divendres, 27 de març de 2015

PEDAGOGUEANDO LA PERDIZ



 
 
Me van a disculpar la requerida ingenuidad que fuerza a tensar la realidad hasta extremos que, sin duda alguna, no se dan nunca materialmente, pero sin que por ello tampoco la ficción resultante sea en sí misma falaz, ya que lo que pretende no es falsearla, sino en todo caso, presentarla bajo unos supuestos que permiten abordarla desde un referente crítico que nos permita entender mejor su funcionamiento. Voy a hablar, cómo no, de pedagogía y de pedagogos.
Hay gente que aparece para resolver o afrontar problemas que existen desde siempre; hay también gente que combate problemas de cuya pervivencia depende la necesidad del solucionador; tienen, o dicen tener, una solución para el problema, real o ficticio. Y hay también gente, en fin, que para cada solución tiene un problema; es decir, gente que no sólo no son la solución, sino parte integrante del problema, cuando no la propia esencia y razón de ser de este. Los pedagogos, claro, pertenecen al tercer grupo.
Es algo así como si empujo a alguien que estaba al borde de las rocas contemplando el mar embravecido y cuando está en el agua ahogándose, le arrojo un salvavidas para que se salve y pretendo luego que me agradezca haberle salvado la vida. Porque una cosa es que haya un problema real, pero que consciente de que su solución definitiva, es decir, su erradicación, me deje en fuera de juego, me interese mantenerlo para justificar mi estatus como su gestor. Y otra cosa muy distinta es inventárselo o forzar que sobrevenga.
Pensemos, por ejemplo, en las empresas que se dedican a combatir las plagas de ratas en los alcantarillados urbanos. ¿Qué ocurriría si hicieran su trabajo a la perfección y las ratas urbanas acabaran exterminadas? Pues que al poco tendrían que cerrar o dedicarse a otra cosa. Pero insisto, nadie se ha inventado el problema, porque ratas, lo que es ratas urbanas de cloaca, las hay a millones en cualquier gran ciudad, a razón, dicen, de cinco o seis por habitante. Y nadie puede negar que constituyan un problema.
Claro que alguien podría argüir también que, según esto, a los jueces o a los policías les interesa que siga habiendo delincuentes, ya que de lo contrario se quedarían sin trabajo –como en la divertida novela de Darío Fo “Con dos pistolas y los ojos verdes”- pero en realidad nadie piensa que la policía y los jueces estén para acabar con los delincuentes, sino para impedir que delincan y capturarlos si lo hacen, los primeros, y para castigarlos, los segundos. Y en cualquier caso, es evidente que, con la excepción de algunos perturbados mentales, nadie en su sano juicio, ni siquiera los delincuentes, cuestionan la necesidad de la existencia de los cuerpos policiales o de la judicatura. Su existencia, ejerzan hasta las últimas consecuencias sus funciones o no, está sobradamente justificada.
En cambio ¿Qué decir de los pedagogos y de la pedagogía? ¿Qué decir de una disciplina que se presenta como gestora de un problema que no existe, y que cuando sobreviene, es debido precisamente a la aplicación de sus desafueros? En realidad, el gran problema del sistema educativo antes de la irrupción de los pedagogos era que precisamente no había lugar para ellos en él. Y claro, había que hacerles un hueco, a ellos y a su cháchara salmódica.
Porque el momio estaba en marcha desde mucho tiempo antes. Cualquier universidad de provincias tenía su facultad de pedagogía. No la tenía de Físicas, Matemáticas, Filosofía o Clásicas, pero eso sí, más allá de que yo me pregunte cómo se le puede llamar universidad a «algo» que carezca de los anteriores estudios, y de la maldita falta que hacían, lo cierto es que lo que no faltaba en ninguna universidad, por más cutre que fuera, o mejor, como más cutre fuera, eran las facultades de pedagogía y psicología… Esas eran fijas.
Y claro, cada chiringuito universitario producía anualmente una ingente cantidad de pedagogos, psicólogos y psicopedagogos a los que  había que buscar una salida profesional. Y como la reposición del propio profesorado universitario no podía cubrir tal demanda, por más que se ampliasen las facultades, por razones obvias, hubo que empezar a buscarle al personal un nicho profesional diseñado ad hoc en la enseñanza secundaria. En la Primaria no hacía falta porque los pedagogos ya habían vampirizado desde un primer momento las escuelas universitarias de magisterio…
Y así les fue a los maestros de Primaria. De modo que adónde se trataba de introducirse era, sobre todo, en los institutos de Bachillerato y  en la FP. Pero antes había que crear el problema del cual ellos se iban a presentar como la solución. Y pusieron manos a la obra. Había que ponerlo todo patas arriba para justificar que alguien de fuera viniera a poner orden y a gestionar el caos. Y se inventó la LOGSE.
Muchos años después, seguimos igual. No es que nadie sepa hacer lo que hace un pedagogo, sino que nadie sabe qué hace un pedagogo. ¡Ah! Y nadie ha gestionado el caos, sino más bien lo contrario, el caos se ha convertido en sistémico. Porque contra más se complique el tema, más necesario se hace según quien. Pero claro, con esto llegamos al cabo de la calle: ¿A quién le interesa un raticida que erradicara las ratas de los espacios urbanos?
Pues bien, lo de las empresas raticidas sería incluso más comprensible que lo de los pedagogos; al menos no introdujeron las ratas de campo en la ciudad para ofrecerse luego a combatirlas.


dijous, 26 de març de 2015

¡QUE NO SEA VERDAD!


Ante tanta miseria moral como se extrae de la última noticia de hoy, prefiero de momento aguardar y callarme... Y compartir el dolor con los afectados. No fuera a irme de la bola...
 
Y por igual que hay seres miserables, también los hay grandes, inmensos en su silenciosa  grandeza. A todos ellos dirijo hoy mi homenaje. Si la humanidad se puede salvar, es gracias a gente como él. Cuánto les debemos, y cómo los estamos olvidando:

dilluns, 23 de març de 2015

EL PLACEBO ANDALUZ



Aunque todo indique que fue una apuesta personal de Susana Díaz, la anticipación de las elecciones andaluzas bien hubiera podido obedecer a los designios del estado mayor del PSOE, con un objetivo muy claro: minimizar mediante placebo el impacto de los previsibles calvarios que le aguardan hasta el Gólgota de las generales.

Que no haya sido el resultado de una decisión colegiada entre la dirección federal y la andaluza en nada cambia, a mi entender, que al haberse conseguido sólo parcialmente el objetivo que se perseguía, se abran escenarios mucho más complejos e incómodos para los socialistas.  Tampoco conjura la tentación de un desembarco «susanista» en Madrid, más bien incluso puede espolear tal opción a la mínima que las cosas se tuerzan.

La apuesta era sin duda arriesgada, pero acaso también la menos mala. El PSOE es todavía en Andalucía algo más que un partido: es un régimen. Y aunque corrompida y agrietada, es la única plaza fuerte que le queda. Las expectativas para las municipales y autonómicas no eran nada halagüeñas, incluso devastadoras. Y esta vez el problema no era el rival de siempre, el PP, también muy desgastado por méritos propios, sino los partidos emergentes. Hasta ahora, la alternancia era la red sobre la cual el bipartidismo realizaba sus cómodas acrobacias; la garantía de que ante cualquier caída, el trapecista volvía a subir inmediatamente por la escalerilla, se reincorporaba a su trapecio, y a esperar que caiga el otro.

