dimarts, 28 d’agost de 2012

LOS SOSPECHOSOS HABITUALES: A VUELTAS CON LA MUERTE DE PRIM (V)

         

                           Montpensier                            Serrano                               Paúl y Angulo

LOS SOSPECHOSOS HABITUALES


Ciertamente, y esa es la línea conceptual de la que creo que parte Pedrol Rius para ordenar e interpretar los hechos, se ha apuntado en más de una ocasión la posibilidad de que, si es verdad que Prim se había convertido en un problema para tirios y para troyanos, se hubiera dado algún tipo de alianza tácita entre facciones rivales, incluso enemigas a muerte, para acabar con el problema común. Esta teoría abonaría la idea de una conspiración de Estado y explicaría las posteriores brumas que envuelven la investigación sobre el magnicidio. Muerto Prim, él al hoyo y los vivos cada uno a su bollo. Se corre un tupido velo y aquí no ha pasado nada. La consideraremos como hipótesis, pero no me parece verosímil.
De manera que, dentro del margen para la especulación que tenemos en esta investigación/divertimento, en la cual sólo podemos basarnos en un tratamiento lógico de hechos que otros nos han aportado, veamos quiénes han sido los “sospechosos habituales” según las historiografías oficiales.
En un sentido u otro, la autoría de la muerte de Prim se ha atribuido a los siguientes personajes, facciones o sectores ideológicos:
1.- El duque de Montpensier y su presunta facción, los montpenserianos.
2.- Los elementos radicales del republicanismo federalista, cuyo más conspicuo elemento sería un diputado andaluz y activista radical, supuesto autor material del asesinato, José Paúl y Angulo.
3.- El general Serrano.
4.- La trama cubana: Los negreros cubanos o, subsidiariamente, los independentistas cubanos.

Hay también algunas fabulaciones extravagantes que sitúan a Napoleón III en la cúspide de la conspiración contra Prim. Según esto, el emperador francés habría solicitado a Prim la ayuda de España en la guerra contra Prusia de 1870. A cambio, Napoleón III garantizaba el reconocimiento por parte de Francia de la República española. Prim, ni interesado en la república ni, menos aún, en enfrentarse militarmente a los prusianos, habría declinado la petición. En venganza, Napoleón III habría organizado la conspiración que llevó a Prim a la muerte. Una pista delirante, sin más.

Más allá de la insignificante ayuda que España podía representar para el Segundo imperio en su guerra contra la Prusia de Bismarck, lo cierto es que Napoleón es derrotado y hecho prisionero por los alemanes el 2 de septiembre de 1870, en Sedán. Dos días después es depuesto por la III República y en poco tiempo estalla la Comuna de París. El atentado contra Prim tendrá lugar el 27 de diciembre del mismo año, tres meses y medio después después. Difícilmente podía Napoleón III urdir y financiar atentados contra políticos extranjeros, prisionero como estaba de los alemanes, primero, o destituido y exiliado, después. Otras cuestiones mucho más perentorias ocupaban su atención por entonces.

Nos quedan pues cuatro sospechosos. Vayamos a por ellos.

dissabte, 25 d’agost de 2012

A VUELTAS CON LA MUERTE DE PRIM (IV)



OBJECIONES



Hay cosas que no cuadran. Y como sólo disponemos de la información que se nos suministra de otras fuentes, no tenemos más remedio que analizar lógicamente estos hechos e inferencias, así como las inconsecuencias lógicas, que no necesariamente de hecho, que podamos detectar.
Y así tenemos que la cuadrilla de sicarios que llevó a cabo el atentado habría estado encabezada por Paúl y Angulo y formada por gente afín a su ideario político radical. Pero esto, al margen de que Paúl y Angulo siempre lo negó, no acaba de casar con una interesante aportación del propio Pedrol Rius: la trama estaba tan bien preparada que se arregló el traslado al extranjero –Sudamérica, principalmente- de algunos de los participantes, presumiéndose que allí recibieron una generosa recompensa que les permitió rehacer su vida. Pero es que los que se quedaron en España, fueron, con el tiempo, siendo sistemáticamente eliminados para que no hablaran. La primera muerte extraña, aunque accidental en el sentido de “pasaba accidentalmente por allí”, apunta Gibbon que fue la de una antigua confidente de la policía, que vio los disparos de la cuadrilla contra el carruaje de Prim y afirmó haber reconocido al inspector de marras merodeando en la propia calle del turco apenas unos instantes después. Pero además, es que si el pacto de silencio es harto improbable, que se cumpliera es del todo inverosímil.
En un país convulso políticamente y tan propenso al enfrentamiento, a la delación y al “coriolanismo”, de pronunciamientos, guerras civiles y súbitos cambios de régimen y de bando, no parece probable que ninguna facción –y todas ellas tuvieron en mayor o menor grado sus cuotas de poder en distintos momentos- dejara pasar la oportunidad de utilizar la muerte de Prim como arma arrojadiza contra la facción contraria. Y si encima pensamos en unos sicarios que ven como sus compinches están despareciendo uno tras otro, resulta difícil pensar que se quedaran quietos.
Pero antes de proseguir se impone una aclaración. Hemos considerado el estudio de Pedrol Rius como la versión oficial/oficiosa por su doble condición de referencia ineludible y, en cierto modo, concluyente, sobre el asesinato del general Prim. Eso por un lado. Ahora bien, por el otro, este carácter de versión oficiosa  vendría dado por el hecho de que, a pesar de todo, sigue sin tratarse el asesinato del general Prim, afirmando que su muerte fue el resultado de un complot urdido por el duque de Montpensier y ejecutado por José Paúl y Angulo, de la misma manera como, por ejemplo, se afirma que el asesinato de Trosky lo llevó a cabo Ramón Mercader obedeciendo órdenes directas de Stalin. Así pues, y desde esta perspectiva al menos, la muerte de Prim sigue siendo un enigma histórico no resuelto como lo pueden ser la muerte del heredero austro-húngaro en Mayerling o el asesinato de Kennedy. No es, en absoluto, un tema zanjado.

