dilluns, 25 d’agost de 2014

DE TARA A BRIGADOON



En cierta ocasión ya comparé el sueño independentista con lo que llamé "el síndrome de Tara". La construcción de una ucronía que nos evoca la nostalgia del paraíso perdido construido a la medida del presente, en un tiempo que sólo existe en la evocación del pasado añorado que sabemos dejado irremisiblemente atrás; como la infancia. "Tara", el legendario palacio de los reyes de Irlanda, era el nombre con que los O'Hara habían bautizado su plantación. 

Con Tara soñaba Scarlet O'Hara cuando, ávida y codiciosamente dedicada a ganar dinero en su aserradero, recordaba los tiempos anteriores a la guerra, con sus plantaciones de algodón trabajadas por bondadosos y bonachones esclavos negros, con galantes caballeros más pendientes del honor y del cortejo que de obtener un dinero que ya se les suponía por nacimiento, y la suntuosa mansión de los O'Hara, Tara, presidiendo todo este mundo retrospectivamte evocado. Un mundo que, como el título de la obra indica, el viento se llevó. 

Se trata de un síndrome que, de entrada, no tiene por qué ser necesariamente pernicioso, hasta incluso, en determinadas situaciones, todo lo contrario, en la medida que puede contribuir a mantener cierta vertebración y cohesión sociales a partir de un relato compartido colectivamente, aunque sea inventado o tergiversado. A veces incluso puede coadyuvar al surgimiento de una cierta distancia crítica frente a modelos que demandan una más que sospechosa e incondicional adhesión.

En este caso, el síndrome de Tara sería el relato colectivo de Dixie, el viejo sur perdido que sólo permanece ya en el recuerdo de los que no lo vivieron. En el imaginario de todo pueblo subsisten relatos ucrónicos que se enraizan en sus propios mitos fundacionales. Pero igual que a los romanos no se les ocurría pretender volver a los tiempos de Eneas, tampoco los actuales sureños consideran verosímil volver a los tiempos anteriores a la batalla de Gettysburg, por más que se pongan los uniformes y las banderas de sus antepasados. El problema no es, pues, el síndrome de Tara en sí, sino su versión mórbida.

A veces, se puede producir una inversión del sentido de la realidad a partir de la cual la ucronía se proyecte sobre el presente, que se nos aparece entonces como distopía. Es entonces cuando, ante una realidad degradada, real o imaginada, se produce la superposición y consiguiente confusión de las nostalgias con una realidad cuyo sentido se ha perdido definitivamente... y nos encontramos con un cuadro patológico que no es otra cosa que la versión mórbida del síndrome de Tara, el que padecía la nieta literaria de Scarlet O'Hara, Blanche Dubois (Un tranvía llamado Deseo). Entonces la ucronía acaba imponiéndose sobre una realidad que se ve como falseada y cuya urgente transformación se exige en aras a volver a un estado normal de cosas, el que siempre debió haber sido.

Las nostalgias ucrónicas propias del síndrome de Tara en su versión benigna son, sin duda, las que constituían el imaginario de una buena parte de la población catalana nacionalista -como cualquier otro pueblo tiene las suyas-. El discurso consciente y progresivamente radicalizado del nacionalismo en su deriva hacia el independentismo, ha suscitado entre una buena parte de este sector de población la creencia en que el retorno a Tara es posible, y la exigencia de materialización de esta posibilidad. Una inversión del proceso de construcción de la realidad que implica que, acaso por un tema de ciega y sorprendente fe en sus dirigentes, mucha gente ha pasado a creer ingenuamente en ello, lo que significa la imposición de la ucronía sobre una realidad devenida distopía. Y eso puede llevar muy fácilmente al modelo "Blanche Dubois" del mismo síndrome; a su versión mórbida.

Ahora bien ¿de dónde surge el discurso, que ayer tildábamos de tramposo en la medida que, conociendo sus limitaciones, proclama irresponsablemente el alcance de metas mucho más allá de éstas, al menos en el contexto actual, en un juego de aprendiz de brujo sin posibilidad de maestro alguno que arregle el estropicio cuando regrese a casa? ¿Qué lugar es ése desde el cual se produce un discurso que ha llevado a buena parte de la población catalana a romper sus amarras con la realidad y creer en poco menos que cuentos de hadas urdidos por políticos mediocres y charlatanes a su servicio? 

A la vista del progresivo cariz que están tomando los acontecimientos, me parece bastante evidente que buena parte del sector independentista está contagiado del síndrome de Tara en su versión Blanche Dubois, pero el discurso se ha producido en otro lugar, desde el cual se proyecta sobre la sociedad prometiéndole que la ucronía es la verdadera historia cuya resolución nos depara el futuro.

¿Cuál es ese lugar? Porque el símil de Tara no sirve para los dirigentes independentistas, como mínimo para los productores de discurso. Pienso, con franqueza, que ese lugar es Brigadoon (V. Minelli, 1951), la aldea escocesa atrapada fuera del tiempo, repitiendo eternamente su fiesta del siglo XVII, como metáfora de la torre de marfil desde la cual han construido un discurso acorde a sus delirios... y desacorde a la realidad.

