divendres, 30 de gener de 2015

CATALUÑA Y PODEMOS



Uno de los fenómenos más sorprendentes de todo el «procés» iniciado hace ahora dos o tres años, es sin duda la asunción acrítica, y consiguiente subordinación, por parte de la izquierda, del discurso maniqueo promovido por la derecha nacionalista en relación a la posición de la sociedad catalana con respecto a la independencia o a la permanencia en España. Una asunción que, como autorrefencia en contexto, equivale a la autodescolocación sin más. Y así le va. Un modelo falseado y dicotómico que sin duda se aviene con los intereses nacionalistas de una u otra bandera, y que la izquierda, entre acomplejada y descolocada, parece asumir sin más. Queda, eso sí, por ver cómo lo enfocará PODEMOS, pero no me cabe la menor duda de que si saben sacudirse este discurso, su éxito en Cataluña está garantizado.

Cómo se ha llegado hasta este punto requiere sin duda una explicación muy compleja, pero sospecho que ha influido en ello el mito mesetario según el cual la política catalana destaca por un fair play del que carece la española. Y esto se lo han creído por igual en la Cataluña ensimismada como en buena parte de la España más genéticamente anticatalana. Para autocomplacencia de unos y escarnio de otros. Un mito que, en realidad, consiste en una apariencia de finezza bajo la cual se esconde una praxis de férreo control social y clientelar, cuya cobertura es una concepción política provinciana y patrimonialista. Nunca hubo tampoco un oasis catalán, sino una poza hedionda con niveles de corrupción perfectamente homologables a los del resto de España, o incluso más. Porque si desde la propia Cataluña, los árboles no dejan ver el bosque, el bosque que se divisa desde España, impide a su vez ver algunos «arbolitos» más que significativos. Cierto que escándalos como los casos Palau o Pujol han agrietado seriamente este tópico, pero en gran medida la inercia se mantiene.
Publicado en CATALUNYAVANGUARDISTA. El artículo completo AQUÍ

 

dimecres, 28 de gener de 2015

PROCESANDO EL «PROCÉS» (IV de IV)



Junqueras exigía elecciones antes de marzo. Serán en septiembre. Algunos apuntan a que teme que el efecto PODEMOS entibie la pasión nacionalista de algunos sobrevenidos que manifestaban su descontento general adhiriéndose al independentismo como válvula de escape. Es posible que se piense en neutralizar a PODEMOS o incluso metabolizarlo como se ha hecho con ICV –algo de esto parece estar intentándose ya con PODEMOS en Cataluña-, o en que simplemente se deshinche. Pero hay algo que sí me parece incuestionable a día de hoy. La pasión independentista se ha entibiado, y se auguran posibles escenarios donde el independentismo lo va a tener más difícil, como mínimo, para avanzar.

El efecto PODEMOS, de mantener sus expectativas, podría atraer mucho voto impostado por el independentismo pretendidamente de izquierdas, a la vez que sacar a ciertos sectores de su secular abstencionismo ante el hartazgo de las parodias de izquierda que se han dado por Cataluña. Aunque sólo fuera como voto de castigo, este fenómeno podría darse. Y eso va contra el independentismo.

En el otro lado, la aventura española de CIUDADANOS puede saldarse con la paradoja de que un partido de origen catalán ea clave en España. Y ello, para bien o para mal, les obligaría a empezar a hablar de lo que siempre han dicho que se ha de hablar, pero que nunca han hablado. Y a lo mejor hasta se sabría cuál es el proyecto de CIUDADANOS, no sólo para España, sino también para Cataluña. Algo que el PP catalán está incapacitado para hacer. Hasta ahora, CIUDADANOS ha sido un partido simplemente antinacionalista catalán. Si tienen éxito en España, la cantinela antinacionalsta ya no les servirá, y el españolismo rancio que rezuman algunos de sus sectores, tampoco. De modo que algún modelo tendrán que proponer. Y esto tampoco es bueno para los designios independentistas.

En cualquier caso, tengo para mí que el escenario que se puede dar en Cataluña el próximo septiembre será menos favorable al independentismo de lo que hubiera podido serlo hace sólo unos meses. Es cierto que las voces contra el independentismo son básicamente españolistas en el sentido de anti-independentistas, y no unionistas en el sentido de no-independentistas. Y que estos últimos, aunque mayoritarios, carecen de voz articulada hoy por hoy.

Pero también podría ser que el independentismo haya tenido su oportunidad y la haya dejado pasar. Si el 10-N Mas convoca elecciones anticipadas para enero o febrero, la tensión se hubiera podido mantener y hasta intensificar. La presión para una lista única hubiera sido mucho mayor y, es una suposición, ante la perspectiva de una secesión a la vista, ERC hubiera podido tragar y plegarse a Mas. El desconcierto de los sectores no independentistas, creo con franqueza que hubiera sido más o menos total. No creo que lo tengan igual de bien el próximo septiembre.

Claro que la tesis de Jorge sigue ahí, cual maldición hölderliniana. Porque es posible que el independentismo haya llegado a la conclusión de que no puede llegar al umbral de la mayoría social necesaria para menesteres tales como los que se propone. Y porque sea consciente de que un referéndum lo perdería, mientras que en unas elecciones pueden conseguir mayoría parlamentaria sin que eso suponga mayoría electoral. Claro que, bien mirado, esta mayoría ya la tiene actualmente en el Parlament  ¿A qué, entonces, seguir mareando la perdiz y jugársela en unas elecciones que se darían en condiciones menos favorables que hoy?
La verdad, no tengo respuesta para esto. Pero si me parece clara una cosa. Aun sin poder asegurar que el «procés» esté en reflujo, sí que está en cualquier caso estancado, empantanado. Puede reagruparse y rehacerse, claro que sí. Pero no puedo dejar de tener la impresión de que ha dejado pasar su oportunidad. O al menos, la tuviera o no realmente, que su punto álgido ya pasó. Lo cierto es que seguiremos con el recurrente mareo de la perdiz. Pero también que la casta nacionalista ha perdido credibilidad entre su propia feligresía. Y esto siempre daña a un movimiento. A lo mejor, como dijo Churchill en el invierno 42/43, esto no es el final, ni siquiera el principio del fin, pero sí el final de principio.

dilluns, 26 de gener de 2015

¿GRECIA FRENTE EUROPA?




Dijo Clemenceau que la guerra era una cosa demasiado seria como para dejarla en manos de los militares, pero nadie se atreve a decir que la economía lo sea también como para dejarla en manos de los banqueros... quizás hasta ahora, con las elecciones griegas y la victoria de Siritza.

Porque el gran problema de la UE va mucho más allá de la crisis, es la falta de una Razón política que ejerza de referente regulativo. Cierto que puede haber, y la historia anda sobrada de casos que lo demuestran, razones políticas que sean un auténtico desafuero, pero sin razón política lo único que hay es mercado sin más leyes que las suyas propias, y esto es también un desafuero... provechoso para algunos, qué duda cabe, pero desafuero al fin y al cabo, por los efectos catastróficos que tiene entre la población de las sociedades afectadas.

