dijous, 31 d’octubre de 2013

SOBRE COMPETENCIAS E INCOMPETENCIAS EDUCATIVAS



Es tan frecuente como deplorable que, para mucha gente, posicionarse respecto a cualquier polémica consista en ver de qué lado están los suyos. Ya ni siquiera se tira del manual, que sin ser tampoco un hábito intelectual demasiado recomendable para formarse una opinión crítica sobre algo, como mínimo mantenía una cierta chispa de criterio; sin duda poco dúctil y nada dado a matices, pero criterio a fin de cuentas. Ya ni eso. Se empieza abandonando cualquier espíritu crítico por la comodidad de aplicar el manual, y se acaba asumiendo la posición que dicta el que se supone que lo ha leído.


Los debates educativos en España desde la LOGSE son un ejemplo paradigmático de esta absoluta falta de criterio a la hora de formarse una opinión sobre algo. Pasa también con la LOMCE de Wert, cómo no. El otro día intentaba llamar la atención sobre la necesidad de discriminar entre los planos social y académico a la hora de analizar un sistema educativo. Sin duda hay una indiscriminación aún peor, y es no saber distinguir entre ambos, aun abordados conjuntamente, y el plano político.


Viene esto a propósito de las barbaridades que se están diciendo sobre la LOMCE, sin que en ningún caso quede claro a qué se están refiriendo globalmente. Verbigracia, si invade o no competencias -hasta puede que incompetencias- autonómicas, estatales o parroquiales. Dependerá entonces que uno sea jacobino o girondino que le parezca bien o no la medida. Y esto en el plano del tirar de manual. En el otro, simplemente lo que piensen o me digan que he de pensar los «míos».


En cualquier caso, resulta que si soy independentista, autonomista, confederalista o partidario de la república de IKEA, estaré en contra porque invade “mis”, o más bien “sus” (¿debería decir «nuestras»?) competencias e incompetencias. Si, por el contrario, soy un jacobino irredento, un españolazo recalcitrante o un federalista tibio, entonces estaré a favor, también en razón de quien lo propone ¿Pero de qué medida se trata exactamente? Pues resulta que simplemente, es lo de menos. 


Desde esta perspectiva tan ramplona, no se trata de si a mí me parece bien o no, yendo al caso, que se implante una Reválida al final de la ESO y otra al final del Bachillerato. No, de lo que se trata es de si invade «mis» competencias. Y si resulta que pienso que sí, cosa que habría que discutir si es así realmente, pues entonces estoy en contra. Pero no por lo que proponga la ley de marras,  es decir, no por razones educativas, sino otras que nada tienen que ver con el tema objeto de discusión. Si a mí me parece bien una Reválida, por ejemplo, o si he llegado a la conclusión que en el actual desastre educativo podría ser una solución, eso, simplemente, no importa. Es lo que digan los «míos», a los cuales, por cierto, tampoco les importa un comino si puede ser una medida acertada o no.


Y esto es lo más lamentable del debate que se ha orquestado en torno a la LOMCE, que no se trata de si hay o no algunas propuestas razonables, sino de si invade competencias o no. Y claro, de que habiéndola hecho quien la ha hecho, ya sólo por eso hay que decir que no y punto. Pues qué quieren que les diga, yo no trago.


diumenge, 27 d’octubre de 2013

EL NEOCRISTIANISMO PEDAGÓGICO Y LA IZQUIERDA ANTI ILUSTRADA



Los primeros cristianos despreciaban el conocimiento porque desviaba al hombre de su naturaleza y de su objetivo fundamental en la Tierra, la salvación del alma. Los filósofos y sabios helenísticos fueron desde el primer momento objeto de sus iras y de sus mofas, por su pretensión de intentar explicar las cosas más o menos desde la propia razón humana y pretender conocer desde ella la verdad del mundo y los designios de Dios. Y esto es una insolencia y un pecado de soberbia, la famosa hybris (ὕϐρις) por la que se nos castigó como especie y de la que nos redimió Jesucristo con su pasión y muerte.

El Pecado Original fue en realidad un pecado de hybris en el que los filósofos siguieron perseverando ofuscados por su propio orgullo. Ni la filosofía, ni la geometría, ni la aritmética, ni la física servían al hombre para lo más importante de su existencia sobre la Tierra, la salvación del alma en un mundo trascendente que sólo era lugar de paso. La manzana del «Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal» es una metáfora del salto de la condición animal a la humana, de naturaleza a cultura o de fisis a nomos, se ve como una violentación de nuestra propia naturaleza, como una transgresión, como algo indeseable por lo cual indefectiblemente pagaremos el inevitable castigo. El pecado es la pretensión de conocer, quebrantando nuestra propia naturaleza tal como Dios la concibió al crearnos.

Una concepción que ha perdurado a través de la historia surgiendo bajo diferentes formas y planteamientos. No es tan difícil rastrearla en Rousseau, por ejemplo, cuyo bon sauvage tiene mucho de lo que podríamos suponer en los habitantes del Edén o en cualquiera de las múltiples Arcadias que, desde el desarraigo, añoran un estado originario de naturaleza concebido como la carencia de cualquiera de las características que hoy nos definirían como humanos. Ni en las pedagogías modernas inspiradas en este ginebrino, donde la educación, el esfuerzo y la disciplina violentan la espontaneidad natural humana.