dimecres, 22 d’agost de 2012

A VUELTAS CON LA MUERTE DE PRIM (III)


La Versión «Pedrol Rius»

La versión oficial/oficiosa de la muerte de Prim es la presentada por Antonio Pedrol Rius en su estudio de 1960. Cabe decir también que los recientes estudios realizados por la Universidad Camilo José Cela, de Madrid, abundan en la misma línea. En la actualidad, y tal como ha aparecido recientemente en los medios de comunicación, el departamento forense de dicha universidad está analizando el cadáver momificado de Prim con la finalidad zanjar el tema de una vez por todas.

A partir en un estudio concienzudo y pormenorizado  de la documentación contenida en los expedientes judiciales –más de 18000 folios-, así como investigaciones llevadas a cabo por él mismo, Pedrol Rius concluyó que el autor material de la muerte de Prim fue José Paúl y Angulo, al frente de una cuadrilla de ocho sicarios, y que el asesinato fue instigado y financiado por Antonio María Luis de Orleans, duque de Montpensier, siendo su secretario personal, Felipe Solís, quien ejerció de enlace entre instigadores y autores materiales. Montpensier habría estado en tácita connivencia con el general Serrano, o acaso incluso contó con su abierta complicidad. Desde entonces, Montpensier es el sospechoso número uno de la muerte de Prim, Paúl y Angulo está considerado el sicario que llevó a cabo la ejecución del atentado.

Si tenemos en cuenta que Paúl y Angulo era un republicano federalista radical, Montpensier un monárquico que quería ser rey de España –lo cual nadie ignoraba- y Serrano un militar ambicioso de tibias lealtades y algo gigoló que se vendía al mejor postor, de ideología más bien reaccionaria, la verdad es que sólo se echaría de menos a los carlistas para que no faltara ninguna facción en la foto de familia de los asesinos de Prim...
Aristotélicamente hablando el asesinato de Prim respondería, según esto, a las siguientes causas: la causa material sería José Paúl y Angulo, al frente de un grupo de sicarios correligionarios suyos; la causa formal -entendámosla como la concepción intelectual de la idea de acabar con Prim, sería el duque de Montpensier; la causa eficiente -elaboración de la trama,  planificación, financiación...- recaería en el secretario de Montpensier, Solís, que habría contratado a los sicarios, y también, quizás, en un obscuro inspector de policía, José Mª Pastor, acaso relacionado con Serrano, que les habría proporcionado cobertura; la causa final, en cambio, es precisamente la que no se ve tan clara, por más evidente que pueda parecer, como intentaremos argumentar más adelante. De todos modos, según el plantemiento de Pedrol Rius y siguiendo con las causas aristotélicas, la eliminación de Prim debía despejar el camino del duque de Montpensier hacia al trono de España.

¿Podemos dar por buena la tesis de este complot generalizado entre grupos no ya rivales, sino enemigos mortales, que se conjuran para eliminar a Prim y que luego, como consecuencia de la amplitud del complot, se impone una ley del silencio universal ante la obviedad de que nadie estaría interesado en remover el tema? Sin pretender quitarle consistencia a la investigación de Pedrol Rius, a mí me parece que no. ¿Por qué?

dilluns, 20 d’agost de 2012

A VUELTAS CON LA MUERTE DE PRIM (II)


En otras palabras, si por razones de Estado no se quiso resolver el caso en algún momento, lo cierto es que estas mismas razones de Estado podían invertirse con cualquier cambio de facción en el poder o de régimen. Podemos aceptar que ni la débil monarquía de Amadeo ni la República consiguieron resolverlo; y el régimen de la restauración no estuvo demasiado interesado en el tema. De acuerdo. Ahora bien, muchos de los personajes que estuvieron con Prim, o en contra suya, siguieron en la carrera política durante Amadeo, la República y la Restauración. Y sesenta años después de la muerte de Prim, con la II República, es razonable pensar que el régimen sí estaría interesado en resolver el magnicidio, si es que se acordaban. Ello partiendo de la base, ciertamente, que los autores intelectuales de la muerte de Prim fueran, por ejemplo, los montpensierianos y el propio Montpensier, o Serrano o los negreros cubanos. Simétricamente, por las mismas razones cabe pensar que si hubieran sido los elementos más radicales del republicanismo federalista, entonces hubiera sido el régimen canovista el primer interesado en resolver el caso. Ni así.