Al menos desde esta perspectiva, la victoria de Siritza en Grecia se me antoja altamente significativa. Ello en la medida que puede representar un punto de inflexión en la tendencia, hasta ahora imparable, hacia la dictadura economicista que estamos padeciendo y a la cual ha estado sometida cualquier razón política convencional, y cuyas alternativas no habían ido hasta ahora más allá de la marginalidad. Habrá que ver hacia donde deriva la cosa, pero me parece evidente que el triunfo de Siritza marca un antes y un después en el marco político europeo.

Desde la caída del muro de Berlín en 1989, al capitalismo de rostro humano se le empezó a correr la mascarilla del maquillaje y su auténtico rostro apareció en toda su crudeza. Las políticas económicas neoliberales fueron yendo a más y marcaron, bajo la pretensión del pensamiento único y de su supuesta pragmaticidad como única política posible, una tendencia hacia la supresión del estado del bienestar, calificado de  insostenible casi desde el día siguiente a la caída del muro. La crisis, por su parte, aceleró aún más este proceso de recorte de servicios y llegó a tener efectos devastadores en los países más pobres de la zona euro, como Grecia. Las torpes respuestas de los gobiernos europeos, sometidos al dictado del pensamiento único, no hicieron sino agravar aún más la situación. Hasta los Estados Unidos de mismísimo George Bush Jr. fueron más intervencionistas cuando se empezaron a percatar del calado de la crisis. 

Es falso que el modelo europeo no haya funcionado porque los estados se negaron a ceder poder. Lo cedieron y precisamente en uno de sus aspectos más significativos y determinantes: la emisión de moneda. Pero nadie recogió políticamente el guante, porque así estaba previsto que fuera en el escenario que a este efecto se había diseñado para Europa: un puro y simple dictado económico. Así, nos quedamos en que los estados renuncian a una de sus prerrogativas ancestrales, la emisión de moneda de curso legal y, con ella, a la posibilidad de tener política monetaria, pero dicha facultad no se le cedió a ningún suprapoder político europeo, sino a instituciones puramente económicas. Mientras tanto, el parlamento europeo legislando sobre el consumo del tabaco y el lenguaje políticamente correcto... el sueño neoliberal hecho realidad: un poder económico sin cortapisas. Ni Tatcher había llegado tan lejos.

Ante todo esto, la actitud de las izquierdas europeas tradicionales fue de acomodamiento adaptativo -caso de las socialdemocracias-, o de enroque puramente testimonial y camino de la marginalidad -la mayoría de partidos comunistas tradicionales-. Siritza no proviene de unos ni de otros, al menos directamente, y este es precisamente su gran activo. A los socialdemócratas se les podría aplicar aquello de "Roma no paga a traidores", y a los comunistas... en fin, mejor dejarlo correr.

Es verdad que Grecia ha sido un país con índices de corrupción altísimos y homologables a los españoles o puede incluso que más, pero también lo es que éste fue el caldo de cultivo que permitió los pingües negocios que los alemanes llevaron a cabo. Y que llegada la crisis, la política europea -alemana, mejor- que se les aplicó a los griegos fue inmisericorde y tuvo efectos devastadores para la población. Una inflexibilidad muy unilateral, por cierto, si tenemos en cuenta que a Alemania se le ha perdonado la deuda en dos ocasiones, y que la salvaje invasión de Grecia por parte teutona en la II Guerra Mundial no ha sido  objeto de ninguna indemnización de guerra por parte alemana. A Alemania, cuya culpabilidad en el siglo pasado va mucho más allá de la corrupción, se la trató con mucha más benevolencia de la que la propia Alemania ha tratado a Grecia.

Y ante el sometimiento servil que Francia, Italia y España han observado frente a los dictados alemanes para la UE, les ha tocado a los griegos encabezar o, como mínimo, iniciar la reacción. La victoria de Siritza es la victoria de los descontentos y de los humillados por una políticas económicas dictadas sin el menor sentido de la razón política. Y es quizás la primera respuesta articulada. Tendrá que haber una negociación de la deuda, y los criterios meramente economicistas o de imposición del Trágala tendrán también que reajustarse... a algún tipo de razón política. O esto o el caos.

PROCESANDO EL «PROCÉS» (III de IV)


Y cuando CIU se pegó el batacazo electoral, ERC, aportó las muletas que el renqueante Mas necesitaba para seguir en el poder. La verdad es que su sumisión a CIU estos dos últimos años ha sido antológica y digna de, como mínimo, dos récord Guiness, en torpeza y en ingenuidad políticas. Para empezar, propició un escenario inédito en la historia del parlamentarismo occidental: el principal partido de la oposición era el que daba apoyo al gobierno y le permitía gobernar en minoría. Esto podía suponer de entrada una nada desdeñable capacidad de control y hasta chantaje.

Pero no hizo nada de esto. A cambio del compromiso de convocatoria del referéndum por parte de Mas, ERC tragó con la corrupción endémica en CIU y con las privatizaciones, con los recortes y el desmantelamiento de la estructura pública catalana, con el caso Pujol… Como oposición, o como partido que da apoyo al gobierno, su papel ha sido el de un dontancredismo servil, sórdido y cómplice… todo a cambio de la promesa del referéndum.

El cálculo de ERC, de haber algún cálculo, era que mientras CIU se desgastaba con medidas impopulares, escándalos de corrupción y desgobierno, cayendo en picado en las encuestas, el partido de Junqueras subía incesantemente y alcanzaba el sorpasso que le iba a poner en bandeja la hegemonía dentro del movimiento secesionista y que le colocaba como primer partido catalán. Si además, Más acababa arrugándose con el referéndum, la apoteosis de Junqueras y su ERC estaba servida.

Pero aunque Mas no pasará a la historia como un genio político ni como el estadista que cree ser, tampoco es un tontolaba integral. Y mientras Junqueras se regodeaba con las encuestas, convencido de la idoneidad de la política que estaba siguiendo, Mas empezó a mover sus piezas a la espera que llegara su oportunidad y Junqueras cayera en la celada que le estaba tendiendo. Mintiéndole insultantemente, por cierto, cada vez que ello se ajustaba a su fin primordial: mantenerse en el poder y recuperar la iniciativa. Sin duda Mas se comportó muy astutamente, pero el objeto de su astucia no era Rajoy –nadie es tan tonto como para confesar su astucia frente a su antagonista en plena refriega-, sino el bueno de Junqueras.

Tras un sinfín de dimes y diretes, dilaciones, evasivas, payasadas sobre los términos de las preguntas y los consiguientes sollozos y montadas en cólera de Junqueras, finalmente Mas convocó el referéndum. Un referéndum que se iba a celebrar sí o sí, según sus propias palabras. Pero va el TC y, a instancias del gobierno español, lo prohíbe.