La izquierda anti ilustrada y ramplona, hoy hegemónica, impregnada de neocristianismo milenarista y cuyo proyecto, de tenerlo, cada vez se parece más a un pobre remedo de la doctrina social de la Iglesia, esa izquierda «realmente existente» que hoy tenemos, ha heredado esta aversión de los primeros cristianos hacia los filósofos, hacia el conocimiento, hacia la ciencia. Eso sí, en lugar del mundo trascendente y la salvación del alma como objetivo, el objetivo en un mundo inmanente es ahora la consecución de la felicidad a través de la ignorancia sustentada en cuatro tópicos doctrinarios.

Si alguna vez hubo una izquierda ilustrada que exigía que a los obreros también se les enseñara latín, filosofía o matemáticas, lo cierto es que no queda ni rastro de ella... al menos en las estructuras de los partidos y entre sus productores de discurso educativo. Es cierto que en el proyecto de cargarse la instrucción pública, la izquierda ha funcionado más bien como «tonta útil», poniéndose al servicio de inconfesables intereses que la mayoría acaso ni sospeche. Pero también lo es que en todo el proyecto LOGSE, es claramente perceptible este substrato anti ilustrado , así como un profundo desprecio, cuando no claramente aversión, hacia el conocimiento.

Sapere aude” fue la máxima de la Ilustración. “Atrévete a saber”, “decídete a saber”. El objetivo: la emancipación de la humanidad de su minoría de edad culpable, porque sólo el individuo cultivado puede tener criterio y ser autónomo, libre. Es el mismo espíritu, la misma pretensión que la de los comedores de la manzana bíblica o los filósofos objeto de escarnio por parte de los primeros cristianos. Porque su saber no servía para lo que interesaba realmente al hombre y le desviaba de su objetivo, la salvación del alma.

Hoy, nuestros sistemas educativos han reificado el concepto de felicidad, cuya consecución es su función primordial. Ya no la de transmitir conocimientos. Esfuerzo, disciplina, estudio método... todo lo que sea violentación de pulsiones originarias, de los instintos y tendencias naturales, debe quedar proscrito en aras a esta felicidad. Porque, total, no sirve para lo importante. Y además, después de todo ¿para qué le va a servir el latín a un electricista, la filosofía a un camarero, o las matemáticas a un taxista?

De exigir que a los hijos de los obreros también se les enseñara Filosofía, Latín, Física o Matemáticas, la izquierda a pasado a exigir que no se les enseñe a nadie. Es la única forma de que todos seamos iguales y felices. Porque si para unos el conocimiento no servía para nada porque no era útil, más bien todo lo contrario, para la salvación del alma, para otros tampoco sirve para nada porque, por idénticas razones, hasta puede que sea un impedimento para la beatífica felicidad del ignaro. Como los primeros cristianos o, también, como el ginebrino que inspiró tanta pedagogía moderna... Siempre los beocios.


divendres, 25 d’octubre de 2013

PARADOJAS PARA DESPUÉS DE UNA HUELGA



La primera me la sugiere "J" a la vez que me felicita por el artículo. Para quien no viera el artículo en edición papel -en castellano o en catalán-, éste estaba confrontado a otro en la misma página favorable a la huelga y escrito por el presidente de una conocida asociación de padres de alumnos catalana. La paradoja que él resalta radica en la "rareza" que supone que, mientras un trabajador del sector docente -un servidor- y dirigente sindical, se manifiesta contrario a la huelga, sea un usuario del sector -supuesto padre de alumno- quien insta al profesorado a sumarse a la huelga. Algo así como si un cliente del "Corte Inglés" instigara a los trabajadores de esta empresa a hacer una huelga.

La segunda está relacionada con la primera, pero tiene enjundia por sí misma. Se ha hablado en los medios de huelga de profesores, estudiantes y padres. ¿Alguien puede entender el concepto de «huelga de padres»? Si es así, agradeceré aclaraciones, porque yo no lo entiendo.

La tercera, aunque previsible, no menos indicativa de como cada cual arrima el ascua a su sardina. La Consellera Rigau, máxima responsable educativa en Cataluña, considera que la huelga era contra la LOMCE de Wert, no contra su LEC, contra su decreto de plantilles, contra sus recortes o porque los funcionarios de Cataluña seremos los únicos -aunque puede que alguien más se añada- que nos quedaremos una vez más sin paga doble el 2014. Y la verdad es que tiene razón. Eso sí, el gobierno en que ella participa acaba de rebajar los impuestos a los casinos. Alguien está haciendo de "tonto útil"

La cuarta, como la tercera, ya no tan paradójica, la lectura que se ha hecho en toda España de esta huelga por parte de sus convocantes. Se trata de defender el espíritu de la LOGSE. Un «espíritu» que nos ha llevado a la cola académica del mundo civilizado. Los hay de una contumacia a prueba de bomba.