Ahora ya no es cosa de dos. El riesgo de encontrar ocupado el trapecio al llegar de nuevo a lo alto de la carpa política empieza a ser una posibilidad tan contemplable como inquietante. Y no digamos ya si algún guasón ha quitado la red. Un fracaso sonado en las próximas municipales/autonómicas, y la previsible residualización de los socialistas en las elecciones catalanas de septiembre, si las hay, presagiaban un descalabro tan devastador en las generales que podría poner en peligro la propia supervivencia del PSOE, al menos tal como lo hemos conocido desde la Transición. La alternancia bipartidista podría pasar a la historia debido a la irrupción de dos nuevas formaciones, PODEMOS y C’s, que parecen haber llegado para quedarse. Y el mayor perjudicado sería el PSOE. Una perspectiva nada reconfortante; para el PSOE, claro.

La convocatoria de elecciones anticipadas en Andalucía obedeció objetivamente, en clave española, al desesperado intento de dar un golpe de imagen que permitiera salvar los muebles de las siguientes convocatorias si salían bien parados de esta. Además, pillaba a contrapié a los dos paracaidistas, sin aún estructura ni implantación en el territorio, sólo encuestas, poniéndolos en un brete electoral para el cual no estaban aún preparados. Cierto que C’s le araña más votos al PP que al PSOE, pero no así PODEMOS, cuyo tirón abarca todo el espectro de la izquierda y gran parte del voto de castigo.

¿Se ha conseguido con los resultados de ayer conjurar los pésimos augurios que se anunciaban? Ya he dicho que, en mi opinión, sólo parcialmente, pero es que en este tipo de situaciones, «parcialmente» equivale a un «no» categórico. Más bien pienso que el golpe de imagen mediático se va a evaporar rápidamente y se va a quedar en victoria pírrica.

Porque si bien el PSOE mantiene los mismos  47 escaños que tenía, el escenario será muy distinto, y su posición creo yo que de mayor debilidad. Eso sin contemplar que ha perdido votos pese a un sensible aumento de la participación. Está lejos de la mayoría absoluta y no parece que nadie le vaya a facilitar la labor, como no sea un regalo envenenado del PP, teniendo en cuenta las inminentes convocatorias electorales que se avecinan. Y ahora no podrá tener al lado a una sumisa e inane IU dontancredista que le aseguraba la mayoría absoluta, ni enfrente únicamente a un PP tan desacreditado como el propio PSOE. Y esto le complicará enormemente las cosas a Susana Díaz. Entre otras cosas porque el parlamento andaluz será a partir de ahora una caja de resonancia que se proyectará por toda España hasta las generales. Quizás no sea esto un problema en lo que incumba a las tareas de gobierno, pero sí en cuanto al desgaste político y mediático. Y esto último es lo que contará en clave española.

Si jugando en casa y habiendo pillado a contrapié a los emergentes con la convocatoria anticipada, los socialistas han sido incapaces de impedir su más que significativa irrupción y, encima, se quedan sin su aliado tradicional ¿Qué hubiera ocurrido si dichos emergentes hubieran tenido más tiempo para prepararse? O lo que es lo mismo ¿Qué puede ocurrir en aquellos territorios donde sí lo estarán y además las encuestas auguran una caída en picado socialista?
Cierto que no tenían muchas opciones, y que probablemente la de la anticipación de las elecciones andaluzas era la más inteligente. Pero mucho me temo que se quedará en un simple golpe de imagen que pronto se desvanecerá. Porque el descenso del PP difícilmente llegará a los niveles andaluces, y aun cayendo, seguirá siendo la primera fuerza en muchos casos. En cambio, la previsible caída del PSOE en plazas menos benévolas que la andaluza, puede relegarlo al tercer lugar o a un empate técnico con PODEMOS, si esta formación confirma sus expectativas. Y esto es lo que se trataba de evitar con la apuesta andaluza, que se ha quedado en un golpe de imagen con efecto placebo, al que auguro una duración más bien efímera. Ya veremos.

dijous, 19 de març de 2015

ALGO MÁS SOBRE LA «JESUITADA» EDUCATIVA



Empezaré insistiendo en lo que comentaba en la anterior entrega sobre la revolución educativa jesuítica. Para poderme tomar en serio la propuesta, debería poder verificar que la Orden contemple que sus futuros ordenados y jerarcas hayan sido «instruidos» bajo los parámetros marcados por dicho método. Es decir, que los pastores se apliquen el mismo tratamiento que recomiendan a las ovejas. Algo ineludible para poder creer en la buena fe del proyecto, que no en su solvencia.

Y desde luego que esto no me lo creo. Por esto, y porque me parece más un tema de vocación de pastores que desean guiar unas ovejas que necesiten ser guiadas por ellos. Está en al ADN de cualquier orden religiosa, no deberíamos olvidarlo.

De todos modos, tampoco deberíamos olvidar que se trata de un experimento de los jesuitas catalanes, no de la Orden en general. Más concretamente, de la “Fundació Jesuïtes Educació”, integrada en “Escola Cristiana de Cataluña” y, cómo no, en la Patronal de la privada concertada catalana. Y digo esto porque igual resulta que éstos son jesuitas como el juez Vidal es juez. Que las cosas por aquí en Cataluña andan muy alteradas, y los niveles de contaminación pedagógicos sólo son comparables a los de contaminación nacionalista, del que se considera que forman parte substancial en la medida que proponen un modelo de escuela catalana con su identidad diferenciada.

Y quien se piense que esto refiere al catalán como lengua vehicular, está muy equivocado. Muy al contrario, la lengua es sólo un distintivo externo puesto como pretexto al servicio de los intereses de unas oligarquías provincianas y onfalocráticas que sueñan con un modelo andorrano para toda Cataluña. “Allò tan nostrat” dicho en catalán, la “dissortada” lengua utilizada como pretexto y arma arrojadiza por unos y otros. De allí lo del “fet diferencial català” del cual forma parte indisoluble un modelo educativo acorde a los fines y al modelo social preilustrado que se persigue. De veras lo digo, y perdón per el excurso: el debate no es si se enseña en catalán o en castellano; la lengua es un mero pretexto utilizado como banderín de enganche. El problema es qué se enseña.

Pues bien, en este contexto, y con una patronal de la privada concertada controlada y favorecida por el poder, en admirable relación estocástica, no me extrañaría que la «jesuitada» fuera la aportación personal al “procés” en su versión educativa, de personajes ligados a fundaciones que abrevan en las fuentes del poder y la subvención. No es por nada, pero me gustaría saber qué opina de esto el general de los jesuitas. Claro que a lo mejor le parece muy bien, no sé… doctores tiene la Iglesia…

Pero tratándose, de momento, de algo remitido exclusivamente a Cataluña, no puede por menos que despertar sospechas, porque hay favores que se pagan.

No puedo dar nombres porque a ello me comprometí, pero para que nos hagamos una idea de la sutil trama de complicidades que se produce en torno a la educación y el modelo educativo, les contaré algo que me consta que es totalmente verídico. Bueno, un nombre sí daré, el de Jordi Pujol.

Ocurrió hace ya bastantes años, cuando el hoy delincuente fiscal era presidente de la Generalitat y todavía surfeaba en la cresta de la ola. Una joven periodista recién salida de la facultad, y que acababa de encontrar trabajo en un importante medio de comunicación catalán, recibió el encargo de cubrir un acto que, sobre temas de educación, iba a dar el «president» Pujol. Después de una insulsa e intrascendente perorata, respondiendo siempre a las preguntas según si això toca, o això no toca, y finalizado oficialmente el acto, Pujol, según tenía por costumbre, hizo un corrillo aparte con, supongo, algunos de los medios más afines. Y allí, ante algún comentario que surgiría sobre la enseñanza pública y la privada concertada, Pujol fue tajante: “és clar que fem trampa”. A favor de la privada, claro.

