas explicaciones en carteles y unas cuantas plataformas de observación. 

Para una mejor visualización desde estas nuevas atalayas, se optó por cortar la mayor parte de la densa vegetación que constituía en sí misma un pequeño microclima típicamente mediterráneo: los altísimos pinos y cipreses que, en busca de la luz, superaban en altura a la aguja de piedra fueron arrancados -se dejaron algunos como muestra- y la mayor parte de arbustos y vegetación de sotobosque fue también eliminada. Paisajísticamente no ha quedado tan mal, hay que reconocerlo, y no se tocó una piedra. 

Pero ha perdido una buena parte del sobrecogimiento que infundía antes. Ahora es más aséptico. Y uno, algo reacio a ciertas adecuaciones y reconstrucciones de vestigios antiguos para solaz de turistas ociosos, y que piensa que las ruinas son las ruinas así como los parques temáticos son los parques temáticos, tratándose en ambos casos de cosas de naturaleza muy distinta, alberga sus dudas sobre la idoneidad de la reciente reforma. A lo mejor es que, en el fondo, como el Hiperión de Hölderlin, cuya imagen de Grecia era la de las ruinas de Grecia, y ni se le hubiera pasado por la cabeza su reconstrucción porque eran precisamente su vestigio y su legado, no veo nada claras ciertas adaptaciones y concesiones a la modernidad. Pero mejor no seguir por ahí porque se me va la mano; se me va la mano pensando en reconstrucciones de monumentos antiguos que parecen haber sido llevadas a cabo por auténticos desalmados, y no es este el caso del Mèdol. Vaya, que sigue valiendo la pena acercarse por ahí, aunque gracias a los guarros de siempre ahora no se pueda entrar en el recinto interior.

Tampoco está de más recordar que la exuberante vegetación que hasta hace poco había allí, no se ve en las fotos de los años treinta del siglo XX, cuando, debido a la buena sonoridad de las paredes de piedra que circundan el recinto, se habían celebrado conciertos en su interior.

El Mèdol fue la principal cantera que abasteció de material de construcción a la ciudad durante los seis siglos presencia de romana. Su abandono, como no podía ser de otra manera, coincide con el inicio de la decadencia. Fundada por los Escipiones a finales del siglo III a.C., sobre lo que había sido la ciudad ibérica de Kosse,  Tarraco fue capital  de la Hispania Citerior, primero, y de la Tarraconense después, durante la época imperial. Históricamente es también la sede episcopal primada de las Españas y, en palabras de Araguren, la única ciudad española visitada con certeza por San Pablo. Algo, por cierto, nada inverosímil si atendemos al contexto de la época.

El Mèdol vivió en activo lo que duró el esplendor romano. Se abandonó cuando ya no se construía -la burbuja del tocho parece ser endémica- porque no había nada que construir, hacia finales del siglo III, principios del IV. Luego vino la decadencia, y con ella las invasiones, las epidemias, las hambrunas y los saqueos -el primero fue hacia el 250-. La población de Tarraco disminuyó hasta quedarse en cuadro, los supervivientes se amontonaron en torno a lo que había sido la parte monumental y la ciudad nunca volvió a ser lo que había sido. No precisaba ya de canteras, calzadas ni acueductos; bastaba con sobrevivir.

Tarraco mantuvo una cierta importancia durante la época visigoda, hasta quedar prácticamente despoblada tras el saqueo árabe, que tuvo lugar entre el 713 y el 714. No parece que los árabes llegaran a instalarse nunca -se habla de Tarrquna muy inciertamente-, pero se llevaron un buen botín en forma de columnas de los templos romanos que, a día de hoy, siguen plenamente funcionales en la mezquita de Córdoba. No sé cómo lo verán ustedes, pero a mí me da que el Mèdol, con sus silencios, sabe mucho de todo esto. A lo mejor, después de todo, sí tiene algo de recinto mágico.

Y para acabar, una posible fantasía verosímil. Verán. La ruta por tierra de las piedras hasta Tarraco era a través de la Vía Augusta, a más o menos 12 kilómetros. Pero parece ser que la mayoría del material se transportaba por mar; hasta donde me consta, se ingora dónde se embarcaba con rumbo al puerto de Tarraco. Pues bien, en el extremo oriental de la playa larga, cuando empiezan las rocas y uno se adentra en el bosque costero, afortunadamente intocado hasta ahora, y del que ya les hablaré en otra ocasión, aparecen unas formaciones rocosas tocando al mar que más bien parecen cinceladas por el hombre; ángulos demasiado precisos, superficies demasiado planas, sugerencias de entradas... ¿Sería aquello el pequeño puerto para llevar la piedra del Mèdol por mar a la ciudad? Bueno, pues dejémoslo así. Yo me lo creeré. Y próximamente les mostraré las imágenes. Ustedes, si lo ven alguna vez, júzguenlo.