Por lo demás, la huelga entre el profesorado fue muy, muy floja. Al menos en Cataluña. Eso sí, como ya anunciaba, en la manifestación hubo mucho estudiante, poco maestro de primaria, menos profesor de secundaria y ningún docente universitario.


dijous, 24 d’octubre de 2013

Y HOY, JUEVES, EN "EL PERIÓDICO"

Aquí está el enlace, pero como me temo que es sólo de acceso para subscriptores, lo transcribo a continuación.


NI LOMCE NI HUELGA

Es cierto que la LOMCE no va a arreglar ninguno de los muchos problemas educativos que este país tiene planteados. Pero tampoco la huelga de hoy. Porque es una convocatoria pensada exclusivamente en términos políticos, y si nuestro deteriorado sistema de enseñanza está clamando algo a gritos, es precisamente que se dejen los intereses políticos a un lado.

Aparecemos en la cola de todos los informes internacionales en cuanto a resultados. Desde los PISA hasta el último PIAAC 2013 para población adulta de los países de la OCDE, podemos comprobar que la gran caída de niveles se produce en los últimos 15 años, los que llevamos de aplicación de la LOGSE y sus mutaciones, como la LOE o la LEC. Concretamente, no sólo estamos en el vagón de cola, sino que somos el país que peor lo ha hecho en estos últimos 15 años. No avanzamos.

Es evidente que el sistema educativo no funciona y que la LOMCE de Wert no es, ciertamente, la solución. Sus únicos aspectos positivos, o desaparecieron, como el Bachillerato de tres años -por presiones de la enseñanza privada concertada- o se diluyeron, como los itinerarios académicos a partir de tercero de ESO. Y luego están las fantochadas marca de la casa: que la Religión compute en el expediente, el descarado trato de favor a la Privada... Y cómo no, el surrealismo chulesco con que el Ministerio aborda el tema lingüístico, creando un problema donde no lo había.

No es pues una ley que entusiasme, y desde luego que el recorrido que tendrá, no se puede augurar sino breve. Pero una huelga contra la LOMCE esgrimiendo la bandera de la LOGSE lo es menos aún. Y de eso se trata, según podemos constatar a partir de la convocatoria realizada para toda España. Una huelga cuyos puntos reivindicativos no aportan nada nuevo, sino sólo la defensa de un estado de cosas que ha llevado nuestro sistema educativo a la cola del mundo civilizado.

Mientras no se haga una ley que proclame claramente que la función primordial del sistema educativo es la transmisión de conocimientos, y su impartición se garantice con criterios de exigencia que favorezcan la excelencia -también en excelencia académica estamos a la cola- y el esfuerzo, todo el resto es ideología y propaganda.

Lo que de verdad necesitamos en este país es que se escuche de una vez a los auténticos profesionales de la enseñanza, los docentes. Educación es el único ámbito en el cual la mayoría de «expertos» que pergeñan leyes educativas de uno u otro color, no son docentes. Y ahora se pretende ponerlos como fuerza de choque en las trifulcas partidistas de unos políticos desacreditados que ya no saben cómo desviar la atención.

¿Y la huelga? Pues probablemente habrá muchos alumnos -las grandes víctimas de todo este despropósito-, pocos maestros y menos profesores. No, desde luego que no, estar contra la LOMCE no tiene nada que ver con esta huelga. No estaría de más que, alguna vez, alguien pensara en nuestros alumnos y en su futuro.

 




dimecres, 23 d’octubre de 2013

HOY, MIÉRCOLES, EN EL PUNT-AVUI

http://www.elpuntavui.cat/noticia/article/7-vista/8-articles/687253-ensenyament-public-privatitzacio-del-segle-xix.html

DE FLUJOS Y REFLUJOS INDEPENDENTISTAS (Apostillas al cul-de-sac)


 
 