El recorrido que lleva de Tara a Brigadoon no es otro que el progresivo ensimismamiento, con el consiguiente aislamiento y pérdida de conciencia de la realidad. De porfiar por la vuelta a un lugar soñado, pasamos a creer que podemos acceder a él, y acabamos convencidos de que nunca nos hemos movido de allí, que es dónde siempre hemos estado viviendo y de dónde ahora nos quieren echar... los españoles, claro.

divendres, 22 d’agost de 2014

CATALUÑA Y ESCOCIA, IDENTIDAD Y DIFERENCIA...


...O LA VÍA CATALANA AL ESPERPENTO


Me escribe un amable lector, con la petición que no cuelgue su comentario, replicando a mi última entrada -"¿Juega la historia con dados marcados?)"-, entiendo que con solvencia y, por supuesto, con educación. La verdad es que uno empieza ya a sentir un cierto hartazgo con el tema de la independencia de Cataluña y las noticias que a diario se van sucediendo sobre el mismo. Hasta tal punto que, en la convicción que la cosa no da más de sí, había resuelto espaciar prudentemente las incursiones en tan procelosos mares. En fin, no podrá ser...

Vamos pues al asunto, pero antes, una aclaración. Ya he manifestado en otras ocasiones que soy partidario de la celebración de un referéndum en Cataluña, por qué razones, cómo pienso que debería llevarse a cabo y bajo qué condiciones, como expliqué en el artículo"El Referéndum como última oportunidad". No insistiré, pues, sobre este particular. Dicho esto, prosigamos.

La objeción fundamental que se me presenta consiste en señalar que, entre los ejemplos históricos que cito en apoyo de mis afirmaciones, omito cualquier mención al caso escocés, que, según mi amable interlocutor, en tanto que análogo y coetáneo del catalán, desbarata por sí mismo todo mi argumentario sobre contextos y correlaciones de fuerzas. Como es sabido, Escocia celebrará próximamente un referéndum para decidir si quiere separarse del Reino Unido.

Sin negar por completo mis consideraciones sobre la necesidad de complicidades de intereses externas, el referéndum escocés demostraría que tales condiciones son, en el mejor de los casos, suficientes, pero no, como yo afirmaba, «necesarias»; es decir, sine qua non. Porque basta que las partes directamente implicadas se pongan de acuerdo, sin necesidad de adentrarse en abstrusas elucubraciones sobre tramas internacionales de intereses y equilibrios de fuerza, y ya tenemos, si así lo deciden los escoceses, un nuevo país independiente. Lo único que se requiere, pues, en el caso catalán, es que España admita la celebración del referéndum, y punto. De modo que, menos teorización y más ir a lo práctico: el problema es el estado español.

Ciertamente, si el estado español se aviniera a la celebración de un referéndum, pues se vota como lo harán los escoceses, y a ver qué sale. Entonces sí, entiendo, nuestro caso sería análogo al escocés. Pero como no es así, la analogía se queda en meramente formal, que no material. Además, si no cité el caso escocés, fue porque di por supuestos ciertos condicionantes que, al parecer, no son del conocimiento de mi interlocutor. A saber: que España iba a decir que no, y que esta negativa se iba a hacer extensiva a toda nuestra Koiné. Fin del episodio; continuará el siglo que viene...

Es cierto que, formalmente, el caso escocés y el catalán guardan innegables analogías, y que el contexto, sobre el que tanto insistía yo, se antoja más o menos el mismo, bloque occidental, UE, OTAN, democracias parlamentarias, estado de derecho...-. Hasta aquí, de acuerdo. Pero se da la circunstancia que en un caso hay acuerdo entre las partes para la celebración de un referéndum, mientras que en el otro no. Y este no es un detalle anecdótico.

Y no lo es porque de él depende, por ejemplo(!), que de la misma manera que todo el mundo reconocerá a Escocia al día siguiente de su independencia, si en este sentido se pronunciaran los escoceses, no parece que una declaración unilateral de independencia catalana indujera a nadie, absolutamente a nadie, a reconocer el autoproclamado estado. Hasta puede que ni siquiera la propia Escocia, en virtud de los compromisos que, con toda seguridad, tendría que adquirir como Estado. La pregunta parece entonces obvia: o bien Escocia y Cataluña se encuentran en situaciones análogas que pueden resolverse por idénticos procedimientos, o aquí hay trampa. Y, efectivamente, hay trampa, pero de índole muy distinta a la que podría parecer a primera vista.

El error consiste en razonar que, ante situaciones análogas, si Gran Bretaña admite el referéndum, y España lo rechaza, el problema es España. Una inferencia que no digo que sea falsa, pero que se queda a medio camino. Porque una cosa es el condicional ("si..."), y otra el bicondicional ("si... y solo si..."), que en nuestro caso parece adecuarse más a la realidad. De modo que habrá que ir algo más allá para desentrañar la naturaleza de esta trampa, y averiguar quién nos la está tendiendo en realidad. De momento, tenemos que la falacia del razonamiento consiste en que la analogía entre Cataluña y Escocia es meramente formal, pero no material. Otra cosa sería entrar en las razones por que el Reino Unido ha admitido un referéndum en Escocia, mientras que España lo rechaza para Cataluña. Pero de eso ya hablaremos, si acaso, otro día.