Aparentemente, Mas se echa para atrás ante la interdicción, para escarnio de Junqueras, que amenaza con abrir la caja de los truenos. Pero al poco, convoca la parodia de consulta/barbacoa. Aparentemente, Mas está acabado; le están lloviendo chuzos de punta y hasta un miembro de la comisión nombrada el día antes, dimite alegando que aquello ni en Guinea. Pero la astucia de Mas se basaba en la ingenuidad de ERC y en un inapreciable regalo que le llegó de Madrid: la prohibición de la barbacoa. Y Junqueras mordió el anzuelo.

El resto es de sobras conocido. Mas chupando cámara todo el día durante el 9-N y Junqueras de interventor vigilando la barbacoa y cuidando que no se queme la carne. Poco después, Mas saca pecho y se autoinculpa como responsable del referéndum. La proverbial torpeza española le brinda otro regalo: la fiscalía, escándalo incluido, decide procesarle. A partir de este punto, la estrella de Junqueras empezará a menguar sin solución de continuidad. Había caído en la trampa. La propuesta de lista única independentista en unas elecciones anticipadas es el aldabonazo que acaba por descolocarle definitivamente. Porque con todos los medios, aparato y los quintacolumnistas a su favor, el inconsecuente parece ser Junqueras, que pasará ahora a ser el megalómano dispuesto a sacrificar el sagrado objetivo de la independencia de Cataluña en el altar de sus ambiciones personales.
Hasta que ha acabado cediendo en todo, menos en la lista. Mas ha convocado unas elecciones para cuando le ha parecido más acorde a sus fines, y con plazo suficiente para seguir ganando tiempo. Incluirá en su lista a las heroínas prefabricadas y no necesitará ni prohibirle a Junqueras que no incluya independientes en la suya. Mientras tanto, Junqueras le aprueba los presupuestos y sigue bloqueando la investigación sobre el caso Pujol y otros muchos que afectan hasta al propio Mas. ¿Se puede pedir más?

dissabte, 24 de gener de 2015

PROCESANDO EL «PROCÉS» (II de IV)



Porque si el contexto sigue siendo adverso ¿es que entonces confían los líderes independentistas en su capacidad de subvertirlo mediante una política de hechos consumados que dejarían sin capacidad de reacción al Estado y paralizados, o en el mejor los casos indiferentes, a los países de nuestro entorno?

¿O por el contrario, y aun conscientes de la irresolubilidad del problema contextual, como mínimo a corto y medio plazo, siguen adelante porque no pueden hacer otra cosa, atrapados en una corriente tan poderosa que impide cualquier cambio de rumbo, aunque sepan que lleva directamente al maelstrom?

No figura entre las limitadas capacidades de uno la de la profecía, ni la de leer en las mentes ajenas. De  modo que a lo único que nos podemos atener es a los hechos y tratar de entenderlos. De modo que, o los dirigentes secesionistas son conscientes del contexto adverso y están tratando de aplacar a las masas que ellos mismos enfervorizaron prometiéndoles el cielo independiente para el Sant Jordi del 2015, o, por el contrario, minimizan la dimensión real de tal contexto y piensan que una política de hechos consumados, como la del recorrido que describe Jorge, bien puede llevar a la Arcadia independiente hacia la cual manifiestan explícitamente y sin tapujos que están determinados a dirigirse a cualquier precio.

Porque, de otro modo ¿Cómo entender el anuncio de la creación de estructuras de estado en un escenario donde tales estructuras serían manifiestamente ilegales y, de una u otra forma, forzarían la intervención directa del Estado? ¿Cálculo o desesperación?

Una antinomia desde luego difícil de dilucidar ahora mismo y a la vista de los hechos. Cierto, de puertas afuera se actúa como si nada ocurriera, y sigue adelante el proceso de hagiografización de Mas frente a un Junqueras debilitado, que tal vez haya perdido ya su oportunidad. Pero se trataría en definitiva de la disputa de un voto que funciona a la manera de vasos comunicantes entre CIU y ERC, y no tiene tampoco porque debilitar necesariamente el «procés», sino, en todo caso, definir quién va a liderarlo. Podría ser, y desde luego que no digo que no, pero también cree uno advertir ciertos síntomas de agotamiento y de reflujo que, acaso sean sólo apariencia, pero acaso no. Veamos.

Partiendo de la base que el secesionismo explícito comienza con el viraje de la CDC de Mas el 11 de septiembre de 2012, lo cierto es que desde entonces no parece que el independentismo haya incorporado demasiado componente ciudadano no nacionalista. Sí se produjo un recalentamiento interno del nacionalismo catalán que le llevó a explicitarse como independentista. Y puede que este fuera el error de Mas al anticipar elecciones y perder una docena de diputados que fueron a parar a ERC. Desde entonces, ERC dio su absoluto apoyo al gobierno de Mas, transigió con sus corruptelas y avaló sus desmanes a cambio de una progresiva radicalización independentista que intensificara un «procés» cuyo punto álgido se dio entre el 11 de septiembre de 2014 y el 9 de noviembre, en que tuvo lugar el referéndum barbacoa de Mas. En clave interna nacionalista, el resultado de la payasada fue el relanzamiento de la figura de Mas –gracias a los favores del Estado- y el inicio del declive de ERC, cuyo máximo momento fue el 11 de septiembre. Hasta entonces, todos los sondeos anunciaban el ascenso imparable de ERC y el naufragio de CIU. El día después de la seudoconsulta, esta tendencia empezó a invertirse.

Es innegable que Mas supo recuperar la iniciativa y que, en mi opinión al menos, ERC se vio superada por los acontecimientos y no supo reaccionar. Discrepo en esto de Jorge: no creo que el problema de ERC sea sólo de falta de cuadros, sino que también carece de políticos de talla mínimamente aceptable. Es cierto que Mas tuvo a su favor todo el aparato mediático y a los quintacolumnistas, y que a ERC se le presentó un escenario para el cual no estaba preparada, por más previsible que fuera. Y quizás la razón de su incapacidad se encuentre en su torpe política de sumisión a los dictados de Mas durante los dos últimos años cuando, creyendo que el viento soplaba a su favor, cuando en realidad  Mas sólo esperaba su oportunidad. Y cuando la tuvo, la aprovechó… para asombro de Junqueras.          
Parto de la base que, personalizando en sus líderes, a Mas le interesa sobre todo el poder, mientras que para Junqueras –sollozos incluidos-, el objetivo primordial es la independencia. CDC es un partido de poder y dispone de una red clientelar poderosísima en Cataluña, tejida a los largo de más de treinta años, que abarca todas y cada una de las distintas esferas y órdenes de la sociedad. El papel de ERC en todo este montaje, y para el cual se la diseñó desde el pujolismo, fue el de avanzadilla de combate para aquellos frentes en los a CIU no le convenía estratégicamente intervenir, presentándose como se presentaba por entonces como un partido de gobierno y de orden. En el pesebre nacionalista, CIU era el seny y ERC la rauxa Iniciativa y, las CUP, a su vez, los bufones-. Y a cada cual lo suyo: unos a gobernar y a ganar dinero; los otros a pringar y a comerse los restos del banquete. La subordinación de ERC a CIU es de orden más psicológico que político. Por eso nunca ha sabido ni podido aprovechar sus oportunidades, si de arrebatarle la hegemonía a CIU se trataba.

divendres, 23 de gener de 2015

PROCESANDO EL «PROCÉS» (I de IV)



¿Se consuma el souflée? ¿Pausa para tomar carrerilla con redoblada intensidad? ¿Desencanto y desmovilización? ¿Un paso adelante, dos pasos hacia atrás? ¿Administración racional del resuello?...