 
Si es cierto, como aventuro en la entrega anterior, que el independentismo ha iniciado un proceso de reflujo después de alcanzar su zenit el pasado 11 de septiembre, no lo es menos que el panorama que se abre entonces tampoco es que sea muy tranquilizador. Meterse en un cul-de-sac es relativamente fácil, pero salir de él puede ser más complicado. Y más aún salir indemne. No hay solución de continuidad, cierto, pero tampoco el tiempo se va a detener porque el Sr. Mas se haya  metido en este atolladero.
De cómo CDC amagará con el independentismo ante la eventual falta de apoyos sociales no puede tampoco esperarse nada bueno. Porque esto no es simplemente decir que, bueno, que después de todo no había para tanto y lo de la independencia mejor dejarlo como la revolución pendiente de la Falange. Se han creado auténticas expectativas entre amplias capas de población, y retirar ahora el caramelo que se veían a punto de saborear, puede acarrearle al partido del Sr. Mas algo más que problemas internos con buena parte de su militancia y electorado. Es lo que ocurre cuando se siembran vientos, que luego se recogen tempestades.
Asumamos como hipótesis que el independentismo, efectivamente, pierde progresivamente fuelle, que los empresarios le dicen a Mas que se deje de chifladuras y que en CDC el independentismo vuelve a ser lo que siempre fue, un referente nostálgico que opera como idea regulativa, pero fuera del proyecto político. Lo más probable es que si Mas pudiera echar el freno, lo haría ahora mismo, pero su descrédito político y el de su formación entre unas generaciones educadas en la intolerancia a la frustración iba a aumentar aún más la migración de votos a ERC, y el desastre electoral de CIU podría ser antológico. Máxime si tenemos en cuenta que probablemente ERC sería el partido con más representación en el Parlamento catalán. Eso sí, a años luz de la mayoría absoluta e incapaz de articular ninguna mayoría independentista que incurriera en veleidades como, por ejemplo, proclamar la independencia unilateralmente. Lo más probable es que ni pudiera articular una mayoría de gobierno. Pero entonces es cuando se abriría un panorama verdaderamente surrealista.
No parece que una CIU mermada y un PSC que, según todo indica, volvería a superarse a sí mismo cosechando los peores resultados de su historia, alcanzaran para formar mayoría de gobierno. ¿Asumiría CIU la formación de un gobierno en minoría aplastante con los votos de, por ejemplo, PSC y PPC? ¿O Un tripartito con CIU, PSC y PPC? ¿Cómo iba a venderles esto a sus diezmadas huestes después de los numeritos que ha protagonizado? Y lo planteo así porque estamos asumiendo que habría amagado en su propuesta independentista y de referéndum, ya que si, de lo contrario, apoya un gobierno de ERC, estaríamos otra vez al cabo de la calle.
Y para acabarlo de aliñar, mejor no imaginar la crispación en ERC, vencedores electorales apartados del gobierno por su independentismo,  ni más ni menos que por la propia CIU. Quizás no sea así, pero no es un escenario imposible.
Lo dicho, un panorama nada tranquilizador. Jugar al aprendiz de brujo tiene estas cosas.


dilluns, 21 d’octubre de 2013

EL CUL-DE-SAC INDEPENDENTISTA O CIEN AÑOS DE SOLEDAD (II de II)









Y este frenazo independentista, este haber dejado atrás su mejor momento, lo atribuyo a una de sus características más genuinas: la incapacidad para el análisis objetivo y para conocer la propia posición en un contexto de correlación de fuerzas. Ni todo el monte es orégano ni es oro todo lo que reluce. Y la Generalitat ha estado vendiendo que todo lo que relucía era independentismo y que el monte estaba lleno de independentistas. Puede que haya muchos, qué duda cabe, pero es que aunque los hubiera para constituir una masa crítica, tal vez sea precisamente esto lo que impele inevitablemente al reflujo..

Por citar un revés reciente, y a mi entender altamente significativo, tenemos el “incidente”con “Foment”. Y que algo rechina en la maquinaria independentista nos lo muestran los cada vez más llamativos desmarques de Duran Lleida. 

El caso de Foment es altamente significativo y pienso que marcará un punto de inflexión. Resulta que Foment entregaba el otro día unos premios y que Mas iba a presidir el acto. En esto que resulta que iba a asistir también Rajoy y que él lo presidiría. Parece ser que una hora antes, según la Generalitat, se conoce que Rajoy está de viaje y que en su representación, y como presidente en funciones,  presidiría el acto Soraya. Ante semejante “afrenta”, Mas opta por no ir.  “Más planta a los empresarios” decía la prensa domeñada. A mí más bien me parece que los empresarios le lanzaron un mensaje muy claro: pasamos de ti.

Muchos se han preguntado cómo la gran empresa catalana callaba ante los excesos soberanistas del Sr.Mas ¿Cómo la Caixa o el Banco de Sabadell podían asentir con la que se estaba liando? O los empresarios del cava, Freixenet, Codorniu… ¿Se habían vuelto locos también? ¿Y la Damm, que acaba de adquirir Pescanova? Pues bien, puede que ya empecemos a tener la respuesta. ¿Y qué es Convergencia sin el empresariado? 

La verdad, no es que uno beba los vientos por el empresariado catalán, ni por ningún otro, sino simplemente que, siendo su patria el dinero, no les veo patrioteando con Mas. Puede que a un botiguer se le convenza de que le irá igual o mejor  con la independencia. Pero esta milonga no se le puede colar a la Caixa o a Freixenet. 

Otro elemento son los continuos desplantes en que Durán Lleida parece incurrir de manera cada vez más calculada. ¿Ha decidido ya lo que quiere ser cuando sea mayor? Pronto saldremos de dudas.

En fin, que parece que la realidad virtual sobre la cual se construyó el independentismo empieza a chocar con la realidad de su propia propensión a materializarse como proyecto. Vamos, que empieza uno a tener la impresión de que el independentismo empieza a huir incluso de la realidad virtual que él mismo se había diseñado a medida. 