Asumamos, de todas formas, que el problema es España, o el gobierno español. De acuerdo, ahora bien ¿Influye esta posición española en el contexto? ¿O se puede obviar, como piensa el Sr. Mas, convocando él mismo su astracanada de referéndum, sólo aceptada como legal por su propio "Consell de Garanties Estatutàries" y aun con exigua mayoría? Una noticia, la del dictamen de dicho organismo, que debería ruborizar a cualquier persona con un mínimo de vergüenza, pero que, muy al contrario, el impresentable número 2 de Artur Mas, Quico Homs, presenta como un gran éxito. ¿Se puede estar más fuera de la realidad? ¿Para quién es un problema que España sea el problema? ¿Quién tiene el problema en realidad? ¿El gobierno español o el catalán? 

Más bien parece que quien tenga el problema sea el gobierno catalán, porque esto le sitúa en una posición de debilidad extrema, si no de ridículo, cuando, dada la negativa española, al buscar aliados exteriores, en nuestra koiné y fuera de ella, no encuentran sino educadas evasivas, cuando no sonoras calabazas. Cada vez más de lo segundo que de lo primero. Y la diferencia no radica tanto en que el Reino Unido diga sí al referéndum y España que no, sino, y sobre todo, porque esto es lo que no nos dicen, en las respectivas posiciones que se desprenden de ello para Escocia y para Cataluña en su misma koiné. De fuerza y aceptación, en un caso, de debilidad y rechazo, en el otro. Está muy claro quién tiene el problema.

Y aquí empezamos a vislumbrar la verdadera naturaleza de la trampa y al trampero que nos la está tendiendo: que la negativa española va de soi es algo que el Sr. Mas y su cuadrilla tenían que saber de antemano, porque estaba cantado. Y que esto les pillaría a contrapié a la hora de recabar apoyos, ni más ni menos que en una confederación de estados como la UE, que haría inviable su estrategia en el status quo actual, también tenían que saberlo. O eso o son tontos de capirote. Y una estrategia se ha de basar en una lectura correcta de la realidad, no en los delirios resultantes de haberse llegado a creerse el éxito de la farsa que están representando desde hace años en su teatrillo local y con la «claca» comprada.

La pregunta entonces es la siguiente ¿A qué están jugando y a quién pretenden engañar CDC y ERC? Sin acuerdo con el gobierno español y sin apoyo alguno en el entorno de su propio contexto, sus posibilidades son, simplemente, cero. Seguir perseverando contumazmente en un proyecto fracasado de antemano no sólo es una estafa, sino que, además, denota una zafiedad digna de los escándalos que uno de sus más conspicuos miembros ha protagonizado recientemente. Sólo desde la más abyecta de las sirvengonzonerías puede alguien hacer confesión pública de sus pecados y, días después, como ha hecho Jordi Pujol, interponer una demanda judicial en Andorra con la única finalidad de entorpecer las gestiones judiciales que le investigan por el mismo delito que confesó. 

Es como confesar un pecado y asesinar al confesor a continuación, porque las indulgencias ofrecidas no cubren todo el purgatorio que el pecado requería. Y eso es lo que están haciendo, en su vertiente política, Artur Mas y los suyos: reconocer un problema que parece haber surgido por sorpresa en medio del camino, cuando sabían, o tenían que saber, no sólo que estaba allí desde un buen principio, sino que también carecían de medios para superarlo. Y que los errores se pagan. Sólo que, como Pujol, no quieren pagarlos ellos...

Esa es, y no otra, la trampa: el propio discurso independentista y su estrategia de pretender haberse visto sorprendidos en su buena fe ante la negativa del Estado al referéndum y, con todas las puertas cerradas, seguir avanzando hacia un callejón sin salida al que nos ha llevado su propia incompetencia y zafiedad. Porque la negativa española y sus repercusiones ante el establishment no podían ignorarlas ni obviarlas. Era su obligación como dirigentes.

El autismo político de que ha hecho y está haciendo gala el independentismo catalán, empezando por su propio presidente, es realmente aterrador. Toda su estrategia parte de la ficción de un constructo hecho a la medida de sus aspiraciones, complejos y delirios, no de sus posibilidades hoy por hoy. Y esto es grave, muy grave, y peligroso. Porque se sigue perseverando en este autismo, y seguimos enrareciendo y degradando la realidad. 

Cuando la realidad se degrada hace su aparición la farsa; tras ésta viene el esperpento. Hoy, la realidad catalana ha dejado atrás la farsa y es ya esperpéntica ¿Qué viene después?

dilluns, 18 d’agost de 2014

INDEPENDENTISMO Y OPORTUNIDAD (¿Juega la historia con dados marcados?)



Algunos parecen ignorarlo casi todo sobre el material con que se forja la historia. Y firmes en la convicción mesiánica de su correcto proceder, creen que es su voluntad la fuerza que la mueve. Y que su autoproclamado destino manifiesto es alcanzable simplemente a partir de tal idea sobre la fuerza de su voluntad. Si supieran más historia, sabrían que las cosas no funcionan así y que nunca lo hicieron. Dios quiera que no acabemos todos como Macbeth y su exclamación sobre la historia contada por un idiota, pero lo cierto es que nuestros políticos no ponen mucho de su parte para evitarlo.