La pobre chica se creyó en posesión de una exclusiva que la iba a consagrar como periodista y le faltó tiempo para volver a la redacción y decírselo a su jefe. “¿No te ha dicho que no lo publiques?” le espetó el jefe. Y claro, no se publicó que el “president” no sólo había reconocido, sino que se había jactado de estar haciendo trampas en el tema educativo a favor de la privada. Les parecerá una anécdota, pero para los que conocemos el percal, les aseguro que es categoría.

Y la cosa sigue igual, de modo que ahora, en pleno procés y ante la agresión que supone la por otro lado infausta LOMCE, es muy probable que se les esté devolviendo el favor. Y una vez más, el tema no es la lengua –éste es el campo de discusión para botarates- sino el modelo educativo. Porque quien se haya leído la LOMCE sabrá que dicha ley es la primera ley española que reconoce el derecho a la inmersión lingüística. Sí, tal cual. Así lo viere quien lo leyere. De modo que el debate de fondo es otro.

Visto así, podría parecer que lo de la “Fundació Jesuïtes Educació” se queda en un simple experimento catalán. Pero mucho me temo que no sea así. Hay razones para pensarlo.

Cambio de tercio. Uno de los más feroces críticos con la LOGSE desde sus primeros momentos, fue el profesor universitario Ferran Gallego, a la sazón activo militante en la izquierda comunista, lo cual le situaba directamente en la categoría de rara avis –aunque parafraseando a Raimon, fuimos más de los que ellos querían y dijeron-. Sus artículos incluso aparecieron en “El País”, edición nacional, en más de una ocasión, hasta que, según él mismo confesó en privado, el director del rotativo le dijo que sus artículos no «le» gustaban y que… puerta.

La tesis central de Ferran Gallego era que la LOGSE era una ley educativa de carácter netamente neoliberal. La oposición del PP por entonces, que nunca pasó de testimonial, quod erat demonstrandum, se debía según él –y en gran parte lo comparto- a que la derecha española todavía estaba atrasada como «derecha». Para él, la prueba del algodón era que CIU, a la que consideraba la derecha más inteligente y moderna de España, había entendido el mensaje desde el primer momento. No puedo recordar ahora si el ejemplo literal suyo era este, pero se trataba de evitar de una vez que el hijo de un albañil le pudiera arrebatar por nota el acceso a la facultad de arquitectura al hijo de un arquitecto. Y pusieron manos a la obra.

No cabe duda, lo han conseguido. Y ahora el PP les imita, sólo que quien no quiere enterarse, por otras razones, es CIU. Es decir, que nadie descarte que estos «nuevos» inventos se exporten.

¡Ah! Sobre por qué ahora ya se empieza a aplicar la literalidad de la LOGSE en la privada de semiélite, me remito al post anterior o, más brevemente, a la intervención de mi querido Guachimán -gracias por ella, amigo-, que reproduzco aquí literalmente, a modo de conclusión:

 
Hace algún tiempo, viendo el rumbo que tomaba la enseñanza pública, empecé a pensar que el mejor intérprete de por dónde iba a acabar derivando la humanidad fue Aldous Huxley. Releí "Un mundo feliz" y me quedé absolutamente convencido: los alfa, los beta, los épsilon... y los interventores en todo lo alto, auxiliados por altos directivos babosos en el control del sistema. Ese es el camino de la LOMCE: la expulsión del pensamiento crítico y sus fundamentos, más un feroz clasismo, ampliación del de la LOGSE. No puede negarse que la propuesta de los jesuitas va en la misma línea. Una última cosa: hace unos días, vi un reportaje televisivo (ya sabes cómo están aireando estas cosas los medios propagandísticos oficiales) en el que aparecían unos niños trabajando con este modelo: montones de niños en torno a mesas de diversos tamaños haciendo lo que fuera mientras los profesores pastoreaban por ahí. ¡Que eso ya se inventó hace décadas y hasta se puso en práctica, hombre! Se le llamaba trabajo en equipo, y hubo que dejarlo porque no funcionaba. ¡Qué manía de desenterrar momias viejas, cambiarles el nombre y presentarlas como la megarrevolución!

dimecres, 18 de març de 2015

ASIMETRÍAS AXIOLÓGICAS: VENEZUELA Y MÉXICO



Que Venezuela es una estultocracia no creo que nadie con un mínimo de honestidad intelectual pueda ignorarlo hoy en día. Basta con ver al «presidente» Maduro y a su séquito de acémilas para percatarse. Si además se les oye hablar, las fundadas sospechas devienen certezas incontrovertibles. Tampoco es que goce de gran salud democrática. Y, la verdad, con similares carencias en gobernantes que en opositores, cuyo líder, por cierto –el de la gorrita de béisbol- está en la cárcel. Algo que no es precisamente un ejemplo de democracia.

Hay también algo que acostumbra a pasarse por alto a la hora de acometer la implacable crítica a que ciertos regímenes se ven sometidos por parte de los «independientes» y prístinos medios de comunicación de masas occidentales: la presencia constante de ciertas ausencias. Está muy bien que le echen el ojo a un régimen autoritario o dictatorial y lo machaquen, pero no que a otros, de igual catadura o peor, se les mantenga en el limbo informativo, cuando no en la simple ocultación o tergiversación de sus atrocidades.

El régimen venezolano es grotesco y con manifiestas pulsiones autoritarias y antidemocráticas. Pero que muera gente a tiros en una manifestación no es una exclusiva venezolana, como tampoco que el líder de la oposición esté encarcelado. Una oposición que, por cierto, auspició un golpe de estado militar, con la más que probable complicidad de ciertos países occidentales, atajado por la tropa. Y que desde el poder se manipule no es tampoco ninguna patente venezolana, ni siquiera latinoamericana. Que todo esto sea repugnante, y lo es, no es óbice como para que no deje de llamarnos la atención la saña con que se están cebando con Venezuela los políticos occidentales, sus medios y sus lobbies. No porque no esté justificado tal encarnizamiento, sino por las ausencias y omisiones a que antes nos referíamos.

México, sin ir más lejos, ofrece, desde este panorama informativo global, un curioso contraste axiológico con Venezuela. Veamos.

También bajo una estructura formalmente democrática, el sistema político mexicano no puede calificarse sino de cleptocracia. Como en Venezuela, la corrupción campa a sus anchas hasta el punto que, desde la irrupción de los cárteles del narcotráfico y su componente violento en los noventa del siglo pasado, el Estado mexicano cada vez se acerca más al concepto de Estado fallido. A la oposición no se la encarcela, pero se la asesina en la más absoluta impunidad, y estos crímenes, ya sea de activistas o de líderes molestos, los llevan a cabo bandas de sicarios que con frecuencia están compuestas por policías que se ganan un sobresueldo en horas libres, o hasta incluso por presos a los que se saca de la cárcel en autobús para que los lleven los cabo, siendo después puntualmente devueltos a ella.