Se ha oído prácticamente de todo desde que empezó el linchamiento mediático de Oriol Junqueras, llevado a cabo por los medios afines al President, es decir, todos los de Cataluña, sin distinción de públicos o privados. Unos piensan que el procés  ha entrado en reflujo, otros que sigue su hoja de ruta y que, en todo caso, está haciendo acopio de fuerzas, pero que muy pronto pasará de nuevo a la ofensiva.

De entre las páginas seguidas desde Vora la platja, me permito destacar las interesantes observaciones de Jorge cuando hace especial hincapié en, por decirlo así, el irredentismo como característica constitutiva del nacionalismo y su condición de inasequibilidad al desaliento. El movimiento secesionista, nos dice,

“(…) ha repostado y ha recibido suficiente combustible para proseguir su marcha. Cierto es que no es una gasolina de primera calidad, sin impurezas, pero puede seguir adelante. Muchos secesionistas han recibido el acuerdo entre CiU y ERC con poco entusiasmo, frialdad e incluso con desconfianza como anotaba,preocupado, mi Jiménez Losantos particular. Pero de ahí a que el movimiento haya descarrilado o que las luchas intestinas auguren su final va mucho. Es más, ERC, que demuestra que aunque le falten cuadros para dirigir eficazmente un estado tiene políticos de mayor categoría que CiU, aunque igualmente ignorantes de la coyuntura internacional y de la capacidad del Estado español, se ha apercibido - tras el simulacro del 9N - de que los independentistas podrían perder un referéndum y que, de hecho, el apoyo a la ruptura con España está empezando a rechinar y a haber un cierto riesgo de que una buena parte de los secesionistas de aluvión decidan dar marcha atrás si las puertas del cielo prometido no se abren ya. Por ello considera que con las elecciones del 27S hay suficiente y que es preferible, como sostenían los sondeos, concurrir en listas separadas: con el sistema electoral catalán vigente y la atomización del voto unionista y españolista, la mayoría absoluta de los secesionistas en escaños es casi segura. Da igual que no lo sea en votos: se toman como un plebiscito, confundiendo planos de representación, y se empieza a redactar una Constitución que, con el terreno abonado, difícilmente recibirá un "no". Y en el caso de que lo obtuviera, se podría interpretar como un rechazo de "una" Constitución catalana que no de la independencia de Catalunya, con lo cual a redactar otra. Mientras, a seguir "ejerciendo" la independencia (…).”

Un análisis ciertamente interesante, y muy en la línea del lúcido pesimista que es, Jorge apunta hacia las tripas del «procés», o hacia la cocina desde donde se está reconduciendo, acaso con unas dosis de pragmatismo y de cálculo que, de ser cierto, comporta una inteligente administración de las pasiones bajo los dictados del cálculo político que, hasta ahora, no se les presumían a los dirigentes independentistas. De ser así, nos estaríamos dirigiendo hacia escenarios mucho más inquietantes que los de hasta ahora, muy particularmente si desde las filas unionistas y españolistas, se está oficiando un funeral sin difunto. Eso sí, la reticente ignorancia sobre la coyuntura internacional y la capacidad de reacción del Estado sigue ahí, sobre el tapete, como formando parte del ADN nacionalista sin posible solución de continuidad.
Claro que, si esto es así, y si a la vez presumimos una cierta inteligencia política en el diseño de una hoja de ruta que ahora tantos anuncian como descarrilada, el supuesto talón de Aquiles de la ignorancia contextual y autorreferencial del independentismo pasa a ser entonces no su punto débil, sino incluso la mismísima condición de la posibilidad de que el «procés» siga adelante. ¿Pero hacia dónde y hasta cuándo?

dimecres, 21 de gener de 2015

LAS «PRIMARIAS» COMO PARODIA DE LA DEMOCRACIA



Sí. Con tanta ligereza como la que se da hoy en día con el tema de la democracia mediática y su «fiesta mayor», que viene a ser el día que toca votar, resulta que el partido que no celebra primarias para elegir a su candidato es un partido poco democrático, cerrado e impermeable a la sociedad. A uno, que no milita, la verdad es las primarias siempre le han parecido una cursilada, o una parodia de lo que se dice pretender con ellas. Vamos, una frivolidad. Porque si a alguien no le gusta la falta de democracia interna en su partido o quien manda en él, lo tiene fácil: largarse y no votarlo. Y acaso montar otro.

Estoy pensando, claro, en el PSOE y en su maqueta catalana, el PSC. ¿Cómo se puede entender que después de unas elecciones internas en las que votan todos los militantes que quieren, luego haya que celebrar unas primarias para decidir quién es el candidato?… o candidata, que por ahí les apunta el tema. Pero en fin, que cada palo aguante su vela. Almunia convocó unas para legitimar el dedazo felipiano, y así le fue al pobre. Pero eran otros tiempos…

No. En el fondo el problema no es éste, por más carnavalesco que sea, que lo es. El problema es cuando uno acaba por creerse su propia parodia y, para no parecer «cerrado» y cavernícola, convoca primarias «abiertas», es decir, que cualquiera puede votar al candidato de un partido al que nunca votaría en las elecciones. Por ejemplo, si, como parece, y como ya hizo el PSC, Pedrito convoca estas primarias tan trenddy, cualquiera que desee el hundimiento definitivo del PSOE podrá colaborar en tal empeño no sólo votando al PP o a PODEMOS en los próximos comicios, sino también, mucho antes, en dichas «primarias», a Susana Díaz.

Y es que determinadas cosas, para ejercerlas, o han de estar muy consolidadas y formar parte del paisaje, y entonces no importa que nadie se las crea o no, como los americanos y sus «caucuses», o mejor no meterse en camisas de once varas. Ojo, y que lo de los americanos tampoco está nada claro, y sólo se puede entender desde la perspectiva según la cual, en rigor, no hay partidos políticos, sino franquicias y las consiguientes subastas para hacerse con ellas. Que tampoco allí todo el monte es orégano y los votantes republicanos se quedan quietos en las primarias demócratas, ni viceversa. La interesante película de George Clooney “Idus de marzo” (acaso un título demasiado ampuloso), ya nos advierte sobre tan supuesta pureza democrática.