Y esto, como decía, es lo primero que resulta altamente sospechoso. Parece que una vez muerto Prim, bien muerto estuvo y se gestó una especie de acuerdo universal en no remover el tema. Sencillamente el silencio, el enigma y las consiguientes especulaciones.  La relevancia y los cargos de los conspiradores puede servir para Kennedy, pero no para Prim. Y sin embargo, nada. Ni unos ni otros han podido o querido resolver el enigma de la muerte de Prim. Como si una vez muerto el general, a nadie le interesara dar con sus asesinos. Algo así denunció Valle-Inclán: “Una cautelosa y poderosa influencia velaba para embrollar el esclarecimiento del asesinato del general Prim”.
Empezaremos por la versión que hoy en día se tiene como defintiva y que es, en cualquier caso, un referente ineludible: el estudio de Pedrol Rius de 1960.

dissabte, 18 d’agost de 2012

A VUELTAS CON LA MUERTE DE PRIM (I)


Sorprenden de entrada los paralelismos entre las muertes de Prim y de Kennedy: la intuición de que una poderosa urdimbre estaba detrás de ambos magnicidios; la torpeza de las respectivos sistemas policiales y judiciales; la sospechosa eliminación de supuestos sicarios y la desaparición, como si se los hubiera tragado la faz de la tierra, de otros; la sospecha de que los poderes del Estado se dedicaron a obstruir las investigaciones; la creencia popular según la cual en ambos casos se conocía la verdad por parte de los altos poderes Estado, una verdad que estaba ocultándose … Incluso en el terreno de la anécdota histórica, resulta que en ambos casos se intentó echarles la culpa a los cubanos.

Pero aquí se acaban los paralelismos. Estamos probablemente, en ambos casos, ante una conspiración de Estado que tuvo como consecuencia la muerte violenta del primer mandatario de la Nación; unas muertes no resueltas policialmente. Pero lo mismo que, de ser así, explicaría en el caso de Kennedy que aún hoy, casi cincuenta años después, no se haya resuelto el caso, es precisamente lo mismo que en el caso de Prim no resulta explicable, y ahí aparece la primera gran diferencia.

Porque si el asesinato de Kennedy fue una conspiración de Estado, ésta se dio dentro de un régimen que sigue siendo el mismo cincuenta años después. Cabría por lo tanto pensar que las mismas razones por las cuales no se desveló en su momento siguen valiendo hoy como secreto de Estado.

En el caso de Prim es todo lo contrario. En los EEUU no se ha producido ningún cambio de régimen desde la independencia de Inglaterra; en España los ha habido a decenas y de todos los colores en este mismo periodo de tiempo. Así por ejemplo, la razón fundamental que en la novela de Gibbon mueve al periodista Boyd a apresurar su viaje, es precisamente la inminencia de un cambio de régimen. Era sensato suponer que tras una restauración borbónica, el interés por resolver el asesinato de Prim iba a entibiarse mucho. Como efectivamente fue. ¿Pero sólo la Restauración canovista no tenía demasiado interés en perseverar en el caso Prim?

UNA DE "L'OESTE": WESTERN I IDEOLOGIA (XXXIII)


III.3.- EL WESTERN TRÀGIC: LA REDEMPCIÓ PER L'HEROISME (12)



A la qüestió social se li afegeix un triangle amorós entre Averill, la seva companya Ella (Isabelle Huppert) -una prostituta que regenta un burdell- i un client enamnorat d’Ella, Nathan D. Champion (Christopher Walken), un pistoler de l’associació que serà al final assassinat pels mercenaris quan es rebela contra els seus patrons i tracta de defendre Ella.
Assabentat Averill de l’existència de la llista negra i de les intencions dels ramaders, decideix avisar els immigrants i els aconsella presentar resistència junts, l’únca opció raonable. Però Averill no té encara clar quina opció personal seguir, dimitir de sheriff i marxar, o implicar-se personalment en la defensa dels immigrants. Soggereix a Ella marxar junts; Averill, de família rica i amb recursos, s’ho pot permetre. A més, Ella figura també a la llista de condemnats a mort. Però Ella dubta. Champion li ha proposat també de casar-se i marxar. Quan Ella sembla decidida a favor de Champion, comença el conflicte: uns pistolers entren casa d’Ella amb l’intenció de matar-la, Champion la defèn i el maten. Finalment arriba Averill que mata els pistolers.
La història del triangle amorós té aquí dues versions. En la versió original, molt més llarga -219 minuts contra 149- Ella és violada i morta pels pistolers, mentre que a la versió que es va comercialitzar, Averill salva Ella i es posa al front de la insurrecció. Irvine mor borratxo en un tiroteig. Finalment, quan l’exèrcit intervé per aturar la mort dels pistolers i ramaders, Averill i Ella, ara amb una sola opció, marxen junts decidits a començar una nova vida. A la versió original, Averill retorna sol al seu món. Un epíleg breu i mut ens mostra un Averill envellit retornant al seu món a bord d’un luxós vaixell a Newport, Rhode Island.