Hablo de la oposición, no de la casta política de los partidos adaptados a su porción de poder y subsiguientes opciones cleptocráticas. Unos ya pertenecieron desde siempre a dicha casta, otros, como el PRD, lo entendieron cuando el sistema perpetró el que probablemente haya sido el mayor y más descarado fraude electoral de la historia. Fue en las elecciones de 1988. Con el escrutinio en un 50%, Cárdenas iba en cabeza. Se produjo entonces la famosa «caída» del sistema. Cuando se «reincorporó», unas horas después, resultó que se iba ya por el 85% escrutado y con el oficialista Salinas de Gortari, del PRI, destacado en cabeza. Todo un ejemplo de pucherazo ante el cual Occidente quedó poco menos que indiferente. ¡Lo que hubiéramos oído de haberlo hecho Hugo Chávez! O si se le ocurre hacerlo a Maduro, lo cual, dicho sea de paso, se me antoja harto probable… ya verán.

Pues bien, aquí viene lo bueno. ¿Cómo se enfoca desde los medios de comunicación cualquier noticia de esta guisa sobre México? Estamos hablando de asesinatos de adolescentes durante un guateque a manos de sicarios; de la desaparición, tortura y muerte recientes de más cuarenta estudiantes de magisterio; del secuestro y tiro a la nuca del candidato molesto, da igual que sea candidato a presidente del país –Colosio en 1994- o a cualquier estado o municipio –caso de las recientes elecciones municipales, de los asesinatos perpetrados por el narcotráfico en connivencia con los poderes locales, estatales o federales… Estamos hablando, en definitiva, de un estado corrompido hasta la médula desde sus más altas instancias hasta las más bajas… Pero el tratamiento es distinto.

Venezuela siempre se nos presenta bajo el prisma de un régimen dictatorial corrompido sistémicamente. Todo lo que ocurre allí es por culpa del bolivarismo venezolano. Si muere un manifestante es culpa del gobierno, si se encarcela al líder de la oposición, también, y si baja el precio del petróleo, faltaría más... Y puedo estar de acuerdo en gran parte...

Sin embargo, el enfoque que se nos presenta cuando las mismas atrocidades o,  hasta la fecha mucho mayores, acaecen en México, es muy distinto. Lo que en Venezuela es sistémico, en México es anecdótico, coyuntural… un accidente; trágico sí, claro, cómo no, pero se nos presenta como las desgracias que acontecen en un país desgraciado cuyo gobierno, a pesar de todo, lucha por sacudirse la delincuencia narco y su omnímodo poder, que ha conseguido infiltrarse en las estructuras políticas y administrativas del estado. Pero el sistema queda siempre a salvo. Es decir, lo que falla en México son ciertas personas –el policía demasiado aficionado a darle al gatillo, el alcalde caciquil, el ministro trincón…-, no las instituciones o el régimen. En Venezuela, en cambio, el culpable es siempre el régimen. El rasero de medir no es el mismo en ara uno que para otro ¿Por qué?

Foster Dulles, secretario de estado con Eisenhower, refiriéndose al dictador nicaragüense Somoza –¿o era Trujillo?- y para justificar el apoyo que le prestaban los EEUU, dijo en cierta ocasión: “Sí, es un bastardo, pero es nuestro bastardo”.
¿Será por eso?

dimarts, 17 de març de 2015

LA COMPAÑÍA DE JESÚS SE SUELTA EL PELO (O EL CONTRAGIRO IGNACIANO)



Será que soy un descreído, pero no acabo de creerme la sinceridad de la transformación educativa anunciada por la Compañía de Jesús en sus colegios de Primaria en Cataluña. Y como resulta que, desde luego, no es que los jesuitas sean precisamente tontos, uno ha de pensar entonces que, necesariamente, ha de haber gato encerrado.

Alternativamente, podría pensarse también que son sinceros, y hasta que tengan razón. Pero para poder afirmar esto, debería saber previamente si la Orden contempla que sus futuros Prepósitos Generales, Asistentes ad Providentiam y el resto de miembros que constituyen su compleja estructura jerárquica, así como sus ordenados, provengan de este experimento que sus colegios están implantando en Cataluña; o si sólo es para legos. Y como ignoro ese extremo, el juicio sobre la honestidad intelectual de dicho proyecto mucho me temo que lo he de poner en rigurosa cuarentena. Porque, no sé, pero me da en la nariz que se trata de un proyecto más bien exclusivamente pensado para legos y seglares, y con finalidades muy concretas e inconfesables. En fin, volteriano que es uno.

Si realmente consiste en lo que me imagino, he de reconocer que se trata de un proyecto muy inteligente y ambicioso, pero cuyos objetivos no son exactamente los anunciados -en el supuesto que haya algún objetivo explicitado sobre el tipo de individuos que se pretende crear con este modelo educativo, cosa que no he sabido ver del todo, lo reconozco, más allá de los tópicos pedabóbicos ad usum- sino que, muy al contrario, barre pro domo sua y, al cabo de la calle, apuntaría hacia un modelo que podría acabar dejando a los seglares bajo la necesaria tutela de los religiosos. De ser así, se trataría de una curiosa inversión del giro coperniquiano para devolvernos, en una suerte de contragiro ignaciano, a un estado de cosas más o menos neomedieval, en lo intelectual y, por ende, en muchas otras cosas.

Ya digo, tal vez no sea así y puede que, acertadamente o no, los padres jesuitas estén animados por las más nobles de las intenciones, pero uno no puede zafarse sin más de las nefastas influencias que una formación volteriana le imprimió indeleblemente en las entendederas, sobre todo en este tipo de menesteres. Y es que, si de evitar tan nefastas influencias se trata, es más que probable que de este modelo no surjan volterianos, sino, como mucho, esadianos que propaguen e impongan la doctrina diseñada en otras esferas para países semiperiféricos como el nuestro. De ser así, la cosa ya iría cuadrando. Porque, vamos, creérselo, lo que se dice creérselo, no creo que se lo crean ni ellos; algo que, topando con la Iglesia, tampoco es tan raro.

Otra posibilidad, también auspiciada por el infame pensamiento volteriano de la sospecha, sería que se trate de una simple operación de marketing, en la línea de lo que apuntaba, muy acertadamente en mi opinión, Roberto Colom en su blog, a propósito de un proyecto similar, por no decir idéntico, en este caso a cargo de la Congregación de las Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret, en el colegio Montserrat de Barcelona.

En definitiva, y de acuerdo con esta segunda posibilidad, la de una operación de marketing, se trataría de un simple cambio lampedusiano: que cambie todo para que no cambie nada. El rico al bollo y el pobre al hoyo. Pero aun así, estaríamos ante una relativa novedad: las escuelas religiosas habrían entendido de una vez, y en una fase superior, el carácter profundamente antisocial de la LOGSE y sus secuelas. Y se preparan para aplicarlo con fruición. La pregunta sería cómo no cayeron antes en tal cuenta. Pero también para eso tengo una explicación. 

Para nadie es un secreto que la LOGSE implantó un modelo que maniató hasta neutralizarla a la enseñanza pública. Gracias a ello, la por entonces agónica enseñanza privada resurgió cual Ave Fénix e hizo su agosto, con la complicidad tácita de las Administraciones permitiendo que, mientras a la pública se la obligaba a aplicar las aberraciones pedagógicas que acabaron con ella, la enseñanza religiosa mantuviera un modelo más tradicional y consistente. Más serio, académicamente hablando. El resultado conocido fue el trasvase de las clases medias de la pública a la privada, y el enriquecimiento y expansión de la enseñanza privada, también gracias al modelo de la concertación, algo inédito en cualquier otro país, o en cualquier otro sistema educativo.