Es lo que viene a comentarJorge que le explicaba su amigo. Dicho así, podría parecer anecdótico, pero lo cierto es que uno dispone también de anécdotas propias que abundan exactamente en lo mismo, en esta huida de su propia realidad virtual. Y esto es muy grave para ellos. “E” me comentaba el otro día que un amigo independentista y profesional cualificado, le aseguró que ya estaba todo listo para la declaración unilateral de independencia, y que ya estaba calculado que los EEUU tardarían 20 minutos en reconocer al nuevo Estado. “Es que de lo contrario, apostilló, les abrimos las puertas a los chinos, y ante esta perspectiva… ¿qué otra cosa podían hacer?” 

¿Se puede vivir más lejos de la realidad? Pues bien, este mismo personaje le decía a continuación que acababan de conseguir el apoyo de los empresarios de Foment a la independencia. Consultando algo perplejo la noticia en distintas fuentes, resultó que no, que nada de nada. Unas semanas después, Mas les da “plantón” a los empresarios porque estaba en juego la dignidad de la Generalitatt. No coment…

Que la Filosofía no es el fuerte de los nacionalismos es de sobras sabido; menos aún del catalán. Pero a la vista de esta huida de la propia realidad que ellos mismos habían construido, no estaría de más que algún Think tank del independentismo le echara un vistazo a Kant. Concretamente a la Crítica de la Razón Pura, allí donde distingue entre dos acepciones de “realidad”, con dos términos alemanes cuyo uso en castellano o en catalán, por regla general es equívoco. Me estoy refiriendo a Realität  y a Wirklicheit. Ambos los traduciríamos por “realidad”, pero cada uno de los términos alemanes remite a un tipo de realidad distinto. 

Realität refiere al conjunto de notas que determinan un concepto. Ello dicho de forma somera. Un concepto que, por lo tanto, es “real” en la medida que tiene una “realidad”. Wirklicheit, por su parte, remite a algo así como “realidad efectiva”, a algo efectiva y materialmente existente. Es la distinción que le permite refutar el argumento ontológico de la existencia de Dios, por ejemplo. En el caso de lo “efectivo” en el sentido de “real-existente”, estamos en las mismas entrañas del  pensamiento filosófico ilustrado. En el otro, el de la “realidad” como definición de un concepto, estamos en Swedenborg y sus categorizaciones sobre los ángeles en “Los sueños de un visionario”. Donde “visionario” es el que ve lo que no existe materialmente: sus constructos delirantes.

La urdimbre que se construye sobre las tramas de significados que son los discursos nacionalistas, tiene mucho de “Realität” y poco de “Wirklicheit”. Como decía Leibniz, todo posible tiende a existir. Pero el grado de composibilidad del independentismo puede que entre en conflicto con dicha propensión.  A lo mejor el discurso independentista catalán ha funcionado hasta ahora precisamente gracias a la ficción de su propia “Realität”. Y ahora se vería metido en un cul-de-sac… sin solución de continuidad, porque si existe, no puede ser, y si es, no existe. Quizás por eso, cuando consigue su mayor éxito con la cadena humana, empieza a chocar con la realidad y se inicia el reflujo. Porque consiste en un constructo solipsista cuya vocación de existir choca con su propia esencia. 

Quizás porque, y eso rezaría tanto para el españolismo como para el independentismo, como sentenciaba Gabo García Márquez  “…las especies condenadas a cien años de soledad, no tienen una segunda oportunidad sobre la faz de la tierra”.

diumenge, 20 d’octubre de 2013

EL CUL-DE-SAC INDEPENDENTISTA o CIEN AÑOS DE SOLEDAD (I de II)




Tiene razón Jorge cuando afirma en su blog que hoy, en Cataluña, el independentismo es hegemónico, lo cual no significa que sea mayoritario. Lo mismo en relación al unionismo y a los números de asistencia a la concentración del 12 de octubre en Barcelona. Porque, claro, no hay que olvidar que el término unionista lo han acuñado los independentistas para todo aquél que no lo sea. Cierto que entre los unionistas los habrá españolistas, pero también muchos que son federalistas, confederalistas, republicanos, jacobinos, girondizantes, autonomistas y hasta es posible que apátridas vocacionales o por convicción. Y excepto los primeros, ningún otro grupo acudió a la concentración del 12 de octubre… 

Porque se trata de gente refractaria, de entrada –ya veremos de salida- a este tipo de escenificaciones patriotero-populistas, se trate del 11 de septiembre o del 12 de octubre. Vivan en Barcelona, en Madrid o en la isla de Diego García. El mismo Jordi comentaba el otro día el escaso entusiasmo que la idea de España suscita entre una buena parte de la población. Y lo dice desde Valladolid. 

Sociológicamente, los no entusiasmados por España en Valladolid y que, por lo tanto, no van a los actos del 12 de octubre, serían sectores de población análogos a los que, en Cataluña, no van ni al 11 de septiembre ni al 12 de octubre. Que desde el independentismo catalán se les llame unionistas indiscriminadamente no demuestra sino dos cosas. La primera, que un determinado sector de población, más o menos fanatizado, trasnochado o montaraz, lo constituye en España el españolismo; la segunda, que este sector en Cataluña está constituido por independentistas, mayoritarios, y por españolistas. Del otro lado, y a ambas orillas del Ebro, la otra España –en Cataluña llamados unionistas, quitando a los españolistas-. Una vez más las dos Españas, sólo que, desde esta perspectiva, el nacionalismo catalán está en un lado que muchos de sus entusiastas seguidores ni siquiera remotamente sospechan. 