Més enllà de la història d’amor, Cimino inverteix el termes clàssics que havien estat tòpics al gènere del western. L’itinerari bíblic de la terra de l’esperança se segueix mantenint, certament, però els personatges no. Ara no són els indis l’enemic dels pIoners, sinó els mateixos americans de primera generació. Això queda simbolitzat clarament en l’escena de la guerra, en la qual els terratinents blancS es veuen envoltats, com les caravanes atacades pels indis, pels nous colons blancs. Però ara els indis no ataquen oferint-se com un blanc fàcil a la punteria dels blancs. Assessorats per Averill, construeixen un carro de combat a l’estil dels antics romans per apropar-se a la posició enemiga. L’exclamació del comandant de l’exèrcit quan arriba és prou significativa: maleïts romans. El que havia de ser una matança de colons pot acabar esdevenint una criba de ramaders; i encara més: què pintava un sheriff ric i de bona família comprometent-se amb aquella gent i ensenyant-los tècniques de combat que havia après a les seves lliçons d’història? Per què els cultes gosen a ficar-se entre els pàries?
 
Heaven’s Gate acaba amb el gènere del western per tal com desvela l’entramat mítico-fundacional d’una nació que se l’havia inventat per legitimar les seves pròpies contradiccions. La idea de la terra de les oportunitats i el somni americà queden desemmascarats com el que realment eren: pura retòrica ideològica. Malgrat tot, i sense que una cosa tregui l'altre, "sempre ens quedarà el western".

dijous, 16 d’agost de 2012

LECTURAS ESTIVALES: "LA BERLINA DE PRIM"



Es la lectura más destacable… hasta ahora. Pero a estas alturas de agosto no creo que haya ya ningún gran descubrimiento por hacer. Sólo, si acaso, las relecturas emprendidas de las que luego hablaré por su relación con el tema.

Escrita por el conocido hispanista irlandés Ian Gibson, “La berlina de Prim” es a la vez una novela y un trabajo de investigación histórica. Como novela no es gran cosa, pero ello se disculpa en la medida que está al servicio de la investigación histórica. Previsible y con una trama argumental algo vulgar en su desarrollo y desenlace, aunque amena. Y esto vale tanto para el uso y abuso los tópicos británicos sobre España –Carmen convertida en aristócrata sevillana liberal, esposa de un marqués reaccionario y aburrido, que cae perdidamente enamorada del primer británico que se le pone a tiro-, como para el gazapo relacionado con la edad de José Paúl y Angulo, uno de los posibles candidatos a asesino de Prim. Y eso sí, homenaje a Galdós incluido: el nombre de Araceli para la Carmen metamorfoseada no creo que sea casual. El trabajo de investigación histórica, por su parte, me parece francamente bueno y apasionante. Tan apasionante como el tema que aborda: ¿Quién mató al general Prim?

Un periodista irlandés que trabaja para un importante rotativo londinense, viaja a España a finales de 1873 -la I República está agonizando- con la intención de resolver el misterio del asesinato de Prim, tres años antes. Hijo póstumo de un militar irlandés compañero de Torrijos en su expedición de 1831, y fusilado con él junto al resto de la frustrada expedición, los escenarios en que se moverá serán Sevilla y Madrid, además de una breve incursión en el sur de Francia. Cuando parece que Boyd –así se llama el periodista- está en el tramo final de sus investigaciones, una bala “accidental” acaba con su vida al toparse con una cacería durante una excursión por las marismas de Doñana. Si había averiguado algo concluyente, se lo llevó consigo a la tumba.

A mí lo que me ha apasionado es la reconstrucción, hasta donde esto es posible, de la trama que llevó al atentado y muerte del primer mandatario español –otros cuatro han seguido posteriormente su estela, por ahora-. Obviamente, Gibson no resuelve el magnicidio, pero nos da algunas claves importantes para entender la situación en la cual se produjo la muerte de Prim. Gibson parece encaminarse hacia la tesis de los montpensierianos como inductores del magnicidio, pero aporta también datos que no acaban de dar por buena o definitiva esta teoría que, desde el estudio de Pedrol Rius en 1960, es tenida como la más verosímil.

A mi parecer, el gran problema que implícitamente se plantea en la investigación de Gibson es el siguiente: cómo pudo producirse, en un país como España, una trama de tal envergadura con un complot tan bien urdido y de factura tan precisa que no dejó prácticamente rastro alguno. Porque pistas las hubo, ciertamente, pero todas acababan agotándose en ellas mismas. Da como la impresión que dichas pistas hubieran estado puestas precisamente para desviar la atención de los investigadores.

Que se trató de una conspiración parece evidente, lo que no está tan claro es quién o quiénes estaban detrás de ella. Se han dado tradicionalmente cuatro posibles pistas: el duque de Montpensier, el general Serrano, los negreros hispano-cubanos y los republicanos federalistas, por separado o “interactuando”. En cada caso, las razones para desear la muerte de Prim varían. Ninguna de ellas ha podido ser demostrada de forma concluyente. Ninguna.
De momento, he empezado por releer a Galdós: “Prim”, “La de los tristes destinos” y “España trágica”. Como mínimo, me situará en contexto. Volveremos sobre ello.

dimecres, 15 d’agost de 2012

CAP FOC AL BOSC?