Ahora, con la pública fuera de combate, la escuela religiosa puede pasar de la fase del monipodio a la de la aplicación de un modelo educativo del cual nunca surgirá un Voltaire, sino lo que desde un primer momento se pretendía, pero que pasaba necesariamente por la fase previa de neutralización de la pública: esades en la privada y, como ya ocurre, camareros en la pública. Todos ellos igualmente obedientes y dependientes, cada cual a su nivel y con su destino marcado por su estrato social. Y como en la Edad Media, sólo en los seminarios se custodiará y administrará el conocimiento; eso sí, a buen recaudo y en pequeñas dosis, no se les fuera a desmadrar otra vez la cosa con el Racionalismo, la Revolución Científica y la Ilustración. Y eso que por aquí todo esto pasó de puntillas y de largo. O precisamente por esto.
Será tal vez una interpretación conspiranoica,  y admito que lo vean así, pero cuadrar, lo que es cuadrar, cuadra. Y la verdad, asumiendo que no son tontos, que de lo que requieren es de tontos útiles, y que frente a la inmediatez hoy en boga, ellos saben trabajar para la eternidad, no puedo dar con otra explicación. Ahí queda.

dilluns, 16 de març de 2015

AUNQUE PAREZCA MENTIRA...



Hay una realidad que se acostumbra a pasar por alto cuando se aborda la cuestión de la disciplina en las aulas y su incidencia en el sistema educativo, o mejor, cuando no se aborda porque, siendo como es una palabra prohibida, en su lugar se utiliza el eufemismo “convivencia”, un concepto más amplio y del cual “disciplina” sería, en todo caso, una extensión con dominio propio que, al ser obviada por proscrita, diluye cualquier posible aproximación seria al tema. Y esta realidad no es otra que la siguiente: el modelo educativo vigente pasa necesariamente por la deslegitimación del docente, sin otra finalidad que privarle de la autoridad institucional que debería facultarle para el ejercicio de las funciones que, a su vez, tenía institucionalmente encomendadas.

Se mire como se mire, y por más que les duela a ciertas almas ingenuas, el ejercicio de cualquier función pasa por dos aspectos insoslayables: la acreditación y reconocimiento de la capacidad para ejercerla, y la investidura de una cierta autoridad institucional que faculte para su ejercicio. Y eso es así se trate de un operario de mantenimiento del alcantarillado, de un vigilante de parking, de un guardia municipal, de un revisor de RENFE, de un docente, de un médico, de un ingeniero, de un inspector de hacienda o de un general de división. Y la autoridad pasa por el uniforme, visible o invisible, físico o metafísico, pero uniforme al fin y al cabo, en tanto que investido con unas ciertas atribuciones para la realización de las funciones encomendadas. Y sin uniforme, no hay autoridad que valga.

Sí, cierto, está aquello de la autoridad carismática y la burocrática de Weber, pero se trata de tipos ideales que, si bien nos ayudan a entender determinados aspectos de la realidad, nos alejan igualmente de ella a poco que nos lo tomemos al pie de la letra.

El modelo educativo vigente ha privado a los profesores de su autoridad amparándose en dos presupuestos igualmente falaces. El primero sería un condicionante social, según el cual, grosso modo, las exigencias de una sociedad democrática han de desterrar del sistema educativo cualquier forma de autoritarismo –falazmente identificado con autoridad- en la relación establecida entre docente y discente, ahora asimilados a educador/educando. El segundo sería un condicionante de naturaleza pedagógica, y fundamentado en la idea según la cual el docente ha dejado de ser un transmisor de conocimientos; el conocimiento en sí es a su vez algo prescindible y devaluado, a la misma altura que el agente que los transmitía.

De todo esto surge un modelo insostenible para cualquier sistema educativo digno de tal nombre, y que como modelo en abstracto, se aplique al ámbito que se aplique, sería igualmente insostenible. Verbigracia, imaginemos…

-      Que los médicos tuvieran que consensuar el diagnóstico y la terapia con el propio paciente y con sus familiares y representantes del resto de la comunidad «sanitaria».

 

-      Que las autoridades del ministerio de sanidad y sus consejeros áulicos fueran conspicuos miembros de sectas curanderistas, de asociaciones por la santería, de la medicina «emocional» o de ese nuevo engaño que se llama «biomedicina» -tendrían que estar en la cárcel-, cuyo denominador común fuera, desde el propio discurso del ministerio, criticar la teoría y la praxis de la medicina clínica, obligando a los médicos a aplicar sus nuevos métodos y a recetar sus diademas taumatúrgicos, a la vez que los denostan por la muerte injustificada de los pacientes.

 

-      Que las multas de tráfico requirieran del mutuo acuerdo entre sancionador y sancionado, valiendo más la palabra del presunto infractor que la del agente de la autoridad que le ha multado por saltarse un semáforo en rojo. Y sosteniendo el ciudadano acusado que no es cierto, que estaba en verde y que el policía le tiene manía, viene entonces el superior del policía, desautoriza al número, hace añicos el papel de la multa y le pide disculpas al «humillado» ciudadano, a la vez que sanciona al agente por extralimitarse en sus funciones.

 

-      Que desde la DGT se insistiera, una y otra vez, en que el código de circulación es obsoleto y arbitrario, a la vez que hay que incentivar la creatividad y la espontaneidad de los conductores, que no han de actuar intimidados por la amenaza de multa o retirada de carnet, sino de acuerdo a su propia concepción del autoaprendizaje en la conducción, de forma creativa, innovadora, espontánea y emocional. Y que los ciegos también pueden conducir.

 

-      Que los inspectores de hacienda tuvieran que consensuar con los contribuyentes las cantidades a pagar de acuerdo con su disponibilidad emocional, y que desde la propia Administración se proclamara el carácter arbitrario de la recaudación y de las subsiguientes sanciones, que pueden provocar ulteriores depresiones en el contribuyente, con el fatal resultado de eventuales trastornos psíquicos irreversibles, que hay que evitar a toda costa, a la vez que se critica a los inspectores de hacienda por la falta de ingresos en el tesoro público.

 

-      Que en los barcos, el oficial de máquinas pasara al puente y el capitán a la sala de máquinas, el cocinero a radio, el radio a cocinero, el servicio de limpieza a marinería, la marinería al servicio de limpieza, y que los pasajeros decidan en asamblea el parte meteorológico del día siguiente. Porque como, total, la información está al alcance nuestro en internet… Y que el cuerpo de prácticos quede suprimido para facilitar la libre entrada en cualquier puerto. Y, last but not least, que en atención a la diversidad multicultural de nuestra sociedad, y para evitar los agravios que para ciertas culturas pueda significar la contaminación lumínica de los faros, éstos queden suprimidos, porque como ya tenemos el GPS, para qué diantres los necesitamos. Y si el cocinero del barco tiene GPS en su coche ¿qué diferencia hay en que lleve también un superpetrolero? ¿No lo hace todo el GPS?

 

Pues aunque les parezca mentira, todo eso es lo que está ocurriendo aplicado al mundo de la enseñanza. Y más ejemplos que les podría dar.


diumenge, 15 de març de 2015

TICS CARPETOVETÓNICOS, TACS DE LA DERECHONA



La derechona no tiene remedio. Y no hace falta matizar derechona española, porque no hay otra. Habrá otras derechas, civilizadas o incivilizadas, en cualesquiera otras partes del mundo, pero derechona sólo hay una. Es como es y no hay más cera que la que arde. Recuerdo que el egregio Pizarro –no el conquistador, el otro-, afirmó en su momento, ante la posible compra de Endesa por parte de la Caixa, que él no quería ser un empleado de la Caixa. Como Aguirre –no el de la cólera de Dios, sino la otra- prefirió ser alemana antes que catalana. Y Endesa quedó para los alemanes, claro. A eso se le llama ser patriótico. Un patriotismo exclusivista y auténtico alter ego del independentismo más montaraz.