También es cierto que este unionismo que queda en Cataluña, una vez excluidos por méritos propios los españolistas, está muy lejos de ser hegemónico. Y ello es así porque...

En primer lugar, queda atrapado entre los medios al servicio del independentismo de Mas y Junqueras –todos los radicados en Cataluña-, y la caverna mediática, en cualquiera de sus versiones -pedro-jotera, cornúpeta o tonsurada-. En todos los casos, deyección de doctrina escatológica de la peor especie. 

En segundo lugar, no hay en Cataluña un discurso elaborado desde esta opción para hacer frente al apogeo hegemónico del independentismo, porque aborrece por igual, o más, dados sus precedetnes históricos y sus propensiones chulescas, al españolismo recalcitrante que al independentismo catalán irredento, hasta ahora más tendente al victimismo. Muy hábilmente, el nacional-pujolismo supo maniobrar camaleónicamente y aprovechar esta situación, tendiendo a la vez una red de complicidades y de sobreentendidos, una auténtica piovra que, al convertirse en independentismo explícito y además hegemónico, pilló a la mayoría con los meaos en el vientre. Este es el discurso que tendría que haber articulado, por ejemplo, un PSC. Pero en lugar de esto ha preferido hacer de palafrenero del nacionalismo. Huelga decir que, hoy por hoy, el PSC está incapacitado para producir este discurso, porque no tiene a nadie capaz de producirlo. 

Y en tercer lugar, porque este es un discurso que debería surgir también de estos mismos sectores sociales análogos en el resto de España, pues se trata en definitiva de un discurso de civilidad que ponga de una vez a España sociológicamente en Europa occidental y que aplique un tratamiento anticaspa definitivo. Y al igual que en Cataluña, este sector tampoco dispone de discurso en el resto de España, ni de ninguna instancia que parezca hoy por hoy capaz de estar en condiciones de producirlo. Lo que decíamos del PSC en Cataluña, sirve en clave española para el PSOE.  Y en cuanto a medios de comunicción, lo único que se le parece lejanamente, es “El País” o “La Sexta”, ambos intoxicados con los tópicos de una izquierda antiilustrada y ramplona, cuando no demagógica y autocomplaciente..

Diríase que ante este panorama podría parecer que el independentismo catalán está en su mejor momento. Sólo se le opone frontalmente el españolismo puro y duro, manifiestamente débil en Cataluña, y que habría que ver si, llegado el momento con el que sueñan los think tanks independentistas, es decir, si llegado el momento de los tanques, iba a ser capaz de mantener la tensión o le iban a correr a gorrazos en media España.  Vamos, que ya están preparando la declaración unilateral de independencia.

Pues bien, a mí me parece que su mejor momento ya pasó y que fue el último 11 de septiembre. Desde entonces hay bastantes piezas del engranaje que parece que cada vez rechinan con más frecuencia. Y claros síntomas de sectores de la sociedad civil catalana que están empezando a atreverse a decir que basta ya de payasadas.
(Continuará)

dissabte, 19 d’octubre de 2013

¡QUÉ TIEMPOS AQUELLOS!

Aunque parezca mentira, hubo un tiempo en que primó un cierto sentido común educativo; hoy el menos común de todos los sentidos. ¡Qué tiempos aquellos!

divendres, 18 d’octubre de 2013

MÁS SOBRE FALACIAS EDUCATIVAS: CANTIDAD VS CALIDAD (III de III)



Volvamos al deporte y situémonos en un contexto imaginario en que su práctica fuera obligatoria desde los 6 hasta los 16 años, con el saludable objetivo de que toda la población haya hecho deporte, entendido como un derecho inalienable. ¿A qué nivel lo situamos y qué deportes se imparten? ¿Debería permitirse que, después de un periodo propedéutico cada cual eligiera el que más le convenga, según sus preferencias y aptitudes para ello? ¿O deberían establecerse unos mínimos que acrediten un cierto aprovechamiento? ¿Y si en lugar de unos mínimos se establecieran unos máximos que no se deben superar, en aras al loable proyecto de asegurar la igualdad y evitar cualquier tipo de discriminación?

¿Dónde deberían establecerse los niveles de exigencia en la práctica deportiva universalizada y obligatoria para que, a la vez que estén a razonable alcance de la «diversidad» de constituciones físicas humanas, aseguren unos niveles de calidad que permitan seguir extrayendo futuros deportistas de élite y una pirámide demográfica mínimamente estética según los distintos niveles a que cada cual, después de la «deportización» obligatoria, decida qué quiere hacer con el deporte y esté en condiciones de optar a ello?