Todo hecho histórico se produce en un contexto determinado, y en el cual, dada una correlación de fuerzas, ésta apunta a favor de que una idea se despliegue como posibilidad, o no. Y cuando digo «posibilidad» no me estoy refiriendo a la construcción conceptual, donde la noción de posible remite a la mera representabilidad cognoscitiva, sino a que, en tanto que «posible», su grado de conposibilidad –como decía Leibniz cuando afirmaba que todo posible exige existir- presente probabilidades razonables de producirse, de materializarse.
Viene esto  a cuenta de dos noticias recientes. La primera: que en la guerra que se está librando en estos momentos en Siria e Irak –es en realidad la misma guerra-, los países occidentales hayan decidido suministrar directamente armamento a los kurdos, al margen del teórico gobierno legítimo de Irak; la segunda: las declaraciones ayer del máximo dirigente de ERC, Oriol Junqueras, instando a la Generalitat de Cataluña a desobedecer el más que probable veto del Tribunal Constitucional a la consulta del 9 de noviembre. Toda una exhortación a la insurrección institucional.

(Publicado en Catalunya Vanguardista. El artículo completo AQUÍ)

divendres, 15 d’agost de 2014

ANECDOTARIO PEDABÓBICO (15-08-2014)


 
APRENDA LÓGICA EN UN FIN DE SEMANA
Una cosa es el colectivo y otra los individuos que lo componen, que pueden ser, cómo no, del pelaje más variado. Y lo cierto es que muchos de nuestros colegas docentes han contribuido decisivamente, ya sea por activa o por pasiva, a lo que Alberto aludía el otro día en su excelente post sobre “el profesor devaluado”, es decir, y en el caso que contaré, a la desacreditación por méritos propios de la profesión docente, por si no bastara con la inquina que las burocracias y pedagocracias educativas nos profesan. Y fue su post el que me trajo a la memoria el caso que ahora les citaré.
Estábamos por entonces en las postrimerías de los tiempos del BUP-COU. Aquel curso, a mí me correspondió impartir la Historia de la Filosofía de COU y a mi colega –éramos dos de la especialidad en el instituto- la Filosofía de 3º de BUP. Siendo el caso que la compañera tenía que someterse a una operación quirúrgica que la iba a mantener de baja durante todo el segundo trimestre, ya lo había arreglado para concluir el programa del primer trimestre, de modo que el substituto iniciara el segundo trimestre partiendo de cero. El segundo trimestre se impartía Lógica formal o matemática.
Antes de las Navidades, me puso al corriente de los contenidos y material de lógica que debía impartirse durante el segundo trimestre, para que se los trasladara al nuevo profesor que iba a substituirla. De vuelta al instituto en enero, efectivamente, allí estaba el nuevo profesor. Procedía de una comunidad autónoma situada justo al sur de la mía.
Nada más presentarse, y sin que nadie se lo preguntara, se manifestó partidario de que los alumnos debatieran libremente y con espíritu crítico. Con esta finalidad, había preparado algunos textos para someterlos a debate y que cada cual se expresara (supongo) conforme Nuestro Señor le diera a entender y de acuerdo con las luces que, en su  divina munificencia, hubiera tenido a bien concederle. Los textos, dicho sea de paso, eran de lo más variopinto y abigarrado. Desde el presupuesto federal para las reservas indias norteamericanas, hasta las doctrinas «no escritas» de Platón.
Por mi parte, y como jefe del Departamento de Ciencias Sociales –en el cual estaba integrada la materia de Filosofía-, le dije que en el instituto aplicábamos el programa hasta donde esto era posible, que lo que «tocaba» en el segundo trimestre era Lógica formal y que a esto iba a tener que ceñirse; que si quería dedicar una hora cada dos semanas a «debates», pues muy bien, pero que la Lógica Formal no hay más que una –es un decir- y ti te encontré en la calle. No pareció muy entusiasmado con tal perspectiva, pero tampoco se opuso abiertamente.
Muy pronto algunos compañeros me comentaron las afirmaciones que el nuevo profesor de Filosofía había realizado con todo desparpajo en algunas conversaciones en la sala de profesores; que si él no estaba por la aplicación de «rígidos» programas, que si él era un firme partidario de la LOGSE, ley que iba a abrir nuevos horizontes pedagógicos que los profesores anticuados no entendían… Anticuados y viejos, claro, aunque curiosamente él frisaba la cincuentena, mientras que yo tenía por entonces 34 o 35 años. Malos augurios, vamos.
Apenas transcurridos unos pocos días, me llegaron las primeras quejas de los alumnos de 3º de BUP. Sabían, porque así se lo había dicho su profesora antes de Navidades, que durante el segundo trimestre iban a cursar Lógica formal, y no estaban haciendo nada de esto, sin que tampoco supieran muy bien especificar qué era exactamente lo que estaban haciendo en clase. Algún repetidor me comentó incluso que aquel tío, de Lógica, no tenía ni idea, textualmente: “pero Xavi, de verdad te lo digo, es que ni “p” ideano sabe”. Así que opté por hablar de nuevo con él.
Las revelaciones que obtuve a raíz de nuestra nueva conversación me dejaron perplejo. Resulta que, eso sí, era licenciado en Filosofía, pero no había estudiado nunca Lógica. No contribuyó a mitigar mi estupor un comentario suyo sobre la inutilidad de explicar algo que seguía igual que, lo cito textualmente porque lo tengo grabado en la memoria con tinta indeleble “con Platón o con Aristóteles, total, para demostrar la inmortalidad del alma”. Inaudito…
Resultó que el profesor en cuestión era maestro, diplomatura a lo largo de la cual no había cursado absolutamente nada de Filosofía ni, menos aún, de Lógica, estudios a la conclusión de los cuales se había matriculado directamente en 4º de Filosofía. Esas cosas que pasan... Y ni en cuarto ni en quinto vio nada de esto, porque todo eran materias optativas que, supuse, supo elegir adecuadamente para despacharlas con algún «trabajito». “¿Entonces de Historia de la Filosofía tampoco, no?”. “Sí, hombre”, me respondió, “Eso sí… en COU”.
Por cierto, mientras esta alucinante conversación tenía lugar, un compañero de Física y Química que estaba corrigiendo exámenes en la sala de profesores, me miraba de vez en cuando de soslayo, con una expresión de sorpresa que, conforme la conversación avanzaba, fue tornándose carcajada silenciosa.
 