CAP FOC AL BOSC... SI NO ÉS D'ESCOPETA!




Des de començaments de l’estiu que se m’emporten els dimonis cada vegada que sento la carriclona cantarella del “cap foc al bosc”. No miro massa la televisió, però m’he trobat aquest espot cada vegada que he simptonitzat TV3. D’això dedueixo que la freqüència de la seva emissió deu ser altíssima. El to livià i el bon rotllet que es pretén transmetre en una cosa tan seriosa com el foc al bosc em sembla d’una frivolitat inadmisible.
Pensar que un espot publicitari pugui disuadir els irresponsables, els psicòpates o els sociòpates que hagin decidit fer del foc al bosc una negligència, un divertiment o un negoci, és il·lusori. Si hi ha alguna manera de disuadir aquesta patuleia no és amb pallassades, això segur. I si el que es pretén és sensibilitzar l’opinió pública sobre el perill dels incendis forestals –un objectiu que compartiria plenament-, més aviat el que caldria són les colpidores imatges del que realment és un incendi al bosc i les seves seqüel·les: la imatge de desolació d’un bosc cremat, l’esquilmament de la fauna, la llista bombers i voluntaris morts, la gent que ho ha perdut tot… Si hi ha alguna imatge que s’acosti al que podría ser el  Tàrtar, sens dubte és la d’un bosc cremat. Enfí, que la cursileria del “Cap foc al bosc” em treu de polleguera. Però avui ja ha sigut massa.
Quan aquest matí he sortit amb la bicicleta de muntanya i he anat més enllà de la zona del Mèdol –part nord-est del terme municipal de Tarragona- he començat a sentir trets d’escopeta.  Hi havia caçadors a la zona. He seguit endavant i al cap d’uns minuts he trobat un grup d’excursionistes fugint de l’ofensiva de la “Armée bouffe”. “Hoy se ha abierto la veda, y estos disparan contra todo lo que se mueve” ha dit la senyora que encapçalava la retirada de l’escamot.
Com a practicant de BTT m’ha tocat patir altres vegades aquest fatxendes de vol gallinaci engarlandants com si fossin marines panxuts. Però no és ara la qüestió quina opinió pugui tenir jo de la caça i dels caçadors, sinó quelcom molt més greu.
La temporada de caça ve regulada per la Generalitat de Catalunya, que a través del mateix Departament que patrocina –i paga- el “Cap foc al bosc” i ens adverteix contra les burilles tirades per la finestra, les barbacoes horteres al camp o cremar de rostolls, resulta que obre ara la temporada de caça en plena canícula, sequera extrema i temperatures d’alt risc d’incendi.
Com es pot entendre això? És que no saben a la Generalitat què és una arma de foc? És que no saben que disparar amb arma de foc en un bosc sec és tan perillós per al risc d’incendi com ho puguin ser una burilla encesa o una barbacoa hortera?  I resulta, a més a més, que mentre prohibeixen l’accés a determinades zones forestals, permeten l’ús d’armes de foc en una altra que, per cert, ja s’ha cremat parcialment tres vegades en els últims quinze anys. Són només imbècils o també cínics?
Això sí, el “Cap foc al bosc” seguirà torturant-nos fins a la tardor. I amb el fals bon rotllet que es gasten, segur que considerarien de molt mal gust la meva proposta de canviar el lema “Cap foc al bosc” pel següent:
CAP FOC AL BOSC, SI NO ÉS D’ESCOPETA!









UNA DE "L'OESTE": WESTERN I IDEOLOGIA (XXXII)


III.3.- EL WESTERN TRÀGIC: LA REDEMPCIÓ PER L'HEROISME (11)


I ara hem arribat ja a l’últim western, no solament a partir de l’ordre seguit en aquest treball, sinó perquè pensem també que és, en realitat, el darrer western per excel.lència. Dirigida per Michael Cimino, Heaven’s Gate (La puerta del cielo, 1980) ens presenta una visió de l’oest des de la lluita de classes entre els ramaders rics i potentats i els camperols centro-europeus immigrats recents. L’escenari serà a Wyoming i el que es coneix històricament com la guerra de Johnson County, la revolta dels camperols immigrats contra els altres blancs, anglo-saxons també al capdavall immigrats però en segons o tercera generació. El plantejament d’una insurrecció de classe als Estats Units l’any 1980[1], amb la revolució conservadora de Reagan pel mig, anunciava premonitòriament el qualificatiu de maleït de què el film va gaudir durant molts anys. Va ser un fracàs econòmic estrepitós. Les raons d’aquest fracàs són diverses, però aquí ens apuntem bàsicament a la desmitificació i a la visió corrossiva de les arrels històriques del país que Cimino proposava, en un context on el pensament conservador tornava a gaudir de molt bona salut.