Recuerdo que una vez, y sin que mediara el menor incidente previo, un pelanas me espetó que preferiría ser cojo y tuerto a catalán. Le respondí que estábamos de acuerdo: yo también le prefería cojo y tuerto antes que catalán. No acabo de entender por qué, pero no le gustó que coincidiera con él.

Pero lo más desternillante ha sido lo de un tal Antonio Sanz, al parecer delegado del gobierno en Andalucía, quien, presa sin duda de un visceral arrebato de españolidad, ha afirmado, refiriéndose a C’s –Ciudadanos-, que no quiere que a Andalucía se la mande desde Cataluña de la mano de un partido llamado Chiutadans y por alguien que obedezca al nombre de Albert. O sea que el problema para estos cabestros no es que uno sea independentista o no, sino el simple hecho de ser catalán, como el pobre Albert Rivera. O sea, más claro, agua.

Pero lo bueno del caso no es que la grosera alusión a tópicos tan manidos y ramplones fueran dirigidos ni más ni menos que a C’s y a su máximo dirigente por sus orígenes catalanes, máxime cuando se da el caso, como es bien sabido, que C's es la bestia negra de los independentistas, sino el estrepitoso ridículo en que incurrió el tal Sanz cuando se le replicó que el candidato a la presidencia de Andalucía de su propio partido, el PP,  Moreno Bonilla, compartía con Albert lugar de nacimiento, Barcelona, y madre malagueña –eso sí, distinta, paisanos que no hermanos-. Y luego van y lo único que se le ocurre a la acémila de Fátima Báñez fue terciar en la polémica admitiendo que sí, vale, es cierto que Moreno Bonilla nació en Barcelona, pero que en su caso se trata de una persona afable y sencilla; virtudes que sin duda le diferencian del resto de nacidos en la ciudad condal y alrededores.
Y he de decir que, como en el caso anterior que citaba, hay acuerdo una vez más, al menos parcialmente. Como dijo Churchill de Atlee, hay que reconocer que Moreno Bonilla es una persona muy sencilla... y que le sobran razones para serlo.

En cualquier caso, de todo esto se infiere que, con independencia del lugar de nacimiento, la patente de españolidad la da la derechona. Siguen con la España y la anti-España, sin solución de continuidad. Pobrecillos, como les luce la caspa. En fin, sólo cabe esperar que la derechona ocupe cuanto antes el lugar que le corresponde en el estercolero de la historia. Ya urge. Tic-tac, tic-tac, tic-tac…


dimecres, 11 de març de 2015

ALGO MÁS A PROPÓSITO DE FORMACIÓN E INFORMACIÓN




Diga lo que diga el Sr. Garicano, a cuyas afirmaciones aludíamos en la anterior entrega, de la formación que uno tenga dependerá lo que pueda aportarle el acceso a una determinada información. Podemos decir que de ella dependerá el procesamiento que se haga de los nuevos datos al enmarcarlos en contexto, o la digestión intelectual que haga de ellos. Digámoslo en el registro que nos dé la gana: cualquier información tiene significado en la medida que pueda incorporarse al conocimiento que uno tenga, ya sea de una materia concreta en particular, o de cuestiones más generales o abstractas; o para cuestionar lo que pensábamos acerca de algo.

En definitiva, hay una condición necesaria sin la cual carece de objeto cualquier ulterior disquisición sobre el aprendizaje, ya sea de lo más interesante y solvente, o pura charlatanería: sólo podemos entender aquello con respecto a lo cual disponemos de un cierto conocimiento que viene dado por una previa formación. Y esta formación previa ha de haberse adquirido de forma sistematizada, porque el conocimiento humano es un saber sistematizado. Discutir esto, o cuestionarlo, como tan de moda está de un tiempo a esta parte, es negar la circularidad del círculo o la cuadratura del cuadrado.

Entiendo que en íntima relación con el tema, Gregorio Luri explicitaba hace poco como Pensar es fácil, pero pensar bien no”. Y proseguía más adelante: Existe una jerarquía en el conocimiento. La supuesta horizontalidad de las relaciones en Internet hay que tomarla con precaución, al menos mientras siga habiendo una jerarquía notable entre cualquier cuarteto de cuerdas de Beethoven y las obras completas de Georgie Dann. (…) en la edad de la sobreabundancia de información, precisamente porque hay mucha, la información vale muy poco. Lo que vale, y valdrá cada vez más, es el conocimiento relevante (…)”.

En la misma línea, doy con una excelente entrevista a Inger Enkvist en Magisterio, que no puedo enlazar por ser de acceso restringido, en la cual a propósito de este idólatra culto a la información, y subsiguiente desdén, cuando no proscripción, de la formación y el conocimiento, nos describe un experimento realizado con alumnos norteamericanos. Transcribo textualmente esta parte de la entrevista:

“Se hizo en un grupo de adolescentes, como los de la ESO españoles, y se les dio a leer un texto de unas ocho líneas en el que se les decía que “los generales Lee y Grant”… Luego un espacio vacío y luego la palabra “negociación”. Los estudiantes tenían que averiguar cuál era el sentido de ese texto.
Los más rezagados pensaron que era algo militar. Los más avanzados pensaron: “Ah, Lee y Grant… Debe ser algo de la Guerra de Secesión. Eso es más o menos en 1860. Si se menciona la palabra “negociación” será que el texto se refiere al final de la guerra en 1865; y las últimas batallas se dieron en Virginia. Si los alumnos flojos hubieran tenido un ordenador, habrían buscado “Lee” y les habrían salido muchos “Lee”; lo mismo habría ocurrido buscando el apellido “Grant”. Si hubieran sido más listos, habrían puesto general Lee o general Grant. Pero lo que tenían que buscar es Lee y Grant juntos porque son una pareja de adversarios en la historia. Claro, eso lo sabemos los que sabemos quiénes son. El grupo avanzado entendía cosas que no estaban en el texto porque tenían conocimientos previos. Y así es casi toda la comprensión lectora; hay cosas que se sobreentienden en un texto porque tenemos conocimiento de ellas.
Por ello, eso de que no necesitamos leer porque ahora tenemos internet es falso, falso, falso. A los alumnos rezagados no les sirve de mucho un ordenador. A la tecnología debemos dedicarle el tiempo necesario para saber usarla, pero nada más. La tarea de la escuela es dar a los niños ese conocimiento y ese vocabulario necesarios para la vida adulta (…)”.

Y una tercera referencia, resultado de mis actuales relecturas de Isaac Asimov. En un mundo futuro hipertecnologizado, un programador de alto rango descubre casualmente a un técnico que conoce algo así como lo que hoy (todavía) llamamos las tablas de multiplicar: 3 x 9 = 27. Al principio piensa que hay algún truco; 7 x 8 = 56… Bueno, piensa el programador, después de todo, es posible que se haya dedicado a la absurda tarea de memorizar algunos resultados viendo los que arroja el ordenador si se le ordena hacer esta operación, pero no llegará a operaciones más complejas porque es imposible. ¿24 x 35? Y entonces se queda literalmente atolondrado cuando ve que el hombre coge un papel, un lápiz, y empieza a dibujar extraños signos, después de los cuales anuncia: 840. Y descubre que puede hacer lo mismo con divisiones: 136/4 = 34. Y hasta divisiones cuyo cociente no es entero… ¡con decimales!