Y lo peor viene ahora. Que de todas maneras, dijo supongo que para tranquilizarme, no me preocupara, que sí, que iba a explicar Lógica. Pero eso sí, si a mí no me importaba y tenía a bien prestarme durante un par de recreos a instruirle en los rudimentos de la Lógica, él se lo repasaba y, en un fin de semana, todo arreglado, ya tenemos Lógica para el segundo trimestre.
 
 
Nunca más supe del interfecto. Supongo que aprobaría oposiciones -con un 2.7 le bastaba, dada su antigüedad como interino- y no me extrañaría que hubiera ascendido meteóricamente hasta algún despacho pedagocrático desde el cual pontificar sobre educación y sobre lo anticuados que son los profesores. Debe haberse jubilado ya. Yo sólo he contado lo que vi.

dijous, 14 d’agost de 2014

SOBRE "EL CLUB DE LOS POETAS MUERTOS"



Ayer, con motivo del fallecimiento de Robin Williams, pasaron por televisión “El club de los poetas muertos” (Dead Poets Society, dirigida por Peter Weir en 1989), donde dicho actor encarnaba al inefable Mr. Keating, un profesor innovador que entra en un centro secundaria de élite norteamericano como un elefante en una cacharrería. Una película, ésta, sobre la que se vertieron ríos de tinta en su época, con el inevitable debate pedagógico que la trama lleva implícito. El problema es que nos quedamos en su momento sólo en lo explícito.

Por estos pagos aquende los Pirineos, se estaba por entonces pergeñando la LOGSE y, como es bien sabido, quien estaba contra la LOGSE tenía que ser necesariamente porque era un ultramontano privilegiado y un dogmático, anclado en un vetusto y concepto de la educación amparado en corporativismos y privilegios inconfesables que la Reforma educativa iba a arrojar al basurero de la historia.

Con estos previos, es evidente que el debate tenía todos los números para estar viciado de forma desde el primer momento. Y así fue en efecto. Sirvan las reflexiones que a continuación expondré, como homenaje a Robin Willians, un actor que, sin haber sido nunca santo de mi devoción, no por ello debemos dejar de reconocer sus indudables dotes interpretativas, y también como aportación a un debate que, aún hoy, veinticinco años después, sigue siendo, para asombro de propios y extraños, pues debería estar superado desde hace tiempo, de rabiosa actualidad.

Lo peor de la recepción de la película fue, en mi opinión, la incapacidad para entender el trasfondo que subyacía a la trama argumental. Aquí, “El club de los poetas muertos” se quiso ver como un alegato en favor de las pedagogías progresistas, con el consiguiente escarnio de la carcunda partidaria del aprendizaje metódico y de la repetición, así como, sin duda alguna, del esfuerzo y del viejo lema “la letra con sangre entra”, frente al aprender divirtiéndose y a la activación de la espontaneidad y creatividad que postulaba el innovador Mr. Keating. No diré que no sea ésa una posible lectura, pero sí que no me parece la más inteligente ni, desde luego, la más profunda, sino en todo caso, superficial, facilona y sesgada.