La pel.lícula comença amb un brillant pròleg durant la festa de graduació al Harvard College (Cambridge, Massachusetts) al 1870. Allí es presentaven els alts ideals retòrics que les classes dirigents pretenien inculcar a la nova nació que s’estava formant. Vint anys després, a Wyoming, apareixen els resultats d’aquestes aspiracions: un capitalisme salvatge, xenòfob i parafeixista. Dos personatges enllacen el pròleg i la resta del film: James Averill (Kris Kristofferson) i William Irvine (John Hurt), es van graduar aquell dia de 1870 i coincidiran vint anys després al conflicte de Johnson County, Averill convertit en un sheriff desencantat dels seus ideals, però ferm en les seves conviccions morals, que defèn els immigrants dels atacs dels pistolers a sou dels ramaders, i Irvine, alcoholitzat i cínic, membre de l’associació de ramaders.

La trama comença quan l’associació de ramaders decideix contractar 50 pistolers per tal de liquidar 125 immigrants centro-europeus que figuren en la llista negra elaborada pels mateixos ramaders sota l’acusació de lladres de bestiar  i de revolucionaris anarquistes estrangers. L’operació la dirigeix personalment un cunyat del secretari d’estat i compta amb el vist-i-plau de l’exèrcit; un exèrcit que només intervidrà per salvar als pistolers quan són atacats pels immigrants dirigits per Averill.


[1] La pel.lícula es va estrenar al 1981.

diumenge, 12 d’agost de 2012

UNA DE "L'OESTE": WESTERN I IDEOLOGIA (XXXI)


III.3.- EL WESTERN TRÀGIC: LA REDEMPCIÓ PER L'HEROISME (10)

Un enfoc també intimista, però allunyat de la figura del pistoler, el trobem en un western atípic dirigit per Sam Peckimpah l’any 1970, The Ballad of Cable Hogue. Un quatrer d’edat ja madura és robat i abandonat pels seus companys al mig del desert, amb la intenció que es mori de set. Però contra tot pronòstic, Hogue troba una mina d’aigua al mig del desert. Aleshores registra la mina i construeix una parada amb fonda per les diligències, la qual cosa suposava un negoci excel.lent. Taciturn i solitari, Hugue coneixerà no obstant una jove i bella prostituta de la qual s’enamorarà i amb la qual conviurà durant un temps. També perdona els seus antics companys i els dona feina a la fonda. Però ella no vol romandre per sempre en una casa al mig del desert, i li suggereix que se’n vagin a la ciutat. Home del desert com és, Hogue prefereix quedar-se novament sol. Però ja no tornarà a ser el mateix, l’enyor de la companya perduda el perseguirà per sempre. Un dia, al cap d’uns anys, i en una escena meravellosament simbòlica, la noia apareix de visita amb un automòbil. Per Hogue és una revelació, els temps del seu negoci passaran aviat a la història. Interessat per l’automòbil, mentre se l’estava mirant pel davant es desfrena i li passa per damunt. Ferit de mor, Hogue mor en braços de la seva antiga companya al mateix temps que l’automòbil acabava amb tota l’èpica de les diligències.

The Ballad of Cable Hogue és una pel.lícula entranyable; una visió atípica de l’oest en la qual un vell, poc abans de morir, entén que el seu mon s’acabat; que mori atropellat pel automòbil té unes connotacions simbòliques de les quals Sam Peckimpah sap obtenir-ne el màxim partit. Apareix en escena la idea d’un món en canvi constant en el qual no hi haurà lloc per allò de fer sempre el mateix. És fa difícil no evocar la idea de l’obrer no qualificat de cinquanta anys en atur, situat en un món que ja no el necessita. A Cable Hogue no el maten per bandoler, per fora de la llei; a Cable Hogue el mata el progrés.


dimecres, 8 d’agost de 2012

UNA DE "L'OESTE": WESTERN I IDEOLOGIA (XXX)


III.3.- EL WESTERN TRAGIC:LA REDEMPCIÓ PER L'HEROISME (9)


Un enfoc similar, però en clau molt més desdramatitzada, el tenim a Butch Cassidy and the Sundance Kid (Dos hombres y un destino,1969) dirigida per George Roy. Tot i els certs tocs d’humor que la pel.lícula presenta, cosa que la fa el que en podríem dir una pel.lícula simpàtica[1], l’element tràgic hi és clarament present. Butch Cassidy (Paul Newman) i el seu amic Sundance Kid (Robert Redford) són dos famosos atracadors del ferrocarril al capdavant d’una perillosa banda. Però una vegada més, els temps del Wild West ja han passat a la història. Després d’un atracament que resulta ser un parany, la banda és aniquilada i els dos únics supervivents, els protagonistes, han d’emprendre una fugida que o s’acaba mai. Es tracta d’una persecució total. En cap moment aconsegueixen de perdre de vista els perseguidors que els segueixen el rastre. En un moment donat els fugitius comenten irònicament entre ells que el ferrocarril s’està gastant molt més en perseguir-los i donar-los caça que el que ells mateixos necessitarien per poder retirar-se. Però tot és endebades i el tòpic apareix una vegada més: ja no hi ha lloc per als atracadors de trens. Finalment, aconsegueixen escapolir-se dels seus perseguidors i es refugien a casa d’una amiga seva, en el que sembla ser una relació a tres -els passatges més lírics de la pel.lícula- en la qual el film no hi aprofundeix massa.