El programador lleva al técnico ante el estado mayor para una demostración. Tras el escepticismo inicial, se cae en la cuenta de la extraordinaria importancia del «descubrimiento». Resulta que el cerebro humano puede ser capaz de realizar todas y cada una de las operaciones que hace un ordenador. Con más tiempo, eso sí, y a veces con mucho, muchísimo más tiempo. Pero eso no importaba: iba a permitir prescindir de los ordenadores para cierto tipo de operaciones. A esta nueva ciencia se decide llamarla «grafítica», y se crea un proyecto generosamente dotado para desarrollarla, al frente del cual están el programador y el técnico.

Por razones que corresponden al desarrollo del relato y que ahora no vienen al caso, el técnico descubre que los objetivos que el poder perseguía con el desarrollo de la grafítica eran de moralidad más que dudosa. Abyectos, en una palabra. Lo que para él había sido un simple pasatiempo, se había convertido en una cuestión de estado. Y cuando el proyecto estaba ya consiguiendo realizar manualmente raíces cuadradas, el técnico decide quitarse la vida. Así concluye el relato:

“Todos rodeaban la tumba del pequeño técnico, rindiendo tributo a su grandioso descubrimiento.
El programador Shuman mantenía la cabeza inclinada (…) –Nueve por siete son sesenta y tres- se dijo Shuman, con honda satisfacción-, y maldita la falta que me hace una computadora para saberlo. ¡Tengo una computadora en la cabeza!

Y era sorprendente la sensación de poder que eso le producía.”
El relato de Asimov tiene por título “Sensación de Poder”. Es la sensación de poder que les estamos negando a las futuras generaciones cuyo único objetivo hemos decidido que sea la información sin formación. Cierto, la información nunca es neutral, y el procesamiento que hacemos de ella de acuerdo con nuestra formación, seguramente que tampoco. Pero el paradigma de la información sin formación, no es que no sea neutral, es simplemente perverso.

diumenge, 8 de març de 2015

FORMACIÓN O INFORMACIÓN, HE AHÍ LA FALACIA (EL CASO GARICANO)



Después de elaborar el programa económico de CIUDADANOS, el ilustre economista y profesor de la London School of Economics, Luis Garicano, parece que ha decidido adentrarse en el proceloso terreno de la educación. O como mínimo, eso es lo que puede colegirse de su artículo  publicado hoy en El País «¿El fin de la clase magistral?», en el cual responde afirmativamente a la pregunta que él mismo se planteaba.

Ignoro la originalidad y la solvencia innovadora del programa económico que el Sr. Garicano ha elaborado para su partido, aunque por lo que he podido saber, no sólo no contiene precisamente ninguna fórmula magistral ni innovadora como las que exige a la educación, sino que lo más relevante del informe parece ser que no es el propio informe, sino que él es su autor. Tampoco es nada original la propuesta educativa que se sigue de su artículo. Muy al contrario, todo indica que el Sr. Garicano ha tirado de los tópicos pedagógicos al uso, a la vez que incurre en confusiones conceptuales que, tratándose como se trata de un prestigioso economista, lo menos que se puede decir es que sorprenden.

Empieza fuerte el Sr. Garicano: “¿Cuándo empezaremos a adaptar los contenidos, y (mucho más importante), la forma de estudiarlos y presentarlos, a las necesidades de un mundo conectado, en el que los jóvenes disponen de todo el conocimiento?

Poco después, y tras describirnos las maravillas del proyecto final de bachillerato en un instituto técnico holandés, concluye que lo que hay que hacer es abandonar la clase magistral,

“(…) en la que el profesor, desde lo alto de su podio, predica a los ignorantes estudiantes cuya obligación es callar y tomar sus abominables apuntes (…)”

Y esto, prosigue, es una estupidez, porque

“(…) en un mundo en el que Google nos permite inmediatamente conocer la respuesta a la pregunta más absurda o complicada, nuestro sistema continúa insistiendo en conseguir que los alumnos memoricen largas listas de datos que, usando esos teléfonos móviles que no salen de sus manos en ningún momento del día, cualquiera de ellos podría encontrar en segundos.”

Bien por Garicano; se puede decir más alto, pero no más claro:

“(…) Una buena lección magistral de álgebra, o de historia griega, se puede ver en vídeos profesionales y clases en línea, y tendrá dibujos, diagramas, mapas, fotos, pequeños test para asegurar el progreso, etc.”

Además, al parecer del Sr. Garicano,

“(…) De este modo, el tiempo en clase se puede usar para aplicar el conocimiento y recibir críticas del profesor (…)”.

Es decir, si hasta ahora se hacían los deberes en casa y se aprendía en clase, ahora debería ser al revés. Todo ello gracias a internet. A la vista de todo esto, diríase que hay ósmosis directa entre el cerebro y la pantalla del ordenador. 

“(…) Los estudiantes pueden leer un texto (preferentemente una fuente primaria, no un libro de texto) y discutir en clase bajo la dirección del profesor. Una discusión bien preparada sobre Karl Marx y su influencia en los nuevos partidos, por ejemplo, tendrá muchísimo más impacto en los estudiantes (¿Qué diría Marx de “la casta”?) que una aburrida lección sobre el materialismo histórico (…). Total, para concluir que el “(…) énfasis en lo que se aprende restringe la innovación en cómo se aprende. Debemos liberar las energías de los profesores y de los colegios para innovar, y adaptar los curriculums (SIC) a las nuevas posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías.

Y dale con las nuevas tecnologías. Así que no sólo hay que acabar con las clases magistrales, sino también con los libros de texto, porque todo lo que pueden ofrecer las primeras y todo lo que pueda haber en los segundos, está ya en internet. La verdad es que a uno le recuerdan estas argumentaciones las de Mahoma cuando ordenó quemar la biblioteca de Alejandría: si lo que contienen los libros que hay allí dentro es contrario al Corán, han de ser quemados, y si está de acuerdo con el Corán, entonces son innecesarios porque ya tenemos el Corán, por lo cual deben ser quemados también.

En realidad, nos hallamos ante un planteamiento falaz que no discrimina entre información, conocimiento y formación. Para empezar, no sé qué entenderá el Sr. Garicano por conocimiento cuando afirma, como lo hace, que los jóvenes de hoy disponen de todo el conocimiento. Más bien me temo que está confundiendo, en primer lugar, el acceso a la información, con su posesión como conocimiento; y en segundo, mucho más grave, se confunde también la información con la formación, quedando esta última confundida y asimilada a la primera.

Porque una cosa es el acceso al conocimiento como posibilidad, y otra muy distinta su posesión. Si tengo en casa un libro de física cuántica, podría decir en rigor que tengo acceso al conocimiento allí contenido, pero no puedo decir en absoluto que posea este conocimiento o disponga de él. Lo mismo con internet. Pero es que además, detrás del sofisma del Sr. Garicano según el cual los jóvenes disponen de todo el conocimiento –gracias a la conexión-, se esconde la negación de la necesidad de una formación previa como condición de la posibilidad de poder acceder a cualquier tipo de conocimiento que me permita asimilar la información que estoy recibiendo. Y parece que el empeño de toda la pedagogía moderna consista precisamente no sólo en negar la necesidad de un docente que instruya, sino también la de una formación previa que medie entre el sujeto y la información que adquiere. Es decir, se presupone una secuencia inmediata entre el acceso a la información, la adquisición de ésta y la posesión de conocimiento. Y el problema es que la realidad dista mucho de funcionar así.