Como en "Antígona", el espectador puede que tienda a simpatizar inevitablemente con la heroína que da nombre a la obra o, caso menos frecuente, con su antagonista, Creonte. Pero esto no es más que el escenario en el que se da una trama cuyo trasfondo es de calado mucho más profundo y en el que se despliega un conflicto en el cual ambos lados tienen sus razones, que les llevan inevitablemente entrar en dicho conflicto en función del papel que juegan en él. Resulta ciertamente difícil no simpatizar con Antígona frente a su tío el tirano de Tebas, como lo es no inclinarse por el simpático Mr. Keating frente al resto de almidonados profesores del centro o a los tiránicos padres de sus alumnos. Pero esto es sólo lo superficial; lo que, ciertamente, en todo caso puede transmitir al espectador una empatía que le lleva a identificarse con uno de los personajes, tanto por lo ético como por lo estético, y que, cómo no, transmite a su vez las probables preferencias del autor. Pero insisto, eso es sólo lo superficial, lo anecdótico…

Siempre he pensado que en la obra “Antígona”, una cosa es simpatizar con Antígona o con Creonte, y otra entender el conflicto subyacente a lo que allí se está ventilando y del cual los personajes no son más que la expresión de una parte. En este sentido, no tiene razón Antígona ni la tiene Creonte, sino Sófocles, pues es él quien proyecta sobre el escenario un conflicto que se resuelve inevitablemente en lo trágico, precisamente en función de la irreconciliabilidad de los términos en que se manifiesta la controversia.

Y así como es Sófocles quien tiene «razón» en “Antígona”, pienso que en “El club de los poetas muertos” es Peter Weir quien la tiene, y no Keating o sus antagonistas. Visto así, la supuesta apología de la pedagogía moderna, que se suponía que era dicha película, adquiere unas tonalidades mucho más complejas e interesantes.

Porque el desenlace es también trágico, y Keating, aun suponiéndole entereza ética, acaba al final habiendo actuado en todo momento como un irresponsable que desata unos vientos que luego no puede controlar, y toda su acción se resuelve en un desenlace trágico e irreversible: el suicidio de un alumno. Cierto, la culpa moral directa recae sobre el inicuo padre del alumno suicidado, pero también era la obligación de Keating conocer la naturaleza de las pasiones que estaba desatando, el entorno en que se movían su alumnos y las posibilidades que éste ofrecía. En lugar de esto, les despierta unas expectativas que, más allá de su valoración pedagógica, llevan inevitablemente a un conflicto que, algunos de ellos como mínimo, no están psicológicamente en condiciones de resolver.
Hay sin duda otros temas que incidirían mucho más de lleno en el debate pedagógico, pretérito y presente, que se explicita en la película. Desde la idoneidad de un método de aprendizaje que más bien es todo lo contrario a un método, hasta la figura del profesor «amigo» desde la privilegiada posición que le confiere ejercer en un centro autoritario y basado en una rígida disciplina. Pero en reivindicación del club de los poetas muertos, y de un actor que ejecuta a la perfección su papel –en eso consiste el mérito de un actor- me ha parecido más interesante aclarar que, así como en “Antígona” la «razón» no la tienen ni Antígona ni Creonte, sino Sófocles, en “El club de los poetas muertos” quien tiene «razón»,  más allá de las filias o las fobias que nos puedan llevar a empatizar con alguno de los personajes en conflicto, es el director, Peter Weir. Lo contrario me parece una trivialización que, a su vez, vicia también el subsiguiente debate pedagógico que la película plantea.

diumenge, 10 d’agost de 2014

DIDEROT SOBRE LA EDUCACIÓN...


"Ce qui concerne l'éducation publique n'a rien de variable, rien qui dépende essentiellement des circonstances. Le but sera le même dans tous les siècles: faire des hommes vertueux et éclaires."
( Plan d'une Université pour le gouvernement de Russie)

Es evidente que cualquier aproximación histórica a la educación requiere de una clara división cronológica en dos eras, como la de A.C. y D.C. En este caso sería, "a.p." y "d.p", es decir, "antes de la pedabobería" y "después de la pedabobería". Diderot, claro, escribía en el siglo II a.p., por eso lo que decía tiene sentido.

 

dijous, 7 d’agost de 2014

LA (DE)FORMACIÓN DEL PROFESORADO

Alberto acaba de publicar un post sobre la devaluación de la profesión docente que, sin más, considero soberbio, sobre todo por la concisión con que describe un proceso que ha sido largo, en tan breve espacio. Altísimamente recomendable, AQUÍ

dimarts, 5 d’agost de 2014

¡AHÍ ES NA! ¡CON UN PAR!


Como ya pueden Vds. imaginarse, la consternación en las cancillerías occidentales es total. Además, todo indica que es esta noticia la que ha inducido al estado mayor israelí a ordenar un repliegue de Gaza, ante el temor de quedarse sin tirachinas. La noticia ha corrido como reguero de pólvora:


diumenge, 3 d’agost de 2014

DE LA CAMARGA A SANTIAGO.


Por supuesto que no se trata de ningún peregrinaje expiatorio que lleve desde la comarca provenzal de los flamencos y los toros hasta la (probable) tumba de Prisciliano, en la catedral de Santiago de Compostela, sino del tiempo transcurrido desde la comida entre entre Alicia y Vicky, en el restaurante barcelonés de mismo nombre, y el día de San Jaime, -San Santiago es una reiteración-, el pasado 25 de julio, en que tuvo lugar la confesión pública de Jordi Pujol. Así que ahora ya sabemos de qué más se habló en la Camarga .