Tots tres passen a l’est, però es tracta d’homes d’acció i no poden romandre inactius. Llavors se n’assabenten que existeix Colòmbia, on les coses estan com als EU quinze anys enrera, és a dir, com en els temps heroics. Ella els diu que no hi vagin, que no els acompanyarà i que l’únic que van a fer a Colòmbia és a fer-se matar. Però la inevitabilitat de la moira s’imposa sobre el sentit comú. Sols, tots dos, novament, arriben a Colòmbia, en el que serà la tercera i última part de la pel.lícula. Allí se n’adonen que les coses no són com havien imaginat. Es posen a treballar per compte d’un vell que ha trobat una mina d’or, al qual escorten. Un dia els ataquen els bandits i el vell mor, mort de la qual en seran injustament acusats. Condemnats a fugir novament, amb tot l’exèrcit colombià al darrere, acaben refungiant-se en una casa, completament envoltats de soldats. Ja sense sortida, decideixen immolar-se en una atac obert a en el qual seran abatuts pels soldats; l’última acció d’uns homes d’acció que o sabien acostumar-se a la passivitat.



Butch Cassidy and the Sundance Kid és una pel.lícula més intimista que les dues anteriors que hem comentat. Si a The Magnificient Seven i a The Wild Bunch apareix, una crítica social i política, aquí això no és tan present; quasi podríem dir que és completament absent. Els dos herois no acaben combatint i morint per una causa noble que els redimeixi simbòlicament, sinó que intenten integrar-se al sistema com a homes d’acció treballant pel vell propietari de la mina. És la seva pròpia condició de pistolers la que caurà sobre ells i els durà a l’encontre del seu destí: ningú no està disposat a escoltar que no van ser ells els assassins: són personatges escadussers als quals s’ha d’eliminar en ares a la nova lògica de les coses.



[1] El tandem Paul Newman-Robert Redford va ser una de les claus de l’èxit de la pel.lícula.

dissabte, 4 d’agost de 2012

UNA DE "L'OESTE": WESTERN I IDEOLOGIA (XXIX)

III.3.- EL WESTERN TRÀGIC: LA REDEMPCIÓ PER L'HEROISME (8)


The Wild Bunch (Grupo Salvaje) també ens presenta un grup de desarrelats en franca decadència, però ara es tracta d’un grup d’atracadors de bancs i en un temps encara més tardà, l’any 1913. L’escenari serà la revolució mexicana. Estrenada l’any 1969 i dirigida per Sam Peckimpah, el gran mestre dels westerns crepusculars, ens narra la incursió d’una banda de pistolers i atracadors de bancs a Mèxic i la seva participació en la revolució. La pel.lícula integra un enfoc social i polític de molta volada.

Després d’un atracament que en realitat no era sinó un parany, els sis supervivents de la banda fugen cap a Mèxic. Persontages violents, amargats, xacrats i acabats; detritus d’una societat en la qual ja no hi tenen lloc: Pike Bishop (William Holden), el cap de la banda, ja madur i que arrossega mil ferides i penalitats; Dutch Engstrom (Ernest Borgine), els germans Lyle (Warren Oates i Ben Johnson), el jove mexicà Ángel (Jaime Sánchez) i el vell Sykes (Edmond O’Brien). La persecució en territori mexicà va a càrrec d’una patrulla de caçadors de recompenses encapsalada per Deke Thornton (Robert Ryan), el qual havia estat membre de la banda i després d’haver estat capturat se l’havia obligat a realitzar aquesta missió a canvi de lliurar-se de la presó. Si a The Magnificient Seven hi havia encara un lloc per l’idealisme romántic -els pistolers veuen en el poble camperol allò que ells no seran mai i s’hi identifiquen malgrat el rebuig dels pagesos- ara l’atmosfera serà completament nihilista, un nihilisme cru i salvatge que ja no es pot dissimular sota cap ideal o empresa. El grup és ja de per si anacrònic i està condemnat a l’extinció, de fracàs en fracàs, els seus membres descobriran al final que només la mort pot autojustificar-los i que, en qualsevol cas, aquesta és l’única sortida segons la seva forma tràgicament heroica de veure les coses.

A Mèxic entren en contacte amb el general Mapache (Indio Fernández), enemic de Pancho Villa i partidari de Huertas. Mapache és un personatge sense cap mena de codi moral -a diferència de Calvera als Magnificient Seven, que tenia una certa ètica del bandoler i mai no entendrà perquè uns personatges com ell se li posen en contra-  caracteritzat pel seu sadisme i per la més completa absència de dignitat: la personificació expressa de la violencia reaccionària. Per compte de Mapache assalten un tren carregat d’armes i municions. Però el membre mexicà de la banda, Ángel, es posa a favor dels camperols revoltats. Mapache el captura i el tortura salvatgement. Aleshores, per solidaritat de grup, i llevat del vell Sykes, que està ferit, els quatre membres restants decideixen enfrontar-se a Mapache i reclamar-li la llibertat d’Ángel.