La verdad es que se merecen que todos votáramos a Susana Díaz en las primarias. Por cretinos.


dissabte, 17 de gener de 2015

APOSTILLA A «MOROS Y CRISTIANOS»



Sólo como apostilla a las entregas sobre “Moros y Cristianos”. Y en referencia a alguna objeción que se me ha planteado. El problema fundamental del musulmán no es de fe, a diferencia del cristiano (de hoy). Y ello no implica que por ello ambos, cristianismo y mahometismo, dejen de ser metafísicamente mellizos. Problema de fe lo es, en todo caso, el que tiene el cristiano de hoy en día, en una sociedad secularizada, donde fe es la sublimación de la duda, que no su negación.

Pero no es un problema para el musulmán, como tampoco lo era para el cristiano del siglo XI que se iba a las Cruzadas a cambio de indulgencias. Porque cuando la religión lo permea todo, el problema no es creer, sino obedecer. Lo que puede ser o requerir  «fe» para un cristiano del siglo XXI, era costumbre y ley en el XI, o sea, «ethos» o «mos» -en sus sentidos originarios no tematizados, en griego o en latín, respectivamente-, y «nomos». La fe como problema o duda es casi intelectualmente implanteable en una teocracia como las del siglo XI, o en todo caso algo subsidiario e irrelevante, ya sea en el islam o en la cristiandad. Y a diferencia del cristiano, sigue sin serlo para el musulmán del siglo XI.
Es sin duda un planteamiento muy sociologista, pero la fe no sólo es abordable desde el psicologismo, y menos si estamos hablando de un modelo teocrático. En este sentido, el yihadista no se convierte a una fe, sino que se adscribe a una norma, a un nomos.

divendres, 16 de gener de 2015

¡POR QUÉ NO TE CALLAS?

El Papa sostiene que “la libertad de expresión tiene límites”

 El Pontífice argentino dice que no se puede "ofender" la religión: "Si insulta a mi madre puede llevarse un puñetazo"

 

El artículo completo AQUÍ
 

Y LA DOBLE NEGACIÓN DEL PROBLEMA ENTRE MOROS Y CRISTIANOS: CONCLUSIONES Y FINAL (V)



El discurso viene a ser, más o menos, el siguiente. Se trata de unas generaciones nacidas en Europa, de padres que, o llegaron de niños con la primera generación de los abuelos, o nacieron ya también en Europa. Han sido beneficiarios de un sistema social que les ha garantizado el acceso a la sanidad, a la educación, a muchos otros servicios propios de la sociedad del bienestar y, acaso lo más importante, su formación bajo parámetros occidentales incorporó también unas expectativas de futuro a las que la sociedad no ha sabido dar cumplimiento. Más bien todo lo contrario. Y ya sea debido a su origen social o al racismo latente, se han visto condenados a la exclusión y marginación social. Su adhesión al integrismo islámico no sería sino una reacción al comprenderse discriminados por su origen y con sus expectativas personales y occidentalizadas completamente frustradas, inalcanzables. Se les prometió igualdad de oportunidades, pero se les condenó a la exclusión y a la marginalidad. En realidad, estarían subsistiendo en lo que se ha venido a llamar el cuarto mundo. La comprensión de esta realidad sin horizonte explicaría como en muchas escuelas y liceos de la banlieue de París y otras ciudades de Francia, con mayoría de alumnos musulmanes, estos se hayan negado a seguir el minuto de silencio por las víctimas del caso Charlie Hebdo, incluso obviando que uno de los policías asesinados era también de confesión musulmana.

No diré de ninguna manera que dicha interpretación sea desacertada, pero sí que se queda a medio camino para evitar ver lo que no se quiere ver. Se trata de una explicación entre psicologista, sociologista y economicista, abundando en cada uno de estos órdenes, pero, una vez más, eludiendo la construcción del todo por vía de omitir otro factor que también debería haberse incorporado, el factor religioso. ¿Por qué se hacen musulmanes y no, por ejemplo, budistas? ¿O es que ya eran musulmanes antes de "convertirse"? Es decir, no se quiere ver el problema religioso y lo que comporta la asunción de un determinado credo confesional –en lugar de cualquier otro-, y se alude solamente a situaciones de fragmentación y marginalidad social o económica que generan el odio como respuesta a la frustración de las expectativas. Una explicación no del todo falsa, pero cuya incompletud consiste en eludir el fenómeno religioso y  abordar timoratamente el cultural en relación a aquél.

Y es que, aunque admitiéramos como satisfactorias las anteriores interpretaciones, se nos seguirían planteando unos cuantos interrogantes. ¿Por qué precisamente el islamismo y no el budismo o la meditación trascendental? ¿Y por qué, aun admitiendo que hay algunos conversos sin tradición islámica, la adscripción al islamismo militante no cunde entre la juventud de otros sectores, también de origen inmigrante, ajenos a la tradición musulmana, como chinos, eslavos o latinoamericanos? Si hay algo claro es que, desde luego, no es una cuestión genética, sino cultural. El problema es que no se puede interpretar con categorías occidentales pretendidamente universales, la psicología de otras culturas y religiones.

Y desde luego ¿Cómo explicar entonces el yijadismo en otros puntos del globo cuya realidad ni por asomo se parece a la de las comunidades islámicas asentadas en occidente?

En “El Padrino III” hay una escena que da mucho que pensar por la metáfora que presenta. Durante su estancia en Sicilia, Michael Corleone (Al Pacino), el hombre que ha ordenado el asesinato de su propio hermano, visita a un prelado con fama de honesto, el cardenal Lamberto (Raf Vallone), futuro émulo en la ficción del Papa Juan Pablo I. En un momento de la conversación, Lamberto se dirige a la fuente del claustro y extrae del agua un pequeño guijarro que le muestra al capo mafioso. “Fíjese”, le dice, “lo mojado que está”. A continuación, golpea el guijarro contra el borde de granito de la fuente y lo parte en dos. “¿Lo ve? Mojado por fuera pero completamente seco por dentro. Esa piedra llevaba aquí tal vez mil años, pero ni aun todo este tiempo sumergida ha conseguido que el agua penetrara en su interior. Así es como la humanidad se ha impregnado del mensaje de Cristo. Sólo por fuera”. Aplicando la metáfora ¿Cómo deberíamos entenderlo? ¿Un exterior occidental que no ha penetrado en el interior islámico? ...

Otro problema es la primera negación: ¿Por qué Europa se niega a sí misma y ha roto con su tradición, de la cual depende y a la cual debe, para bien y para mal, lo que es? Responder a eso es mucho más complejo, pero parece evidente que el islam lo ha entendido muy bien. Estamos en guerra, no queremos enterarnos, y por esto vamos camino de perderla.

No creo, ni mucho menos, que todos los musulmanes sean violentos y que se inspiren por el odio; tampoco pienso que sea imposible la idea de una seculrización de las sociedades musulmanas. Algo así ha ocurrido ya en parte, empezando por la Turquía de Attatürk, hoy en horas bajas. Entiéndase, no del islam como religión, cuya secularización es imposible, pero sí de la ciudadanía de estas sociedades o de parte de ella. Como digo, eso ya se empezó a producir, y no sólo en Turquía, sino también en otros países tradicionalmente musulmanes y entre muchos musulmanes que viven en Europa. La violenta reacción del integrismo, del islam, del llamado fundamentalismo, hay que entenderlo en este contexto. Hay muchos ciudadanos de confesión islámica que empezaron a vivir su confesión como algo privado, y hasta de forma mucho más relajada y relativizada, muy a la manera de los cristianos secularizados, tanto en Occidente como en países oficialmente islámicos. Es falso que, como se ha dicho, haya una guerra civil en el islam. La guerra es, en todo caso, del islam contra una parte de la población de estas sociedades. Una guerra que allí también se está perdiendo.