Es fácil, a toro pasado, y  todo parece de lo más lógico y coherente. Los hechos son estos. Una dirigente de segunda fila del partido del gobierno se reúne para comer con una mindundis resentida que, después de haber sido la novia del hijo del jefe de la empresa local durante unos años, y de haber cargado con más billetes de 500€ que tics tenía su suegro, se había quedado en cuadro después de romper el noviazgo. Y convencida de que dispone de información que puede perjudicar a "los Pujol", se lo larga todo a Alicia.

Hasta aquí ya lo sabíamos. Podíamos dudar si las afirmaciones de una "ex" airada son de fiar, pero sabíamos que habían hablado y que Vicky había puesto a Alicia al corriente de los turbios y provechosos viajes a Andorra de la pareja "Pujol&Álvarez". Cuando se supo que la conversación había sido grabada, el aparato del estado se empezó a mover con una diligencia inédita. Todo el mundo sabía que iban a por la agencia de detectives "Método3", o lo que quedaba de ella y a averiguar quién estaba en disposición de la grabación. En eso que surge el caso "José Zaragoza", dirigente del PSC, y tan próximo en lo personal a Alicia como alejado en lo político, quien parece que había encargado personalmente la grabación por cuenta de la interfecta, a lo cual los detectives, al corriente de la relación entre ellos, y siendo ambos conocidos clientes, no habían puesto la menor objeción. 

El escándalo prosigue, Zaragoza desaparece de la escena, Alicia se querella contra "Método3", indignada y proclamando que han mancillado su honor y violando su intimidad, remarcando que llegará hasta el final.  Poco después de tan animosas y combativas declaraciones, Sánchez Camacho desiste y llega a un acuerdo de conciliación con "Método3", a cambio de un puñado de euros. Sí, no más de un puñado de euros. La fiscalía afirma que proseguirá de oficio con su querella, pero ya sabemos para qué están algunas fiscalías en España -como la de Mallorca-. En cualquier caso ¿Alguien supo nada más?

Y ahora viene lo bueno. El 25 de julio de 2014, dos años después de la comida y uno y medio después de que se desvelara que había sido grabada, llegan las confesiones agustinianas de Jordi Pujol: "Catalanes, he pecado", o lo que es lo mismo "Estoy pillado hasta las trancas y se me ha caído con todo el equipo", y se desata el Pujolazo. 

Aquí nos preguntamos en su momento de qué más se había hablado en la Camarga, porque no parecía que una conversación entre una mindundis y una dirigente de segunda fila del PP, de perfil más bien bajo, tuviera la menor trascendencia a menos que alguna hubiera cometido algún desliz y se hubiera ido de la lengua durante la conversación, haciendo alguna confidencia que en realidad fuera secreto de estado. Y al saberse que la conversación se había grabado, saltaron todas las alarmas. Una vez dicha grabación, o la parte més sensible de ella, estuvo de nuevo a buen recaudo, aquí no pasa nada, reconciliación judicial y a vivir que son dos días. Ahora ya parece muy claro qué fue lo que había de altamente sensible en la conversación: Alicia debió filtrarle a Vicky que había una operación de estado dirigida contra Pujol y que iban a por él. Y claro, si esto hubiera trascendido hace año y medio, daba al traste con toda la operación.

Posteriormente hemos sabido que la UDEF desplazó a varios de sus mejores efectivos a Barcelona y que, alojados de incógnito en hoteles, iban recibiendo a empresarios que habían pagado el impuesto revolucionario a "los Pujol", que luego Jr. y Vicky se llevaban para Andorra. Y empezaron a atar cabos hasta acabar de cerrar el círculo.

Sólo una anécdota que ilustra, a mi entender a la perfección la catadura de los Pujol y del partido hecho a su imagen y semejanza. Alguien de confianza le advirtió a Oriol Pujol que la UDEF le estaba siguiendo los pasos. "¿Y qué coño es la UDEF?". De tanto despreciar la verdad y establecer sus propias ficciones por decreto, llegaron a creérselas; llegaron a creerse realmente que Cataluña era suya, que eran invulnerables y que España no existía. "¿Y qué es la policía española?" Hubiera podido replicar igualmente... Y lo bueno es que sin duda su ignorancia era sincera. Llegaron a creerse las fantasías que ellos mismos habían urdido para sus rebaños. No saben ser ni pastores... 

Ahora ya lo sabemos. La única duda que me queda es si Vicky es una agente del CNI.



divendres, 1 d’agost de 2014

AQUÍ NO PASA NADA



Todavía es pronto para valorar el impacto real que, en toda su dimensión, tendrá el «asunto» Pujol y las consecuencias que acarreará para Cataluña y para España en general. Pero sí empiezan a insinuarse reacciones entre los afectados, a ambos lados del Ebro, que no invitan precisamente a la tranquilidad, por su absoluta falta de autocrítica y  por lo que denominaremos el «canalleo» que acompaña dicha falta de crítica.

Por un lado, tenemos a un país sumido en la corrupción sistémica de las más diversas instancias, con recientes abdicaciones y sin que pase un día en que no aparezca la recurrente noticia del encausamiento o, excepcionalmente, del ingreso en prisión de algún cargo o excargo político. Ediles, alcaldes, presidentes de diputación, consejeros y presidentes autonómicos, en ejercicio o en condición de «ex», que de todo hay, no parece que haya cargo o institución que se libre. No había hasta ahora, en esto, hecho diferencial catalán, o al menos eso parecía. Ahora sí, tras la revelación del asunto Pujol.