No puedo saber, desde luego que no, dónde estarían estos niveles «medios» teóricos, pero sí sé que, en la práctica, y si se quiere seguir asegurando la «excelencia» deportiva, no podría haber de ninguna manera uniformización, sino distintos recorridos, distintos itinerarios, según agrupación de las aptitudes físicas de cada cual y con sus respectivas acreditaciones diferenciadas. Y que el que consiga una determinada marca accede a la siguiente etapa y el que no la consiga, no.

En el mundo educativo, en cambio, se optó por la uniformización con un agravante que todavía empeoró más la situación. Traspasado al mundo del deporte, lo que se hizo en Educación sería como si, hasta los 16 años y para evitar cualquier discriminación, se proclama que todos somos deportistas y, a continuación, para asegurar esta igualdad deportiva, se obligara a los corredores más rápidos a competir con una mano y un pie atados, para que así nadie pueda sentirse discriminado.

Eso, que cualquier puede entender que en el mundo del deporte sería aberrante, es lo que se ha hecho en Educación con el aplauso de una amplia mayoría.
¡Ah! una última cosa, en deporte manda el entrenador; no los deportistas, ni los padres de los deportistas. Y los entrenadores son ex deportistas de la especialidad, no teóricos de la «deportividad» que no han bajado nunca a una cancha o no se han tirado jamás a una piscina.

dijous, 17 d’octubre de 2013

MÁS SOBRE FALACIAS EDUCATIVAS: CANTIDAD VS CALIDAD (II de III)



No, lo que ocurrió en el 92 no fue el resultado de unas inversiones en deportistas de alta competición que se hubieran previsto hacia el 86, cuando se produjo la adjudicación de las Olimpíadas. Es decir, sí que fue así, pero había una realidad dada que consistía en una aceptable cantidad de práctica deportiva entre la población, sin la cual los proyectos de alto rendimiento hubieran carecido de objeto. ¿Y cómo se había producido esta realidad que lo permitió? Vamos a ser muy claros, aunque la traducción al ámbito educativo, mutatis mutandi, les pueda parecer una blasfemia a algunos.

En realidad, y más allá de la asignatura de Educación Física -por entonces todavía una «maría»- no se obligó a nadie a adscribirse a ningún tipo de práctica deportiva. Pudo incentivarse, eso sí, y en cierto modo acabó instalándose como un lugar común social. Pero quienes se iniciaban en la práctica de algún deporte, lo hacían movidos por las más variadas motivaciones. Desde, simplemente, para hacer algo, porque es saludable y todo esto, hasta para competir hasta donde uno pueda y quiera llegar. Para unos podía ser una afición, para otros una religión. Muchos, llegado el caso de tener que optar entre la abnegación y férrea disciplina necesarias para aspirar a la alta competición, y la incerteza de conseguirlo, optaban por quedarse a medio camino; otros no, perseveraban en su apuesta. De entre estos últimos, algunos, los menos, lo conseguían... La mayoría, consciente de sus limitaciones, se quedó con una práctica de media o baja intensidad.

En definitiva, el nivel de práctica al que cada cual se adscribía venía dado por la propia opción personal y, también inevitablemente, por la propia consideración de las capacidades de uno y su disposición a acometer el reto. Para muchos lo más importante eran los estudios, y el deporte un complemento; para otros al revés... La opción, en cualquier caso, era personal.

En conclusión, la práctica deportiva se realizó, y se realiza, a muy distintos niveles, pero al haber cantidad, se pudo obtener de ella la calidad necesaria para afrontar dignamente unas Olimpíadas. Y no se obligaba a nadie, cada cual elegía su propia opción. Tampoco el éxito del que optaba por la alta competición estaba garantizado. Más bien al contrario, era y es un mundo altamente competitivo, como su nombre indica, y terriblemente selectivo. Sólo los mejores llegaban.

¿Y qué tiene todo esto que ver con la educación? Pues me temo que mucho, porque nos encontramos ante una simetría especular casi perfecta en el sentido que, en un caso, podemos decir que la cantidad llevó a la calidad a partir de una determinada manera de hacer las cosas. En el otro, la educación, la aportación de cantidad produjo resultados opuestos, también debido a otra manera de hacer las cosas.

En Educación se decidió que todo el mundo debe estar escolarizado, como mínimo, hasta los 16 años. De entrada no parece una idea descabellada. Algo así, siguiendo con nuestra analogía, como si se decidiera la obligatoriedad de practicar algún deporte también hasta esta misma edad. Ahora bien ¿qué deporte y a qué nivel? En Educación se optó por una universalización uniforme, con unos requisitos minimalistas que garantizaran que a la práctica totalidad de la población su consecución en condiciones de igualdad como punto de llegada.

Todos sabemos que quien aspire a ser algo en algún deporte, y más hoy en día, debe haberse iniciado en él a cierta edad temprana. No parece probable que nadie que se inicie en la natación, por ejemplo, a los 17 años, vaya a llegar demasiado lejos en este deporte. Ni en éste ni en cualquier otro. Y todos sabemos también que el aprendizaje escolar pasa por una serie de fases, según la edad, la superación de las cuales permite el acceso a la siguiente, como si de los peldaños de una escalera se tratara.