Quan Mapache el mata al davant seu, decideixen autoimmolar-se tot fent, de passada, un favor a la revolució i a la humanitat: maten Mapache i comença la batalla final en què tots són morts, però aconsegueixen aniquilar també llurs enemics. Llavors arriba el perseguidor i antic company, Thornton que es troba amb una escena dantesca: l’espectacle colpidor del que havia estat el camp de batalla, ara sembrat de cadàvers. Els caçadors de recompenses se’n van amb el botí, però Thornton decideix quedar-se. Arriba després el vell Sykes, amb camperols revolucionaris que havien matat els caçadors de recompenses. Aleshores Thornton decideix unir-se al seu antic company i a la causa de la revolució: l’única alternativa digna que els quedava.

dimecres, 1 d’agost de 2012

SEMBLANÇA DE "TETE" MARAGALL:
THE IMPORTANCE OF BEING E(A)RNEST"


"Tete" Maragall no vol tornar l'acta de diputat al Parlament. Diu que no hi veu cap contradicció entre seguir cobrant sou i dietes alhora que vota diferent que el grup al qual pertany i en les llistes del qual va ser elegit. Un sentit curiós de la representativitat política, el d'aquest individu; i una actitud que sembla, si més no, èticament qüestionable.


Que aquest Maragall era un mal bitxo ja ho sabíem els qui el vam haver de patir com a Conseller d'Educació mentrestant, per cert, el mateix partit al qual ara engega a fer punyetes li reia les ocurrències. També, cal dir-ho, bona part de la societat catalana li reia les gràcies i considerava les vagues contra la LEC com a accions gremials dels sindicats de mestres i professors privilegiats. 


Els que més li reien les gràcies a aquest poca-solta eren els mitjans de comunicació: editorialistes reputats, presentadors mediàtics, tertulians de pelatges diversos... cap dels quals es va molestar en palesar que de totes les reivindicacions de les vagues contra la LEC no n'hi havia ni una, ni una, que tingués relació amb qüestions professionals o salarials. Però els mitjans de comunicació d'aquest país són un tema a part. Algun dia potser explicarem com es va gestar el canvi del headline de portada de "La Vanguardia" el 14 de febrer de 2008, que feia referència a la vaga de l'ensenyament públic que hi havia convocada per aquell mateix dia, sense que se n'assebentés ni tan sols la periodista cap de la secció i responsable de la seva elaboració. Però avui toca  "Tete Maragall".
En el seu currículum diu que és economista i analista informàtic, però no té cap titulació universitària. Ni en aquestes especialitats ni en cap altra.  Va treballar a l'àrea d'economia de l'Ajuntament de Barcelona i amb això, deu pensar ell, ja n'hi ha prou per presentar-se com a economista. De fet tampoc consta que entrés a l'Ajuntament de Barcelona a través d'oposicions... Com hi devia entrar, doncs?


Segur que "Tete" Maragall pensa que ell, precisament perquè es diu com es diu, no ha de donar explicacions a ningú dels seus actes, ni públics ni privats. Certament, la distinció entre els àmbits públic i privat sempre ha estat un dels punts febles de les preteses elits a què pertany. Però hi ha una cosa que Maragall no sap, o que potser no ha entès, i que caldrà recordar-li, no fos que s'ho acabi creient massa.


El Sr. Ernest Maragall va ser elegit diputat del Parlament de Catalunya perquè s'hi presentava sota les llistes del PSC. I en aquest país, agradi o no, el sistema de llistes és tancat. Es vota una llista que ha presentat un programa, no les persones. I els diputats es deuen al seu partit a l'hora de votar al Parlament. Per a "Tete" Maragall això pot ser molt dur, però és així, i si no li agrada, que no s'hi presenti. O que proposi un sistema de llistes obertes i a veure qui el vota.


El que no val és fer trampa. I "Tete" Maragall porta molt de temps fent trampa i sortint-se'n força ben parat: fent-se passar per titulat universitari quan no n'és; presentant-se per un partit teòricament d'esquerres i aplicant una política educativa de dretes... i ara, finalment, l'apoteosi de l'ego: votant el que li rota digui el que digui el partit gràcies al qual està on està, al·legant conviccions personals profundes. I això és fer trampa.


Perquè si l'Ernest Maragall no està d'acord amb el que decideix votar el seu grup parlamentari -la qual cosa és plenament legítima-, el que ha de fer és dimitir i anar-se'n cap a casa. Un acte digne i honest per una vegada en la seva vida que contribuiria a redimir-lo d'anteriors truculències. Doncs no. Diu que s'hi queda. I que si el fan fora del grup parlamentari, se n'anirà al grup mixt com a trànsfuga. Quins collons!


El PSC el va estar defensant a tort i a dret mentre, com conseller d'Educació d'un govern socialista, es dedicava a afavorir la privada i destruïa l'ensenyament públic. Ara el problema el té el PSC. Bé, el PSC en té tants, de problemes, que ja no li ve d'un. Però en el cas de "Tete" Maragall, ja se sap,  el problema és The importance of being E(a)rnest". I l'únic cert és que es diu Ernest, res més.