Si bien las sociedades islámicas no pasaron por la inicial dualidad entre el poder espiritual y el temporal, ni por la Ilustración, sí que la relativa modernización empezó a obrar un efecto parecido. Insisto, no se trata de que el islam se secularice, sino de que los musulmanes lo hagan. Y contra esto es contra lo que se revuelve el islamismo que quiere mantenerse en la islamidad pura de siempre… de lo que entienden que han sido los últimos mil quinientos años.

¿Puede darse entre los musulmanes un proceso de secularización análogo al que en su día experimentó en las sociedades cristianas? Sin duda. Al fin y al cabo, si el cristianismo tuvo que pasar por ello ¿Por qué no el mahometismo? Hemos sostenido que metafísicamente no son tan distintos, sino que su distinción se dio a partir de sus respectivas trayectorias y la inevitable evolución que, en un caso, la propia situación fue imponiendo. Por lo tanto, claro que podría darse un proceso análogo... No es sólo a Occidente que el islam puro, el de siempre, le ha declarado la guerra, sino también a buena parte de las propias poblaciones de muchos países islámicos. En realidad, un cierto proceso de secularización de las sociedades musulmanas empezó a producirse hace casi un siglo, pero hoy está, al menos de momento, en regresión. Allí y aquí.
Y no ayuda a reconducirlo la negación occidental a entender el problema y a abordarlo en su auténtica naturaleza. Una negación que en Occidente, y muy particularmente Europa, se vive como el resultado de un efecto placebo autoinducido. Nos hemos querido creer el efecto de unas pócimas autorrecetadas que sabemos que sólo son placebo. Pero el fingimiento aparenta funcionar… hasta que topa de bruces con la realidad. En este caso, y parafraseando a James Carville, deberíamos decir: es la religión ¡estúpidos!

dijous, 15 de gener de 2015

…Y LA DOBLE NEGACIÓN DEL PROBLEMA ENTRE MOROS Y CRISTIANOS: CONCLUSIONES (IV)



El núcleo del problema entre Occidente y el islam es la negación occidental de este problema, que se da de una doble dirección y de la siguiente manera: La primera negación es que Occidente no se reconoce como tal y entiende en términos de ruptura su ser actual con respecto a su propia tradición. La segunda es la negación del islam como entidad en el sentido de explícito antagonista o enemigo de un tipo de sociedad que occidente niega ser, y a partir de ahí, de cualquier conflicto inherente que apunte a un islam incompatible con el modelo de sociedad abierta global donde todo debería caber. Ello desde una teórica posición occidental, de acuerdo con la cual el islam forma, o puede formar parte, del crisol a lo melting pot en que se pretender establecer el ser de las sociedades occidentales desde el relativismo cultural o el multiculturalismo. Y desde la idea occidental de confesión religiosa como credo remitido al ámbito de lo privado, algo que es completamente ajeno al islam. Y del cristianismo teórico también, dicho sea de paso.

Es esta una posición cuya perspectiva vicia de entrada cualquier comprensión del fenómeno y tiene como consecuencia el obstinado rechazo al reconocimiento de lo que es. Así, fenómenos como los actos terroristas realizados en nombre de la Yihad en la propia Europa, el creciente fanatismo fundamentado en el odio que se está generalizando entre los musulmanes europeos de segunda o tercera generación hacia la sociedad en que han nacido y crecido, las salvajadas de Boko Haram, del Estado Islámico, de Al-quaeda, o cualesquiera otros, se descontextualizan y se pretende entenderlos como manifestaciones de problemas locales, en cuyo ámbito regional se agotaría su posibilidad de comprensión. Así es como se ha abordado el problema. Y por ello sigue siendo un problema que no consigue superar ni su fase teórica.

Lo máximo que se llega a reconocer es que el integrismo islámico es un problema, pero no el islam como tal, respecto al cual se pretende ver como algo desgajado, escindido, cuando en realidad, eso que se llama integrismo es inherente a la naturaleza de la religión islámica, a poco que le toque convivir con cualquier otro tipo de modelo social o religión en un mismo entorno geográfico y social. Porque el islam está pensado para ser la (única) ley de la sociedad en base a la cual se han de comportar todos los individuos que la componen, no sólo los que profesen tal credo. Y esta es la auténtica raíz del problema. El integrismo islámico aparece allí donde hay convivencia con la otredad; donde no la hay, al integrismo se le llama simplemente islam.

Y esto anterior reza también para los países oficialmente islámicos donde, por las razones que fueren, hay sectores de población refractarios, en mayor o menor medida, a la islamización absoluta que le es inherente, como puedan ser Egipto, Turquía, Argelia... No se dice, por ejemplo, que Arabia Saudita o los emiratos árabes sean integristas islámicos, porque, sencillamente, lo único que hay allí es el islam. En cambio, sí se considera integrista islámico al régimen iraní de los ayatolás, a los talibanes afganos, a Hezbolá en el Líbano o a la mayoría de facciones y partidos islamistas del Mogreb. Porque en todos estos casos hay algo que erradicar: lo no islámico. De Irán, por ejemplo, se dice que el régimen teocrático se está moderando. ¿Por qué? Porque no queda ya casi nada que erradicar de los antiguos sectores más o menos occidentalizados anteriores a la revolución de Jomeini. Ello no obstante, su praxis y el modelo teórico que la inspira, se mantienen incólumes.

Consecuentemente con esto, las manifestaciones más violentas del islamismo se producen allí donde hay conflicto, siempre como consecuencia de esta imposibilidad para la convivencia pacífica con otros modelos, pero eso es sólo porque donde no hay conflicto, o sólo hay musulmanes o, simplemente, no los hay; como mínimo, en proporciones significativas con suficiente masa crítica.

La consecuencia  de esta incomprensión occidental es su incapacidad para entender un conjunto de elementos como el todo que configuran y les da entidad, porque este todo es precisamente lo que se niega a priori. Una incapacidad que en ocasiones se antoja contumacia. ¿Por qué esa negación?