Como en el caso de la práctica deportiva, tampoco parece probable que, por regla general, alguien que aprenda a sumar y a restar a los 16 años, vaya a estar en condiciones de ser un matemático excelso a la edad en que los profesionales de la matemática son intelectualmente más productivos, entre los 30 y los 45. Todo aprendizaje, sea físico o intelectual, y toda práctica en este aprendizaje, es un proceso que consta de diferentes fases cada una de las cuales es necesaria para su correcta asunción.
Dicho más claro, ni los institutos están -o más bien no deberían estar- para enseñar a sumar y a restar, o a leer y a escribir, aprendizajes que se corresponde a una fase anterior, ni las facultades de matemáticas están para enseñar raíces cuadradas. Exactamente de la misma manera que los centros deportivos de alto rendimiento no están para enseñar las reglas del baloncesto o de los 400 metros vallas.

dimecres, 16 d’octubre de 2013

MÁS SOBRE FALACIAS EDUCATIVAS: CANTIDAD VS CALIDAD (I de III)



Como ya apunté en cierta ocasión, cuando los desastres de la LOGSE eran evidentes para cualquiera que no estuviera ideológica o crematísticamente ofuscado, la última excusa que, a modo de legitimación, aducían algunos de sus partidarios, era que el deterioro de la calidad es el precio que hay que pagar por la cantidad. Es decir, que la escolarización universal hasta los 16 años comportaba inevitablemente una caída de niveles, para que así todos pudieran llegar a lo mismo.

Un argumento de consolación más que discutible por muchísimas razones. En primer lugar, porque la escolarización hasta los 16 años estaba prácticamente universalizada antes de la LOGSE. Igualmente, parece también cuestionable que, como apunta Luri, para escolarizar al 7% de la población entre 14 y 16 años que supuestamente no lo estaba en 1990, se haya tenido que pagar un tributo del 30% de fracaso escolar. En cualquier caso, lo que aquí me interesa es el argumento según el cual la cantidad implica siempre y necesariamente una caída de la calidad media. Porque es simplemente una falacia.

No cabe duda de que en el caso la LOGSE así ha sido. Pero a lo mejor el problema no está en la incorporación de la cantidad, si no en la forma como se llevó a cabo. Porque en otros ámbitos, el aumento de la cantidad ha tenido como correlato el aumento de la calidad. El caso de la práctica del deporte en España me parece un claro ejemplo de ello.

España era, todavía en los sesenta, un país deportivamente subdesarrollado. Precisamente por su escasez, podemos recordar sin problemas a los pocos que destacaron mínimamente en el plano internacional. Desde Lilí Álvarez en los años veinte jugando al tenis en traje de noche, los únicos mitos deportivos que produjo este país fueron Blume -a la sazón más bien alemán-, Bahamontes y Santana. Cierto que podríamos incluir algunos otros, como Gimeno, u Ocaña, y acaso algún que otro futbolista, como Gento o Suárez, pero no dejan de ser flores en un inmenso erial.

A partir de los años setenta, la práctica deportiva empieza a extenderse paulatinamente entre distintas capas de población que, hasta entonces y por diversas razones, se habían mantenido al margen de ella. En los ochenta empieza a generalizarse y, finalmente, en las Olimpíadas del 92 en Barcelona, España obtuvo unos resultados homologables a su lugar en el mundo. Luego bajó, pero no se volvió al erial. Su puesto en el ranking deportivo es más o menos homologable con otras variables como la población, el PIB o la renta per capita...¿Qué ocurrió y cómo se produjo este cambio?

Parece evidente que el aumento exponencial del número de personas que se iniciaron en algún tipo de práctica deportiva tuvo algo que ver con eso. En apenas veinte años, se pasó de un país en que la práctica deportiva era más bien un acto social y exclusivo de las élites económicas, a otro con unos cientos de miles de licencias federativas. Obviamente, la mejora económica y el acceso a un cierto estado del bienestar propició la creación de todo el entramado necesario como para que esto se produjera. Basta que pensemos, quienes vivimos estas épocas, en la cantidad de nuevas piscinas, polideportivos, gimnasios o pistas de tenis que fueron apareciendo. O que pensemos también en la extensión de la práctica deportiva entre nuestra generación y la confrontemos con la de nuestros padres o incluso con un par de cohortes anteriores a la nuestra.

Sólo con esta constatación quedaría meridianamente claro que la cantidad aportó calidad. Es verdad que la perspectiva de unas Olimpíadas en casa activó proyectos y se invirtió dinero para conseguir cierta «excelencia» que evitara los seculares ridículos deportivos a que estábamos acostumbrados. Pero no es menos cierto que, para que estos proyectos se pudieran llevar a cabo con cierto éxito, se requería que hubiera el correspondiente material humano donde elegir y seleccionar. De lo contrario no hubieran servido para nada. Si en lugar de haber sido en 1992, las Olimpíadas de Barcelona se hubieran celebrado en 1970, ni todo el oro del mundo hubiera servido para aportar una sola medalla.