Una cosa es que nadie en sus cabales niegue la importancia de la revolución que el acceso a la red comporta en lo referente a la posibilidad de acceso a la información. Pero esto es algo muy distinto que el conocimiento. Con anterioridad al mundo conectado, el acceso a la información era ciertamente mucho más limitado y sujeto a restricciones materiales mucho más severas. Lo que internet supone es la superación de estas restricciones y la posibilidad de tener en casa la biblioteca universal, pero no la posesión del conocimiento universal. Y cuando confundimos ambas cosas y obviamos el concepto de formación, frente al de información, entonces nos despachamos con ejemplos tan falaces como el planteamiento inicial del que cuelgan.

No hay información sin formación previa, porque toda información se procesa de acuerdo con una categorías sin las cuales dicha información no es nada. Como no es nada la información que yo pueda adquirir de griego antiguo o de física cuántica, ya sea a través de internet o en papel, si carezco de la formación previa para procesarla.

Otra cosa es que a partir de unos ciertos niveles de formación, el individuo pueda aumentar su conocimiento adquiriendo información por su propia cuenta. Por supuesto que sí, sólo faltaría. Pero la adquisición de una formación pasa necesariamente por un proceso de tutorización que, genios autodidactas aparte, requiere de una mediación en la cual la figura del docente es esencial. Y una lección magistral de álgebra presencial, se diga lo que se diga, no es lo mismo que estudiar esta materia a través de internet. Otra cosa es que internet sea un complemento fundamental, pero no el substituto, al menos en la fase de formación, que es de la que estamos hablando. El conocimiento humano está, además, sistematizado, y debido a ello sólo se puede adquirir a través de un proceso debidamente estructurado y orientado hacia ello, no a través de improvisación espontánea o creatividad. Esto vendrá en todo caso luego, y con todas la reservas de rigor. En fin, tal vez la ciencia de la economía sea un caso aparte, pero el resto de disciplinas funcionan mucho más a base de rigor metódico y rutina, que de creatividad o improvisación.

Y suponer, como hace alegremente el Sr. Garicano, que una discusión bien planteada (?) sobre Karl Marx resultará más provechosa que un libro de texto donde se nos introduzca sobre este autor, el contexto de su obra y su pensamiento, es simplemente truculento. Porque si no conozco el pensamiento de Marx, la información que pueda adquirir de un simple texto suyo será, en el mejor de los casos, sesgada. La verdad, desde la perspectiva del Sr. Garicano, no se acaba de entender cómo no aprendemos a leer y a escribir solos frente al ordenador.
La formación es anterior a la información. Cierto también que no hay formación pura, sino que consiste en categorizar la información que vamos adquiriendo. Parafraseando a Kant, diríamos que la formación sin información es vacía, pero la información sin formación es ciega. Y la confusión entre formación e información tal vez no sea tan inocente como a simple vista podría suponerse. Puede serlo, ciertamente, en algunas almas ingenuas, pero el Sr. Garicano no es un ingenuo, de eso sí que estamos seguros.

divendres, 6 de març de 2015

MÁS ALLÁ DE LA RELIGIÓN



Un estudiante de filosofía se presenta al examen oral ante un tribunal que le requiere para que explique el pensamiento de Santo Tomás de Aquino. “Pues miren”, replica impávido el examinando, “la filosofía de Sto. Tomás de Aquino no me la sé, pero eso no tiene filosóficamente ninguna importancia, porque lo relevante es conocer su refutación, que sí conozco a la perfección y que les desarrollaré a continuación”.

Siempre me han parecido unos perfectos imbéciles los supuestos laicos que, por estos pagos, te felicitan la Navidad deseándote un buen solsticio de invierno. Y si denostar a la izquierda orate implica que lo pongan a uno de facha sin más preámbulos, muy probablemente la consideración de imbéciles para tan heroicos laicos conlleve ser puesto al mismo nivel que el cura Merino, Torquemada o Torras i Bages. La mezcla entre estupidez y esnobismo es letal de necesidad.

Decía en un post anterior que el tema de la religión -tal como se plantea desde la izquierda orate como desde la Conferencia Episcopal-, me parece uno de los problemas más secundarios y menos urgentes de entre los muchos que tiene planteados en estos momentos el sistema educativo; un sistema educativo al que si representáramos metafóricamente como un buque, hace años que ya sólo podríamos considerar un pecio. Y discutir sobre el tipo de chaleco salvavidas que hay instalar en un pecio carece de sentido.

Por su parte, el siempre atento Gregorio Luri ponía el dedo en la llaga cuando contrastaba las airadas reacciones que ha suscitado entre el elenco progre la publicación de los contenidos de la materia de religión católica, con la indiferencia y el silencio que ha merecido la publicación del currículum de religión musulmana. Un contraste que a la vez que delata, también retrata. Él le llama las fobias electivas, por oposición a las afinidades de Goethe, entiendo, obra basada en esta noción de la química del siglo XIX aplicada a la vida social.

Porque vamos a ver. Una cosa es lo que ya a finales de los ochenta denunciaba Fernando Savater en un brillante artículo en “El País”, concluyendo que, en materia de enseñanza de la religión, España estaba igual que la «bendita república del Irán». Es decir, en materia de religión estamos como si en materia de historia los profesores fueran nombrados en Cataluña por el inefable Institut de la nova Història, o en el resto de España por el consejo de administración de Intereconomía. Eventualidades que, por cierto, ya se dan o se pueden dar si los elige el director del centro sin más criterio objetivable que una normativa que le encumbra como «norma» a él mismo. Y conozco casos. Pero esto es una cosa, o mejor, una aberración, y otra muy distinta que la religión no se agote en sí misma. No saber ver esto me parece una torpeza.

Es ciertamente rechazable que el Estado pague a unos profesores que no elige, con unas titulaciones que no regula, para que hagan proselitismo de su credo en las escuelas e institutos públicos. Ahora bien, es igualmente rechazable, y por idénticas razones de higiene intelectual, que se pretenda ocultar o escamotear el fenómeno religioso  -el católico, claro-, igual que se les pretende ocultar a los niños de hoy que Bambi quedó huerfanito y que a la abuelita de Caperutica se la zampó el lobo feroz.

Porque miren ustedes y sin ir más lejos, no estoy hablando de fe ni de convicciones religiosas, quien siendo occidental desconozca la Historia Sagrada, siento decirlo así, está culturalmente castrado. Porque hay categorías que impregnan todo el universo cultural y le dan forma. Y que están más allá de la creencia o no en unos determinados dogmas. Occidente no se puede entender sin el cristianismo, así como tampoco sin Grecia ni Roma.

Y si como decía Max Weber, cultura es una urdimbre consistente en tramas de significado que dan sentido y que permiten al individuo orientarse en su interacción social a partir de este sentido, desde en lo más trivial hasta en lo más complejo, entonces no basta con ser ateo para poder prescindir de la religión, porque de elementos religiosos está impregnada dicha urdimbre. No en cuanto a confesión o creencia, claro que no, sino en aquello que está más allá de la religión. Ni siquiera ser ateo es una justificación para eludir el fenómeno religioso o ignorarlo. Hasta puede que todo lo contrario.
Exactamente igual que con la refutación de la filosofía de Tomás de Aquino no basta para que deje de ser necesario estudiarla, contra lo que pensaba el infeliz estudiante. Aunque hoy, con tanto Wert y sus curricula para formar futuros tarados, y con tanto psicopedabobo que lleva a cabo la faena, probablemente, la mayoría pensaría lo contrario. Claro que, como filosofía ya no habrá, gracias a los autonómicos y a los centralistas, el tema ya no se planteará. Y en cualquier caso, mejor no preguntárselo.