Parece evidente que, en cualquier caso, desde occidente, y muy especialmente desde Europa, no se ha sabido en modo alguno valorar fenómenos como el auge del integrismo islámico en el mundo, ni la persistencia en la islamización de ciudadanos europeos descendientes en segunda o tercera generación de emigrantes musulmanes. Y esta incapacidad obedece también a la pacatería con que se ha abordado y a la adopción de teorías eufemísticas que disiparan cualquier posibilidad de topar con el problema como tal. Desde el efecto tercera generación hasta el melting pot intercultural e interétnico. Pero en realidad, el problema de fondo no está en esta incapacidad para reconocer el problema en su verdadera naturaleza -la imposibilidad del islam, en el sentido puro del término, para convivir pacíficamente con otros modelos-. Por eso, en el caso de la inmigración musulmana en sociedades occidentales, no es posible la asimilación o crisol multicultural a lo melting pot donde distintas etnias, religiones y culturas conviven pacífica y ordenadamente bajo el paraguas común de la sociedad abierta. Este modelo puede funcionar sin duda bajo ciertos supuestos, pero es totalmente incompatible con un modelo teocrático cuyo máximo imperativo es el establecimiento de una única ley universal.

Para explicar las manifestaciones externas del problema, se recurre a todo menos a aquello que podría explicarlo, evitando cuidadosamente incurrir en ello. Por ejemplo, el fracaso estrepitoso del «efecto tercera generación» postulado por sociólogos y antropólogos, no evita que se siga defendiendo como modelo aun al precio de que haya más excepciones que refuten la teoría que casos en que se cumpla, atribuyendo dichas excepciones –que más bien serían manifiestas anomalías en términos kuhnianos- aduciendo a la distorsión que introducen elementos extrínsecos al proceso. Es decir, si hubiera habido crisis económica, entonces el efecto tercera generación hubiera funcionado; si no se hubiera creado el Estado de Israel… De modo que, muy en la línea de ciertos discursos contemporizadores y acomodaticios, el problema no es si el relativismo cultural fracasa porque uno de los componentes no puede encajar en él por su propia naturaleza, sino los factores extrínsecos que han interferido en el proceso. De ello se infiere que lo que hay que combatir son estos elementos distorsionadores, como una sociedad injusta que produce racismo y exclusión.
En realidad, dicha teoría del efecto tercera generación, cuyo postulado fundamental es que las diferencias culturales de un colectivo inmigrante se disuelven a la tercera generación ya nacida en el lugar de adopción, se formuló sobre la migración japonesa a los EEUU de principios del siglo XIX. Pero lo más curioso es cómo lo que precisamente se obvió al elaborarla y formularla universalmente, fue precisamente uno de los factores extrínsecos que más capaces son de distorsionar un proceso de este tipo, en este caso, paradójicamente favorecedor: el estallido de la guerra entre los EEUU y Japón en la II guerra Mundial, y el internamiento en campos de concentración, mientras duró el conflicto, de la comunidad japonesa, ya por entonces en fase de segunda generación. Pero volvamos a los factores extrínsecos en el caso de la tercera generación islámica en Europa

dimecres, 14 de gener de 2015

MOROS Y CRISTIANOS: EL PROBLEMA Y SU DOBLE NEGACIÓN (III)



Decíamos al principio de la primera entrega que las exigencias metafísicas del Islam son prácticamente las mismas que las del Cristianismo, sólo que las trayectorias respectivas han sido distintas. Esto le podría parecer un dislate a cualquiera que compare al Papa Francisco con el Califa del EI, o incluso a cualquier integrista cristiano. Pero si nos remontamos a los siglos X o XI, la verdad es que las diferencias entre unos y otros no son tan evidentes, ni siquiera antropológicamente, más allá de los hábitos indumentarios. Figuras como Pedro el ermitaño o Godofredo de Bouillon, por ejemplo, son arquetipos que encajan por igual en ambos bandos.

Otros dirán que el problema es que el Islam no ha tenido su revolución francesa, o que hay que esperar a ver en qué se resuelven ciertas revoluciones como la primavera árabe u otras de signo claramente integrista, como la de Jomeini en Irán hace cuarenta años. Después de todo, se dice, la inevitable necesidad de pragmatismo y contemporización, así como la globalización, acabarán  obligando a «evolucionar» a los sectarios y fanáticos ayatolás iraníes…

Se podría incluso aducir que la Ginebra de Calvino no se distinguía en demasiado de ciertos emiratos árabes o del Irán actuales… Ello no obstante, Suiza acabó evolucionando hacia la democracia sin necesidad de ninguna revolución, sólo con relojes de cuco, como diría Orson Welles; o el calvinismo acabó secularizado y convirtiéndose en origen del capitalismo y de la democracia… ¿Por qué, entonces, el régimen iraní de los ayatolás no iba a «evolucionar»?

Bueno, no diría que no a algunas de estas objeciones, ni a otras que podría citar, pero pienso de veras que en tales planteamientos hay un error de base, ese sí, claramente eurocéntrico. No todas las sociedades ni culturas funcionan de acuerdo con la misma lógica, y creerse que lo hacen es, a mi parecer, una comprensión grosera de la globalización, del final de la historia, o, simplemente, una consecuencia de ignorar que el concepto de «progreso», que aplicamos hoy en día indiscriminadamente a cualquier ámbito, es en realidad una noción occidental históricamente reciente; más concretamente, de origen racionalista e ilustrado. Una cosa es que debamos pensar que la historia avanza en el sentido del progreso; otra qué es lo que entendemos por progreso; y otra, la peor, pensar que esto que entendemos por progreso en un concepto universalmente «pragmático» y aplicable por igual como tendencia, mutatis mutandi a cualquier cultura o civilización. Y esto es un error.

No digo que no sea posible, en el sentido de «pensable», algo parecido a una revolución francesa, pongamos por ejemplo, en Irán. Eso sí, poniendo a buen recaudo lo idiográfico como naturaleza intrínseca de los fenómenos históricos. Lo que sí digo es que me parece improbable que de haberla, al menos hoy por hoy, lo fuera en un sentido parecido al que en su momento fue el de la revolución francesa. Y ello por algo muy simple: cada sociedad, cada civilización, cada cultura, vive su propia realidad y tiene sus propios agentes sociales, su propia dinámica de acuerdo a ella, que se ha ido forjando a lo largo de su historia. Dicho en marxista, no se dan las condiciones objetivas para algo parecido a una revolución francesa en Irán. Pienso que ni siquiera mutatis mutandi. Y si pensamos que sí, es que estamos aplicando conceptos occidentales a una sociedad que no lo es, y que sus categorías conceptuales, su Weltanschauung es otra. Porque su historia es otra. Y su modo de producción, por más que se diga que estamos en el capitalismo global, lo será en este sentido, y hasta cierto punto, en lo concerniente a las relaciones técnicas de producción, pero no en las relaciones sociales de producción.
(Continuará)


dilluns, 12 de gener de 2015

MOROS Y CRISTIANOS: ELPROBLEMA Y SU DOBLE NEGACIÓN (II)



Es posible que la supeditación religiosa sirviera inicialmente para vincular unos territorios tan extensos y heterogéneos como los que llegó a controlar el Califato de Damasco. Y esto será precisamente lo que se mantendrá todavía mil quinientos años después. Como estructura política, en cambio, tendrá una vida más bien efímera. Los Omeyas cederán el paso a los Abásidas, y el Califato de Damasco al de Bagdad. Y muy pronto empezará la fragmentación del inmenso imperio en cien pedazos. No serán tampoco nada ajenas a ello las  invasiones mongolas, pero eso es otra historia. Lo cierto es que como estructura política unitaria, el imperio islámico no cuajará –los reinos de taifas hispánicos son sólo una muestra en maqueta de ello-, pero sí que se mantendrá el vínculo religioso como estructurador y ordenador de la vida social. Y todos y cada uno de los distintos profetas o líderes político-religiosos que irán surgiendo, desde Saladino hasta el Mahdi del Sudán, reivindicarán la condición de príncipe de los creyentes y su descendencia directa del Profeta como fuente de legitimidad, aun desde los ámbitos geográficos más periféricos o regionales, pero con la aspiración, como imperativo hipotético, a implantar un orden islámico universal que, en su primera fase, debería alcanzar a todos los territorios musulmanes que estuvieron en su momento bajo el Califato de Damasco. ¿Le suena alguien esto en relación a hoy en día?