Para el españolismo monolítico, rancio y exclusivista, que critica la inmersión lingüística en catalán de la misma forma que criticaría, como ya criticó, cualquier tímida introducción de esta lengua, o cuyo problema no son las competencias que pueda tener Cataluña, cualesquiera que fueran, sino el mero hecho de que las tenga y exista algo que se llama «Generalitat», la cosa está clara. Y, la verdad, no da mucho de sí, más allá de a lo que ya nos tienen acostumbrados. Y ello porque, más que de anticatalanismo, se trata de simple anticatalanidad, de acuerdo con la naturaleza de un cierto españolismo cuya esencia consiste en la negación como condición de la posibilidad del auto enaltecimiento. En definitiva, particularismo, tan provinciano como el que denostan y del que se nutren. Dicho en su proyección práctica, sería aquello de ver la paja en ojo ajeno y no (querer) ver la viga en el propio. Poco o nada, pues, mínimamente digno de interés puede esperarse de este lado.

Y algo sospechosamente parecido parece estar ocurriendo en el lado de acá, sin duda mucho más enfatizado por la significatividad y posible impacto que pueda tener en la consulta y sus posibles consecuencias en el contexto del nacionalismo catalán y del avatar independentista hacia el cual ha derivado. Si para aquéllos, el caso Pujol es la expresión más prístina del catalanismo y de la catalanidad, para éstos, al contrario, la cosa se remite a un caso de familia –ojo con la expresión-, en palabras de Artur Mas, o, rizando el rizo, y en palabras del inefable Junqueras (ERC), a un mal propio del autonomismo que la independencia barrerá. Así que aquí no ha pasado nada, se le retiran a Pujol sus sueldos, cargos y prebendas, y a otra cosa mariposa.

Según eso, todo indica entonces que un país con una clase política que ha hecho de la corrupción su modelo de gestión política, fomentando ad nauseam el amiguismo, el nepotismo y el clientelismo, superará por arte de ensalmo dichos males desde el mismo momento en que alcance la independencia. Una independencia que se presenta como talismán y garantía de pureza. Supongo, claro, que debe estar pensando en los idílicos modelos excoloniales…

La posición y las declaraciones de Mas son, hasta cierto punto, comprensibles. Está intentando sacudirse la figura de Pujol para garantizar la supervivencia de un partido que, últimamente, diríase que si compra un circo le empiezan a crecer los enanos. De allí lo del asunto de familia, más allá de que sea una auténtica piovra y que los antecedentes de tantos «ilustres» encausados por corrupción en el mismo partido, y por las más variadas cuestiones, más bien indiquen que se trataría de un modelo de gestión. Sobre todo en razón de quién está ahora en la arena esperando a los leones.

Pero especialmente alarmantes son las declaraciones de Junqueras (ERC), según las cuales  la tierra prometida de la independencia dará al traste con tanta corrupción, porque la culpa es del sistema autonómico. Diríamos que son pintorescas si no fuera porque se trata del líder de un partido que amenaza con ser el más votado en las próximas elecciones, pero dado el caso, lo reitero, alarmantes.

Y son alarmantes no porque, como es la obligación de todo político, Junqueras intente arrimar el ascua a su sardina, sino porque sus afirmaciones van más allá de los más relajados límites de la verosimilitud y entran de lleno en la más delirante de las zafiedades. Y eso, un profesor universitario de historia como él, debería saberlo. A ello cabría añadir que en toda la ubicua gestión de gobierno/oposición ejercida por ERC no hay nada, ni el menor atisbo, de que su modelo de gestión difiera del de CDC; sólo, en todo caso, que no hayan podido «morder» tanto.

Porque el modelo de gestión de ERC en sus años de tripartito no se caracterizó precisamente por su transparencia, sin olvidar, amén de las payasadas que protagonizaron, la incompetencia que les caracterizó, que también tienen gente imputada y que un exconseller suyo está en la cárcel por contrabandista, en complicidad, por cierto, con un guardia civil.

Y porque desde que, más recientemente, ERC ejerce la inédita y ubicua función de principal partido de la oposición a la vez que de conciencia del gobierno y su mayor soporte parlamentario, su acción política se ha caracterizado por la complicidad tácita con CIU, no sólo por su silencio doloso y su pasividad ante escándalos de corrupción, sino también, y muy especialmente, por su interesada y activa colaboración en el desmantelamiento de la Administración pública catalana y su reconversión en un cortijo bananero en el que ejercen de masovers, según las tesis del flamante eurodiputado Terricabras, que ya comenté en tres entregas (I, II, III) y sobre las cuales ironicé en su momento. Nada, nada induce a pensar que ERC iba a modificar el modelo.
De momento, pues, entre las partes afectadas, de autocrítica, nada de nada… ¡Ah! Por cierto, que triste papel el de la izquierda. Pero eso ya no es noticia, sino el pan de cada día.