La fragmentación política, como no podía ser de otra manera en el contexto que estamos describiendo, irá también de la mano de las herejías que el iluminado de turno reivindicará como el auténtico mensaje del Profeta. Y es verdad también que la diáspora herética se inicia en el Islam muy pronto, con la generación siguiente a la de Mahoma. Pero siempre se dará la pretensión de globalidad como referente. También en los sucesores políticos de los árabes a la cabeza del mahometanismo: los turcos otomanos.
A algunos les parecerá tal vez que todo esto son sólo evocaciones históricas sin conexión con la realidad actual, a la cual nos ceñiremos en su momento. Y que la situación actual viene causada por razones y factores mucho más próximos e inmediatos, como los que acostumbran a esgrimirse desde el multiculturalismo y la autoculpabilización europea hoy tan en boga. No se podrá convencer ciertamente a quien no esté dispuesto a convencerse, ni se pretende. Pero hay constantes en la historia que deberían darnos algo que pensar y que nos pueden ayudar a entender el presente.
 
No deberíamos olvidar, por ejemplo, que la presión musulmana sobre Europa fue por ambos lados. Siete siglos después de Poitiers, los turcos liquidaban lo que quedaba del Imperio Bizantino y acabaron ocupando todo el cuadrante sudeste europeo. Y sólo trescientos años después, hace apenas dos siglos y medio, Viena, situada en el corazón del continente, todavía estaba asediada por los turcos. Podríamos tomar el atajo, plantarnos directamente en nuestro tiempo, y empezar con el estado islámico de Bosnia-Herzegovina, por ejemplo, o con Al-quaeda o el EI y los atentados recientes bajo la bendición de la Yihad… pero cada cosa a su tiempo. Antes todavía nos queda un cierto camino por recorrer.
(Continuará)

dissabte, 10 de gener de 2015

MOROS Y CRISTIANOS: EL PROBLEMA Y SU DOBLE NEGACIÓN (I)


 
HACE UN SIGLO, EUROPA ERA RACISTA; HOY EL PARADIGMA ES EL MULTICULTURALISMO. SIGUE SIN ENTERARSE...
 
 
De entrada, vamos a dejar meridianamente algo que con demasiada frecuencia se nos escapa a los coetáneos de hoy: Las exigencias metafísicas y teológicas del Islam son más o menos las mismas que las del Cristianismo. Y este «más o menos» no refiere a diferencias significativas. Otra cosa muy distinta es el recorrido que han seguido en las respectivas sociedades en que históricamente se asentaron y las vicisitudes experimentadas a lo largo de dicho recorrido por la historia.
Desde esta perspectiva, la diferencia entre ambas religiones y sus modelos sociales, con las correspondientes derivaciones políticas que de ellas se desprenden, se da en sus distintas trayectorias históricas, ya desde el mismo momento fundacional y, consiguientemente, en la forma como se extendieron e implantaron. En realidad, el islamismo surge en el vecindario geográfico del cristianismo y en gran medida se inspira en él, así como ambos en el judaísmo, sin que por ello, o acaso debido a ello, dejen de compartir el antijudaísmo como una de sus pulsiones fundacionales.
Cuando la Hégira, en el 622 de nuestra era, la práctica totalidad del Mediterráneo estaba, al menos oficialmente, cristianizada. A un lado, vecino de la cuna del Islam, el imperio bizantino, todavía geográficamente intacto, y la Persia Sasánida; dos grandes potencias sumamente debilitados por las guerras que venían sosteniendo entre ambos desde el siglo anterior. Al otro lado, en el oeste mediterráneo y todavía en fase de gestación, los distintos reinos germánicos que habían surgido con la desintegración del Imperio Romano de occidente, todos ellos más o menos cristianizados y con el vínculo común de su obediencia espiritual al Papa de Roma, cuya autoridad religiosa se extendía a todos los católicos romanos, incluido el Imperio Bizantino. También, seguimos en el Mediterráneo occidental, buena parte de la península itálica estaba también en manos de los bizantinos, así como la antigua provincia de Cartago en el norte de África y la franja costera del sudeste ibérico.
Los territorios en los que se implantará el Islam, serán precisamente la mayor parte de los que acabamos de enumerar. Desde la península arábiga, se instaurará la capital en Damasco, y bajo el califato de los Omeyas, se extenderá por oriente sobre Mesopotamia y Persia, llegando hasta los confines de la India; y por occidente a lo largo del Mediterráneo, desde Egipto hasta Tánger y Mauritania. De allí saltaran a Hispania y llegarán hasta Tours, donde serán detenidos por los francos de Carlos Martel en Poitiers. Tras la derrota, se fortificarán en la avanzadilla prepirenaica de Carcasona y el sur de Italia y Sicilia, donde permanecerán durante más de dos siglos; ocho en la península ibérica.
Hay dos aspectos que es interesante resaltar. El primero, que desde el momento fundacional del Islam, la hégira de Mahoma de La Meca a La Medina en el 622, hasta la batalla de Tours en el año 722, que marca el umbral de su máximo momento de expansión occidental, va sólo un siglo. En apenas cien años, se había pasado de una pequeña comunidad al poderoso Califato Omeya de Damasco, que abarcaba desde la India hasta Mauritania; un dato a tener en cuenta, por más lejano y desconectado del momento actual que nos pueda parecer a simple vista, y aun al precio de que se nos acuse de historicismo arqueológico.
El segundo, que deriva en buena medida del primero, es que de acuerdo con en el mensaje universalista del Islam -y por tanto intrínsecamente expansionista- así como por la rapidez de su expansión y la inevitable improvisación que comportó, el vínculo que unía a todos los territorios anexionados en apenas un siglo, fue antes religioso que político. La dualidad entre los poderes temporal y espiritual que había caracterizado al cristianismo romano, se dará ahora bajo una sola expresión que los une bajo unos mandatos religiosos alrededor de los cuales se estructuran todos los territorios islamizados. La administración política y la religiosa serán en la práctica sólo una, y su fuente de legitimidad será la religiosa.
 
(Continuará)